{"id":274,"date":"2025-03-17T00:42:28","date_gmt":"2025-03-17T00:42:28","guid":{"rendered":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/?page_id=274"},"modified":"2025-04-24T00:08:00","modified_gmt":"2025-04-24T00:08:00","slug":"evangelio-del-dia-de-ayer","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/evangelio-del-dia-de-ayer\/","title":{"rendered":"Evangelio del d\u00eda de ayer"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/3.png\" \/><\/p>\n<div class=\"wp-block-uagb-container uagb-block-685546c5 alignfull uagb-is-root-container\">\n<div class=\"uagb-container-inner-blocks-wrap\">\n<footer class=\"autor\">\n<footer class=\"autor\">\n<footer class=\"autor\">\n<footer class=\"autor\">\n<footer class=\"autor\">\n<footer class=\"autor\">\n<footer class=\"autor\">\n<footer class=\"autor\">\n<footer class=\"autor\">\n<footer class=\"autor\">\n<div class=\"wp-block-uagb-container uagb-block-685546c5 alignfull uagb-is-root-container\">\n<h6>Mi\u00e9rcoles, 23 de abril de 2025<\/h6>\n<h2>Primera lectura<\/h2>\n<h3>Lectura del libro de los Hechos de los ap\u00f3stoles 3, 1-10<\/h3>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En aquellos d\u00edas, Pedro y Juan sub\u00edan al tempo, a la oraci\u00f3n de la hora nona, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Sol\u00edan colocarlo todos los d\u00edas en la puerta del templo llamada \u00abHermosa, para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidi\u00f3 limosna. Pedro, con Juan a su lado, se qued\u00f3 mir\u00e1ndolo y le dijo:<br \/>\n\u00abM\u00edranos\u00bb.<\/p>\n<p>Clav\u00f3 los ojos en ellos, esperando que le dar\u00edan algo. Pero Pedro le dijo:<br \/>\n\u00abNo tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, lev\u00e1ntate y anda\u00bb.<\/p>\n<p>Y agarr\u00e1ndolo de la mano derecha lo incorpor\u00f3. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, ech\u00f3 a andar y entr\u00f3 con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios, y, al caer en la cuenta de que era el mismo que ped\u00eda limosna sentado en la puerta Hermosa del templo, quedaron estupefactos y desconcertados ante lo que le hab\u00eda sucedido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2>Salmo de hoy<\/h2>\n<h3>Salmo 104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9<\/h3>\n<h3>R\/. Que se alegren los que buscan al Se\u00f1or<\/h3>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dad gracias al Se\u00f1or, invocad su nombre,<br \/>\ndad a conocer sus haza\u00f1as todos los pueblos.<br \/>\nCantadle al son de instrumentos,<br \/>\nhablad de sus maravillas. R\/.<\/p>\n<p>Gloriaos de su nombre santo,<br \/>\nque se alegren los que buscan al Se\u00f1or.<br \/>\nRecurrid al Se\u00f1or y a su poder,<br \/>\nbuscad continuamente su rostro. R\/.<\/p>\n<p>\u00a1Estirpe de Abrah\u00e1n, su siervo;<br \/>\nhijos de Jacob, su elegido!<br \/>\nEl Se\u00f1or es nuestro Dios,<br \/>\n\u00e9l gobierna toda la tierra. R\/.<\/p>\n<p>Se acuerda de su alianza eternamente,<br \/>\nde la palabra dada, por mil generaciones;<br \/>\nde la alianza sellada con Abrah\u00e1n,<br \/>\ndel juramento hecho a Isaac. R\/.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2>Evangelio del d\u00eda<\/h2>\n<h3>Lectura del santo evangelio seg\u00fan san Lucas 24, 13-35<\/h3>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aquel mismo d\u00eda, el primero de la semana, dos de los disc\u00edpulos de Jes\u00fas iban caminando a una aldea llamada Ema\u00fas, distante de Jerusal\u00e9n unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que hab\u00eda sucedido. Mientras conversaban y discut\u00edan, Jes\u00fas en persona se acerc\u00f3 y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.<\/p>\n<p>\u00c9l les dijo:<br \/>\n\u00ab\u00bfQu\u00e9 conversaci\u00f3n es esa que tra\u00e9is mientras vais de camino?\u00bb.<\/p>\n<p>Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleof\u00e1s, le respondi\u00f3:<br \/>\n\u00ab\u00bfEres t\u00fa el \u00fanico forastero en Jerusal\u00e9n que no sabe lo que ha pasado estos d\u00edas?