12. MI AMOROSA INVITACIÓN A UNA VALIENTE ORACIÓN DE SANACIÓN DE LA SOBERBIA.

Creo que usted en su vida jamás ha hecho esta sorprendente oración de sanación de la soberbia, compuesta por san Juan Eudes. 

Si no entendemos esta oración o no somos capaces de hacerla, con mayor razón la necesitamos, porque la misma soberbia interior, a veces camuflada, nos impide hacerla.

Ningún psicólogo, ni psiquiatra, ni seguidor de la Nueva Era o de la autoestima, ni nuestra misma soberbia, nos  permitirán hacerla.

Esta oración es para valientes, para aquellos que contemplan a Jesús humillado y crucificado (Fil 2, 8) y comprende su palabra: “El que se humilla será exaltado” (Mt 23,12)

Esta profesión de humildad  es lo máximo y es una fuente de bendiciones increíble.

Le repito, con mis respetos y mi amor: es posible que no seamos  capaces de hacerla, por nuestra falsa y vacía autoestima.

Intente hacerla con valentía entregándose al amor del Señor y sabiendo que en la inmensa y numerosa caravana de la soberbia, el cristiano tiene que ir en contravía.

Pidamos al Espíritu Santo que, llevó a Jesucristo a la suprema humillación de la Cruz, por la gloria del Padre y por nuestra salvación, nos colme de su luz, de su amor y fortaleza para hacer esta oración.

“Jesús, Señor nuestro, prostrados a tus pies, con toda la humildad que nos es posible, reconocemos ante la faz del cielo y de la tierra que:

Nada somos por nosotros mismos;

Nada podemos;

Nada valemos;

Nada tenemos fuera del pecado;

Somos siervos inútiles;

Por nuestro nacimiento natural y criminal, somos hijos de la ira y de la maldición;

Somos los últimos de todos los hombres y

Somos los primeros de todos los pecadores.

Por eso nos merecemos toda  confusión e ignominia,

Y a Ti todo el honor y la gloria por los siglos de los siglos.

Jesús, Señor nuestro, ten piedad de nosotros.

(Méditationssur l´Humilité. Oeuvres Complètes, II, 72).Profesión de humildad cristiana.

Adorabilísimo y humildísimo Jesús, te adoro y te bendigo en tu profundísima humildad.

Me abajo y me confundo delante de Ti, al ver mi orgullo y vanidad y humildísimamente te suplico el perdón.

Me entrego con todo mi corazón a tu espíritu de humildad.

Y con este mismo espíritu, y también con toda la humildad del cielo y de la tierra, abismado en lo más profundo de mi nada, reconozco delante de todo el mundo que,

1) No soy nada, no tengo nada, no puedo nada, no sé nada, no valgo nada, y por lo tanto, por mí mismo, no tengo ninguna fuerza para resistir al menor de los males y hacer el más pequeño bien;

2) Por mí mismo soy capaz de todos los crímenes de Judas, de Pilato, de Herodes, de Lucifer, del Anticristo, y en general de todos los pecados de la tierra y del infierno; y si Tú no me sostuvieras por tu grandísima bondad, caería en un infierno de abominaciones de toda clase;

3) He merecido la ira de Dios y de todas las criaturas de Dios y las penas eternas. Esto es lo que posee y de lo que me puedo gloriar y de nada más.

Por eso, hago profesión de:

a) Buscar abajarme por debajo  de todas las criaturas, mirándome y estimándome, y buscando ser mirado y tratado, en todo y en todas partes, como el último de todos los hombres;

b)Tener  horror a toda alabanza, honor y gloria, como veneno y maldición,  según tus palabras, Salvador mío:  “Maldición para ustedes, cuando hablen bien de ustedes” (Lc 6, 26); y abrazar y amar todo desprecio y humillación, como algo que se merece un miserable condenado como yo, por la condición que hay en mí de pecador y de hijo de Adán,  según la cual, como he aprendido de tu Apóstol, soy “por naturaleza hijo de la ira” (Ef 2, 3) y de la maldición por mi condición natural;

c)Buscar ser totalmente anonadado en mi espíritu y en el de los demás, para no tener ninguna mirada, ni estima ni búsqueda de mi mismo; y que del mismo modo, nadie me mire ni estime, como algo que es nada, y que sólo a Ti, te mire y estime.

Buen Jesús,verdad eterna, imprime fuertemente  en mí estas verdades y sentimientos y que hagan efecto en mí, por tu grandísima misericordia y para tu santa gloria” (Le Roy aume de Jésus, Oeuvres Complètes,I, 153-154).

CONCLUSIÓN

Que el amor y la humildad me permitan decirle que le deseo todas las bendiciones que el Señor ha reservado a los humildes

Sea grande,valiente, generoso, siendo humilde y encontrará en usted la fuente inagotablede la paz, del gozo.

Propóngaselo más grande que usted puede hacer en esta vida: continuar y hacer realidad en sus relaciones humanas, la misma vida de Jesucristo, humilde hasta la muerte de cruz.

Que el Señor con la Madre Admirable, lo bendigan abundantemente y que todo el mundo pueda decirle, en vida y después de la muerte:

¡Bendito sea tu corazón!

Padre Higinio A Lopera E.  Sacerdote Eudista

Centro San Juan EudesCuaresma 2008.

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