SANACIÓN

DEL

AMOR

FRATERNO

HIGINIO A.LOPERA E. cjm.

CENTRO SANJUAN EUDES

 
1. Sus herman@s son la más bella compañía que Dios le ha dado para caminar en la vida.

Lo invito a entrar en un momento de paz, de sosiego en el que usted pueda sentir  la ternura del Padre Dios, de ese Dios amorosísimo que es también  el Padre tierno de sus herman@s de carne y hueso.

Llénese del amor y de la ternura del  Corazón de Jesucristo, Nuestro Hermano Adorable.

Abandónese a las gracias y dones del Espíritu Santo  para recibir una gran capacidad de amor y de perdón.

Póngase al abrigo de la Madre Admirable para que Ella lo cubra con su amor.

Piense que sus herman@s están con Jesús que los ama tanto que ha entregado su Cuerpo y ha derramado su Sangre por ell@s.

Piense en la manera tan increíble como el Señor y la Madre del Cielo aman a sus herman@s.

Si usted es amad@ grandemente por Dios, el Padre de las misericordias, piense que también sus herman@s son igualmente amad@s.

Sus herman@s son la más bella compañía que Dios le ha dado para caminar en la vida.

Dios Padre nos ha dado a los herman@s para amarlos, y para tener a la mano el amor más cercano, más abierto, más espontáneo, más simple.

Son un tesoro que hay que cultivar, cuidar y disfrutar.

Ahora lo invito  a pensar sobre aspectos muy concretos de sus herman@s, de su temperamento, de su carácter, de sus diferencias, como quien ve un diamante, tallado en las mismas entrañas donde usted fue tallado con 58 y más facetas, siendo cada una de ellas un hermoso lado de su hermano, de su hermana.

Por eso lo invito a ver siempre las facetas o planos sesgados de esos diamantes que Dios le ha dado en sus herman@s, sin dejar de lado, esos puntos que hay que labrar, pulir con delicadeza, con amor, porque son frágiles.

Piense, entonces:

¿Qué valores tiene cada un@?>

¿Qué es lo más bello que ha recibido de sus herman@s?>

¿Qué cosas negativas encuentra en sus herman@s?>

¿Ha tenido algún trauma o experiencia difícil con sus herman@s?>

¿Qué cree usted que pueda ofrecer a sus herman@s?>

¿Qué dicen de usted sus herman@s?>

¿Ha experimentado su amor, su amistad, sus cuidados?

¿Hay algo en usted que no gusta a sus herman@s?>

¿Piensa que hay algo que bloquea el amor,  la relación sencilla, el trato continuo  con sus herman@s?>

¿Ha sentido en su vida lo que es el amor entrañable de un hermano?

¿Ha sentido en su vida el amor cálido, tierno, de una hermana?

¿Ha peleado usted con sus herman@s?>

Estas preguntas tienen tanta importancia porque Dios nos ha dado a los herman@s para que sean nuestros mejores compañer@s y amig@sen el camino de la vida.

El amor fraterno es esa relación tierna, cálida, sincera, entre los hij@s de un mismo padre y de una misma madre.

Es una forma de amor única, perpetua, que va más allá de la muerte.

En muchos lugares de la Biblia, p.e. en los libros del Levítico y del Deuteronomio, se emplea la palabra “hermano”. Pero hay que distinguir si se trata del hermano, del prójimo, como aquel que forma parte del mismo pueblo de Israel o si serefiere  expresamente al hermano de familia, de carne, de sangre.

No me refiero, pues  al amor al prójimo, que con frecuencia llamamos “amor fraterno” sino a ese amor que tiene una dimensión familiar, de grupo, de consanguinidad.

El amor fraterno entre herman@s de sangre y hueso, esprecisamente el  paradigma del amor  a los demás, de la fraternidad humana, porque todos somos hijos e hijas de Dios.

2. El amor fraterno con las relaciones que implica es uno de los más bellos, alegres, confiables y  gratificantes de la vida humana.

Cada palabra es importante en esta visión polifacética de esta forma de amor.

Es un amor bello porque normalmente es ajeno a todo interés material, físico.

Es un amor alegre porque normalmente nada debería empañarlo ni quitarle su maravillosa gratuidad.

Es un amor confiable porque no hay ser humano más digno de nuestro amor, más digno de fiar, con el de nuestros padres, que el de los herman@s.

