SANACIÓN

DEL

AMOR

PATERNO.

HIGINIO A.LOPERA E. cjm.

CENTRO SANJUAN EUDES

1- UNA PROPUESTA DE ORACIÓN DE SANACIÓN MUY EFICAZ.

¿Ha pensado, usted (hijo/hija), en la sanación del amor de su padre?

¿Ha pensado, usted (esposa), en la sanación del amor del padre de sus hijos e hijas?

¿Se ha preguntado, usted como padre,  si necesita ser sanado en el amor?

¿Ha cometido como padre faltas graves que siguen afectando su vida en el hogar?

¿Ha tenido actitudes que han herido a su esposa, a sus hijos e hijas?

¿Anda usted en la vida con muchos despechos, desengaños, frustraciones?

¿Siente herido su corazón de padre, por las actitudes de rechazo, de indiferencia, de desamor de los hijos e hijas?

¿Se siente usted abandonado y solo a pesar de tener una esposa y unos hijos e hijas?

¿Vive solo en medio de sus crisis sentimentales y afectivas?

¿Se siente bloqueado, inhibido, cuando quiere expresarlo que siente en la hondura de su alma?

¿Cree que su esposa, sus hijos e hijas, no comprenden, sus quebrantos, sus ansiedades, sus vacíos de amor y de ternura?

¿Ha perdido el sentido de la vida, ya no pondera  los dones que el Señor le ha dado, con la paternidad?

¿Se ha entregado al Señor con su sufrimiento solitario y silencioso?

Entre los centenares y centenares de personas que el Señor y la Iglesia me han permitido pastorear, encuentro que los padres necesitan más sanación que las madres.

Las madres acuden con facilidad y espontáneamente a implorar al Señor su sanación; en cambio, muchísimos padres no se dan cuenta de la necesidad de sanación y difícilmente buscan la sanidad interior de supaternidad.

Esta oración, que le propongo, tiene un triple propósito:

a) - Identificar las cualidades que Dios ha puesto en el corazón de los padres cuando los ha hecho partícipes de su Paternidad, para  que sean  fortificadas con la oración de sanación del amor paterno.

b) - Descubrir algunas debilidades, flaquezas y omisiones del amor paterno para convertirlas en motivo de cambio y de nuestra oración de sanación de ese mismo amor.

c) - Luego tendremos una contemplación de la Paternidad Divina como aparece en la Palabra de Dios, para orar concretamente porla sanación del amor paterno.

En esta contemplación vamos  a ser muy conscientes de que el amor paterno es una participación encarnada del amor de Dios Padre.

Los Textos de la Escritura invitan a los padres a contemplar ese amor, a ser sanados y poder ser presencia de Dios Padre en su hogar, en su familia.

He encontrado que esta oración es eficaz porque nace de la misma contemplación de la Paternidad Divina.

Dios Padre se conmueve ante los padres que contemplan su Paternidad y le suplican humildemente ser buenos en todo como Él (Mt 5, 48).

Esta oración se hace por el padre sobre si mismo, o por la esposa en el templo corazón del padre de sus hijos e hijas, o  por los mismos hijos e hijas en nombre de  su padre.

El día que su padre sane del amor, usted lo podrá llamar realmente “padre”.

El Señor nos dice que no llamemos a nadie padre, porque sólo tenemos un Padre que está en los cielos (Mt 23, 9).

La razón es muy sencilla: porque nadie es tan bueno y amoroso como el Padre Dios.

El día que busquemos ser buenos y amorosos como el Padre Celestial, podemos permitir que nos llamen “padre”.

El mismo Jesús nos dice que  seamos perfectos como el Padre del cielo (Mt5, 48), que busquemos imitarlo en todas nuestras actitudes y comportamientos.

2- LAS LUCES DEL AMOR PATERNO

Las luces son manifestación de una profunda sanidad interior, de un equilibrio entre lo material y lo espiritual, lo emotivo y lo afectivo; de una ecuanimidad y un ajuste perfecto en todas las circunstanciasde la vida, buenas o adversas.

El padre es y debe ser la lámpara del hogar, siempre encendida, iluminando, irradiando luz y calor.

Cuando un padre entra a su hogar todo debería iluminarse porque es portador de la luminosa Paternidad de Dios.

Aquí la presencia de Dios en el corazón del padre esla fuente más grande de bendiciones para la esposa, los hijos e las hijas.

El padre, que conoce a Dios, que conoce y vive su Palabra, se expande, se reparte como la luz, como los dones de Dios, tal como dice Jesús: “el padre de familia que saca de sus arcas, cosas nuevas y antiguas”(Mt 13, 52).

Y en el fondo de esas claridades, está siempre la imagen casi divina, señora, sin igual, de una esposa-madre que sabe compartir la existencia en el milagro diario de una vida entregada en el amor.

