SANACIÓN

DEL

AMOR

MATERNO.

HIGINIO A.LOPERA E. cjm.

CENTRO SANJUAN EUDES

La sanación del amor materno

1. INTRODUCCIÓN

Un buen regalo que los esposos pueden hacer a sus esposas, que los hijos pueden ofrecer a sus madres y que las madres pueden brindarse a sí mismas.

¡Qué felicidad para un esposo tener una esposa sana  en su intimidad, para un hijo vivir con una madre sana interiormente, para una madre sentirse sana en la hondura de su corazón!

La mejor bendición  de Dios para un hogar, una familia, un esposo, es tener una madre sana en su cuerpo y en su espíritu y en su persona.

La mujer como madre, como esposa, compañera, amiga, es necesaria para la vida del hombre.  La mujer es tan necesaria para la vida del hombre como lo es el aire, el agua, la misma sangre.

Por algo cuando la vio por primera vez, el hombre exclamó: “Ésta si que es hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Gn 2, 23), para dar a entender la necesidad que su ser tiene de la “otra semejanza” que Dios le ha dado en su vida.

Hablamos de la sanación física de una enfermedad y en realidad pensamos que es lo más importante para una persona.

Pero no hay nada superior a la sanación interior que beneficia a la totalidad de la persona, cuerpo y espíritu y su mismo entorno familiar.

La sanación interior mira sobre todo a aquellas realidades profundas de la personalidad que escapan comúnmente a la superficialidad de lo que vemos o percibimos de las personas.

Los grandes problemas que afrontan las personas solo encuentran superación y solución verdadera y radical en la sanación interior.

Es mis largos años de ministerio pastoral no encuentro medio más maravilloso y divino –porque es gracia del Señor- que la sanación interior.

Cuando las  realidades más profundas de la personalidad están perturbadas, heridas, afectan dramáticamente  las relaciones íntimas con Dios, con el prójimo, consigo mismo y con el mismo entorno físico y social.

Esas realidades pueden ser las cualidades o identidades más recónditas de la personalidad, que pueden aflorar en múltiples actitudes y así sean tan preciosas como la fe, el amor, son un desastre cuando están heridas.

El éxito está en dar con lo que tiene que ser sanado de una persona, es como dar con la clave de la vida, con la llave que abre a la persona el mundo maravilloso de la salvación integral que nos ha traído Jesucristo.

Por la oraciónde sanación interior dejamos que el Señor Jesús con el poder de su Espíritu y la misericordia del Padre, penetre en esas cualidades más íntimas que son fuente del dinamismo de la persona, como serían el amor, la fe, el gozo, la paz, la armonía, etc., y que pueden estar heridas en la entraña misma de ser persona- hombre, persona-mujer.

Y ya aquí nos encontramos con un tremendo desafío, que puede necesitar la oración de conocimiento para identificar, desde un elemental psicoanálisis,  la causa de los conflictos y dramatismos interiores.

No siempre es fácil tener acceso a lo que es íntimo, sagrado, sublime. ¿Quién podría tener acceso al interior del Corazón de Jesucristo para comprender su gloriosa pasión, Muerte y Resurrección?

Pero, sin ser tan trascendentes, no es fácil penetrar en la hondura del corazón de una madre para identificar las maravillas que Dios ha querido poner en lo más íntimo de su ser  persona, de su ser mujer, de su ser madre; pero también para descubrir sus sufrimientos solitarios y silenciosos, recónditos e inexpresables.

Y mientras más quilates, valores, cualidades, fortalezas tiene una personalidad, es más difícil identificar sus heridas más profundas.

Da la impresión de que la misma calidad interior de las madres, supera por sí misma las limitaciones, las disminuciones, las heridas. Por eso no ponemos atención a sus sufrimientos, a sus penas, a sus tristezas y ansiedades.

Las madres abren su corazón para amar, para comprender, para sufrir, con una reciedumbre que nos hace pensar que estarían más allá del mal y porque son como ciegas (-para no dejarse afectar por lo que ven), como sordas (- para no escuchar tantas cosas hirientes) y como mudas (- para tragarse todo en el silencio de su morada interior),  vivimos al margen de lo que pasa en la hondura de su alma.

Por eso, esposos,  hijos e hijas, pueden tener una total, fría y despiadada indiferencia ante las heridas del amor materno.

Con respeto y con el bálsamo en la mano, quiero acercarme a esa realidad oscura y sufriente de nuestras madres y proponer a los esposos y a los hijos e hijas, antes de que sea tarde, la misión de contribuir a la sanación interior del amor materno.

El amor materno es como una piedra diamantina: en la misma medida en que es preciosa, es más frágil y se parte con más facilidad como la más hermosa y aquilatada gema.

Por su espiritualidad y psicología, su sensibilidad e intuición, por la grandeza de su espíritu es muy frágil. Mientras más fina es una persona en su interior, es más frágil.

Como la piedra preciosa, que mientras es más fina, más fácil se vuelve añicos.

Su sensibilidad, todas las dotes espirituales que Dios le ha dado, hacen que sus heridas sean más profundas, lo mismo que sus problemas sentimentales y afectivos, porque es distinta del hombre, no siempre tiene las válvulas de explosión de sus cargas negativas, los mecanismos de defensa;  por eso sufre más y sus heridas íntimas son más profundas.

2. DIOS SANA EL CORAZÓN DE LAS MADRES.

Ese es el dato  con el que usted  se encuentra al hojear la Palabra de Dios.

Se va a encontrar con madres, como usted, como la suya, que han sido sanadas, restauradas por el Amor divino.

Dios nos ha dejado en la Biblia esos ejemplos, para que las madres se contemplen en ellos. No es que estas madres sean perfectas por si mismas, o no tengan ningún reparo moral. Dios las ha sanado y restaurado para cumplir su misión de madres.

Invito a las madres, a visualizarse en estas madres afortunadas.  

La sanación de las madres en la Biblia, es una prueba del Dios misericordioso, que sana y restaura.

