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22 Oración de Sanación

SANACIÓN

por la Oración, el Ayuno y la Limosna.

Higinio A Lopera E. cjm

Centro San Juan Eudes

1) ALGUNOS ASPECTOS GENERALES

1- Esta reflexión no es más que una sugerencia, una propuesta humilde y muy amorosa que quiere invitar a descubrir desde el Amor Oblativo: el poder de la oración, del ayuno y de la limosna.

Usted y yo sabemos que el Amor, el Ágape, es el “camino más excelente” (1 Cor 12,31) y que desde el Amor todo se transforma y adquiere un nuevo sentido. Me refiero a la sanidad interior, a ese estado sano de la persona, a esa “incorruptibilidad de un alma dulce y serena” (1 Pe 3.4). Estado que para Pedro es “precioso ante Dios”, pero también para sí mismo, para los demás.

Visualícese usted como una persona que ora, ayuna y da limosna. ¿Qué tal?

Visualice un hogar, una familia, una comunidad, una sociedad, un mundo, donde todos oran, ayunan y ofrendan generosamente. ¿Qué tal? Lo menos que podríamos decir con Pedro. “¡Esto es precioso ante Dios!” e igualmente ante el mundo, así pensemos que va en contravía de estos valores.    

2- Este es buen tema para nuestra Cuaresma y para nuestros tiempos fuertes de conversión, de entrega al Señor y de servicio a las personas.

La espiritualidad de San Juan Eudes insiste en estos tres actos no solo para el tiempo de cuaresma sino también para todo el ejercicio de la vida cristiana.

El lugar donde vivimos nuestra misión, se presta para este ministerio, lo más modesto y discreto posible, de la oración por los enfermos, del ayuno y de la limosna.

3- Una reflexión completa desde la Biblia, la praxis de la Iglesia y la Espiritualidad Eudista sobre estos tres temas demandaría mucho espacio. Por eso me concreto en lo que se refiere a la sanación y liberación de nuestros pecados y sus consecuencias, sin dejar de lado algunos aspectos fundamentales.

No voy a hablar aquí de milagros, de carismas de sanación y de casos extraordinarios que constituyen el imaginario religioso de mucha gente y que reducen la fe a lo asombroso inexplicable o supuestamente explicable.

Tal vez, lo más portentoso y milagroso está en lo simple, lo rutinario, lo sencillo del día a día de nuestra vida cristiana abandonada al Amor divino.

En esta perspectiva quiero reflexionar conmigo mismo y con usted sobre el poder de sanación tan eficaz que el Espíritu Santo pone en su personalidad de creyente adherido a Jesucristo, que expresa esa misma adhesión por medio de la oración, el ayuno y la limosna.

Es algo tan sencillo como la humilde invocación del Santo Nombre de Jesús, es tan descomplicado como dejar de comer para dar al pobre que no tiene, y es tan modesto como dar una limosna desde la misma pobreza e indigencia a otro que es más pobre que uno.

4- Conocemos bien las reacciones que este tema puede suscitar en nuestra cultura.

Así vivamos en una cultura, en una nueva era, donde estos tres actos expresarían una limitación para el hombre que se cree ilimitado, estamos necesitados más que nunca de la oración, del ayuno y de la limosna; no simplemente para resolver problemas que no resuelve la técnica, ni para una vida ascética y filantrópica sin religión, sino para vivir en profundidad la relación con Dios, con el hombre y con la misma creación.

Las tres actitudes son signo claro y expresión religiosa de nuestra necesidad de liberación, de sanación desde nuestra misma situación personal, comunitaria, social de limitación, de pecado, de egoísmo, de enfermedad, de dependencia, de esclavitud.

Las tres nacen de una profunda experiencia de Dios salvador, liberador, redentor: al practicarlas nos remitimos al Padre, en Jesucristo con el poder del Espíritu Santo.

Así no se confunden con una simple devoción o plegaria, con una práctica de ascetismo o dieta alimentaría o con una filantropía.

Las tres van respondiendo cada día a las más variadas circunstancias de una historia personal, comunitaria y social que tiene que se liberada de tantas ataduras y cadenas, que no alcanza a desatar la técnica y la ciencia, cada día más envejecidas en estar al día en las necesidades límite del ser humano, que sigue sufriendo, agonizando, muriendo sin esperanza.

Para nuestra cultura son improductivas, no tienen ninguna utilidad, no tienen gran sentido de inversión.

5- Sin embargo, el amor, el ágape, les da la eficiencia más trascendente que pueda imaginarse porque ayudan eficazmente al rompimiento de tantas ataduras íntimas y a la sanación de tantas heridas, consecuencias de nuestros pecados. Solo el amor oblativo, desde la Cruz de Jesús, es portador de liberación, de salvación, de redención, de sanación. Y solo el amor, el ágape les dará el sentido positivo y las hará fuente de sanación física y espiritual.

Nada de esto es mágico o actúa mágicamente. La magia es impersonal, ciega, absurda, caótica, infecunda, muda e irresponsable. El amor oblativo, a través de las tres, es fecundo, pleno, personalizante, fuente de la verdadera vida.

Lo invito a tomar su Biblia, a leer atentamente los textos citados y a dejarse interpelar por el Amor del Señor.

6- Oración-Ayuno-Limosna: es el gran trinomio de la praxis cultual del Antiguo y del Nuevo Testamento (Tb 12.8; Mt 6.1-18). Son inseparables (Mt 6.2-4.5-8.16-18; 17.21; Mc 9.29; Lc 2.37; Hch 13.3) y lo son también en la praxis de la Iglesia que inicia la Cuaresma con Mt 6.1-18. Las tres, inseparables, constituyen parte esencial de la praxis cristiana, es decir, que sin ellas no nos podemos llamar cristianos que viven la intimidad con Dios y la relación fraterna con los demás. Son, en el contexto de Mateo, como tres actos insustituibles de la fe religiosa. Y por lo mismo, tienen sus condiciones y requisitos (Mt 6.1-18), pues son la “práctica de nuestra justicia” (Mt 6.1).

San Juan Eudes pide a los predicadores hablar sobre esta trilogía “la oración, el ayuno y la limosna, tanto corporal como espiritual” (OC.IV.35).