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00c9l les dijo:<br \/>\n\u00ab\u00bfQu\u00e9?\u00bb.<\/p>\n<p>Ellos le contestaron:<br \/>\n\u00abLo de Jes\u00fas el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; c\u00f3mo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esper\u00e1bamos que \u00e9l iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer d\u00eda desde que esto sucedi\u00f3. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de ma\u00f1ana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso hab\u00edan visto una aparici\u00f3n de \u00e1ngeles, que dicen que est\u00e1 vivo. Algunos de los nuestros fueron tambi\u00e9n al sepulcro y lo encontraron como hab\u00edan dicho las mujeres; pero a \u00e9l no lo vieron\u00bb.<\/p>\n<p>Entonces \u00e9l les dijo:<br \/>\n\u00ab\u00a1Qu\u00e9 necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! \u00bfNo era necesario que el Mes\u00edas padeciera esto y entrara as\u00ed en su gloria?\u00bb.<\/p>\n<p>Y, comenzado por Mois\u00e9s y siguiendo por todos los profetas, les explic\u00f3 lo que se refer\u00eda a \u00e9l en todas las Escrituras.<\/p>\n<p>Llegaron cerca de la aldea adonde iban y \u00e9l simul\u00f3 que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:<br \/>\n\u00abQu\u00e9date con nosotros, porque atardece y el d\u00eda va de ca\u00edda\u00bb.<\/p>\n<p>Y entr\u00f3 para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tom\u00f3 el pan, pronunci\u00f3 la bendici\u00f3n, lo parti\u00f3 y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero \u00e9l desapareci\u00f3 de su vista.<\/p>\n<p>Y se dijeron el uno al otro:<br \/>\n\u00ab\u00bfNo ard\u00eda nuestro coraz\u00f3n mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?\u00bb.<\/p>\n<p>Y, levant\u00e1ndose en aquel momento, se volvieron a Jerusal\u00e9n, donde encontraron reunidos a los Once con sus compa\u00f1eros, que estaban diciendo:<br \/>\n\u00abEra verdad, ha resucitado el Se\u00f1or y se ha aparecido a Sim\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Y ellos contaron lo que les hab\u00eda pasado por el camino y c\u00f3mo lo hab\u00edan reconocido al partir el pan.<\/p>\n<h5>Palabra del Se\u00f1or<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Reflexi\u00f3n del evangelio de hoy<\/h3>\n<footer class=\"autor\"><em><strong>El Milagro de la Fe: Lev\u00e1ntate y Camina<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, hoy reflexionamos sobre un pasaje poderoso que nos recuerda la importancia de la fe y la acci\u00f3n en nuestras vidas. Pedro y Juan, dos ap\u00f3stoles llenos del Esp\u00edritu Santo, se dirig\u00edan al templo para orar. En su camino se encontraron con un hombre lisiado desde su nacimiento, quien depend\u00eda de la limosna de los transe\u00fantes para sobrevivir.<\/p>\n<p>Este encuentro no fue casualidad. Pedro, al ver al lisiado, no se limita a darle una moneda; en cambio, le ofrece algo mucho m\u00e1s valioso: la sanaci\u00f3n en el nombre de Jesucristo. Este acto nos ense\u00f1a que a veces lo que m\u00e1s necesitamos no es lo material, sino la fe y el poder transformador de Dios.<\/p>\n<p>Cuando Pedro le dice \u00ablev\u00e1ntate y anda\u00bb, no solo est\u00e1 hablando de un movimiento f\u00edsico; est\u00e1 invitando al hombre a levantarse de su condici\u00f3n de postraci\u00f3n, a recuperar su dignidad y a entrar en una nueva vida. Y as\u00ed sucede: el lisiado se levanta, camina y alaba a Dios. Su transformaci\u00f3n provoca asombro en todos los que lo conoc\u00edan.<\/p>\n<p>Este pasaje nos invita a reflexionar sobre nuestra propia vida. \u00bfEstamos dispuestos a ofrecer m\u00e1s que limosnas? \u00bfEstamos listos para ser instrumentos del poder de Dios en la vida de los dem\u00e1s? A menudo, podemos encontrarnos con personas que necesitan m\u00e1s que ayuda material; necesitan esperanza, amor y fe.<\/p>\n<p>Hoy, pidamos al Se\u00f1or que nos d\u00e9 el valor para mirar m\u00e1s all\u00e1 de lo superficial y actuar con compasi\u00f3n. Que nuestras acciones reflejen la luz de Cristo y que podamos ser agentes de cambio en el mundo.