Contemplemos en cada una de estas madres, a nuestras madres, a usted misma, que es abrazada por el Amor del Padre, por la Ternura de Jesucristo y por la Consolación del Espíritu Santo.

Y usted como esposo, como hijo, como hija, contemple estos perfiles bíblicos de la mujer y ore por su esposa, por su madre.

3. PERFIL  BÍBLICO DE ALGUNAS MADRES.

La Biblia está llena de madres, muy humanas (- a veces demasiado) que van manifestando através de su perfil realidades muy concretas del ser, del pensar y del actuar como madre.

Dios aparece en la Biblia como el que sana, restaura y consuela a las madres.

Le presento algunas madres, en las que usted como madre puede visualizarse; usted como esposo, puede contemplar a su esposa;  y usted como hijo, como hija puede ver a su madre, al momento de orar por la sanación interior.

Se las ordeno en orden alfabético.

ABIGAIL, LA MADRE SENSATA E INTERCESORA. 1 Sa 25, 2-42.

Abigail, “mi padre se alegra”, madre muy prudente y hermosa casada con Nabal, un hombre muy rico, duro y de mala entraña. Se colocó delante de David como intercesora para evitar que el rey derramara la sangre de los varones de Nabal.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura para que pueda llevar la vida con un esposo que puede ser difícil, y alcanzar vida y salvación para muchos.

AGAR, LA MADRE SOCORRIDA POR LA PROVIDENCIA. Gn 21, 9-21.

Agar, “ciudad”, es la esclava despedida por Abraham y Sara, pero Dios vio su desesperación, escuchó los gritos se muerte de su hijo, le dio la vida y a ella la socorrió y la hizo madre de un pueblo.  

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura para que pueda llevar la vida con tantas dificultades como puede tener con sus hijos e hijas.

ANA, LA  MADRE BENDECIDA CON UN HIJO. 1 Sa 1,1ss.

Ana, “piedad”, es la esposa estéril de Elcaná  que llegó a ser madre por fe, orando y aceptando que los hijos son don exclusivo de Dios, que las madres deben aprender a entregar al mismo Señor de la vida.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura y le concede el don de la maternidad, para que pueda llevar la vida con sus hijos que son siempre una bendición de Dios.

ANA, LA MADRE PROFETISA QUE ACOGIÓ A JESÚS. Lc 2, 36-38.

Ana, “piedad”, se llama la hija de Fanuel, de la tribu de Aser, se consagró a Dios después de la muerte de su esposo y es la testigo privilegiada de la presentación del Liberador de Israel y es como la última profetisa que confirma el cumplimiento de las promesas divinas.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura, para que acogiendo a Jesús, pueda entregarlo alegremente a sus hijos, a su hogar.

BETSABÉ, LA MADRE ENALTECIDA.    2 Sa 11.

Betsabé, “hija de Sabé”,  por una gran injusticia de David reprobada por Dios, pierde a su esposo fiel  Urías, pierde el hijo que tiene de David, luego llega a ser reina y será la madre, así enaltecida, del Rey Salomón.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura para que pueda verse enaltecida en sus hijos y en su descendencia.

CAMPESINA DE BAJURIM, LA MADRE ANONIMA SALVADORA. 2 Sa 17, 18-21.

La campesina de Bajurim, es la esposa anónima, de un hombre igualmente anónimo, que interviene para salvar la vida de Jonatán y Ajimaas, metiéndolos en un  pozo y cubriendo la boca con una manta sobre la que puso grano trillado. Así  también colaboró a la salvación de la vida de David y de su ejército.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura para que pueda contribuir a la salvación de muchos.

DÉBORA, LA MADRE LIBERADORA DE ISRAEL Jue 4, 4; 5, 5.

Débora, “abeja”, esposa de Lappidot, era profetiza, juez en Israel, consejera, estratega militar, hasta canta autora, toda una abanderada  de la resistencia contra los cananeos capitaneados por Sísara. A ella acudían como si fuera la madre de Israel. Alcanzó la liberación de su pueblo que atribuyó totalmente a Dios.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura para que pueda liberar con la sabiduría y la fortaleza de Dios su hogar, su familia.

ESPOSA DE MANÓAJ, LA MADRE CREYENTE Y ABSTENIA. Jue 13, 1ss.

La esposa de Manóaj, de la tribu de Dan, era estéril. Dios le anunció la concepción y el nacimiento de un hijo, Sansón, que sería liberador de su pueblo, pero tenía ella misma que prepararse en fe, haciendo abstinencia de vino, de bebidas fermentadas y de alimentos impuros, de lo mismo que tendría que hacer su hijo.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaurapara que desde su fe y su vida de sacrificio prepare el futuro de  sus hijos.

EUNICE, LA MADRE QUE TRANSMITE LA PIEDAD.  2 Tm1, 5.

Eunice, “bella victoria”, era una judía de Listra, madre de Timoteo. Pablo la alaba por la piedad  que supo comunicar a su hijo. Modelo de la madre cristiana que con la leche trasmite a sus hijos la fe y el amor a Dios.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura, para que a través de su testimonio contagie a sus hijos la fe y el amor al Señor.

EVA, LA MADRE DE LOS VIVIENTES, SALVADA POR LA MATERNIDAD.

Gn2, 22ss; 1Tm  2, 15.

Eva significa la madre de los vivientes, “nuestra madre Eva”. Ella personifica lo más bello, lo más precioso de la humanidad, tan expuesta a la tentación, como abierta a la bendición de la maternidad que encierra en sus entrañas el futuro de miles de  generaciones,  que culminará en otras entrañas poseídas por el Espíritu Santo, las de María.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura para que pueda ser usted misma como mujer y como madre, la portadora de la vida en una cultura de abortos y de muerte como la nuestra.

HIJA DEL FARAÓN, LA MADRE ADOPTANTE. Ex 2, 5-10; Hch 7, 20-22.

