{"id":48,"date":"2025-03-03T22:20:24","date_gmt":"2025-03-03T22:20:24","guid":{"rendered":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/?page_id=48"},"modified":"2026-05-23T22:40:44","modified_gmt":"2026-05-23T22:40:44","slug":"evangelio-del-dia-de-manana","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/evangelio-del-dia-de-manana\/","title":{"rendered":"Evangelio del d\u00eda de ma\u00f1ana"},"content":{"rendered":"\r\n<div class=\"wp-block-uagb-container uagb-block-0764b428 alignfull uagb-is-root-container\">\r\n<div>\u00a0<\/div>\r\n<div class=\"uagb-container-inner-blocks-wrap\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/10.png\" \/><\/div>\r\n<\/div>\r\n<h6>\u00a0<\/h6>\r\n<h6>Lunes, 25 de mayo de 2026<\/h6>\r\n<h2>Primera lectura<\/h2>\r\n<h3>Lectura del libro del G\u00e9nesis 3, 9-15. 20<\/h3>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<p>El Se\u00f1or Dios llam\u00f3 a Ad\u00e1n y le dijo: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1s?\u00bb.<\/p>\r\n<p>\u00c9l contest\u00f3: \u00abO\u00ed tu ruido en el jard\u00edn, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escond\u00ed\u00bb.<\/p>\r\n<p>El Se\u00f1or Dios le replic\u00f3: \u00ab\u00bfQui\u00e9n te inform\u00f3 de que estabas desnudo?, \u00bfes que has comido del \u00e1rbol del que te prohib\u00ed comer?\u00bb.<\/p>\r\n<p>Ad\u00e1n respondi\u00f3: \u00abLa mujer que me diste como compa\u00f1era me ofreci\u00f3 del fruto y com\u00ed\u00bb.<\/p>\r\n<p>El Se\u00f1or Dios dijo a la mujer: \u00ab\u00bfQu\u00e9 has hecho?\u00bb.<\/p>\r\n<p>La mujer respondi\u00f3: \u00abLa serpiente me sedujo y com\u00ed\u00bb.<\/p>\r\n<p>El Se\u00f1or Dios dijo a la serpiente: \u00abPor haber hecho eso, maldita t\u00fa entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrar\u00e1s sobre el vientre y comer\u00e1s polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastar\u00e1 la cabeza, cuando t\u00fa la hieras en el tal\u00f3n\u00bb.<\/p>\r\n<p>Ad\u00e1n llam\u00f3 a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.<\/p>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<h2>Salmo de hoy<\/h2>\r\n<h3>Salmo 86, 1-2.3 y 5. 6-7 R\/. \u00a1Qu\u00e9 preg\u00f3n tan glorioso para ti, ciudad de Dios!<\/h3>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<p>\u00c9l la ha cimentado sobre el monte santo;<br \/>y el Se\u00f1or prefiere las puertas de Si\u00f3n<br \/>a todas las moradas de Jacob.<br \/>\u00a1Qu\u00e9 preg\u00f3n tan glorioso para ti,<br \/>ciudad de Dios! R\/.<\/p>\r\n<p>Se dir\u00e1 de Si\u00f3n: \u00abUno por uno,<br \/>todos han nacido en ella;<br \/>el Alt\u00edsimo en persona la ha fundado\u00bb. R\/.<\/p>\r\n<p>El Se\u00f1or escribir\u00e1 en el registro de los pueblos:<br \/>\u00ab\u00c9ste ha nacido all\u00ed\u00bb. R\/.<\/p>\r\n<p>Y cantar\u00e1n mientras danzan:<br \/>\u00abTodas mis fuentes est\u00e1n en ti\u00bb. R\/.<\/p>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<h2>Evangelio del d\u00eda<\/h2>\r\n<h3>Lectura del santo Evangelio seg\u00fan san Juan 19, 25-34<\/h3>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<p>Junto a la cruz de Jes\u00fas estaban su madre, la hermana de su madre, Mar\u00eda, la de Cleof\u00e1s, y Mar\u00eda, la Magdalena. Jes\u00fas, al ver a su madre y junto a ella al disc\u00edpulo al que amaba, dijo a su madre: \u00abMujer, ah\u00ed tienes a tu hijo\u00bb.