Reflexión sobre las Tentaciones.
 
Las Tentaciones de Jesús en el Desierto.
 

Ahora, que nos encontramos en periodo de cuaresma, en el cual tenemos 40 días de preparación para la muerte y resurrección del Señor Jesucristo, tenemos que reflexionar mucho acerca del periodo de preparación realizado por Jesús durante 40 días antes del inicio de su vida pública, para que nos permita seguir ese camino difícil y tortuoso que nos permitirá llegar a la muerte de nuestro ego, y la resurrección de Jesús en nuestro corazón.

La primera tentación como era lógica, tuvo que ver con el hambre que tenía el Señor, luego de ayunar 40 días y 40 noches.

El Diablo como es de esperarse, lo había seguido y vigilado todo el tiempo, para poder detectar sus posibles debilidades, es igual con nosotros, él nos conoce, nos vigila constantemente y sabe en qué somos débiles y como atacarnos.

La tentación de convertir la piedra en pan, primero que todo es una tentación de soberbia, de atacar nuestro ego, para saber hasta donde podemos llegar y como nuestro orgullo se ve afectado.

Es el “acaso no puedes?”, al igual que Eva, el diablo la tienta preguntándole si ella es que no puede comer de esos frutos? Y la cuestiona asiendo que se sienta tan valiosa como su creador.

El Diablo, nos tienta muchísimas veces a través del ego, es que “porque te vas a dejar”, “tú tienes más derechos”, no te dejes, etc.

El Diablo en esta ocasión, le esta diciendo a Jesús, es acaso que tú con todos tus poderes no puedes convertir esa piedra en pan?

Esta tentación, también tiene implícita la tentación de evitar el sufrimiento, es la tentación a la cual el mundo nos invita constantemente al “pare de sufrir”, donde todo lo resolvemos evitando el sufrimiento a cualquier costo, con analgésicos (el producto más vendido en el mundo), eludiéndolo, con droga, alcohol, o cualquier cosa que nos lo evite el dolor.

Si fuéramos conscientes que los analgésicos solo quitan el dolor, pero el mal sigue presente, no estaríamos tomándolos en tanta proporción. Es como desactivar la alarma del automóvil, cuando lo están robando, como ya no la escuchamos entonces no pasa nada.

Recordemos que antes de morir, Jesús rehusó el uso de la esponja con vinagre, con la cual querían aplacar su dolor.

El Diablo, siempre esta intentado robarnos nuestro presente, la tentación en la cual con más facilidad caemos es la eludir o evitar el presente, cuando este no es grato para nosotros.

Porque será?, que valor tiene el presente?, por que Jesús nos enseña  “cada día con su afán?”, será que cuando estamos fuera de él, en el pasado o en el futuro nos estamos perdiendo de algo?

Cuando Jesús, enseña a sus discípulos la frase: Estad despiertos y orad para que no caigáis en tentación, no significaba que estar despiertos, no es estar alertas y pendientes en el presente, para no caer en la tentación?

Es obvio que la tentación se realiza en nuestro presente y que allí es donde podemos combatirla, pero si estamos distraídos o dormidos no vamos a detectar “la presencia del enemigo”.

En una estadística realizada con los asistentes a la misa del domingo, cerca del 90% de los feligreses, al preguntarles cual había sido la primera lectura, no supieron responder, es así como el diablo nos roba el presente, aún en un templo sagrado.

  La tentación de dejar el ayuno, es en últimas, la tentación menos fuerte a la que Jesús fue sometido por el diablo.

La segunda tentación, es “tirarse abajo desde el alero del templo”.

Es nuevamente una tentación de soberbia, tratando de que el Señor cayera en vanagloria y dijera algo como “claro que yo puedo eso y mucho más, nada me va a pasar”

Es la tentación, de sentirse superior a los demás, la de poder hacerlo todo y ser autosuficiente, la de sentirse con más derechos que los demás etc.

En esta tentación, el diablo nos toca con todo con lo que valoramos y de lo cual nos podemos sentir orgullosos o superiores a otros.

Nos toca con la nacionalidad, el sexo, la raza, la profesión o los estudios, es decir con todo lo que nos diferencia y nos separa de los demás, también con todo sobre lo cual creemos tener derechos y en cosas tan insignificante como un turno en una fila, por el cual podemos llegar a pelear, si consideramos que se nos están violando nuestros derechos.

El Diablo, siempre intenta cogernos descuidados, especialmente cuando más nos sentimos seguros, aprovecha nuestros momentos de excesiva confianza en nosotros mismos, es por ello que la alerta debe ser permanente, continua y viviendo en el presente.

En la Tercera tentación, el diablo lleva a Jesús al monte y le muestra el mundo, ofreciéndoselo.

Es la tentación, del poder, la fama y el dinero.

Sabemos que el Diablo es el dueño del mundo, a él le fue dado, por ello, se atreve a tentar al propio Jesús con ello.

Una de las armas favoritas del demonio es engañarnos con bonitos espejismos donde el poder, la fama y el dinero, son lo único que tiene valor.

La tentación es llevarnos a una vida fácil, sin dolor, superflua donde solo el placer físico o emocional tiene valor, es la tentación de los hijos de Zebedeo, que a pesar de ser dos de los discípulos más preciados de Jesús, piden a su madre que les permita estar a la derecha e izquierda de Jesús en el paraíso.

Es donde el diablo, utiliza el arma más efectiva para alejarnos de Dios, distrayéndonos con “caramelos superficiales y pasajeros.”

Es importante resaltar que el Diablo, utiliza las mismas palabras de la biblia como argumento para tentar a Jesús y que las respuestas de Jesús nos ilustran en la forma como debemos actuar ante la tentación, por ello aferrarse a las palabras de Dios manifiestas en la Biblia, nos dan el pan necesario para vencer la tentación y que por medio del amor puro y descontaminado hacia Dios, tendremos las armas necesarias para evitar la caída.