Veamos estas luces que son gracias de Dios muy grandes para la esposa, los hijos y las hijas:

1) Como el padre participa de la divina Paternidad, busca en todas sus actitudes ser la presencia, un trasunto, en lo que es posible humanamente, de la capacidad de amor, de ternura, de misericordia, de perdón, de paciencia, del Padre Dios.  

Así, sus hijos e hijas, sin que él se lo proponga, comprenderán con gran facilidad lo que es Dios Padre.

2) Es consciente de la misión que ha recibido deformar en sus hijos e hijas a personas.

No es un domesticador de mascotas sino de personas y para esto, como Dios Padre, respeta la libertad de cada uno, educa en el amor y en la libertad responsables, tiene la pedagogía de Jesús Buen Pastor.

Por eso su libro de consulta y de oración es siempre el Evangelio para copiar los gestos y actitudes de Jesús.

3) Sin presiones, desde su mismo testimonio, sabe encaminar a sus hijos e hijas por el buen camino y va delante de ellos en su búsqueda sincera de los valores y de Dios.

4) Es el hombre de las relaciones educadas, respetuosas, atentas, con todo el mundo sin discriminaciones de raza, religión, condición social, política, económica.  Así sus hijos e hijas se contemplarán toda la vida en ese espejo de verdaderas relaciones humanas, que es su querido padre.

5) Sus hijos e hijas lo ven actuar de tal manera contal sabiduría, la del Espíritu, que encontrarán en su padre el mejor amigo, el mejor consejero, para tomar las más importantes decisiones de su vida.

6) Es la persona que siempre  está como la cabeza del hogar, con sus brazos abiertos  para los hijos e hijas, no importa sus estados de ánimo, sus problemas, sus rebeldías, sus desvaríos y caídas.

7) Hace de su presencia en el hogar la más bella escuela de valores: fe, amistad, generosidad, hospitalidad, ayuda, respeto, rectitud, honradez, integridad, justicia, misericordia, ternura,  solidaridad, gentileza, caballerosidad, trabajo, economía, previsión, prudencia, creatividad, esfuerzo, reciedumbre, deportivismo, disciplina personal, corrección, buena lectura, buena música, desinterés, constancia, serenidad, ecuanimidad, ejemplaridad, optimismo, nobleza, honorabilidad, justa valoración de sí mismo, paz, gozo, verdad, perdón, amor, santidad.

8) Los encuentros con sus hijos e hijas  son siempre amorosos, distendidos, sin prevenciones y así, cuando sea necesario corregirlos, no se producirán traumas, ni temores, ni distanciamientos, porque ya se ha ganado la confianza y la autoridad moral.

9) Es tierno, amoroso, condescendiente: sabe colmar de mimos a su esposa, sorprenderla con detalles; esto dará siempre alegría yserenidad a los hijos e hijas.

No teme dar continuamente abrazos, besos, mimos a sus hijos e hijas: será así como una fuente de agua fresca que sana y restaura los corazones quebrantados por las vicisitudes de las circunstancias.

10) Al llegar del trabajo es como si llegara a su paraíso y todos, esposa e hijos, se llenan de felicidad cuando llega; por eso cuida mucho su presentación, dejando en la oficina o lugar de trabajo sus problemas, para estar abierto a saludarlos a todos con amor, a ser ojos y oídos para escucharlos, postergando para otro momento la televisión, el periódico.

Esto colabora para que todos tengan una justa valoración de sí mismos.

11) Al caer el día, todos esperan comer tranquilos, sentarse con su padre o recostarse (- conozco hogares donde no hay cama que resista y todos felices sobre la alfombra- ), a compartir, a charlar sobre tantas cosas del trabajo de la esposa y de los hijos, de la universidad, del colegio, de la casa; todos distendidos, relajados; y a buscar también un momento de paz, para orar y sentir la presencia de Dios y de la Madre Santísima, y por qué no, para ver, si hay, una interesante película de calidad, un buen programa de televisión o un pasatiempo honesto.

12) Colaborador en todos los menesteres de la casa con su esposa y sus hijos, hace deporte y se divierte  con ellos: esto crea una gran cercanía y compañerismo con todos en el hogar y ganará mucha autoridad moral y aprecio.

13) Hay que confiar mucho en Dios, pero ser también previsivo en el área de la educación, de la  salud, del trabajo, de la economía, de las emergencias, de los imprevistos, del futuro de todo el hogar.

Cada padre, aún desde la misma pobreza y limitaciones, tiene que aprender para ser Providencia de Dios en su familia y comunicar a su esposa e hijos ese sentido de seguridad, de dignidad, de justa valoración de sí mismos, con la esperanza de superarse, de no quebrarse ante las dificultades y de salir adelante.