La hija del Faraón, noble, humanitaria, misericordiosa, aceptó como madre y tuvo por hijo al niño de Yokébed; como madre le dio el nombre de “Moisés” y lo educó con toda la sabiduría de los egipcios. 

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura para que pueda optar siempre por la vida y estar de parte de los niños y niñas, nacidos y por nacer.

ISABEL, LA MADRE DE JUAN EL PRECURSOR  Lc 1, 5ss.

Isabel, “mi Dios es plenitud”, es descendiente de Aarón, esposa de Zacarías, madre de san Juan Bautista y parienta de María, la Madre de Jesucristo. Mujer estéril a quien Dios bendijo sobremanera con su hijo Juan, Precursor del Señor. Llamó a María, “la bendita entre todas las mujeres”y “la madre de mi Señor”.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura, para que sus hijos puedan abrir en sus vidas los caminos de la salvación del mundo.

JEHOSEBÁ, LA MADRE RELIGIOSA. 2 Re 11, 1ss.

Jehosebá, “ser completo”, es una  madre muy religiosa, mujer del sacerdote Yehoyadá, hija del rey Joram, pasa su vida en el templo. Durante el reinado de Atalía (841-835), la despiadada, salvó la vida de Joás, su sobrino, y ciertamente con valentía apoyó a su esposo en el movimiento que terminó con la caída de Atalía.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura para que pueda llevar una profunda vida religiosa en bien de su esposo y de su hogar.

JULDÁ, LA MADRE RENOVADORA. 2 Re 22,14ss; 2 Cro 34, 21ss.

Juldá, “topo”, es una campesina humilde, profetisa, mujer de Sal-lum, inspiró en nombre de Dios, la gran reforma religiosa del rey Josías (640-609) y contribuyó a que todo un pueblo alejado volviera al Señor.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura para que pueda cumplir en nuestra cultura, en el mundo y en la Iglesia una misión de renacimiento y de renovación.

LIA, LA MADRE DE MUCHAS BENDICIONES EN LOS HIJOS. Gn 29, 16-35.

Lía, “vaca salvaje”, es la mujer  de los ojos tiernos, aunque menos amada que su hermana Raquel, de bella presencia y buen ver. Dios tuvo misericordia de Lía a quien hizo fecunda con cuatro hijos. Lía se convierte en una madre que sabe alabar al Señor por la bendición que son sus hijos.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura para que proclame continuamente la misericordia del Señor en sus hijos, pruebas cada uno del Amor del Señor.

LOIDE, LA MADRE ABUELA PIADOSA. 2 Tm 1,5.

Loide, “deseable”, es la madre de Eunice y la abuela de Timoteo. Nos hace pensar en la hermosa influencia que una abuelac ristiana tiene en la fe de la familia y en especial de los nietos. Por eso Pablo, al captar la fe sincera de Timoteo, se remonta a su abuela Loide y a su madre Eunice.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura, para que pueda hacer crecer a sus hijos y  nietos en la fe verdadera.

MARIA DE CLEOFAS, TAMBIÉN MADRE AL PIE DE LA CRUZ.

Jn19, 25-42; Mt 28, 9-10.

Esta María, “amar” (?), es la esposa de Cleofás, madre de Santiago el Menor y de José; la encontramos al pie de la cruz, en las epultura del Señor y fue testigo de la Resurrección.  Fue una madre muy bendecida.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura, al pie de la cruz, en medio de sus sufrimientos, con su Santísima Pasión y Muerte.

MARIA, LA MADRE ORANTE DE JUAN MARCOS. Hch 12, 12.

Esta María, “amar” (?), es la madre de Juan Marcos y nos hace pensar en esas mujeres cuya fe es contagiosa y reúnen en  su casa, en su hogar, hombres y mujeres con quienes compartir la fe, el culto, el servicio, la entrega. En su casa se reunía la primera comunidad cristiana de Jerusalén.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura, `para que en torno suyo, se construya una comunidad de oración, de amor y de entrega.

MUJER CANANEA, LA MADRE PERSEVERANTE EN LA ORACIÓN. 

Mt15, 21-28; Mc 7, 24-30.

La mujer cananea, ha sido siempre un ejemplo de madre confiada, abierta desde la oración a los dones de Dios. Nos enseña a poner la confianza en el Señor en los momentos críticos, difíciles; a dialogar con amor y respeto con el Señor y a perseverar siempre en la oración por nuestros hijos e hijas.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura, para que nunca desfallezca en la oración y alcance la gracia divina para sus hijos.

MUJER COMPLETA, LA MADRE PERFECTA. Prov 31, 10ss.

La Biblia tiene un ideal de la mujer madre, dentro del contexto socio cultural del siglo V a.C., como una fuente de bendiciones para el esposo, para los hijos e hijas, para todo el grupo familiar y para la misma sociedad. Como mujer completa tiene todas las virtudes y como madre perfecta cumple en todo el proyecto Dios.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura para que sea una mujer fuerte, completa y una madre perfecta por su generosidad.

MUJER DEL JUICIO DE SALOMÓN, LA MADRE QUE SALVÓ UNA VIDA.

1Re 3,16-28

Es conocido el caso de las dos prostitutas que se presentan ante Salomón, el Magnífico, para que resuelva el litigio sobre un niño. Más allá de su condición, la verdadera madre, cuyas entrañas se conmueven ante el niño que va a ser dividido, nos da un testimonio admirable de amor maternal que renuncia a su hijo para que él tenga la vida.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura para que con su amor materno salve muchas vidas.

NOEMÍ, LA MADRE ABANDONADA Y CONSOLADA.  Rut 1,19.21.

Noemí, “encantadora”, es natural  de Belén de Judá, enviudó quedándose con dos hijos que supo criar. Mujer tierna y delicada, excelente suegra  con sus nueras Orfá y Rut. Estará  entre los antepasados de sangre de Jesucristo.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura y le está concediendo una consolación que irá  más allá del tiempo presente.