Estas acciones forman parte de nuestra espiritualidad bautismal de Renuncia y Adhesión. Renuncia para Adherirse a Jesucristo.

Las tres actitudes están dentro de un contexto más general que nos abre a la adoración, la alabanza, la conversión, la acción de gracias, la petición de perdón, la intercesión, la restauración, la liberación y la sanación.

7- Para no caer en lo puramente exterior, el Señor ha puesto requisitos y condiciones a la oración, al ayuno y a la limosna (Mt 6,1-18).

Veámoslos en general y luego concretamente en cada caso, siguiendo la Palabra de Dios.

Las tres actitudes nacen de una convicción profunda de la existencia de un Dios Personal,Padre, Hijo y Espíritu Santo, que nos llena de su presencia, ve nuestros actos y escucha amorosamente cuanto va implicado y oculto en nuestras actitudes. (Mt 6, 4.6.8.18).

8- Estos actos se realizan con un total abandono a la divina Voluntad, que san Juan Eudes expresa continuamente con un “s´il vous plaît”, porque no buscamos a través de ellos, como de algo mágico, que Dios haga nuestra voluntad, no nos atrevemos nunca a poner a prueba su poder (Ex 16.7; Sal 78,17ss; 106.32), ni pretendemos escrutar a Dios ni provocarlo. El ejemplo humilde, confiado y filial de Judit, es conmovedor (Jdt 8.11-17), porque que todo es gracia, todo es gratuito en Jesucristo (Jn 1,16).

9- Por la centralidad que tiene Jesucristo, hay que hacerlo todo en el Nombre de Jesús. El Mismo nos lo manda: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo…Hasta ahora nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado” (Jn 14,13; 16,24). Hacer en nombre de Jesús, equivale a tener en todo momento los sentimientos y actitudes, el Espíritu y el Corazón de Jesucristo, como repite más de 150 veces, san Juan Eudes en sus escritos.

10- Actuar en todo como hijos movidos por el Espíritu Santo que pueden clamar: “¡Abbá, Padre!” (Gal 4.6; Rm 8,15), tal como lo hace Jesús (Mc 14.36) y con el mismo Espíritu pueden decir: “¡Jesús es el Señor!” (1Cor 12.3). Desde nuestras mismas esclavitudes, al orar con el Espíritu Santo, estamos ya sanando para vivir como hijos.

Por eso en la práctica de la oración, del ayuno y de la limosna es insustituible el papel del Espíritu Santo que hace que nuestra relación con Dios a través de las obras, tenga un sello de intimidad filial, y ya no nos movemos como esclavos por el temor, sino como hijos por el amor, como Jesucristo (Rm 8.14-17).

11- La presencia de la Santísima Trinidad en nuestro actuar, da una dimensión muy personalista a estas actitudes. No estamos buscando a través de ellas, simplemente cosas que nos gustan y ponen bien, lo que ya huele a idolatría. Lo más importante, y lo repetirá sin cansancio, san Juan Eudes, es recibir al Señor de los dones, al Señor de la gracia y de la sanación y poseerlo de tal manera que viva y reine en nosotros.

12- Más allá de toda magia, la seguridad de ser escuchados, alienta en todo momento nuestros actos, ya sea porque lo hacemos dentro de la comunidad eclesial (Mt 18.19); ya sea porque tenemos fe en que se hará lo que pedimos (Mt 21,22; Mc 11.23); ya sea porque creemos en los imposibles (Gn 18,14; Mc 9.23; Lc 1,37); ya sea porque no tenemos temores ni dudas (Lc 8.50); ya sea porque tenemos una fe probada (St 1.5-9).

13- El Señor nos insiste en la interioridad que sería el alma de estas actitudes tan exteriores, porque el Padre ve lo secreto (Mt 6.4.6.18), nuestra más profunda intencionalidad. Esa interioridad puede tener muchos nombres: silencio, soledad, intimidad, humildad, reserva, discreción, modestia, hasta desierto. Y aquí tocamos un punto, que parece muy místico, pero es una experiencia bastante común en quienes saben practicar la oración, el ayuno y la limosna. Ellos saben crearse y vivir en el Espíritu un espacio de desierto en la ajetreada vida cuotidiana. Las tres actitudes nos hablan de dependencia, de limitación y nos remiten al mismo tiempo a nuestro desierto interior, o mejor, al desierto de Dios.

El desierto en la Biblia es el lugar donde Dios mismo nos atrae, nos seduce y nos guía, para hablar a nuestro corazón, sanarlo y hacerlo volver al amor primero (Os 2.16.17). La oración, el ayuno y la limosna, nos mueven a caminar en un éxodo personal hacia el desierto, totalmente dependientes de Dios y desposeídos, para ser colmados excesivamente por el Amor Divino. 14- Estas tres actitudes por más individuales que sean, veremos más adelante, tienen una dinámica proyección social, por ejemplo el perdón. Ellas mismas exigen el perdón, invitan al perdón: “Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas” (Mc 11,25). ¿Cómo puedo pedir la sanación y tantas otras gracias a través de la oración, del ayuno y de la limosna, si estoy lleno de rencor, de resentimientos? Le estoy pidiendo a mi Dios, exactamente lo que estoy negando a los demás. Hay que perdonar. “Si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas” (Mt 6.15).

Ese perdón implica no juzgar, no condenar, no discriminar, no sospechar. Por eso el fariseo con sus ayunos y diezmos no fue justificado (Lc 18.9-14).

15- Los mismos actos han de expresar el dinamismo de la conversión. Los tres significan que la salvación exige de parte nuestra, un dinamismo fecundo, es como la parte que ponemos de nosotros mismos para que Dios actúe misericordiosamente. La conversión no es una pasividad impersonal. Los tres están al principio, en el camino, en el continuar de la conversión.

16- Los tres expresan también la donación de si mismo, a través de ellos nos convertimos en ofrenda de amor para Dios y para los demás a imitación de Jesucristo que “permanece para siempre y está siempre vivo para interceder por nosotros” (Hb 7,24-25), tal como lo celebramos en la Eucaristía.

No olvidar el sentido que la Eucaristía, como lo máximo de nuestra celebración cristiana, da a los tres, que nacen de la Eucaristía y llevan a ella. La Eucaristía es la celebración perfecta de lo que hemos orado, ayunado y entregado por amor.