14) Sabe como padre que “más vale un burro vivo  que un sabio muerto”. Por lo mismo el buen padre evita los extremos, todos los vicios: el alcohol, la droga, el cigarrillo, la intemperancia en el comer, etc,  para que sus hijos e hijas puedan disfrutar de un padre saludable.

También es un extremo que hay que evitar, el sentido exagerado del deber, que lo estresa y lo hace esclavo del trabajo, hasta sacrificar las relaciones simples y dulces del hogar, los momentos con los que realmente hacemos familia y recibimos la fortaleza para nuestro trabajo.

15) Busca siempre ser feliz, feliz en el Señor: todo padre feliz tiene una esposa y unos hijos e hijas felices.

Los padres tienen un gran poder inconsciente de contagio de sus actitudes, de sus virtudes, de sus valores.

16) El padre debe convencerse de que si no vive en el amor de Dios, si no lo tiene como el inicio, el camino y el término de todo lo que hace en el hogar y en el trabajo, no va a tener una vida plena y no podrá compartir lo que realmente vale la pena: la calidad espiritual y humana, más allá de las cosas materiales que perecen y no dejan nada, como todo lo que es desechable y no perdurable.

17) Los hijos e hijas van a repetir, casi inconscientemente, cuando se casen, todas las actitudes de amor, de ternura, de convivencia armónica, de perdón y demás valores que han visto entre su padre y su madre.

Es como una ley genética espiritual que se va cumpliendo de abuelos a padres, de padres a hijos, de hijos a nietos.

18) El buen padre considera que el tiempo es breve, que los hijos e hijas son un valioso  préstamo que se vence pronto, pues no serán siempre bebés y emprenderán cada uno su camino.

Por eso aprovecha al máximo el estar con ellos, para aportarles lo máximo en amor, en perdón, en valores,  y mañana, cuando esté a solas con su esposa, ya los dos maduros, como frutos dorados de la vida, no tendrá ningún reproche, sino la alegría de haber cumplido, con creces, ante Dios y ante sus hijos e hijas, con una misión sublime, única, que los hace merecedores de la admiración, del respeto, de la gratitud  y del amor más allá de la muerte.

19) El buen padre está siempre aprendiendo de sus hijos e hijas, nuevas maneras de ver la vida, de acercarse a ellos, decomprender su mundo sorprendente, de ganarse su amor y de sentir sus abrazos carne de su carne y sangre de su sangre. 

20) En fin, un buen padre es la presencia encarnada de Dios Padre, quien a través del corazón y de las manos de todo papá, está creando un mundo más humano, más justo, más habitable, más feliz, para los que vendrán después.

3- LAS OSCURIDADES DEL AMOR PATERNO.

Nos gustaría quedarnos y dormirnos apaciblemente con las claridades que Dios confirma y hace resplandecer en todo  padre que se abandona a su amor.

Pero hay también oscuridades que no nos  dejan dormir en paz, que Dios mismo quiere convertir en claridades por medio de esta oración de sanación del amor paterno.

Las oscuridades son manifestaciones de desequilibrio sín timos, de desajustes de la personalidad, de inmadurez, de complejos afectivos, de pecados, de incompetencia y de los golpes continuos de la vida, de la sociedad, de la cultura en que se vive, que dejan heridas que supuran sin  cerrarse día y noche.

Aquí la ausencia de Dios en el corazón del padre, puede dar paso a muchas inestabilidades e inseguridades.

Y en el fondo de esas oscuridades, también, puede estarla imagen triste, egoísta, insoportable de una esposa herida con la que es muy difícil compartir la existencia.

Es muy importante entender el amor paterno unido al amor de la esposa.

Las esposas dicen con frecuencia: “Él es muy buen padre, pero mal esposo”. Tal vez este binomio no es tan real.

En realidad, se es buen padre porque se es buen esposo y se es buen esposo porque se es buen padre.

Ese es el trabajo de la pareja realizar cabalmente los binomios:

Buen padre = Buen esposo.

Buen esposo = Buen padre.

Buena madre = Buena esposa.

Buena esposa = Buena madre.

Veamos algunas oscuridades y al mismo tiempo supliquemos la divina claridad.

Yo nunca daría un juicio moral ni diría que los padres son malos.

En realidad nacieron del amor y para el amor, pero en un momento se perdió algo en la hondura del alma, en el inconsciente del corazón; algo envenenó la fuente interior, algo dejó una herida mortal.

  

1) Los padres tienen fuertes reacciones verbales y actitudes negativas, que a los hijos e hijas parecen inexplicables y sin razón.

Se trata de padres que, con el día a día de la vida, van acumulando sin sabores, ingratitudes, faltas de amor físico y de ternura que los hacen explotar y que manifiestan una falta de sanidad interior muy grande, todo un desequilibrio en sus relaciones paternales.