RAJAB, LA MADRE REDIMIDA EN LA GENEALOGÍA DE JESÚS.

Jos2, 1-21; Mt 1, 5; Heb 11, 31; St 2, 25.

Rajab, su nombre “Dios ensanchó”,  es la prostituta de Jericó, que salva a los espías israelitas y ella misma es salvada con su familia cuando cae Jericó.  Es la madre de Booz y antepasada de Jesucristo. Modelo de la justicia por las obras.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura, para que siendo generosa, sea portadora de mucha salvación en su descendencia.

RAQUEL, LA MADRE QUE DA LA VIDA AL MORIR.

Gen  29, 6-10.16. 18-20.30; 30, 22-24; 35, 16-18;Jr 31, 15; Mt 2, 18.

Raquel, “la oveja”, es la esposa preferida de Jacob, mujer estéril a quien Dios bendijo con dos hijos José y Benjamín. Muere al dar a luz a Benjamín, llamándolo “hijo de mi dolor”. Y será la personificación del dolor de las madres.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura, para que a través del dolor sea siempre portadora de vida.

REBECA, LA MADRE QUE BUSCÓ LA BENDICIÓN PARA EL HIJO. 

Gn27, 1-29.

Rebeca,  “mujer de cama”, es hermana de Labán y esposa de Isaac. Como su suegra Sara, era estéril. Dios la bendijo y  tuvo dos hijos Esaú y Jacob, rivales desde el nacimiento. Rebeca prefiere a Jacob, e ingeniosa, alcanza para él la bendición paterna, lo protege porque es el elegido y lo libra de la venganza del hermano.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura, para que pueda alcanzar para sus hijos la verdadera bendición de Dios y colabore en superar los conflictos que pueden darse entre sus hijos e hijas.

RISPÁ, LA MADRE RESPETUOSA DE LOS MUERTOS.  2 Sa21, 8-14.

Rispá, “piedra caliente” (?), es la concubina esclava  de Saúl al que dio dos hijos.Cuando los gabaonitas ejecutaron a los siete hijos de Saúl, entre ellos los dos de Rispá , ésta, cubrió los cadáveres que habían sido despeñados y los protegió hasta que Dios aceptó la expiación y David les dio sepultura.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura, para practicar siempre el respeto, el sentido humanitario en una sociedad violenta.

RUT, LA MADRE COMPASIVA, ANTEPASADA DEL SEÑOR.

Rut3, 1ss; Mt 5, 1.

Rut, “la amiga”. Permanece como viuda junto a su suegra Noemí. Es delicada, humilde, tranquila, generosa. Siendo extranjera se distingue por su piedad y la manera como se integra  en un clan de Belén. Se casó con Booz y dio a luz a Obed, antepasado de nuestro Señor.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura, para ser mujer de la compasión, de la misericordia.

SALOME, LA MADRE SOLÍCITA POR SUS HIJOS.

Lc20, 20-28; Marcos 15, 40, 41.

Salomé, “paz”, esposa de Zebedeo y madre de Santiago  el Mayor y de Juan, siguió a Jesús desde Galilea y estuvo al pie de la cruz, por eso le tenía mucha confianza al Señor y pidió para sus hijos, estar al lado de Jesús glorioso, quien les concedió una gracia superior, la del martirio.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura, para que pueda interceder como es debido por sus hijos e hijas.

SAMARITANA, LA MADRE SACIADA. Jn 4, 1-42

La Samaritana nos seduce a todos por su apertura y entrega a Jesucristo, desde su misma sed interior, de mujer muchas veces casada y vuelta a casar. Encuentra al Señor, lo acepta y e invita a otros para que también puedan saciarse como ella de su amor, de su salvación.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura, para que nunca falte en su corazón el agua viva y la comunique a sus hijos e hijas, a su esposo, a su entorno familiar y social.

SARA, LA MADRE QUE LLEGÓ A SERLO POR LA FE.

Gen11, 29-23,19; Heb 11, 1-16; 1 Pe 3, 1-6.

Sara, “princesa”, “soberana”, esposa de Abraham. Dios mismo le impuso el nombre. Era estéril y poco seductora. Pero Dios hizo lo imposible en ella, por su misma fe, y dio a luz a Isaac. Es para nosotros la madre de los hijos de la promesa. Es modelo de la mujer y de la madre cristiana, según san Pedro.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura, para que usted, llena de fe pueda ver en su hogar que para Dios no hay nada imposible.

SIFRÁ Y PÚA, LAS MADRES FECUNDAS QUE OBEDECIERON A DIOS.

Ex1,15-22.

Sifrá (“belleza”) y Puá (“brillante”) eran comadronas de los hebreos en Egipto.

No quisieron cumplir la ley infanticida del Faraón, prefirieron obedecer más bien a Dios. Son un testimonio para nuestro mundo abortista. Dios las bendijo aumentando sus propias familias, ante su inaudita generosidad de salvar niños ajenos.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura para que pueda estar de parte de la vida de los niños por nacer y al mismo tiempo disfrutar de la fecundidad física y espiritual de la maternidad.

SUEGRA DE PEDRO, LA MADRE SERVICIAL. Mt 8,14-17

Solo aparece una vez en el Evangelio y se gana nuestro afecto. Jesús va a su casa y vio que estaba en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la curó. Ella se levantó  y se puso a atender al Señor. Hermoso detalle que nos conservaron los evangelistas.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura, para que pueda estar al frente de su casa sirviendo con premura, amor y buena salud.

SUNAMITA, LA MADRE RESTAURADA EN SU HIJO. 2 Re 4, 8-37

La sunamita, de Sunem, es la madre que acogió al profeta Eliseo en su casa, porque era hombre de Dios. Su hijo ya crecido se fue al campo, sufrió una gran insolación y a poco murió en brazos de su madre. El profeta, oró a Dios y acostado sobre el niño, boca sobre boca, ojos sobre ojos y manos sobre manos, lo resucitó.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura en esos hijos, tal vez perdidos, muertos en vida, y los resucita.