Es un amor gratificante por la gran satisfacción que trae servir incondicionalmente a los herman@s, al mismo tiempo que se reciben grandes bendiciones del Padre de todos.

El nombre más bello que han inventado los griegos ha sido el nombre de FILADELFO: el amigo del hermano, el que ama al hermano.(Tengo un hermano que se llama Filadelfo).

FILADELFÍA puede ser la palabra derivada que expresalo que es el amor fraterno.

Este amor ocupa prácticamente todo el marco de nuestra existencia, excepcionalmente se nace sin tener un herman@ que se alegre y excepcionalmente se muere sin tener un herman@ que nos llore.

Los padres nos acompañan un tiempo, los herman@s toda la vida, sobre todo cuando se trata de familias numerosas.

Cuántos hace muchos años estamos sin la compañía de nuestros padres ya fallecidos, y sin embargo,  por años y años,  tenemos la insustituible compañía de herman@s.

Es el caso normal de estar con herman@s desde la niñez hasta la vejez.

3. Un amor precioso, diamantino, sometido a heridas, cadenas y esclavitudes.

¿Cómo no agradecer cada día ese amor precioso, multifacético como el diamante, que Dios nos ha regalado y descubrirlo siempre como tal?

Como en el caso de los grandes amores, también el amor fraterno puede recibir heridas muy profundas, cargar con cadenas que bloquean sus manifestaciones y estar sometido a esclavitudes que arrebatan lo más bello del amor, que es  la espontaneidad y la diafanía de lar elación.

Los herman@s pueden producirse grandes heridas queduran toda la vida, y que se graban en la neuronas, como si la emotividad y lasensibilidad recibieran un golpe mortal.

Los herman@s pueden cargar, por herencia, por ancestros, por falta de sus padres, con pesadas cadenas que llevan sin culpa y que hacen explicables muchos comportamientos que no tienen sentido ni justificación entre herman@s. 

Los herman@s pueden ser víctimas y victimari@s de esclavitudes, de imposiciones, de dominios de parte y parte que convierten el amor fraterno en un suplicio, en un infierno.

Vemos, entonces, la necesidad de ser sanado, liberado con el poder del Señor.

4. Un amor fraterno sano y generoso.

Me permito traer tres parábolas de dominio público, conocidas,  sobre el amor fraterno sano, como un ideal de Filadelfía.

Visualice estas tres bellas parábolas:

Amor en la lata de leche: primero, el otro.

Eran dos hermanitos en puros harapos, uno de cinco años y el otro de diez.

Iban pidiendo un poco de comida por la calle que rodea la colina.

- “Vayan a trabajar y no molesten”. Se oía detrás de la puerta.

- “Aquí no hay nada, pordioseros”. Decía otro.

Las múltiples tentativas frustraban, entristecían  a los niños.

Por fin, una señora muy atenta les dijo:

- “Voy a ver si tengo algo para ustedes, pobrecitos”.

Y volvió con una lata de leche.

¡Qué fiesta!

Ambos se sentaron en la acera.

El más pequeño le dijo al de diez años:

- “Tú que eres el mayor, toma primero”.

Y lo miraba con sus dientes blancos, con la boca medio abierta, relamiéndose.

Yo contemplaba la escena entre sorprendido y consternado.

¡Si vieran al mayor mirando de reojo al pequeñito!

Se llevaba la lata a la boca y haciendo de cuenta que tomaba, apretaba los labios fuertemente para que no le entrara ni una gota de leche.

Después, extendiéndole la lata, le decía al hermano:

“Ahora es tu turno. Sólo un poquito”.

Y el hermanito dando un trago exclamaba:

- “Está sabrosa”.

- “Ahora yo”, decía el mayor.

Y llevándose a la boca la lata, ya medio vacía, no bebía nada.

- “Ahora tú”.

- “Ahora yo”.

- “Ahora tú”.

- “Ahora yo”.

Y después de tres, de cuatro, de cinco y seis tragos, el menorcito de cabello ondulado, barrigoncito, con la camisa afuera, se tomó toda la leche él solito.

Esos - “Ahora tú”. - “Ahora yo”, me llenaron los ojos de lágrimas.

Y, entonces, sucedió algo que me pareció más extraordinario.

El mayor comenzó a cantar, a danzar, a jugar fútbol con la lata de leche vacía.

Estaba radiante, con el estómago vacío, pero con el corazón rebosante de alegría.