Convendría mucho a los padres hacerse un autopsicoanálisis de sus actitudes y de las reacciones que suscitan en sus hijos e hijas y podría ayudarles a entender porqué están sufriendo tanto como padres y por qué sus hijos e hijas actúan así.

2) Hay padres que sobreprotegen y cuidan demasiado a sus hijos, los están siempre vigilando.

Esto motiva en los hijos e hijas una rebeldía ante su padre porque les impide tomar decisiones, hace que se sientan bebés grandes.

No conocen ni respetan los ritmos de la personalidad y las etapas por las que van evolucionando los hijos.

Están todo el tiempo con sus hijos e hijas creyendo que ellos necesitan su presencia física continua.

Si esa presencia no tiene calidad de relación, y se hace impositiva, dominante, amedrentadora, los hijos e hijas se  desesperan y pueden terminar fugándose del hogar o evadiéndose con alguna adicción.

Y los padres, sufridos,  pasarán sin entender lo que realmente ha sucedido.

3) Hay padres, ante sí mismos muy buenos, que aman desmedidamente a sus hijos e hijas y por ellos sacrifican todo.

Sin embargo, y esto destroza el corazón paterno, los hijos nunca comprenderán la visión que el mismo padre tiene de su sacrificio y no entenderán muchas de sus actitudes.

4) Hay padres con una generosidad mal entendida: dan todo a sus hijos, nunca les niegan nada.

Los hijos nunca valorarán las cosas, el dinero y el mismo padre se sentirá frustrado y se expone a tener hijos e hijas que serán simplemente los devoradores, explotadores y depredadores de cuanto tiene su padre a quien solo consideran como el más grande abastecedor y proveedor de sus caprichos y vagancias.

5) Hay padres que todo lo compensan y quieren llenar con lo material.

No han sido educados en la necesidad de dar amor, de dar ternura y creen que con las cosas materiales resuelven los problemas de comunicación y de relación con sus hijos e hijas, creyendo que en eso está todo.

Después vendrán las frustraciones, los vacíos y las desilusiones.

6) Hay padres que hacen de su hijo, de su hija, unídolo, exagerando la imagen sin preocuparse de las limitaciones y defectos delhijo.

Estos hijos traerán en el futuro grandes decepciones.

7) Hay padres que cada vez que se encuentran con los hijos es para regañar, reprender, llamar la atención: esto puede crear una barrera de por vida, porque no se ha tenido la antesala del amor, del cariño, de la ternura, que disponen para recibir la corrección.

8) Hay padres que contradicen continuamente a la esposa, discuten y pelean con ella delante de los hijos; son violentos, gritones, machistas.

Esto echa por tierra la justa auto valoración personal de todos en el hogar y se abre el camino a generaciones de esposos y padres autoritarios, despóticos e insolentes, casi siempre amargados porque son  incapaces de dar y de recibir amor.

9) Una de las mayores oscuridades de un padre puede ser la falta de disciplina equilibrada y armónica en su vida y en la conducción de la familia, del hogar.

Falta consistencia, coherencia en las palabras y en el actuar con racionalidad y motivación.

No ha descubierto el valor positivo de la disciplina, de una vida organizada con prioridades, con metas precisas.

No sabe como ayudar a sus hijos e hijas a autodisciplinarse.

Confunde la disciplina con castigos, regaños, prohibiciones, limitaciones extremas de la libertad, que son precisamente un signo de que no hay disciplina, y de ninguna manera son medios para motivar y alcanzar una auténtica disciplina, que nace espontáneamente como una exigencia del amor, de la convivencia, del llevar juntos una misma familia.

Un padre así llegará al final de la vida con un déficit atormentador.

10) Hay actitudes que todo padre, para librarse de complejos de culpa y de frustraciones, debe tener siempre en cuenta:

- en lugar de exigir el respeto y el amor, actuar detal manera que se gane ese respeto y ese amor;

- en lugar de corregir, enseñar a hacer las cosas;

- en lugar de criticar y calificar al hijo o a la hija, explique más bien lo que entiende por un buen comportamiento;

- en lugar de guardar silencio, verbalice el amor, aprenda a engreír y a hacer que sus hijos e hijas se sientan orgullosos detener un padre sin igual;

- en lugar de improvisar caprichosamente las cosas ensu hogar o hacer depender todo de su genio o mal humor, busque siempreconcertar con sentido de previsión y de orden;

- en lugar de imponer sus puntos de vista, su autoridad, piense más bien que usted fue muchacho y que puede haber otra manera menos traumática de mover las voluntades, los corazones, hacia todo lo que es bueno, agradable, perfecto;

- en lugar de mostrar un carácter variable, transmita el sentido de la seguridad con razones, con ecuanimidad;

- en lugar de hablar y exponer sus razones, deje que sus hijos hablen primero, así sean niños y haga un esfuerzo por entender la hondura de su alma;

- en lugar de emplear el verbo en modo imperativo o impersonal, use las formas personales de solidaridad, de comunidad, compañía, de pareja: “hagamos”, “busquemos”, “tratemos”, etc.;

- en lugar de hacerle ver a los hijos que usted es la cabeza, el jefe, el que manda, hágales ver que ellos son lo más importante para usted.