VIUDA DE NAIM, LA MADRE CONSOLADA. Lc 7, 11ss.

Jesús tuvo misericordia ante su hijo muerto y se lo entregó resucitado a su madre. En ella se manifestó el poder del Señor y la visita de Dios a su pueblo.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura, y le alcanza que sus hijos e hijas, muertos de tantas maneras, puedan resucitar en sus brazos.

VIUDA DE SAREPTA, LA MADRE QUE CREYÓ EN LA PALABRA. 1 Re 17, 7ss.

La viuda deSarepta acepta las palabras del profeta Elías, es generosa desde su misma indigencia y se sacia con el milagro de la harina y del aceite. Ella lo acogióen su casa. Su niño enfermó y murió. Elias con el poder de Dios le devuelve la vida, y ella  acepta la palabra y el poder de Dios.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaura desde el primer momento en que acepta la Palabra de Dios y cree en su poder.

YOKÉBED, LA MADRE SALVADORA DEL LIBERADOR.  Ex 2,1-10; 6, 20.

Yokébeb, “Yahvé es gloria”, de la tribu de  Leví, esposa de Amram, tuvo en Egipto un lindo niño, durante la época del terror, y con gran ingenio, lo llevó en una cesta a la orilla del Nilo, de donde lo rescató la hija del Faraón y pudo volver a sus brazos: todo gracias a su fe en Dios.

A usted, madre, el Señor la sana y la restaurapara que pueda, por la fe en Dios, ser amoroso instrumento de la salvación desus hijos e hijas.

USTED…LA MADRE… QUE EL SEÑOR SANA Y RESTAURA.

Y ahora se trata de usted, de su esposa, de su madre

Contémplese en cada una de estas madres y ore al Señor para que obtenga las mismas gracias que ellas recibieron.

Hágalo por su esposa, por su madre.

Todas estas madres nos están anunciando a la LLENA DE GRACIA (Lc 1, 28), la colmada de bendiciones (Lc 1, 45), la bendita entre todas las mujeres (Lc 1, 42).

La invito a usted como madre a contemplar a María, a la Madre Admirable, en este precioso texto de san Juan Eudes y a pedirle que le comunique sus actitudes y virtudes.

Haga usted lo mismo como esposo, como hijo, como hija, con su esposa, con su madre.

4. MARIA, LAMADRE ADMIRABLE.

La contemplación de María, la Madre Admirable, nos comunica una gran sanación interior.

Que toda madre se contemple en María y recibirá la sanación, porque Ella sabe de alegrías y esperanzas y de cruces y sufrimientos.

Dios quiso que todo lo que habría de pasar en la Iglesia, y especialmente en las madres, primero se diera en María que es así el ejemplo, el modelo, el paradigma.

San Juan Eudes ha logrado hacer una preciosa descripción de María como la Madre Admirable. (Le Coeur Admirablede la Mère de Dieu. Livre I. O. C. VI, 22ss).

El Espíritu Santo hace cantar en su honor, en la Iglesia, por todo el universo y por todas las bocas de los fieles, este glorioso elogio: ¡Madre Admirable!

Oh Madre Admirable, con razón te llamamos así, porque eres Admirable  en todas las cosas y de todos los modos posibles.

Admirable en tu belleza angelical y en la pureza seráfica de tu cuerpo virginal.

Admirable en la santidad eminentísima de tu alma bienaventurada.

Admirable en todas las facultades de tu cuerpo y de tu alma, de las que siempre has hecho un empleo santísimo para la gloria del Santode los Santos.

Admirable en todos tus pensamientos, en todas tus palabras, en todas tus acciones.

Admirable en tus pensamientos que han tenido como único fin agradar solo a Dios.

Admirable en tus palabras, que han sido siempre como palabra de Dios, según el divino precepto: “Sialguno habla que sus palabras sean como palabras de Dios” (1 Pe 4, 11).

Admirable en tus acciones, que fueron todas consagradas a su divina Majestad.

Admirable en tus sufrimientos, que te han hecho digna de ser asociada al Salvador  en la obra de la Redención del mundo.

Admirable en todos los estados y todos los misterios de tu vida, que son otros tantos abismos de maravillas.

Admirable en tu Concepción Inmaculada, que está llena de milagros.

Admirable en tu santo Nacimiento que ha sido motivo de una alegría indecible y eterna para  todo el universo.

Admirable en tu sagrado Nombre de María, que contiene un mundo de cosas grandes y maravillosas.

Admirable en tu Presentación en el Templo desde la edad de tres años, después de haber dejado a una edad tan tierna la casa de tu padre y de tu madre, de un padre y de una madre tan santos, y después de haber renunciado totalmente a ti misma y a todas tus cosas, para consagrarte totalmente a Dios en su santo templo.

Admirable en el empleo santo que hiciste de todo el tiempo  que permaneciste con las santas vírgenes y viudas que vivían en comunidad, y en todos los ejemplos excepcionales que les diste por la práctica excelente de virtudes de toda clase.

Admirable en tu angelical y divino matrimonio con san José.

Admirable en tu celestial coloquio con el Arcángel san Gabriel, cuando te anunció el misterio inefable de la Encarnación.

Admirable en todas las cosas grandes que pasaron en ti, en el dichoso momento en que este misterio incomparable se cumplió en ti.

Admirable en todos los momentos de los nueve meses que el Verbo Encarnado residió en tus benditas entrañas en calidad de Hijo único de María.

Admirable en todos los pasos del viaje que hiciste, yendo a visitar a tu prima Isabel.

Admirable en todas las palabras que se contienen en el divino Cántico que has pronunciado después de haberla saludado.

Admirable en todos los efectos milagrosos de luz, de gracia y de santificación que has obrado en el alma del pequeño Juan Bautista, y en los corazones de  su padre y de su madre, durante más o menos tres meses que estuviste con ellos en su casa.