Brincaba con la naturalidad de quien no hace nada extraordinario, o aún mejor, con la naturalidad de quien está habituado a hacer cosas extraordinarias sin darles mayor importancia.

El amor fraterno que piensa en el otro.

La historia cuenta que había dos hermanos que se querían con toda el alma.

Ambos eran agricultores.

Uno se casó y el otro permaneció soltero.

Decidieron seguir repartiendo toda su cosecha a medias.

Una noche el soltero soñó:

¡No es justo! Mi hermano tiene mujer e hijos y recibe la misma proporción de cosecha que yo que estoy solo.

Iré por las noches a su montón de trigo y le añadiré varios sacos sin que él se de cuenta.

A su vez el hermano casado soñó también una noche:

¡No es justo! Yo tengo mujer e hijos y mi futuro estará con ellos asegurado.

A mi hermano, que está solo, ¿quién lo ayudará?

Iré por las noches a su montón de trigo y le añadiré varios sacos sin que él se de cuenta.

Así lo hicieron ambos hermanos.

Y ¡oh, sorpresa!, ambos se encontraron en el camino, una misma noche, portando sacos uno para el otro.

Se miraron, comprendieron lo que pasaba y se abrazaroncon un abrazo de hermano, aún más fuerte, y para siempre.

 

Las manos fraternas, generosas… orando.

En el siglo XV, en un pueblito cerca de Nuremberg, Alemania, vivió una familia de 18 hijos. ¡Dieciocho!

Para simplemente mantener comida sobre la mesa para esta multitud, el padre y cabeza de la familia, que era relojero por profesión, trabajó casi dieciocho horas al día en su profesión junto con otros varios trabajos que podía encontrar en su vecindad.
A pesar de su aparentemente desesperada condición, dos de los hijos del padre Albrecht Dürer tenían un sueño de que los dos podían algún día perseguir una carrera de arte.

A la vez, sabían que su padre nunca podía pagar para mandarlos a estudiar a la Academia de Arte en Nuremberg.
Después de muchas discusiones por las noches en una cama bien llena con hermanos, los hermanos hicieron un pacto entre los dos.

Al echar una moneda al aire, el que perdiera, bajaría a las minas cerca de la casa a trabajar y así sostendría los estudios de su hermano en la Academia de Arte.
Luego, cuando el hermano que ganó el cara de la moneda  terminara sus estudios que serían cuatro años, él sostendría a su otro hermano - o con las ventas de su arte o, si fuera necesario, trabajando en las mismas minas.
Echaron a cara o cruz  después del culto dominical. Albrecht Dürer hijo, ganó y su hermano Albert bajó a las minas peligrosas para empezar su parte del pacto.

Por los siguientes cuatro años, Albert fielmente pagó por los estudios de su hermano, cuyos trabajos de arte fueron un éxito casi de inmediato.

Sus trabajos de madera, pintura y dibujos eran todos mucho mejores que los de sus propios maestros y para cuando se graduó, estaba ganando bastante dinero por sus obras.
El joven artista regresó a su pueblito y la familia Dürer hizo una fiesta de comida en la casa para celebrar el triunfo de Albrecht.

Después de una buena y larga comida memorial, amenizada  con música y risa, Albrecht se levantó de su posición de honor en la mesa para brindar por su amado hermano, por sus años de sacrificio que hizo para que Albrecht pudiera cumplir con sus deseos de ser artista.

Sus palabras al concluir su discurso fueron: “Y ahora mi querido y bendito hermano mío, ahora será tu turno. Tu ahora podrás ir a Nuremberg para perseguir tu propio sueño mientras que yo ahora te mantengo con todo lo que necesitas”.
Todas las cabezas de los reunidos en la mesa dieron la media vuelta para ver la cara de Albert que estaba sentado al otro extremo de la mesa.

Lágrimas estaban trazando su triste cara mientras Albert manifestaba  con su cabeza, de lado a lado, diciendo, “No, no, no, no”.
Al fin, se levanta Albert, limpia sus lágrimas de sus mejillas, mira a las caras de su amada familia y, levantando cuidadosamente sus manos y colocándolas cerca de su mejilla derecha dijo con mucha ternura, “No, hermano. Ya no puedo ir a Nuremberg. Para mí es demasiado tarde. Mira...mira lo que cuatro años en las minas han hecho a mis manos. Los huesos de cada dedo han sido destrozados por lo menos una vez y ahora, a causa del trabajo en las minas,

estoy sufriendo de artritis en mi mano derecha, tanto que ni puedo levantar mi vaso y brindar en honor tuyo, mucho menos tratar de pintar y dibujar. No hermano, para mí es demasiado tarde."
Más de 450 años han pasado. Hoy en día las  obras de arte de Albrecht Dürer aparecen en casi todos los museos más importantes del mundo.

