Los Dones del Espíritu Santo – Segunda Parte
No me mueve, mi Dios, para quererte, el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido, para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte, clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido, muéveme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera.
La toma de las murallas de Jericó, es un ejemplo de la fe existente en el pueblo israelita, que en vez de luchar giro alrededor de las murallas, sometido a las burlas de los enemigos hasta que las murallas se derrumbaron.
En pentecostés, los apóstoles se mantenían encerrados debido a que ya se iniciaba la persecución contra los cristianos y solo por medio del Espíritu Santo, encontraron el valor suficiente para salir a predicar sin temor.
- Orar cuando no se sabe que decir, en los momentos difíciles de la vida.
- Para interceder por alguien, que no sabemos qué es lo que más le conviene.
- En momentos de ansiedad y angustia.
- Ayuda a la persona a tener una oración más espontanea, que le sirve para su maduración espiritual.
San Pablo, nos dice que “el que habla en lenguas, también, pida el don de interpretarlas” (1 Cor. 14, 13).
Los corintios, eran un pueblo, que por la acción del Espíritu Santo, hablaban en lenguas con mucha facilidad, es por ello que San Pablo, dedica el capítulo 14 de la primera carta a los corintios, a explicarles el don.