Y lo mismo que hacemos, desde fecha inmemorial, con la Eucaristía, debemos hacer con estos actos: apoyar con ellos humildemente nuestra intercesión por los difuntos. Es la práctica de la Iglesia desde el principio. La aplicación es un hermoso acto de comunión.

17- Finalmente, como en toda vida cristiana equilibrada, tanto la oración como el ayuno y la limosna, tienen su justa medida desde la praxis cristiana del amor oblativo. Es decir, siendo muy amorosos con el Señor y con el prójimo, tratemos de ser “normalitos” en todo, evitando todo desajuste y exageración.

Dice san Juan Eudes: “¿Quién es el que más sobresale en el amor a Dios? ¿El que ayuna y mucho se mortifica, o el que hace las más voluminosas limosnas, o el que se ejercita por más tiempo en la oración y en la contemplación? No, sino aquel que atrae a muchas personas a su amor” (OC.IV.191).

El sentido de las palabras del Señor sobre la trilogía, no es otro que “tengamos en nuestro corazón, no la intención de agradar a los hombres y buscar su vano aplauso, sino la de agradar a Dios y buscar su gloria” (OC.I.225).

En esta trilogía de actitudes de oración, ayuno y limosna, nunca dejar de lado la Confesión sacramental

San Juan Eudes, es muy preciso, a propósito de un pecado grave voluntariamente callado en la Confesión.

“¿Se podría expiar (o perdonar) este pecado por ayunos, oraciones, limosnas y mortificaciones? – No; así se hagan todas las buenas obras imaginables, aún quemarse el cuerpo por Jesucristo, si se calla un pecado mortal en la confesión, no se puede esperar otro paraíso que el infierno” (OC.II. 445).

Son medios, eso sí, para alcanzar más fácilmente la gracia de la contrición de nuestros pecados (OC. II. 438).

18- Piense, por favor, de qué manera va a tomar en serio, en su vida de relación personal con Dios y de relación fraterna con los demás, estas actitudes y prepárese para experimentar conscientemente la profunda sanación de heridas íntimas, de consecuencias de los pecados; la liberación de tantas esclavitudes interiores, de tantas cadenas y adicciones. Los tres actos son como la ofrenda con que usted se presenta humildemente ante el Señor para ser sanado. Le ofrezco unos datos más desde la lectura de la Palabra de Dios.

2) LA SANACIÓN POR LA ORACIÓN

19- Me refiero, en general, a todas las formas de oración: adoración, alabanza, contemplación, acción de gracias, oblación: todas son portadoras de sanación interior, y es inseparable de ellas la oración de petición y de perdón, como condescendencia del Espíritu Santo (Rm 8,26), con la condición elemental de rechazar toda caricatura o falsa concepción de Dios, como sería tenerlo como algo mágico que responde a todo. La oración, por otra parte, desde la fe en el Dios verdadero exige, el abandono al divino querer, el amor y el compromiso por hacer todo lo que nos corresponde.

En particular me refiero aquí, sobre todo, a la oración de conversión, de petición, frecuente, sincera y humilde, por la que clamamos: “Señor, ten misericordia de mí, que soy un pecador” como la oración justificadora, sanadora, del publicano (Lc 18.13).

Un recorridito por la Biblia nos pone ante el poder liberador, sanador de la oración.

20- La oración del intercesor Moisés tiene un gran poder de sanación, de liberación. Maneja un esquema muy simple (Ex 32,11-14.30-34; 33,12-17; Nm 11.10-23; 14, 10-19): una invocación al amor, a la divina misericordia del Señor; una contemplación de la fidelidad y de la justicia salvífica, restauradora de Dios; la súplica del perdón de los pecados para su pueblo y la invocación del poder divino. Ese rol de intercesor de Moisés es paradigmático para nosotros: lo hace postrado en tierra clamando al Señor el perdón, llevando ante Dios el clamor de un pueblo mordido por las serpientes (Nm 16.22; 21,6-9).

Es dramática la oración con sus brazos alzados para alcanzar la liberación de su pueblo en guerra con los amalecitas (Ex 17.8-13). Su oración por María es simple, confiada, sin aspavientos con las manos: “Oh Dios, cúrala, por favor” (Nm 12.13). Moisés mismo es transformado por la oración que hace, para bien de los demás, convirtiéndose en luminosa bendición. (34,29-35). Cuando los israelitas experimentan la opresión de los ammonitas, hacen una breve, pero sentida oración de liberación: “Hemos pecado, haz con nosotros todo lo que te plazca: pero, por favor, sálvanos hoy” (Jue 10.15).

21- Dios quiere que oremos como a Él le gusta y para eso nos ha dado un librito precioso de oración que son los Salmos por los que van pasando todas las situaciones del hombre necesitado de sanación, de liberación, de salvación. El creyente sabe que el Señor, por amor, puede recobrar, sanar, salvar su alma y oye efectivamente la voz de sus sollozos (6,5.9), así tenga que decir: “Estoy exhausto de gritar, arden mis fauces, mis ojos se consumen de esperar a mi Dios” (69,4), “ante la voz de mis sollozos, mi piel a mis huesos se ha pegado” (102,6).

Es toda la realidad del hombre, cuerpo y espíritu, la que entra en el movimiento de la oración de los Salmos, que sale como un rugido desde la hondura del alma abandonada (22,2), y como un clamor de la carne llagada y túmida de fiebre con el corazón convulso (38, 6.8.9).

Los salmos de súplica son la oración con eficacia liberadora de aquello que genéricamente se llama en la Biblia, los “enemigos”: esa multitud de seres, a veces sin nombre, que hacen nuestra vida tan difícil, tan conflictiva, tan caótica, tan sin sentido.   Necesitamos sanar del caos interior, del sin sentido de las cosas y del mismo existir. Y a ello nos motiva poderosamente el Salmo 18.2-4: “Yo te amo, Señor, tu eres mi fuerza, mi roca, mi fortaleza, mi libertador, mi Dios; mi roca donde me refugio, mi escudo protector, mi salvación, mi asilo. ¡Alabado sea Dios! Yo lo invoco y salgo victorioso de mis enemigos”.