   

11) Hay actitudes que siempre son bienvenidas por parte del padre, de la esposa y de los hijos e hijas:

El empleo mutuo, continuo de palabras positivas con sus actitudes correspondientes, tiene un gran poder de sanación de las relaciones familiares:

TE AMO,

te quiero,

me haces falta,

te extraño,

me encanta lo que haces,

me gusta lo que dices,

te valoro muchísimo,

tengo todo el tiempo del mundo para ti,

es muy importante lo que me dices,

admito mi equivocación y te pido perdón,

acepto lo que me dices,

creo y confío totalmente en ti.

GRACIAS

porque nunca me mientes,

porque me inspiras una gran confianza,

porque siempre me escuchas,

porque siempre me das espacio y libertad,

porque nunca me gritas,

porque me corriges con amor, racionalmente, en privado,

porque   me valoras justamente y no me comparas con nadie,

porque nunca estás indiferente a lo que me pasa,

porque nunca me encasillas,

porque siempre me perdonas,

porque siempre cumples lo que me prometes,

porque siempre me dices “por favor”, “muchísimas gracias”,

porque no impones ni ordenas, solo propones y sugieres,

porque eres tan delicado conmigo en tus palabras y actitudes,

porque eres tan oportuno y llegas a mi corazón en el momento preciso,

porque reconoces tus fallas y me pides ayuda,

porque nunca empleas la burla ni la ironía,

porque siempre te veo de buena cara  y con las manos y los brazos abiertos,

porque nunca me acomplejas,

porque me aceptas como persona que puede mejorar y superarse,

porque no me haces sentir mal delante de ti o de la gente,

porque te gusto como soy,

porque perdonas y olvidas totalmente el pasado,

porque me compartes tus dudas, tus sufrimientos solitarios y silenciosos,

porque eres mi esposa, eres mi esposo, eres mi padre, eres mi madre, eres mi hija, eres mi hijo.

porque oras por mí.

4- LA ORACIÓN DE SANACIÓN DEL AMOR PATERNO CONTEMPLANDO AL PADRE DIOS.

Con mucho amor lo invito a hacer esta contemplación del Amor del Padre Dios.

La sola contemplación derramará sobre usted como padre un bálsamo que penetrará en su corazón, en su espíritu, sanando, restaurando y llegará también a su esposa, a sus hijos e hijas.

Cada alabanza y plegaria es un pequeño proyecto de vida que lo invita a cambiar, a ser mejor, “a ser bueno en todo como el Padre celestial” (Mt, 5, 48).

Como padre haga suya y propia, esta oración de sanación.

Hágala, también usted como esposa, en nombre de su esposo; como hijo, como hija en nombre de su padre.

Explícitamente no nombro a los nietos y nietas que son doblemente hijos e hijas, pero están ahí en esta oración que cubre al padre con toda su descendencia.

Te alabo Señor, porque eres mi Padre Misericordioso y yo soy tu hijo.

Me siento alegre, colmado de tus bendiciones, íntimamente satisfecho, porque soy tu hijo y Tú eres mi Padre

Estoy firmemente convencido de esto.

Gracias, Padre, porque tu Hijo nos hace hijos tuyos (Mt 10, 32),

y deseo que mis hijos e hijas sean también tus hijos e hijas.

Gracias, Padre, porque Tú eres el único Padre que merece tal nombre (Mt 23, 9),

y yo quisiera asemejarme más  a Ti, cuando mis hijos e hijas me llaman papá, padre.

Gracias, Padre, porque nos has dado tu Espíritu Santo para decirte con el alma: ¡ABBA, PADRE! (Ga 4, 6; Rm 8, 15),

y espero que, por mis comportamientos, mis hijos e hijas descubran en mí tu santísima Paternidad.

Gracias, Padre, porque eres el Dios Padre de todos (Ef4, 6),

y me concedes tal sanación que pueda ser tu presencia  paternal entre mis hijos e hijas.

Gracias, Padre, porque como a tu Hijo Jesús nos dices a todos: “Yo soy tu Padre y tu eres mi hijo amado” (Hbr 1,5),

y te suplico ardientemente que mis hijos e hijas se sientan amados por Ti, a través de mí.