Pero es posible que usted, como casi todos en el mundo, reconocerán solamente una obra de Albrecht Dürer y a lo mejor tiene una reproducción de esta obra colgada en su casa u oficina.

Un día, para hacer homenaje a todo lo que sacrificó su hermano Albert, Albrecht Dürer cuidadosa y detalladamente dibujó las manos lastimadas de su hermano. Las llamó simplemente "Manos" pero el mundo entero abrió su corazón a esta gran obra del maestro y la titularon "Manos Orando".

Bendito sea su corazón porque usted es el protagonista de éstas y de muchas más historias conmovedoras de amor fraterno.

5. ¿Sanar de qué?

En el cuestionario inicial, seguramente usted se ha dado cuenta de relaciones con sus herman@s que no andan bien.

La convivencia desde el seno materno, y desde el seno del hogar,  a través de la niñez, de la adolescencia y de todas las etapas de la vida, puede dejar heridas muy profundas, que la misma falta de perdón, hace que envenenen el alma.

Si no tenemos una auténtica sanidad y liberación interior, el amor fraterno puede estar enfermo por defecto, por exceso o por desviaciones.

El amor fraterno puede estar enfermo  por defecto: odios, resentimientos, rencores, venganzas, celos, rivalidades, indiferencia, alejamiento, despreocupación, olvido.

El amor fraterno puede estar enfermo por exceso: dependencias exageradas, apegos compulsivos, ataduras sentimentales y afectivas.

El amor fraterno puede estar enfermo por desviaciones, generalmente de tipo sexual.

El auténtico amor fraterno, entre herman@s no tiene que ver nada con lo sexual que pueda llevar al incesto.

Pero se pueden dar ataduras incestuosas o haber experimentado una violación por parte de hermano o de hermana.

Hay ambientes promiscuos por pobreza, por espacios limitados para la convivencia familiar, que pueden ser ocasión para desviaciones del amor fraterno.

Sin entrar en muchos detalles, ya usted puede iridentificando, al analizar sus relaciones con sus herman@s, las heridas, los recuerdos negativos, las cadenas, las esclavitudes y las ataduras.

Pero no piense solo en lo que sus herman@s le han hecho, piense también, honestamente,  en lo que usted ha hecho a sus herman@s.

Con el perdón mutuo, es necesario sanar todo lo que impide a los herman@s verse, tratarse, encontrarse, volver a estar juntos, a compartir espontáneamente y con gusto la vida familiar, los encuentros, las fechas y acontecimientos de familia.

La sanación es urgente porque la vida es breve y tenemos que recuperar el tiempo perdido para amar, para compensar, para restaurar las relaciones menguadas o acabadas.

6. La terapia preventiva.

Ciertamente la mejor terapia para todo desajuste de la personalidad y de las relaciones interpersonales,  es la prevención, todo aquello que en el hogar favorezca unas relaciones fraternas sencillas, cálidas y sanas.

Los padres son los educadores del auténtico amor fraterno, según incidan en la manera como tratan a su hijos, si crean en ellos actitudes de rivalidad, de división, si hacen comparaciones o tienen preferencias o si están atentos al cultivo continuo de los valores cristianos de la caridad, de la comprensión, de la ayuda mutua, del servicio y del perdón.

La educación recibida en el hogar, la manera como los padres han tratado a sus hijos y les han ayudado a superar sus diferencias, peleas, rivalidades, preferencias, va a influir en la maduración del amor fraterno y evitar problemas para el futuro.

Es importante tener en cuenta realidades que parecen detalles sin importancia y que influyen muchísimo.

Por ejemplo: la educación debe estar  atenta al puesto que ocupan los hij@s en el hogar como primogénit@, intermedi@ o últim@; se ha de tener en cuenta al hij@ que nace después de un aborto.

El hogar es la escuela donde los herman@s aprenden a amarse respetando su condición de hombre y de mujer.

El amor fraterno se ha de expresar cariñosamente en el compañerismo, en el compartir, en fiarse uno del otro.

Las peleas, las discusiones que menudean entre los herman@s deben ser objeto continuo de perdón y de enmienda.