Tradicionalmente tenemos siete salmos para pedir el perdón y la sanación interior llamados “penitenciales” (6, 32, 38, 51, 102, 130, 143). Orados y contemplados, como lo haría san Juan Eudes, desde el abismo de sus miserias, se van derramando sobre nuestras heridas como un mórbido bálsamo cicatrizante, misericordioso.

22- Un hermoso modelo bíblico de oración de sanción es la del rey Exequias, hombre fiel y de corazón perfecto. Al caer enfermo de muerte oró al Señor con abundantes lágrimas y Dios le responde por medio de Isaías: “He oído tu plegaria y he visto tus lágrimas y voy a curarte” (2 Re 20.1ss).

Gran oración de liberación en un inmenso escenario de alabanza cósmica es la oración de los tres Jóvenes paseándose por entre las llamas (Dn 3,24-45.51-90).

Me conmueve muchísimo la oración de intercesión de Jeremías. Es una oración liberadora por los demás (10,23-24; 14,7-9.19-22) que toca la fibra más lábil del Corazón misericordioso, del Santísimo Nombre. Todos deberíamos ser intercesores al estilo de Jeremías, “el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo” (2 Mc 15. 14)

También es oración liberadora la de los Macabeos sosteniendo el combate “con trompetas y gritando invocaciones”, “echando polvo sobre su cabeza y orando”, “haciendo rogativas al Señor misericordioso”, “extendiendo las manos al cielo e invocando al Señor que hace prodigios” (1 Mc 5,33; 11,71; 2 Mc 8,29; 15,21).

23- Desde luego, no hay oración como la de Jesucristo, Nuestro Señor, el único Mediador, Intercesor, Sumo y eterno Sacerdote (Hb cc.3-9), convertido en ofrenda de amor y “siempre vivo para interceder por nosotros” (Hb 7,25.27).

Hermosos los paradigmas bíblicos de la oración, pero todos se opacan ante Jesucristo. Esto daría para una contemplación interminable de los gestos, sentimientos y actitudes de Jesús en la oración. Hágala, usted, por favor.

En la dimensión de la oración de liberación, es conmovedor, ver a Jesús, “probado en todo igual que nosotros, menos en el pecado”, “ofreciendo ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas, al que podía salvarle de la muerte” (Hb 4,15; 6,7). Su oración de liberación ha sido escuchada y por eso lo vemos resucitado, “coronado de gloria y honor” (Hb 2,9).

¿Quién no se paraliza al contemplarlo en el huerto, en la cruz? Cristo ora a gritos en la cruz el salmo 22, el salmo del abandono confiado en manos de su Padre (Mt 27,46). Ya desde el huerto, caído por tierra, había ratificado la entrega a su Abbá con una total confianza, obediencia y abandono (Mc 14,36). Aquí está el modelo de nuestra oración de sanación, el que debemos aprender (Ef 4,20), en una vida nueva en Cristo, en intimidad con el Padre.

La verdadera oración nace de la intimidad con Dios como en Jesús. Tal vez no sea tan exacto decir que Jesús busca la oración para encontrarse con su Padre, ya que vive en su intimidad. Él mismo dice: “Yo y el Padre somos uno”. “Como Tú, Padre, en mí y yo en Ti” (Jn 10.30; 17.21). Es más bien una actitud puntual, manifestación de su misma intimidad en la noche (Lc 6.12), al amanecer (Mc 1.35), en momentos de gran trascendencia (Mt 4.1-10; 26.39.42.44; 27.46; Lc 3,21; 6.12; 9.18-20.28-29; 11.1; 22.39-46; 23.34.46; Jn 6.11; 11.41; 12.27; 17.1ss) y sigue orando en el cielo (Hb 7.25).

Bueno sería para nosotros, por momentos, no buscar la oración para el encuentro, sino estar “ya encontrados en el Amor” como Jesús y ser hombres y mujeres de oración porque “vivimos en santidad y justicia delante de Él todos nuestros días” (Lc 1.75).

Jesús nos ha dado una oración muy sencilla y simple de oración de liberación en el Padre Nuestro (Mt 6,9-13; Lc 11,2ss), por eso no hay nada que inventar: “No nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal” (Mt 6,13).

24- La comunidad cristiana hará su oración de sanación, de liberación, contemplando a Jesús. Los Apóstoles y la comunidad orarán durante la persecución (Hch 4.24-30) para vencer los obstáculos y cumplir la misión evangelizadora.

Para el sacerdote y el pastor, llamados a una misión de sanación, de liberación, la oración es indispensable, tal como lo hizo Jesús antes de su misión en el desierto y la hicieron los Apóstoles.

En Pablo la oración es liberadora, sanadora, por el estado de lucha, de combate en que se vive, es un arma poderosa (Rm 15.30; Col 2,1; 4.12; Ef. 6.10ss) y suplica a sus comunidades que oren, para que el Señor siga liberando de “peligros mortales” (2 Cor 1,10-11). Porque Jesús mismo nos ha dicho que la oración forma parte del combate cristiano: “Vigilad y orad para no entrar en tentación” (Mc 14.38).

Una bella oración de Pablo la encontramos en 2 Cor 12.9-10: pide ser sanado, liberado de “una espina de la carne” que seguramente le impedía el cumplimiento de su misión. Dios le responderá: “Te basta mi gracia, pues mi poder triunfa en la flaqueza”.

Pablo sabe muy bien que la oración es un mandato del Señor, que nos pide orar en todo momento para tener fuerza y estar en pie (Lc 21,36) y por eso Pablo la tendrá como algo habitual, como actividad intercesora en el Espíritu Santo (Ef 6.18; 1 Tes 5.17).

Santiago nos dirá en su carta que la oración es eficaz, portadora de sanación y de salvación, como lo constatamos en la Iglesia por el sacramento de la Unción de los enfermos: “La oración hecha con fe sanará al enfermo, y el Señor lo restablecerá y le serán perdonados los pecados que ha cometido”(5.13-15).

25- Es inmenso el valor de la oración de perdón y por el perdón. Es grande la sanación interior que nos trae el perdón de nuestros pecados cuando los suplicamos al Señor ya sea en la oración de súplica, ya sea en el sacramento del perdón. San Juan Eudes, en toda oración, invoca siempre el perdón de los pecados, forma parte de su esquema propio de oración.

El publicano regresa sano de sus pecados a su casa después de haber orado: “Dios mío, ten compasión de mi, que soy un pecador” (Lc 18.9-14).