Te alabo, Padre, porque eres perfecto (Mt 5, 48),

y sé que a pesar de mis pecados, me permites cada día parecerme a Ti, ser bueno en todo, para bien de mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre, porque para Ti todo lo bueno es posible (Mc 14,36),

y tengo una confianza inmensa en que todas las cosas buenas que hago por mis hijos e hijas se cumplirán y llegarán a feliz término.

Te alabo, Padre, porque de Ti proceden todas las cosas(1 Cor 8, 6),

y sanas el hontanar interior de mi ser para que de él sólo broten continuas bendiciones para mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre, porque eres el Padre de las Luces, de donde nos llega todo bien (St 1, 17),

e iluminas mi mente, mi espíritu, mi corazón para llenar de claridades las vidas de mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre, porque Tú eres el Único Bueno (Mt 19,17; Mc 10, 18; Lc 18, 19),

y espero que a través de mis manos paternales fluya abundantemente tu bondad para mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre, porque son muy grandes las obras que has hecho con nosotros (Lc 8, 39),

y nunca tendré tiempo suficiente para agradecerte por mi esposa, mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre, porque contigo no hay imposibles (Mt19, 26; Mc 10, 27),

y quiero vivir de tal manera que Tú actúes poderosamente en medio de mi hogar, de   mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre, porque  eres el Dios de la Esperanza que nos colma de todo bien (Rm 15, 13),

y con toda humildad abro las puertas de mi corazón, de mi hogar, para que nos llenes de gracias con mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre, porque  Tú nos das la victoria  (1 Cor 15, 57),

y  tengo la seguridad plena de que saldré adelante y con creces en todo lo que con mi esposa, hago por  mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre, porque   Tú suples todo lo que nos falta (Fil 4, 19),

y ante mis omisiones y negligencias que rechazo firmemente, haces las veces de verdadero Padre con mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre, porque  eres el Santo Dios Todopoderoso (Ap 4, 8),

y me propongo hacer de mi hogar un espacio, donde pueda vivir tu ardiente  cercanía  con mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre, desde lo más escondido de mi corazón (Mt 6, 6),

y voy a recogerme con frecuencia en el silencio de mi corazón para orar con fervor por mi esposa, por mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre, suplicando que tu Nombre sea santificado, que todos los hombres podamos vivir en tu Reino, que tu Voluntad de amor se cumpla en nuestras vidas (Mt 6, 9; Lc 11, 2),

y sobre todo con mi esposa,  mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre, me lleno de tanta alegría cuando puedo ocuparme en tus cosas, como tu Hijo Jesús (Lc 2, 49),

y voy a organizar mi vida para hacerlo siempre y compartir con  mi esposa,  mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre, todos podemos acudir a Ti y nunca haces distinción de personas (1 Pe 1, 17),

y me esforzaré siempre por ser igualmente amoroso y generoso con mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre, sólo miras y conoces nuestros corazones (Lc 16, 15),

y que tu Espíritu Santo me ilumine con su conocimiento para ayudar oportunamente a mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre, en todo momento eres propicio a nosotros pecadores (Lc 18, 13),

y suplico tu gracia para perdonar con todo mi amor a mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre, viendo nuestros pecados y nuestras cualidades no haces odiosas diferencias entre una y otra persona (Hch 10, 34;Rm 2, 11),

y quiero tener ponderación y valorar con la medida justa a mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre, Te acercas con amor a nosotros para que nos podamos acercar a Ti (St 4, 8),

y voy a tener siempre la iniciativa del amor y del perdón con mis hijos e hijas.

Bendito seas, Padre, porque amas a tu Hijo y le has entregado todo para nuestro bien (Mt 11, 27; Jn 3, 35; 5, 20):

yo también quiero entregar todo lo mío por la salvación de mis hijos e hijas.

Bendito seas, Padre, porque podemos conocerte a través de tu Hijo (Mt 11, 27; Lc 10, 22):

ése es mi mayor deseo, que a través de mi testimonio de vida puedan conocerte mis hijos e hijas.

Bendito seas, Padre, porque nos atraes hacia tu Hijo (Jn 6, 37, 65):

te suplico que con mis palabras y acciones atraiga hacia Jesús a mis hijos e hijas.

Bendito seas, Padre, porque haces grande y glorioso –portador de salvación – a tu Hijo (Jn 8, 54):

deseo que, en cualquier lugar donde se encuentren, sean portadores de muchos valores,  mis hijos e hijas.

Bendito seas, Padre, porque al servir a tu Hijo nos honras y nos tienes bien (Jn 12, 26; Ap 3, 5):

espero la gran bendición de que puedan servir a Jesús mis hijos e hijas.

Bendito seas, Padre, porque desde toda la eternidad estás con tu Hijo-Dios (Jn 1, 1):

yo sé que siempre estarás al lado de mis hijos e hijas.