El convivir con los herman@s amándose, tolerándose, discutiendo, perdonándose y volviendo a estar juntos, nos ofrece el mejor paradigma de la convivencia humana donde siempre tendremos dificultades, pero si las hemos sabido llevar como herman@s, trataremos todo con madurez, con perdón, con tolerancia, con toda clase de personas.

El comportamiento social de las personas va a depende rmucho de las relaciones que se han vivido a través de toda la existencia con los herman@s.

Así, el hogar deber ser la mejor escuela del amor fraterno, sobre todo cuando vemos que nuestras instituciones educativas todavía tienen sistemas pedagógicos que crean en el niño y en la niña actitudes como la rivalidad, la agresividad, la venganza, la competitividad, que impiden a los niñ@s comprender y vivir el amor fraterno en el mismo hogar.

Por otra parte, como cristianos, no podemos dar testimonio de Vida, si no amamos a los que están más cerca de nosotros.

Lo malo es que el pecado acecha las relaciones fraternas.

La Biblia nos muestra, desde los orígenes, lo frágil que es el amor entre herman@s, desde Caín y Abel:  es como si ese amor estuviera desde el principio herido por el pecado.

La Biblia que nos inspira en la oración de sanación que vamos a realizar, nos ofrece un panorama hermoso y al mismo tiempo dramático de las relaciones entre herman@s, que nos da a entender por que hay que  orar por sanación, porliberación,  por rompimiento de cadenas y ataduras entre los mismos herman@s.

Es terrible constatar que cosas que no se dan entre extraños y enemigos, se dan espantosamente entre herman@s.

 

7.La oración de sanación del amor fraterno.

 

 

Cada plegaria, cada referencia a algunos textos de la Biblia, quiere ser un programa nuevo de convivencia con nuestros herman@s para quienes pedimos la sanación y la liberación interiores.

Al orar con amor, fe y entrega por nuestros herman@s, pensemos en nosotros mismos, necesitados de esa misma sanación y liberación que estamos pidiendo en el nombre de Jesucristo, nuestro Bendito Dios y Salvador.

Lo invito a hacer esta oración con mucha frecuencia, sol@ o acompañad@ de sus herman@s.

Te adoro, Trinidad Santísima, Padre, Hijo y Espíritu Santo,  Divina comunidad del Amor, fuente de la vida de todo hogar, de toda familia.

Te adoro Santísima Trinidad, por el amor que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han derramado en nuestros hogares con la gracia del sacramento del matrimonio.

Gracias, Señor, porque me has formado con mis herman@s en un mismo vientre, con el mismo amor, con la misma ternura.

Gracias, Señor, porque somos fruto del amor de nuestros padres.

Gracias, Señor,  porque tu has querido hacer que mis herman@s sean los compañeros de toda la vida, Tú mismo me los has escogido para ser mis herman@s.

Sana, Señor, todo lo que es de la concepción, del embarazo y de los primeros días de mi infancia y pueda tener influencia negativa en mis relaciones con mis herman@s.

Te pido perdón por todas las omisiones, indiferencias, ausencias, separaciones, en el amor a mis herman@s.

Perdón, Señor mío, por odios, rencores, resentimientos, venganzas, con mis herman@s.

Perdono con todo el amor de mi alma las faltas y desconsideraciones de mis herman@s.

Perdono los celos, las rivalidades en las relaciones con mis herman@s.

Sana, Señor, todo lo que en nuestro código genético, en nuestra herencia ancestral, comporte divisiones, desamor, odios, rivalidades, rencores.

Enséñanos, Señor, a aceptar buenamente  nuestras diferencias, entre herman@s, nuestras maneras de ser, de pensar y de actuar y que no sean motivo de altercados.

Señor, aleja de todos los hogares el espíritu maligno que se apoderó de Caín, que nunca seamos  seducidos para matar física o espiritualmente a nuestros herman@s (cf. Gn 4, 8).

Señor, protector de los hogares, haz que los herman@s seamos guardianes solícitos y respetuosos los unos de los otros (cf. Gn 4,9).

Padre amoroso, que nunca clame hacia Ti, el mal que podamos haber hecho a nuestros herman@s y que el amor a ell@s nos traiga siempre tus bendiciones (cf. Gn 4, 10-11).

Jesucristo misericordioso, nuestro Hermano Mayor, que nunca seamos causa de maldición por nuestro comportamiento en el hogar y que nuestro servicio a los herman@s sea la más bella bendición (cf. Gn 9, 25).