<\/p>\r\n<p>Luego, dijo al disc\u00edpulo: \u00abAh\u00ed tienes a tu madre\u00bb.<\/p>\r\n<p>Y desde aquella hora, el disc\u00edpulo la recibi\u00f3 como algo propio.<\/p>\r\n<p>Despu\u00e9s de esto, sabiendo Jes\u00fas que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: \u00abTengo sed\u00bb.<\/p>\r\n<p>Hab\u00eda all\u00ed un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una ca\u00f1a de hisopo, se la acercaron a la boca.<\/p>\r\n<p>Jes\u00fas, cuando tom\u00f3 el vinagre, dijo: \u00abEst\u00e1 cumplido\u00bb. E, inclinando la cabeza, entreg\u00f3 el esp\u00edritu.<\/p>\r\n<p>Los jud\u00edos entonces, como era el d\u00eda de la Preparaci\u00f3n, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el s\u00e1bado, porque aquel s\u00e1bado era un d\u00eda grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que hab\u00edan crucificado con \u00e9l; pero al llegar a Jes\u00fas, viendo que ya hab\u00eda muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspas\u00f3 el costado, y al punto sali\u00f3 sangre y agua.<\/p>\r\n<h5>Palabra del Se\u00f1or<\/h5>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<h3>Reflexi\u00f3n del evangelio de hoy<\/h3>\r\n<footer class=\"autor\"><footer class=\"autor\">\r\n<h4>Mar\u00eda, la Madre que permanece junto a la cruz y nos conduce a la vida<\/h4>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<h5>La promesa de esperanza despu\u00e9s del pecado (G\u00e9nesis 3, 9-15. 20)<\/h5>\r\n<p>La primera lectura nos presenta el momento doloroso en que Ad\u00e1n y Eva, despu\u00e9s del pecado, se esconden de Dios por miedo y verg\u00fcenza. El pecado rompe la confianza, divide el coraz\u00f3n humano y aleja de la presencia del Se\u00f1or. Sin embargo, incluso en medio de esa ca\u00edda, Dios no abandona a la humanidad.<\/p>\r\n<p>Cuando Dios pregunta: \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1s?\u201d, no lo hace porque ignore d\u00f3nde est\u00e1 el hombre, sino porque desea que reconozca su situaci\u00f3n y vuelva a \u00c9l. Esa pregunta tambi\u00e9n resuena hoy en nuestra vida. Dios sigue buscando al ser humano que se pierde entre el miedo, el pecado y la tristeza.<\/p>\r\n<p>En medio del castigo aparece tambi\u00e9n una promesa de salvaci\u00f3n: la descendencia de la mujer vencer\u00e1 a la serpiente. La Iglesia ha visto en esta palabra un anuncio de Cristo vencedor del mal y tambi\u00e9n una referencia a Mar\u00eda, la nueva Eva, que colaborar\u00e1 con Dios en la obra de la redenci\u00f3n.<\/p>\r\n<h5>La ciudad de Dios, fuente de vida y alegr\u00eda (Salmo 86)<\/h5>\r\n<p>El salmo canta la grandeza de Si\u00f3n, la ciudad amada por Dios. All\u00ed brota la vida y la bendici\u00f3n para todos los pueblos. Esta imagen tambi\u00e9n nos ayuda a contemplar a Mar\u00eda como aquella mujer elegida y llena de gracia, de quien naci\u00f3 el Salvador del mundo.<\/p>\r\n<p>La expresi\u00f3n \u201cTodas mis fuentes est\u00e1n en ti\u201d refleja la alegr\u00eda de quien descubre en Dios la fuente verdadera de vida y esperanza. Mar\u00eda nos conduce siempre hacia esa fuente que es Cristo, ense\u00f1\u00e1ndonos a confiar plenamente en el Se\u00f1or.<\/p>\r\n<p>Adem\u00e1s, el salmo nos recuerda que Dios quiere reunir a todos sus hijos. La salvaci\u00f3n no est\u00e1 reservada para unos pocos; el amor de Dios alcanza a toda la humanidad y nos invita a vivir como una sola familia en la fe.