Martes, 23 de julio de 2024

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 2, 19-20:

 

Hermanos:
Yo he muerto a la ley por medio de la ley, con el fin de vivir para Dios.

Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí.

Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.

 

Salmo de hoy

Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9. 10-11

R/. Bendigo al Señor en todo momento

 

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulte al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligid invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.

El ángel del Señor acampa en torno quienes lo temen
y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R.

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los qu buscan al Señor no carecen de nada. R.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 1-8

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.

Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

Palabra del Señor

 

Reflexión del evangelio de hoy

Cristo me da la vida

Estas líneas exponen la tesis central de la carta a los Gálatas: la justificación es concedida a los hombres por la fe en Cristo Jesús, no por la práctica de las obras de la Ley.

La justificación está presentada aquí en dos aspectos: como una liberación (muerte) de la Ley y como una vida para Dios en Cristo.

La Ley, dice Pablo, exigía la muerte del pecador. Cristo muere por exi­gencias de la Ley. Los cristianos, en virtud de su incorporación a Cristo, mueren con él (con-crucificados», «con-muertos»…). Pero como la muerte de Cristo se consuma en su resurrección, así el cristiano, «con-resucita» con él a una vida nueva, que es ya la vida en Cristo.

El que permanece tiene vida eterna

Jesús repite continuamente la palabra permanecer.

La evidente com­paración de la vid y los sarmientos y la realidad de nuestra pobreza y debilidad frente a la riqueza y a la vida de Dios, nos fuerzan a admitir esta gran verdad: que si no estamos unidos al Hijo, que nos comunica la vida de Dios, nuestra vida no dará frutos, ni siquiera hojas.

Pero luego, metidos en nuestros respectivos trabajos y en las prisas de la vida, todos tendemos a olvidarla. Y más de una vez nos sorpren­demos intentando vivir la vida a nuestra manera y con nuestros pro­pios recursos.  O tal vez predicándonos a nosotros mismos al mismo tiempo que pretendemos dar testimonio de Cristo.

Sin embargo es evi­dente que no son nuestras ideas las que van a salvar al mundo y que tampoco nosotros mismos conseguiremos salvarnos con nuestras pro­pias fuerzas. 

Pidamos, pues, al Señor permanecer siempre unidos a Él, recordando siempre sus palabras, que son palabras de vida eterna.


Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.

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