Señor, protector de los que siguen tu camino, haz que en nuestra peregrinación por este mundo podamos contar con la compañía de nuestros herman@s  (cf. Gn 12, 5).

Padre Dios que nos has dado herman@s, inúndanos de tu amor paternal, para que reconociéndonos herman@s, alejemos de nosotros toda discusión, disputa y división (cf. Gn 13, 8).

Dios de la vida y de la libertad, concédenos ser instrumentos efectivos de liberación de nuestros herman@s víctimas de la violencia, del terrorismo, del secuestro, de las injusticias (cf. Gn 14, 15,16).

Dios todo providente que cuidas de todos los hombres, te pedimos especialmente por nuestros herman@s que han tomado algún estado, que se han casado o se han consagrado, concédeles la prosperidad material y espiritual en todos sus proyectos y ser liberad@s de todo mal y peligro (cf. Gn 24, 60).

Dios Padre que nos has formado en las entrañas de nuestras madres, rompe cualquier cadena, cualquier mala influencia que pueda darse entre nosotros como herman@s desde la concepción y el embarazo (cf. Gn25, 25).

Señor de toda bendición, con toda humildad queremos suplicarte que todos como herman@s seamos bendición mutua a través de nuestros servicios desinteresados y que un mismo sentimiento de amor tierno y entrañable aliente todas nuestras relaciones fraternas (cf. Gn 27.29).

Padre Dios que amas a tus hijos e hijas por igual, que podamos superar como herman@s las preferencias de nuestros padres y que todos seamos favorecidos con las bendiciones de su amor (cf. Gn 27, 41).

Destruye de raíz, Señor de toda benevolencia, todos los celos y rivalidades con mis herman@s (cf. Gn 30, 1).

Haz, Señor, que todo lo hagamos con sencillez, con amor, sin competencias, sin retaliaciones (cf. Gn 30,8).

Líbranos, Señor de la paz, de los mutuos temores entre herman@s, que nada tengamos que temer los unos de los otros (cf. Gn 32, 12).

Te suplicamos, Señor, que con todos los medios honestos protejamos, defendamos y auxiliemos a nuestros herman@s y que nunca seamos vengativos (Gn 34, 25).

Concede, Señor a nuestros padres el amor igual para tod@s nosotr@s y que nunca lleguemos a tener sentimientos de aborrecimiento por sus preferencias (cf. Gn 37, 4).

Señor de la misericordia y de la comprensión, concédenos un corazón misericordioso para que nunca lleguemos al extremo de traicionar, de vender, de perjudicar de alguna manera violenta, física o espiritual, a nuestros herman@s (cf. Gn 37,27).

Señor nuestro, danos tu mirada de amor, y que la compasión, la misericordia, que tal vez  tenemos con los extraños, la tengamos en primer lugar con nuestros herman@s que sufren y nos imploran la ayuda de corazón (cf. Gn 42, 21).

Danos, Señor, por favor, la capacidad de cancelar entre herman@s  nuestro pasado negativo con el abrazo fuerte del perdón y de la reconciliación y el beso fraternal de la paz (cf. Gn 45, 14).

Señor, dador de todo bien, concédenos el don de la generosidad, para que desde lo poco o mucho que podamos tener nos preocupemos por el sustento material y espiritual de nuestros herman@s (cf. Gn 47, 12).

Señor nuestro Jesucristo, Hijo único del Padre que nos has salvado como herman@s tuyos, danos tu corazón, tu espíritu y tus sentimientos para ser en medio de nuestros herman@s un verdadero tesoro de bondad, para que tod@s se sientan amados, servidos y no dominados y humillados(cf. Gn 49.8).

Padre perdonador que nos invitas a perdonar a todo el mundo, concédenos la capacidad de perdonar siempre a nuestros herman@s, olvidando toda ofensa y abriéndonos de nuevo al amor fraterno, a crear nuevos vínculos y relaciones de convivencia familiar (cf. Gn 50, 16).

Señor protector nuestro, en medio de tantos peligros que pueden acechar a nuestros herman@s, concédenos la gracia y el poder, de colaborar contigo, para rescatarlos, salvarlos y librarlos de todo mal y peligro (cf. Ex 2, 7).

Señor, Padre amoroso de nuestras hermanas, cólmanos de tu amor hacia ellas, que podamos tratarlas con ternura, con respeto y veneración, como lo más sagrado que has puesto en nuestra vida y en nuestros hogares (cf. Lv 18, 9ss).