La misma oración implica que nuestro corazón está sano de rencores y es portador del perdón (Mc 11.25).

No olvidemos al hacer la oración de sanación interior, suplicar al Padre, la fuente de todo don, que es el mismo Espíritu Santo, y así la oración tendrá como gran fruto la sanación con los otros dones del Espíritu Santo, regalo de la misma oración(Lucas 11.11s).

La oración simple, invocando el Nombre del Señor, es lo más eficaz, más allá de mucha palabrería (Mt 6.7). San Barsanufio de Gaza (hacia el año 540) escribía en su correspondencia: “Debemos saber que la invocación constante del nombre de Dios es un remedio que cura, no solo todas las pasiones, sino incluso sus efectos. Cuando un médico aplica un remedio o un ungüento sobre la llaga de su paciente, dicho ungüento actúa sin que el paciente sepa cómo: igualmente, el nombre de Dios, cuando lo invocamos, destruye todas las pasiones, aunque no sepamos cómo”.

26- Veamos brevemente las condiciones de la oración:

+ La Confianza filial, la fe total en el Padre, sin vacilar (Mt 7.7-11; 21.22; Mc 11.24; Lc 17.5s; St 1.5s; 1 Jn 5,14-15).

+ La perseverancia, constante y en toda ocasión, en el Espíritu Santo (Ef 6.18; 1 Tes 5.17).

+ La humildad, reconociendo nuestra indignidad, sin despreciar a los demás, abiertos al Espíritu Intercesor (Lc 7.6; 18.1.9-14; Rm 8.26).

+ La atención vigilante que nos centra en lo secreto de Dios y no en el egoísmo (Mt 6.6; Ef 6.18; St 4.3), tener fijos los ojos en Jesús (Hb 12.2s).

+ La insistencia respetuosa, amorosa, sin desfallecer (Mt 15.21-28; Lc 11.5-8; 18.1).

+ La sinceridad interior, sin intereses mezquinos (Mt 6.5-8).

+ La unión profunda con Jesús: es como orar desde el templo-corazón del Señor, en su Nombre (Jn 14,13-14;15.1ss; 16,23-26).

+ El cumplimiento de la voluntad de Dios, hacer lo que le agrada, pedir según su voluntad (1 Jn 3.22; 5.14s), y jamás ponerlo a prueba (Lc 4.12).

+ La convicción, como hijos, por el Espíritu Santo, de que vamos a ser escuchados por el Padre como Él quiere (Mc 14,36; Rm 8,15; Ga 4,6), no mágicamente, sino por amor, porque es Dios-Padre generoso (Mt 6,8; 7,11; Lc 11,13; Jn 11,41-42; 14,13; 15.7.16; 16,23-26; St 1.5; 5,15-16;1Jn 3,22; 5,14).

+ En síntesis, es condición de la oración, según el Evangelio, la fe viva en Jesús, creer en Jesús, creer a Jesús; la confianza y la entrega a Él, que son tan personales y personalizantes en Juan (2,11.22; 4,21-24.39; 7,31.38-39.48; 9,35-38; 11,25-27.45.48; 12,11; 13,19; 14.1.12;17.20).

27- Y a todo esto, ¿qué nos dice san Juan Eudes?

Tiene más de 500 fórmulas de oración, desde las más breves, hasta las más elaboradas con elementos bíblicos y teológicos de la tradición eclesial. En ellas aparecen todas las formas de oración y en especial la oración de petición para ser perdonado, sanado, restaurado.

En el Buen Confesor parte de la gran sanación interior que nos trae el perdón de Dios, suplicado en la oración y recibido sacramentalmente en la Confesión.

Como maestro experimentado, dedica a la oración un buen espacio en sus escritos dedicados a sacerdotes, religiosas y laicos y es interesante encontrar cómo da respuesta, aún, a cuestionamientos actuales. Pocas espiritualidades tienen una concepción tan personalista, tan cristocéntrica, tan rica y dinámica sobre la oración, como la eudista.

La oración es una de las actitudes esenciales, fundamentales de la vida cristiana; es en realidad, una manera de ser, de pensar y de actuar.

Hay muchas maneras de orar: entre ellas la oración mental, la oración vocal, el hacerlo todo en comunión con Jesús, la lectura atenta y rumiada de la Biblia y de los autores espirituales, hablar de Dios y escuchar hablar de Dios con amor y dignidad. (OC. I,191-200).

La oración es lo más excelente porque es “la felicidad perfecta, la dicha soberana y el verdadero paraíso de la tierra” ( OC. I,192).

La oración es necesaria para todos: laicos (OC. 1.26.191; X.482), sacerdotes (OC. III,46), predicadores (OC. IV,77,110), confesores (OC. IV,129,224), jóvenes y seminaristas (OC. IX,314,348).

28- Insiste en las condiciones y en lo que implica, como hemos visto desde en el Evangelio:

+ Hacerla en el nombre de Jesús, es decir, con su Espíritu, sus disposiciones e intenciones, de manera que sea un continuar su misma oración en la tierra (OC. I.200).

+ La adoración, la alabanza y acción de gracias (OC.III.286-297).

+ La petición de perdón de nuestros pecados por obra y omisión (OC.III.286-297).

+ La humildad profunda delante de Dios que nos lleva a entregarnos a Jesucristo para que Él ore por nosotros a su Padre (OC.I.201).

+ Una respetuosa y amorosa confianza apoyada totalmente en Jesucristo que garantiza el poder de la oración hecha en su nombre (Jn 16,23: Mc 11,24) (OC.I. 202).

+ La pureza de intención para hacer la oración por amor y para gloria y contento de Jesús (OC.I.203).

+ La perseverancia humilde y fiel para que Dios sea glorificado en todo (OC.I.203).

+ Entregarse intensamente en espíritu y corazón a Jesús y al Espíritu Santo para que nos colmen de sus pensamientos, sentimientos y afectos (OC.I.204).

+ Entregarse humildemente a la divina Voluntad. Esta actitud es obsesiva en san Juan Eudes (OC.I. 150ss; 248ss; IX.74,146,175,258). Es hermoso aprender a orar diciéndole al Señor como Juan Eudes: “Mi buen Jesús,... por favor, si te agrada,...s´il vous plaît”. Este S.V.P aparece más de 320 veces en sus oraciones.