<\/p>\n<p><strong><em>Reconociendo al Resucitado en el Camino<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Reflexionemos sobre c\u00f3mo reconocemos la presencia de Jes\u00fas en nuestras vidas diarias. Los disc\u00edpulos que caminan hacia Ema\u00fas representan a muchos de nosotros: desanimados, confundidos y llenos de preguntas tras la crucifixi\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Mientras conversan sobre los acontecimientos recientes, Jes\u00fas se une a ellos, aunque sus ojos no pueden reconocerlo. Esto nos recuerda que, a menudo, no vemos la obra de Dios en medio de nuestras luchas y dudas. Jes\u00fas les pregunta sobre su conversaci\u00f3n, mostrando que \u00c9l est\u00e1 interesado en nuestras preocupaciones y tristezas.<\/p>\n<p>Cuando los disc\u00edpulos le cuentan su historia, Jes\u00fas les responde con amor y paciencia, record\u00e1ndoles las Escrituras y c\u00f3mo todo lo que hab\u00eda sucedido era parte del plan divino. En nuestros momentos de des\u00e1nimo, tambi\u00e9n necesitamos recordar las promesas de Dios y c\u00f3mo \u00c9l ha obrado en nuestra vida.<\/p>\n<p>El punto culminante del pasaje es cuando comparten la mesa con Jes\u00fas. Al partir el pan, sus ojos se abren y lo reconocen. Este acto no solo simboliza la comuni\u00f3n con \u00c9l, sino que tambi\u00e9n nos invita a buscar momentos de encuentro con Jes\u00fas en nuestra vida cotidiana.<\/p>\n<p>Al regresar a Jerusal\u00e9n llenos de alegr\u00eda para compartir su experiencia, vemos c\u00f3mo el encuentro con el Resucitado transforma su tristeza en esperanza. As\u00ed tambi\u00e9n nosotros estamos llamados a ser testigos del amor y la resurrecci\u00f3n de Cristo en el mundo.<\/p>\n<p>Hoy pidamos al Se\u00f1or que abra nuestros ojos para reconocerlo en nuestro camino y que nos d\u00e9 el valor para compartir nuestra fe con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p><em>Se\u00f1or Jes\u00fas, te damos gracias por acompa\u00f1arnos en nuestro camino. Abre nuestros ojos para reconocer tu presencia en cada momento de nuestra vida. Fortalece nuestra fe y ay\u00fadanos a ser portadores de tu luz y esperanza en este mundo. Am\u00e9n<\/em><strong><em>.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Homil\u00eda cat\u00f3lica<\/p>\n<\/footer>\n<\/div>\n<\/footer>\n<\/footer>\n<\/footer>\n<\/footer>\n<\/footer>\n<\/footer>\n<\/footer>\n<\/footer>\n<\/footer>\n<\/footer>\n<\/div>\n<\/div>\n<footer>\n<footer class=\"autor\">\n<footer class=\"autor\"><\/footer>\n<\/footer>\n<\/footer>\n<footer class=\"autor\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/3.png\" \/><\/footer>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Mi\u00e9rcoles, 23 de abril de 2025 Primera lectura Lectura del libro de los Hechos de los ap\u00f3stoles 3, 1-10 [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"site-sidebar-layout":"no-sidebar","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"normal-width-container","site-content-style":"boxed","site-sidebar-style":"boxed","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"disabled","ast-featured-img":"disabled","footer-sml-layout":"disabled","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"enabled","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"set","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"class_list":["post-274","page","type-page","status-publish","hentry"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/274","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=274"}],"version-history":[{"count":44,"href":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/274\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":483,"href":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/274\/revisions\/483"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/evangelioenlinea.org\/1\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=274"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}