Admirable en todos los pasos que diste yendo de Nazareth a Belén para dar a luz al Salvador del mundo: pasos que yo venero con todo mi corazón y con todo el respeto que me es posible, besando en espíritu la tierra sobre la que has caminado y todas tus sagradas pisadas.

Admirable en todos los milagros que se dieron en tu divino Alumbramiento.

Admirable en la dolorosa y sangrienta Circuncisión de tu Hijo.

Admirable en la imposición del santísimo Nombre de Jesús que le has dado con san José, según las orden que recibisteis de parte del Padre eterno, por intermedio de san Gabriel.

Admirable en el misterio de su Epifanía, es decir, de su manifestación a los santos Reyes, que encontraron al Niño de Belén con María su dignísima Madre y que lo han adorado con ella.

Admirable en la humildad prodigiosa y en la obediencia maravillosa con la que te has sometido a la ley de la Purificación.

Admirable en la caridad increíble con que has ofrecido al Padre eterno a tu Hijo único y querido en el templo, para ser un día inmolado en la cruz en expiación por los crímenes de todos los hombres.

Admirable en todas las cosas extraordinarias que se dieron durante  el viaje que hiciste con tu Niño  adorable y con tu esposo san José, de Nazareth a Egipto y de Egipto a Nazareth, para salvar al Salvador del mundo protegiéndolo del furor de Herodes, que lo buscaba para matarlo.

Admirable en el santo empleo que hiciste, Oh Madre de Jesús, del sensibilísimo dolor y de la alegría indecible de que estuvo colmado sucesivamente tu Corazón, cuando extraviaste a tu queridísimo Niño en el templo de Jerusalén, y tres días después lo encontraste entre los Doctores.

Admirable en la santísima y dulcísima   conversación que tuviste con este Hijo querido, especialmente durante los primeros treinta años de su vida, que parece haber empleado sólo para ti y para santificarte más y más.

¡Oh, quién pudiera decir, quién pudiera  pensar las cosas grandes e incomprensible sque pasaron, durante tanto tiempo, entre el Hijo de María y la Madre de Jesús!

Admirable en el uso prefecto que hiciste, oh divina Madre, de la privación  que has tenido dela presencia de este Hijo, durante los cuarenta días que se retiró al desierto, y de la soledad conforme a la suya que has soportado durante esta cuarentena.

Admirable en la parte que tu  caridad incomparable te ha dado en el primer milagro que hizo en las bodas de Caná.

Admirable en el grandísimo fruto que has sacado de sus santas predicaciones y en el honor particularísimo que has tributado a todos los misterios que realizó durante el tiempo de su vida entre los hombres.

Admirable en la comunicación singularísima que Él te ha hecho de su cruz y de todos sus sufrimientos.

Admirable en el sacrificio que has hecho de Él mismo al pie de la cruz, con tanto dolor y con tanto amor por la humanidad y por los mismos que lo crucificaban.

Admirable en todo lo que has contribuido, por tus ardientes plegarias, a su gloriosa Resurrección.

Admirable en las cosas completamente extraordinarias que pasaron entre semejante Hijo y semejante Madre, cuando resucitado te ha hecho su primera visita.

Admirable en la parte ventajosísima que has tenido en su triunfante Ascensión.

Admirable en las divinas disposiciones con que recibiste el Espíritu Santo, el día de Pentecostés, y en los efectos prodigiosos que obró en tu alma.

Admirable en el celo ardentísimo y en la caridad incomparable que tuviste con la Iglesia naciente, durante el tiempo que viviste aquí abajo después de la Ascensión de tu Hijo.

Admirable en todos los momentos de tu vida, colmados de prodigios, y que has empleado totalmente al servicio y al amor del Rey de los siglos.

Admirable en tu santísima Muerte, que más bien debe llamarse vida que muerte.

Admirable en tu milagrosa Resurrección, en tu gloriosa Asunción, en tu maravilloso se colocada a la derecha de tu Hijo, y en tu augusta coronación en calidad de Reina eterna del cielo y soberana Emperatriz del universo.

Admirable en el poder absoluto que tu Hijo te ha dado sobre todas las cosas corporales y espirituales, temporales y eternas que dependen de Él.

Admirable en la parte infinita que tuviste en el Santísimo Sacramento del altar. ¿Qué digo: parte que has tenido? Tú tienes todo en él.

Admirable en la caridad incomprensible con la que continúas  dándonos a tu Hijo, por este divino Sacramento, por los tesoros inmensos que has comunicado a todos los hombres en general por el misterio de la Encarnación.

Admirable en la vida sumamente  gloriosa e infinitamente bienaventurada que has tenido en el cielo, desde que estás allí y que tendrás durante toda la eternidad.

Admirable igualmente en todas las virtudes que has practicado en este mundo en el grado más sublime que se pueda pensar.

Admirable en tu vivísima fe, en tu esperanza firmísima, en tu amor purísimo  a Dios, en tu caridad perfectísima con los hombres, en tu profundísima humildad, en tu obediencia exactísima, en tu paciencia invencible, y demás virtudes cristianas.

Admirable en todas las cualidades eminentísimas con las que Dios te ha adornado, por tu calidad de Hija primogénita  e infinitamente amada del Padre eterno, de Madre del Hijo de Dios, de Esposa del Espíritu Santo, de Santuario de la Santísima Trinidad, de Tesorera y Dispensadora de las gracias divinas, de Reina de los hombres y de los Ángeles,  de Madre de los cristianos, de Consoladora de los afligidos, de Abogada de los pecadores, de Refugio de todos los miserables, y de Señora soberana y universal de todas las criaturas.

Admirable en todos los privilegios singularísimos y en todas las prerrogativas,  incomunicables a toda otra criatura, con que Dios te ha honrado.

Admirable criatura que da a luz a Quien la ha creado, que da el ser a Quien Es, y la vida a Quien se la ha dado.