<\/p>\r\n<h5>Mar\u00eda al pie de la cruz: madre de todos los creyentes (Juan 19, 25-34)<\/h5>\r\n<p>El evangelio nos lleva al momento m\u00e1s doloroso y m\u00e1s lleno de amor: Jes\u00fas crucificado entrega su vida por la salvaci\u00f3n del mundo. Mientras muchos huyeron por miedo, Mar\u00eda permanece firme junto a la cruz. Su presencia silenciosa es un testimonio de fidelidad, fortaleza y amor profundo.<\/p>\r\n<p>Jes\u00fas, viendo a su madre y al disc\u00edpulo amado, dice: \u201cAh\u00ed tienes a tu hijo\u201d y luego \u201cAh\u00ed tienes a tu madre\u201d. En ese instante, Mar\u00eda no solo se convierte en madre de Juan, sino en madre de todos los disc\u00edpulos de Cristo. Jes\u00fas nos la entrega como madre espiritual para acompa\u00f1arnos en nuestro camino de fe.<\/p>\r\n<p>Mar\u00eda conoce el dolor, el sufrimiento y la entrega total a Dios. Por eso puede comprender nuestras luchas y sostenernos en los momentos dif\u00edciles. Ella nunca reemplaza a Cristo, sino que siempre nos conduce hacia \u00c9l con amor maternal.<\/p>\r\n<p>El costado abierto de Jes\u00fas, del cual brotan sangre y agua, simboliza los sacramentos y el nacimiento de la Iglesia. Desde la cruz nace una nueva vida para la humanidad. El amor de Cristo entregado hasta el extremo es la fuente de nuestra salvaci\u00f3n y de nuestra esperanza eterna.<\/p>\r\n<p><strong>Prop\u00f3sito diario:<\/strong> Hoy acudir\u00e9 a Mar\u00eda con confianza y le pedir\u00e9 que me ayude a permanecer fiel a Jes\u00fas incluso en los momentos dif\u00edciles.<\/p>\r\n<p><strong>Oraci\u00f3n final:<\/strong><br \/><em>Santa Mar\u00eda, Madre nuestra, acomp\u00e1\u00f1ame en mi camino de fe y ens\u00e9\u00f1ame a permanecer junto a Jes\u00fas con amor y fidelidad. Que nunca me aparte de su coraz\u00f3n y viva siempre confiado en su misericordia. Am\u00e9n.<\/em><\/p>\r\n<\/footer>\r\n<p>Homil\u00eda cat\u00f3lica<\/p>\r\n<\/footer><footer class=\"autor\"><\/footer>\r\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/10.png\" \/><\/p>\r\n<div class=\"wp-block-uagb-container uagb-block-ef8cba2b alignfull uagb-is-root-container\">\r\n<div class=\"uagb-container-inner-blocks-wrap\">\r\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><\/figure>\r\n<\/div>\r\n<\/div>\r\n<!-- \/wp:post-content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"site-sidebar-layout":"no-sidebar","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"normal-width-container","site-content-style":"boxed","site-sidebar-style":"boxed","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"disabled","ast-breadcrumbs-content":"disabled","ast-featured-img":"disabled","footer-sml-layout":"disabled","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"enabled","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"set","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"class_list":["post-48","page","type-page","status-publish","hentry"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/48","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=48"}],"version-history":[{"count":68,"href":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/48\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":494,"href":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/48\/revisions\/494"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=48"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}