+ El amor oblativo, ser ofrenda de amor para que Dios actúe en nosotros y con su gracia, nos entreguemos a su amor y al servicio de los hermanos (OC.III.286-297).

+ Apoyar nuestra oración con la intercesión de la Madre, de los Ángeles y de los Santos (OC.III.286-297).

Dígame, por favor, ¿No le parece perfecta esta manera de orar?

Realmente en la escuela de san Juan Eudes se ora diferente y por esa manera de orar es portadora de tanto poder, de tanta sanación interior.

3) SANACIÓN POR EL AYUNO.

29- El ayuno, entendido como la máxima privación de alimentos de que usted sea capaz, tiene diferentes motivaciones desde la religiosa, penitencial, ascética y espiritual, hasta la política y social como arma de protesta.

El ayuno, a que me refiero, no tiene que ver nada con desajustes de la personalidad, con la neurosis, la bulimia, la anorexia, las dietas compulsivas para bajar de peso. Aquí la perspectiva es diferente: es cultual, religiosa.

La abstinencia de carnes suele estar unida al ayuno.

30- Una ojeada a la Biblia nos pone ante el poder liberador, sanador de esta clase de ayuno.

El pueblo de Israel ayuna en el día de la expiación y se ofrece un sacrificio al Señor (Lv 23.27). Los profetas, sobre todo Isaías (58) nos indicarán cuál será el verdadero ayuno agradable al Señor.

Se ayuna con ocasión de grandes desgracias, como lo hace David, por Saúl, por su hijo Jonatán y por todo el pueblo (2 Sm 1,11-12).

Judit ayunaba todos los días menos los sábados y otras festividades de Israel (Jdt 8,7).

Ester pide a todos los judíos de Susa ayunar tres días por sus intenciones (Est 14,16).

Cuando Nicanor y Gorgias invadieron el país de Judá, por mandato de Antíoco, los judíos de Masfá hicieron ayuno (1 M 3,47).

Los judíos en Babilonia, con Baruc a la cabeza, lloraron, ayunaron, oraron e hicieron una colecta de dinero según las posibilidades (Ba 1,5).

31- En el Evangelio nos vamos a encontrar, sobre todo, con el ayuno inaugural de Jesús durante cuarenta días y cuarenta noches, y al fin sintió mucha hambre (Mt 4,2). Ya veremos lo que nos dice Jesús sobre el ayuno.

Mientras la comunidad de Antioquia, celebraba el culto del Señor y ayunaban, se manifestó el Espíritu Santo; pidió que le separaran a Bernabé y a Saulo. Ayunaron, oraron, les impusieron las manos y los enviaron (Hch 13.2s).

Los judíos ayunaban dos días por semana, lunes y jueves (Lc 18.12) y la primitiva Didakhé cristiana puntualizó el ayuno los días miércoles y viernes (8.1).

Da pena que entre los católicos solo tenemos ayuno obligatorio el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, en cambio los cristianos orientales, tienen hasta más de 60 días de ayuno al año.

Sin embargo, hoy en día hay muchos cristianos, sobre todo de movimientos marianos, que ayunan dos y más días por semana.

32- ¿Cuál sería la motivación bíblica del ayuno?

Se ayuna para purificarse, para humillar el alma (Lv 16,30-31; Is 58,3; Esd 8,21).

El ayuno es expresión de la conversión, de volverse a Dios (Esd 8,21.23; Dn 9.3; Jl 2.12). Dios pide volver a Él, con corazón sincero, con ayuno, con llantos y lamentos, rasgando el corazón y no los vestidos (Jl 2,12-13).

Se ayuna para pedir el perdón, la sanación de los pecados, 1 Re 21.27; para suplicar al Señor la curación física (2 Sa 12.16.22), para ser liberado de una calamidad (1 Sa 7.6; 2 Sa 1.12; Bar 1.5; Jl 2.12-17; Zac 8.19; Jdt 4.9-13).

El ayuno da eficacia a la oración (1 Sm 7.6; Jl 1.14; 2,15-16) y notamos en la mayoría de los textos bíblicos, que ayuno y oración van unidos.

33- Siendo muy válido el ayuno desde la visión del AT, en el NT tiene con Jesús una dimensión más amplia, y va, ciertamente, en la dirección de liberarnos del apego a las riquezas (Mt 19.21), de liberarnos del apego a nuestro mismo cuerpo y sensualidad (Mt 19.12) y liberarnos de nosotros mismos para renunciar y adherirnos a la cruz del Señor (Mt 10.38-39).

El verdadero ayuno debe hacerse por amor al Señor (Zac 7,5), en secreto (Mt 6,18) y comprometer en la liberación física y espiritual de los demás (Is 58,6ss): el verdadero ayuno es liberador del egoísmo, rompe las cadenas; son muy sugestivas las imágenes de Isaías.

El ayuno acompaña también el combate liberador de la evangelización, por eso ayuna san Pablo (2 Cor 6.5; 11.27). El ayuno se compagina perfectamente con una vida de servicio dentro de la Iglesia.

El ayuno es un arma en nuestra lucha contra las tentaciones y la influencia del demonio (Mt 17.21 adición; Mc 9,29 variante). Con la oración es el arma favorita del exorcista.

34- El ayuno es sanador por que nos libra de nuestras dependencias, para depender solo de Dios (Lv 16.29-31). El ayuno castiga el cuerpo, lo reduce a esclavitud para ser liberado, sanado (1 Cor 9.27).

El poder de sanación del ayuno está, entre otras cosas, en las actitudes liberadoras que nos permite alcanzar de la gracia divina: el amor, la humildad, la templanza, el equilibrio emocional y la generosidad.

En la Cuaresma tiene un precioso sentido escatológico que le da el mismo Señor (Mc 2.19-20). Desde la primera cuaresma de Jesús, pasando por su gloriosa Pasión y Muerte, vivimos el ayuno de la ausencia del Señor mientras esperamos su venida. El ayuno manifiesta que estamos tristes por la ausencia del Señor y es signo de nuestra esperanza y de nuestro caminar escatológico hacia la santa y divina Parusía de nuestro Señor Jesucristo (St 5,7-8; Judas 24 (Vulgata).