Bendito seas, Padre, porque Cristo salió de Ti y a Ti volvió (Jn 13, 3):

trabajaré siempre para que esa sea la historia de mis hijos e hijas: volver a Ti.

Bendito seas, Padre, porque todo lo que pidamos en el Nombre de tu Hijo nos lo vas a conceder (Jn 16, 23):

nunca me cansaré de orar en el Nombre de Jesús por mi esposa, mis hijos e hijas.

Bendito seas, Padre, porque siempre atiendes con amor a nuestro Abogado Jesucristo (1 Jn 2, 1):

por eso me abandono a Él y a Ti con mis hijos e hijas.

Bendito seas, Padre, porque a  través de tu Hijo nos envías a servir a todos los hombres y mujeres (Jn 20, 21):

no quiero otra vocación y misión para  mis hijos e hijas.

Gracias, Padre Bueno, porque no quieres que ninguno se pierda, sino que todos podamos llegar a tu casa (Mt 18, 35):

yo sé que un día estaré en el cielo con mi esposa, mis hijos e hijas.

Gracias, Padre Bueno, porque eres infinitamente misericordioso (Lc 6, 36):

mi esposa y yo somos testigos de tu misericordia con nuestros hijos e hijas.

Gracias, Padre Bueno, porque sigues trabajando y luchando nuestra salvación (Jn 5, 17):

yo también quiero hacerlo con mi esposa, mis hijos e hijas.

Gracias, Padre Bueno, porque nos cultivas con amor, nos haces crecer como tus bellas plantas (Jn 15, 1ss):

es lo que quiero hacer siempre con  mis hijos e hijas.

Gracias, Padre Bueno, porque tu Nombre es: “el Padre de las misericordias y el Dios de toda consolación” (2 Cor 1, 3):

te suplico que este Nombre santísimo se pronuncie siempre sobre mí, sobre mi esposa y sobre mis hijos e hijas.

Gracias, Padre Bueno, porque eres el Dios de la paciencia y de la consolación (Rm 15, 5):

me propongo ser una fuente de paciencia y de ternura para mi esposa, para mis hijos e hijas.

Gracias, Padre Bueno, porque eres el Dios de la Paz que está con nosotros (2 Cor 13, 11):

que en mi hogar podamos disfrutar de la reconciliación, del perdón y de la paz con mis hijos e hijas.

Gracias, Padre Bueno, porque tu riqueza es la misericordia (Ef 2, 4):quiero dejar el amor, el perdón y la paz, como la más bella herencia para mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre Amante, porque eres el Amor (1 Jn 4,8):con ese mismo amor quiero abrazar siempre a mi esposa y a mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre Amante, porque nos has revelado el misterio de tu Amor (Lc 10, 21-24): yo quiero esforzarme para manifestar tu amor a mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre Amante, porque manifiestas continuamente tu amor por nosotros (Rm 5, 8): que esto lo puedan decir siempre de mí la esposa querida con mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre Amante, porque estás a nuestro favor(Rm 8, 31): concédeme, en las buenas y en las malas, estar siempre de parte demi mujer y de mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre Amante, porque eres eternamente fielen el Amor (1 Cor 1, 9; 10, 13): necesito tu gracia, mi Señor, para ser un modelo de fidelidad con mi esposa y  mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre Amante, porque nos prometiste y nos diste como algo tuyo, el Espíritu Santo, el Espíritu del poder y del amor (Lc24, 49; 11, 13): me abandono a su amor irresistible y me comprometo a invocarlo todos los días sobre mi esposa, mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre Amante, porque con el Espíritu Santote podemos adorar como Tú quieres (Jn 4, 23): con María la Madre Admirable deseo hacer un hogar cenáculo donde pueda adorarte con mi esposa, mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre Amante, porque todos tenemos entrada a Ti en el Espíritu Santo (Ef 2, 18):que el Espíritu Santo me lleve a Ti con mis hijos e hijas.

Te alabo, Padre Amante, porque Tú mismo eres espírituy quieres ser adorado en espíritu y en verdad (Jn 4, 24): deseo cada día hacer de mi hogar un oratorio para adorarte como es debido, con mi esposa, mis hijos e hijas.

Yo te glorifico, Padre nuestro, porque conoces los momentos de nuestra vida, nuestro principio y nuestro final y todo está en tus manos (Mt 24, 36; Mc 13,32): sana, Señor mío, todos mis miedos, ansiedades y temores y que no tenga ninguna razón para angustiarme por el futuro de mi hogar, de mi esposa y de mis hijos e hijas.

Yo te glorifico, Padre nuestro, porque al nacer de nuevo hemos sido bautizados en tu Nombre (Mt 28, 19):¡cuánto te agradezco, Señor, porque con mi esposa nos has permitido revivir nuestro bautismo y hacer bautizar a nuestros hijos e hijas!