Admirable estrella que produce un sol, una Virgen queda a luz y es Virgen antes del parto, Virgen en el parto, y Virgen después de lparto y es al mismo tiempo la Hermana y la Esposa, la Hija y la Madre de su Padre.

Admirable y cosa extraordinariamente prodigiosa ver a una hija del pecador Adán que engendra al Santo de los santos, que engendra a un Dios, que es Madre del mismo Hijo cuyo Dios es el Padre y que le puede decir con este divino Padre: “Tú eres mi Hijo yo te he engendrado hoy” (Hbr 5, 5).

Admirable, y cosa que está más allá de toda admiración, ver una criatura mortal y pasible hacer lo que un Dios no puede hacer, de sí mismo y por su propia y natural virtud: engendrar un Hijo que sea Dios como Él y que sea hombre como nosotros; Dios infinito, inmenso, inmortal, inmutable, eterno, invisible, impasible; y hombre mortal, visible y pasible.

5. ORACIÓN DESANACION DEL AMOR MATERNO.

Te adoro y te bendigo, Señor, Dios Padre misericordioso, que me has concedido la gracia y la bendición inmensa de la maternidad.

Te adoro y te bendigo, Señor nuestro Jesucristo, que me has concedido la gracia de ser salvada con mi esposo y mis hijos.

Te adoro y te bendigo, Señor Dios, Espíritu Santo Paráclito, que has derramado el amor de madre en mi corazón.

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, con mi corazón y mis entrañas de madre quiero alabarte, glorificarte, darte gracias por tantas misericordias que has tenido conmigo, con mi esposo, con mis hijos.

Santísima Trinidad, que quieres vivir y reinar en mi corazón y en el de mi esposo y de mis hijos e hijas, deseo que toda mi vida, todas mis actividades, todos mis pasos como esposa y como madre, sean otros tantos actos de amor, de acción de gracias por mi hogar, por mi vida, por mi amor de madre.

Gracias,Señor, porque en el  plan de salvación me has dado un puesto en primera línea, como signo del amor, de la belleza, de la ternura divina.

Gracias,Señor, porque  desde el principio has exaltado a la mujer y no soy un simple objeto, un juguete, una cosa explotada, por el  sexo, por el dinero.

Gracias, Señor,  porque has hecho  a la mujer idéntica al hombre, compañera igual al hombre que me has dado como esposo.

Gracias, Señor, porque me has dado un espejo en el que me puedo mirar para ser sanada y restaurada: a María como la mujer plena, total, ideal, a la madre perfectísima en el sentido más bello de la palabra.

Gracias, Señor, porque sanaste a María para ser tu madre desde su misma Concepción Inmaculada y en el momento privilegiado de la Anunciación, para que yo, como madre pueda también ser sanada en este momento en mi mente, en mi espíritu, en mi persona.

Gracias anticipadas, Señor, por esta sanación que  culmina con la entrega que Tu Mismo me haces de lEspíritu Santo.

Que, como en María Santísima, Él me cubra con su fuerza, con su poder y me convierta en una buena madre, sanada y restaurada totalmente en mi espíritu, en mi corazón, en mi maternidad.

Gracias, Dios  Padre, creador de la mujer-madre, que decidiste la Encarnación de tu Hijo, Jesucristo, para hacerte presente en medio de nosotros a través de la mujer- madre.

Gracias, Señor, porque quieres que en toda madre que encontremos en el mundo, descubramos los rasgos de la Madre Admirable, como Esposa, como Mujer, como Compañera, como Amiga, porque Ella es la Mujer total.

Gracias, Señor, por las madres que están bien, que se sienten realizadas, para que las conserves en el gozo, en la paz de la maternidad, hasta el último día de sus vidas.

Perdón, Señor,por todas las ofensas, por todos los descuidos, por todas las negligencias, por todos los atentados contra la maternidad.

Perdón, Señor, por todas las heridas, por todos los sufrimientos solitarios y silenciosos de las madres.

Perdona, Padre mío,  porque con tantos sufrimientos como madre, te he hecho tantas preguntas y hasta he pensado que me has mandado males y pruebas que han debilitado mi fe y mi amor a Ti.

Padre bueno, pon en mi corazón tu perdón, que al mismo tiempo que tu me perdonas, aproveche ese mismo perdón, me lo aplique  en cada momento y sienta que tu perdón está siempre en mi corazón transformándome y restaurándome como madre.

Perdón, Padre mío misericordioso, por los abortos voluntarios o involuntarios, por los rechazos durante el embarazo, por las incomodidades que me llevaron a no ser una madre feliz.

Que tu perdón llegue a mi corazón, sane las consecuencias y mis hijos puedan ser restaurados, como personas bien recibidas y acogidas al nacer, así estén ya muy adultos.

Quiero reconocer mis fallas, mis omisiones en el amor, mis equivocaciones y abrirme totalmente a tu perdón para ser restaurada en mi amor con entusiasmo, con generosidad.

Destruye mis complejos de culpa para abrirme ante Ti, como mi Padre, mi Amoroso y Adorable Señor.

Perdono, Señor con todo mi corazón, a las personas que han tenido conmigo omisiones en el amor y la ternura, que no han comprendido mi situación y  me han llevado a situaciones graves y difíciles.

Te pido perdón por todos los que han herido mi amor de madre, no lo han comprendido, han abusado de él; sana Señor sus corazones y concédeme la capacidad de superarlo todo y amarlos siempre mejor.

Perdono, Señor, con toda el alma, esas relaciones íntimas de madre con mi esposo, que ha tenido conmigo desconsideraciones, descuidos y desatenciones, y ha sido tan machista.

Ofrezco amorosa y generosamente mi perdón a todas las personas que no me aman y me han hecho sufrir, y las abrazo con tu mismo abrazo mi Señor.

Solo Tú, Dios mío, conoces la infinitud de heridas de una madre y sólo Tú sabes sanarlas.

Tu sanas los corazones destrozados y vendas sus heridas (Sal 147,3).