35- El ayuno verdadero tiene también sus condiciones específicas: ha de practicarse sin clamoreo y con la actitud de convertirse y de cambiar (Is 58.3-7; Jer 14.12); debe hacerse en secreto (Mt 6.16-18); sin orgullo ni ostentaciones humillantes (Lc 18,11-12); y siempre, en comunión con el Señor.

Pero, hay algo más en que me quiero detener: la dimensión social del ayuno.

No tiene sentido el ayuno sin el amor concreto a los pobres (Is 58.3-7; Jl 2.15). El ayuno se hace por la comunidad, por sus pecados, como hemos visto y para que el pobre tenga que comer (Is 58.2-11). El ayuno manifiesta el amor al dar al pobre lo que necesitamos para comer.

36- El ayuno tiene una dimensión social, ya desde el siglo II.

Hermas recomienda: “El día que ayunes no tomarás sino pan y agua y de la comida que habías de tomar calcularás la cantidad de gasto que correspondería a aquel día y lo entregarás a una viuda, a un huérfano o a un necesitado” (Pastor, Sem. 5.c.3).

El apologeta griego Arístides de Atenas escribía en su Apología: “Los cristianos no desprecian a la viuda, no contristan al huérfano; el que tiene, le suministra abundantemente al que no tiene; si uno es esclavo o pobre, ayunan dos o tres días y le mandan los alimentos que habían preparado para ellos mismos, deseando ellos tengan la misma alegría que tienen” (15.8ss).

Jesús nos juzgará si hemos ayunado, no en el sentido de comer o no comer, sino de compartir con el sediento y el hambriento, lo que en un mundo como el nuestro, con 900 millones de hambrientos, es uno de los signos de que el Reino de Dios ha llegado y de que vemos a Jesús en el hambriento y el sediento (Mt 25.35).

Hay que evitar los extremos en el ayuno. Decía Evagrio Póntico (s.IV): “No se nos ha mandado trabajar, velar y ayunar continuamente, mientras que la oración constante es ley para nosotros” (Capita practica ad Anatolium, 49).

37- Dentro de nuestra espiritualidad bautismal (eudista) es un medio eficaz para expresar nuestra renuncia al pecado, a nosotros mismos, al señorío de la carne, y adherirnos a Jesucristo y aceptar su señorío, para que viva y reine en nosotros.

San Juan Eudes entiende el ayuno como una forma de privación, de penitencia y de mortificación y nos ofrece una oración preciosa para esta práctica cristiana: “Oh Buen Jesús, te ofrezco esta acción en honor de tu divina Justicia y de tu santa Pasión. Quiero soportar esta privación, esta penitencia y mortificación por tu puro amor, y en unión del mismo amor con el que soportaste tantas y tan sorprendentes privaciones y mortificaciones en la tierra, como también en satisfacción de mis pecados y para se cumplan los designios que te dignes tener sobre mi alma” (Le Royaume de Jesús, OC.1,450).

38- San Juan Eudes tiene estas recomendaciones para el ayuno:

+ Ofrecer al Señor la abstinencia y el ayuno que hacemos, con todos los ayunos y mortificaciones de la santa Iglesia, de todos los Santos y de su sagrada Madre (OC. 3.387).

+ Honrar los ayunos y penitencias del Señor y unirnos a ellos, para satisfacción de nuestros pecados y para que se cumplan sus divinas voluntades sobre la Iglesia, sobre nuestra comunidad o familia y sobre nosotros en particular” (OC. 3.388).

+ Si por enfermedad u otro motivo no podemos ayunar, humillémonos delante de Dios, reconociéndonos indignos de hacer esta buena obra” (OC. 3.388).

+ Si no se puede ayunar, esforzarse por entrar en la disposición y en la voluntad de ayunar, si Dios nos lo pidiera, a pesar de las dificultades que tenemos” (OC. 3.388).

+ Al no poder ayunar, tomemos el propósito de reemplazar el ayuno, mortificándonos más cuidadosamente y haciendo con mayor perfección todas las otras acciones. Con este fin entreguémonos a Nuestro Señor, supliquémosle que nos otorgue su gracia y Él mismo supla en nuestro defecto e incapacidad” (OC. 3.388).

+ En los ayunos y grandes mortificaciones, se tendrá una gran moderación, para no quitar las fuerzas necesarias, en el servicio de la Comunidad” (OC.9.497).

+ Finalmente, vale pena, siguiendo la más antigua tradición de la Iglesia y el Manuel eudista, no dejar de lado el ayuno como preparación a las grandes fiestas y el mismo ayuno eucarístico más prolongado.

Lo invito a dejarse guiar del Espíritu Santo para que Él con su sabiduría, su fortaleza y su amor, nos haga experimentar el poder del ayuno y sanar de tantas esclavitudes y dependencias físicas y espirituales.

4) SANACIÓN DE POR LA LIMOSNA.

39- Aquí me refiero expresamente a la limosna o misericodia como la llamaban los Padres Griegos y san Juan Eudes. No trato sobre el diezmo, que es capítulo aparte, como ofrenda que se hace a Dios, que no es ningún limosnero.

Un vistazo a la Biblia nos pone ante el poder liberador, sanador de la limosna.

40- Limosna puede significar la palabra griega (- eleemosyne, que tiene que ver con compasión, y hasta podría interpretarse perifrásticamente por “justicia”- ), aplicada a la misma misericordia de Dios (Sal 24.5; Is 59.16; Dan 9.16; Tb 3.2; Sir 16.14; 17.29) y a la misericordia, gracia, del hombre con sus semejantes (Gn 47.29).

El destinatario de la limosna es siempre el pobre, el necesitado (forastero, huérfano y viuda). Para él hay que dejar las espigas de la ciega y los frutos caídos (Lv 19.9-10; 23,22; Dt 24.19-21). Rut la moabita se beneficiará de este precepto (Rut 2.2ss).

El Deuteronomio, ante la realidad de que “no faltarán pobres en esta tierra”, (Jesús dirá: “pobres tendréis siempre con vosotros” (Mt 26.11), da el precepto de la limosna (Dt 15.7-11).

En la misma dimensión está el diezmo trienal para los que no poseen tierras: levitas, extranjeros, prosélitos, huérfanos, viudas (Dt 14.28-29; Tob 1.8).