Concédenos, Señor justo, la delicadeza, las palabras y actitudes para ayudar a nuestros herman@s a cambiar, a corregirse y que tengamos la alegría de verl@s en tu camino (cf. Lv 19, 17).

Señor, queremos suplicarte que limpies nuestra mente y nuestro corazón, para que de ninguna manera se manche nuestra relación y convivencia con nuestras hermanas y descubramos cada día lo sublime y precioso del amor de hermana (cf. Lv 20, 17).

Señor, concédenos la solidaridad fraterna para acompañar y apoyar a nuestros herman@s en sus problemas materiales, en sus dificultades, en sus crisis personales (cf. Lv 25, 25).

Señor, Dios nuestro, vivo y verdadero, queremos, con el poder del Espíritu Santo, seguir el camino que nos lleva hacia Ti, que nunca seamos seducidos por los ídolos del mundo, ni apartados de la fe verdadera, ni mucho menos seduzcamos a nuestros herman@s y los apartemos de la verdad (cf. Dt13, 7).

Padre tierno y generoso, concédenos el don del amor y de la generosidad constante para que nunca ante nuestros herman@s se endurezca el corazón que comprende el sufrimiento ni se cierre la mano generosa que remedia lo que les falta; que jamás carguemos en nuestras propias familias con los clamores no atendidos de nuestros herman@s; que la alegría sea como el pan que recibimos cada día por nuestra generosidad con ell@s (cf. Dt 15, 7ss).

Señor nuestro, que algún día comprendamos lo más bellod e la generosidad cristiana con los herman@s: a un hermano necesitado, a una hermana necesitada, no se le presta como a un extraño, se le da con toda el alma. Así nunca nos privaremos de tu gran bendición material en todas nuestras cosas cuando somos así con nuestros herman@s (cf. Dt 23, 20).

Señor, Creador nuestro, antes de actuar, queremos mirar con tu misma mirada  a nuestros herman@s, son obra tuya de tu amor, son  hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carne (cf. Jc 8, 2; 2 Sm 19, 13).

Concédenos, Señor, la gracia, de no cometer acciones, o tener afectos desordenados que nos lleven a ser violentos, abusivos, y luego nos hagan  odiar a nuestrosherman@s (cf. 2 Sm 8, 11ss).

Señor, que en nuestra familia, con  nuestros padres y todos los herman@s, vivamos con perseverancia y valentía nuestra fe, que juntos sepamos dar testimonio de obedecerte sólo a Ti, nuestro Creador y Padre (cf. 1 Mc 2, 19).

Concédenos, el amor, la valentía, la generosidad y  la perseverancia de los siete hermanos macabeos que aceptaron la flagelación y la muerte  antes que quebrantar tu santa ley (cf. 2 Mc7, 1ss).

Señor, que juntos como herman@s seamos una comunidad de amor que te bendice continuamente y compartamos tus bendiciones y lo maravilloso que has sido con nosotros (cf. Sal 22, 23).

Señor, que aprendamos a medir nuestras palabras contra nuestros herman@s  para que nunca los deshonremos (cf. Sal 50, 20).

Señor, que seamos un verdadero hogar en el que la convivencia de los herman@s le de sentido a la vida, nos colme de alegría, y la bendición continua descienda sobre nosotros como un bálsamo que se va derramando (cf. Sal 133, 1ss).

Señor de la paz, destierra de nosotros como herman@s todo intento de división, de lucha fraterna, que jamás cada uno se cierre en sí mismo, que nadie sea ante sus herman@s como plaza fuerte, como fortaleza con cerrojos (cf. Pr 18, 19).

Padre de todos, que la unión entre herman@s  sea tan bella, tan estrecha y fecunda en manifestaciones de amor, que sea paradigma para todos los que se aman (cf. Pr18, 24).

Señor, que siempre andemos entre herman@s con la verdad, con la sinceridad y el afecto del alma (cf. Sb 7, 12).

Señor, que más que todo tesoro, más que el oro de todo el mundo, sean para nosotros valiosos nuestros herman@s y nunca los cambiemos por las cosas materiales (cf. Sb 7, 18).

Señor, que entre herman@s  tengamos un solo corazón, el don maravilloso de la concordia (cf. Si 25, 1).