Yo te glorifico, Padre nuestro, porque eres Dios de vivos y no de muertos (Mt 22, 32; Mc 12, 27; Lc 20, 38): gracias porque nuestros ancestros están contigo y nada negativo puede atarnos a ellos y liberas de toda atadura a mis hijos e hijas.

Yo te glorifico, Padre nuestro, porque eres el Único Dios Vivo (Mc 12, 32),que colma de vida abundante a mis hijos e hijas.

Yo te glorifico, Padre nuestro, porque eres Nuestro Dios Conocido (Hch 1, 23): siempre buscaré los medios amorosos para que Tu seas siempre el Dios Amado de mis hijos e hijas.

Hay tanto por qué alabarte y darte gracias, Padre Santo: Gracias porque vives en comunión con el Hijo y el Espíritu Santo (Jn 10, 30), y esa misma comunión hace que en mi hogar estemos siempre unidos amándote y alabándote.

Gracias, porque al mismo tiempo podemos tener comunión contigo, con Jesucristo en el Espíritu Santo (1 Jn 1,3), y así quiero que mi hogar sea siempre la morada de la Santísima Trinidad.

Gracias, porque limpias nuestro corazón, nuestro interior y así podremos contemplarte (Mt 5, 8): te suplico, mi Señor, que alejes de mi hogar toda mancha e impureza que pueda entrar a profanar nuestra vida íntima.
 
Gracias, porque la paternidad y la autoridad que los mayores tienen sobre nosotros viene de Ti (Rm 13, 1): me comprometo a ejercer, con tu gracia, la paternidad que me has dado, con amor, con ecuanimidad y con respeto a cada persona.

Gracias, porque no eres un Dios que estafa o desilusiona, eres paz y no confusión (1 Cor 14, 33):que jamás como padre estafe, o desilusione a mi hogar que espera siempre lo mejor de mí. Gracias, porque si algo podemos hacer por los hermanos, nos viene de Ti y nuestra competencia es tuya (2 Cor 3, 5): te suplico que me hagas competente para servir a todos las personas que tocan a mi puerta y ser portador con mi hogar de tu infinita misericordia.

Gracias, porque Tú produces el querer, el hacer, y el poder en nosotros (Fil 2, 13): acompáñanos, Señor, para que podamos juntos en el hogar, cumplir todas nuestras metas. Gracias, por que Tú no nos engañas, ni nos mientes:todo en Ti es la Verdad (Hbr 6, 18): aleja de nuestros hogares toda falsedad, toda hipocresía y que sea el primero en decir y hacer la verdad que nos da libertad.

Gracias, porque Tú no quieres que nos burlemos de Ti y te estafemos (Gal 6, 7): enséñanos con tu Espíritu Santo a ser correctos en todo y que todo lo que esperas de mí como padre, te complazca. Gracias, porque eres para todos ese fuego consumidor que limpia y purifica (Hch 12, 29): que esta oración que con toda humildad te presento, Señor, me atraiga ese Amor irresistible que sana lo más íntimo de la persona.

Gracias, porque puedo decir como padre, con alegría, testimoniando tu Amor: Tú eres nuestro Dios y nosotros somos tu pueblo, tu familia (2 Cor 6, 16): la Santísima Trinidad es mi familia y Dios vive con nosotros en mi familia.

Gracias, Padre porque soy tu hijo, ya no soy esclavo (Gal 5, 1): me has sanado y libre con mis hijos e hijas libres puedo llamarte Padre, Padre de hijos e hijas libres, que nunca más seremos esclavos.

Que mi hogar respire la más profunda sanidad espiritual, empezando por mi mismo, su padre.

Padre, Hijo y Espíritu, Santo, pongo esta oración en manos de mis intercesores: la Santísima Madre, san José, nuestros Ángeles Custodios, nuestros Patronos por el nombre de nuestro Bautismo, nuestros Ancestros que están en el cielo y san Juan Eudes.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre por los siglos eternos. Amén.

Conclusión:

Que el Señor haga realidad lo que oramos con fe. Benditos sean los corazones de los padres, juntamente con los corazones de la esposa amada y de los queridos hijos e hijas.

Acérquese a su padre y dígale: ¡Bendito sea tu corazón!

Y que su padre, sanado, restaurado en el amor paterno, pueda decirle:

 ¡Bendito sea tu corazón, amada esposa mía!

¡Bendito sea tu corazón, amada hija mía!

¡Bendito sea tu corazón, amado hijo mío!

Yo también, a usted que ha seguido esta oración, le digo con todo el Amor de los Sagrados Corazones de Jesús y de María:

¡Bendito sea tu corazón!

Higinio A. Lopera E. eudista

Centro San Juan Eudes