Señor, dame conocimiento para identificar aquellas heridas de mi vida que me siguen perturbando y al mismo tiempo que me las haces ver, derrama tu abundante misericordia, tu gran perdón que sane y restaure.

Sana, Señor, amoroso, las diferentes etapas de mi vida, desde mi niñez hasta el día de hoy, pasando por aquellas cosas concretas que han dejado huellas, heridas grandes en mi alma de mujer y en mi corazón de madre.

Sana especialmente aquella experiencia, cuando empecé a despertar como mujer, que ha marcado lo más profundo de mi personalidad.

Sana, Señor, los traumas, los problemas que nacen de las heridas de mi adolescencia y primera juventud, y que nunca han sido sanadas.

Sana, Señor, mi fragilidad y vulnerabilidad  con todas mis frustraciones, por que he querido dar y recibir el amor y no he recibido elamor y la ternura que ansiosamente necesito.

Con toda humildad quiero pedirte, Señor, que toques el corazón de los hijos, de las hijas, de los esposos para que se den cuenta de la necesidad inmensa de ternura que tienen las madres y la esposas.

Sana Señor la relación con mi esposo, con mis hijos e hijas, con mis familiares de sangre y políticos.

Tu conoces, Señor, mejor que nadie, mi situación en el hogar; solo Tú comprendes mis sufrimientos,mis dificultades íntimas, la tremenda carga interior que llevo como madre, tantas cosas duras que capto por mi intuición y mi sensibilidad, y se clavan en mi corazón,  en mi espíritu.

A veces, me pesan los años, me pesa la vida, me duele el alma: quiero, Señor con tu gracia, reconciliarme con la vida, con el ambiente que me rodea y ser mujer nueva con espíritu nuevo y corazón nuevo.

Derrama el bálsamo de tu amor, y hazme fuerte para soportar, para no dejarme quebrar, para ser más creativa, donde no encuentro ninguna salida.

Mira, Señor mío, sana y transforma todo lo que pueda haber en mí: tristeza, desilusión, abandono, desesperanza, resentimientos, frustraciones, fracasos, enojos, inseguridades, rechazos, vergüenzas, abusos, manipulaciones, chantajes, traumas, amarguras, menosprecios, culpabilidad, tensiones, malos entendidos, celos.

Sana, Señor, mis emociones, mis recuerdos tristes, esa memoria del pasado que me atormenta.

Desbloquea,Señor, todo lo que en mi interior, me impide recibir el amor y dar el amor.

Sana, Señor,  todo lo negativo que he trasmitido a mis hijos, siguiendo la cadena de los ancestros y bendícelos en sus proyectos de vida para que todo sea superado y disfruten de los dones de tu amor.

Sana, Señor,mis recuerdos dolorosos del matrimonio, de los años pasados y renuévame en el amor nuevo, gozoso, generoso.

Toma posesión,  Señor misericordioso, de todas las áreas de mi personalidad de madre y de mujer que tienen que ser sanadas, restauradas.

Acude, Señor, al lado de las madres y esposas abandonadas, quiero hacer mío para orar por ellas, su sufrimiento solitario y silencioso, por el divorcio, la separación, el abandono.

Te suplico, mi Señor amado, por las viudas que sienten la ausencia del hombre que les diste, que lloran la muerte de su esposo, para que el Espíritu Consolador las fortalezca.

Restaura,  Señor, por tu bondad,  mi amor, mi feminidad, mi maternidad, destruyendo todo pecado y herida y vive y reina definitivamente  en mi corazón.

Dame Señor tu corazón para aprender de nuevo a amar y no volver a los errores del pasado.

Quiero hacerte, Señor,  ofrenda de mi maternidad, de mi condición como madre, con todo mi amor.

Quiero visualizarme a tu lado, Dios mío,  como una madre a quien has bendecido con el amor, la paz, la alegría; sanada, restaurada, sin resentimientos, sin heridas, y así ser ofrenda de amor para Ti y para todos los míos.

Me visualizo, Padre mío, en tu plan de amor, respondiendo a tu santa Voluntad con alegría, humildad y acción de gracias, siempre rodeada y abrazada por tu SantaProvidencia que me concede la gracia santificante y buena salud, trabajo, y los medios para servirte en mi hogar, a mis seres queridos, a las personas necesitadas.

Conviérteme, Señor, en bendición para mi  esposo, mis hijos e hijas, para las personas que me rodean.

Te suplico, Señor, por favor,  que comuniques tu poder a mi bendición de madre y esposa.

Me comprometo a bendecidlos a todos, con tu Amor, de mañana y de tarde, a enviarles tus bendiciones para su trabajo, su vida, su matrimonio y que esas mismas bendiciones lluevan sobre mi para servirte cada día mejor en el hogar con mi amor de madre.

Permíteme, Señor Restaurador, compensar y recuperar en el amor el tiempo perdido.

Gracias, Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, porque has escuchado esta oración. ¡Que todo sea para tu gloria!

Gracias, María, Madre Admirable, quiero sentir que me abrazas, bendices mi maternidad, derramas tu bálsamo de amor sobre mis heridas y me haces sentir a tu lado como una madre feliz.

Suplico vuestra intercesión, santa María, Madre de Dios, san José, santos Ángeles, san Juan Eudes, madres y esposas que estáis en el cielo.

Glorificad por mí al Padre de las misericordias, a Jesucristo mi adorable Salvador y al Espíritu Santo, mi Paráclito amoroso.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. AMÉN.

Con inmenso amor he querido compartir esta oración con Usted:

Como madre,  para que el Señor la cubra con su amor y la sane en profundidad.

Como esposo, para que encuentre en esta oración la mejor manera de expresar el amor a su esposa-madre.

Como hijo e hija, para que haciendo esta oración por su madre, pueda disfrutar en este mundo de su compañía, la más bella y tierna que usted se merece.

Reciba todas  las bendiciones del Señor y de la Madre Santísima.

Higinio A.Lopera E. eudista

Centro sanJuan Eudes