Concédenos, la discreción, el discernimiento y la prudencia en el manejo de las cosas materiales con nuestros herman@s  para que no sean ellas las que nos dividan y nos pongan en contra (cf. Si 33, 20).

Señor, que las relaciones que tengamos entre nosotros como herman@s, deje entre todos, cuando partamos de este mundo,  la memoria venerable de la más bella fraternidad (cf. Si 49, 15).

Señor, haz que confiemos como herman@s los unos en los otros, que jamás nos traicionemos, que nos fiemos siempre de todos con nuestras palabras y actitudes (cf. Jr 12, 5).

Señor que vives y reinas en nuestros hogares, guíanos con tu Santo Espíritu, y elige entre nuestros  herman@s, como hiciste con los discípulos hermanos, hombres y mujeres para tu santo servicio, que se entreguen con generosidad a la obra de la salvación de los hombres (cf. Mt 4, 18ss).

Señor Jesús, que unidos en nuestros hogares a la Madre Admirable, escuchemos y practiquemos tu Palabra y seamos todos nuestros herman@s con  nuestros padres, tu verdadera familia y nos puedas decir con razón: “ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (cf. Mt 12, 46s).

Concédenos, Señor misericordioso, la más grande capacidad de perdonar a nuestros herman@s “hasta setenta veces siete” (cf. Mt18, 21s).

Señor, huésped amoroso se nuestros hogares, que como Lázaro, Marta y María todos nuestros herman@s te acojamos con amor, te sirvamos generosamente y escuchemos tu santa Palabra que nos transforme a todos (cf. Lc10, 38s).

Señor, que no has querido ser juez repartidor de herencias, líbranos como herman@s de pleitos, de divisiones, de enemistades por cuestiones materiales, que no nos garantizan la vida eterna (cf. Lc 12, 13s).

Señor, Padre bueno y misericordioso, te suplicamos que como herman@s  nos alegremos siempre por la conversión de todos y trabajemos para que todos podamos vivir como herman@s  en la vida nueva que nos ha traído tu Hijo, Jesucristo (cf. Lc 15, 31s).

Señor. Maestro bueno, concédenos la gracia de lleva rhacia Ti, a nuestros herman@s, para que todos Te podamos encontrar y recibir la salvación que nos has traído (cf. Jn 1, 40s).

Padre de nuestras familias, te pedimos humildementeque nuestros herman@s  sean todos amadospor tu Hijo Adorable que amó tanto a Marta, a María y Lázaro (cf. Jn 11, 5).

Te damos gracias, Padre que lo has proyectado todo, porque de antemano nos has conocido, nos has predestinado a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera Él el primogénito entre muchos herman@s; “y a los que predestinó, a ésos también los llamó; y a los que llamó, a ésos también los justificó; a los que justificó, a ésos también los glorificó” (cf. Rm 8, 29s).

Señor de nuestros hogares, que todos abundemos en la práctica de las buenas obras y seamos herman@s que viven en verdadera justicia(cf. 1 Jn 3, 12).

Señor de la Resurrección y de la vida, concede el descanso eterno a nuestros herman@s que han muerto, rompe cualquier atadura negativa y que sean desde cielo nuestros queridos Ángeles protectores.

Te damos gracias, Señor Jesús Transfigurado, porque tanto dolor, tanto sufrimiento, tantas penas de nuestros herman@s, se convierten en bendición y van transfigurando gozosamente nuestras vidas.

Gracias, Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, porque recibes como una ofrenda de amor esta oración que con tanto amor hemos hecho por nuestros herman@s, que nosotros mismos nos convirtamos en una ofrenda de buen trato, de amor y de bendición los unos para los otros.

Virgen Santísima, Madre nuestra, protege  a nuestros herman@s, cúbrelos con tu manto, intercede siempre ante tu Hijo, por ell@s, y escucha siempre nuestra oración fraterna. 

Santos Ángeles custodios y Santos Patronos de nuestros herman@s, llevad esta oración ante el Señor y que todos seamos colmados de bendiciones.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos eternos. Amén.

Conclusión:

Querido hijo e hija de Dios,

Al orientarlo en esta oración, he querido estar a su lado como su hermano y me alegro inmensamente porque sé que el Señor con la Madre Santísima, van  a actuar en su vida.

No olvide que la oración entre herman@s es poderosa y hecha en el nombre de Jesús hace que lo imposible sea posible.

Que María, la Madre de los imposibles, con su Hijo Poderoso, nos bendiga a todos.