41- La limosna, en su más pura esencia, no es un acto de bondad o de filantropía o de altruismo: es un acto religioso. En las fiestas muy importantes se hace la limosna, como un compartir la alegría (2 Sa 6.19; Neh 8.10-12; 2 Cro 30.21-26) y también en las comunes (Dt 16.11.14; Tob 2.2). Por su carácter religioso es como si la limosna se diera a Dios en préstamo (Pr 19.17) y por eso hay una recompensa, una bendición para el justo que no es orgulloso, voraz e indolente (Ez 18.7; 16.49; Pr 21.13; 28.27). Por lo mismo, la damos en nombre de Dios.

La limosna generosa es verdadero culto a Dios y servicio al pobre, es como una adoración practicada delante del Señor, que “sube a Él como memorial” (Hch 10.4). Cuando es generosa o de la misma pobreza, es un verdadero sacrificio agradable a Dios (Si 35.2) y es de gran provecho espiritual (Pr 28.27).

Precioso el texto de Tobías: “Haz limosna con tus bienes; y al hacerlo que tu ojo no tenga rencilla. No vuelvas la cara ante ningún pobre y Dios no apartará de ti su cara. Regula tu limosna según la abundancia de tus bienes. Si tienes poco, da conforme a ese poco, pero nunca temas dar limosna, porque así te atesoras una buena reserva para el día de la necesidad. Porque la limosna libra de la muerte e impide caer en las tinieblas. Don valioso es la limosna para cuantos la practican en presencia del Altísimo” (Tb 4.7-11).

La limosna, como gesto, (como término no aparece en el hebreo), en su más pura esencia, es la misma misericordia (justicia) de Dios con nosotros (Sal 24.5; Is 59.16). Es decir, que al dar limosna estamos imitando la divina misericordia, estamos repitiendo con los demás el gesto misericordioso y amoroso de Dios con nosotros: la salvación, la liberación.

42- En el Nuevo Testamento adquiere un sentido muy profundo. Lucas, con su amor a los pobres, con su óptica de la misericordia, es el evangelista de la limosna (3.11; 6.30; 7.5; 11.41; 12.33s; 14.14; 16.9; 18.22; 19.8; Hch 9.36; 10.2.4.32).

Cristo mismo hace el elogio de la limosna de la viuda (Mc 12.41-44). Cristo mismo practica la limosna (Jn 13.29). La limosna es un mandamiento del Señor que manda vender lo que se tiene y darlo en limosna (Lc 12.33; 16.9).

La limosna es obligatoria para los discípulos de Jesús, aún si supera, como en el caso de viuda, las posibilidades económicas : (Lc 11.41; 12.33; 21.2ss).

El discípulo por la limosna se libera para seguir a Jesús, para ser libre como Jesús que se hizo pobre (Mt 19.21; Lc 11.41; 12.33; 18.22; 2 Cor 8.9).

43- El Señor nos pone algunas condiciones en la práctica de la limosna:

* Nada de ostentación ni de publicidad (Mt 6.1-4),

* Desinterés, nada de contracambio, ni cálculos de lo que nos pueda reportar (Lc 6.35; 14.14). No se hace por interés, sin embargo, la limosna en sí misma trae una recompensa que no es despreciable, así no sea el motivo de la ofrenda. En el Discurso a los jóvenes sobre La avaricia, dice san Basilio, Obispo de Cesarea: “¿Diste al hambriento? El don es tuyo y vuelve a ti con intereses. Como el trigo que ha caído en la tierra da ganancias a quien lo sembró, así el pan dado al hambriento te va a devolver, en el futuro, abundante cosecha”.

* Sin medida, de acuerdo con la necesidad real del pobre (Lc 6.30; Mt 5.42) y sin dar largas (Sir 29.8-9)

* Con amor, sin él, así sea munificente, no sirve de nada (1 Cor 13.3).

* Con alegría: Dios que es el amor, ofrenda con alegría, y ama al que da con alegría (2 Cor 9.7).

* Cristo manda dar el contenido de la copa y de la fuente (Lc 11.41)

Así cumplimos el mandato de Cristo: “Sed misericordiosos, como vuestro Padre celestial es misericordioso” (Lc 6.16).

La limosna o misericordia es una obligación para san Juan Crisóstomo: “El no dar a los pobres de los propios bienes es cometer una rapiña y atentar a su propia vida… No retenemos los nuestro, sino lo de ellos” (Hom. 3.4).

La limosna, a pesar de las actuales objeciones de tipo social, responde a la esencia de la Iglesia, donde todos buscamos no una nivelación sociológica, sino un vivir por todas partes la generosidad del don que se comparte.

Me refiero a la limosna dada personalmente o por medio de la Iglesia, servidora de los pobres.

Por la limosna a la comunidad entramos en comunión con todos (Ga 2.10; Rm 15.26ss). Por la limosna, (caso encomiástico del centurión, de Tabitá y de Cornelio) se expresa la estima por la fe de los creyentes (Lc 7.5; Hch 9.36; 10.2.4.31).

La Iglesia es por esencia una comunidad donde se comparte lo material, se vive con lo material compartido (koinonia) (Hch 2.44s; 4.32).

44- El poder de sanación interior de la limosna está en que:

+ Trae el perdón, preserva de todo mal, sana de los pecados, los rompe (Dan 4.24; Sir 29. 12).

+ Libera interiormente para seguir a Jesús, para ser libre (Mt 19.21; Lc 11.41; 12.33; 18.22; 2 Cor 8.9).

+ Tiene poder de purificación, hace puro todo (Lc 11.41).

+ El que da limosna irradia y todo su cuerpo está iluminado (Mt 6.22-23; Is 58,8.10)

+ En la mentalidad de Pablo, la limosna es una verdadera bendición: una euloghía (2 Cor 9.5.7).

+ Es un acto de culto y de servicio a Dios: una leitourghía (2 Cor 9.12).

+ Es un auténtico servicio sagrado: la diakonia (Rm 15.21; 2 Cor 8.4; 9.12-13).

+ Es una gracia de Dios para agradecerle sus bondades: una járis (2 Cor 8.7).

+ Restablece la comunión en la Iglesia, a partir del compartir, la koinonia (2 Cor 8.4.13.; 9.1.12-13).

+ Es muy conocida aquella frase de san Ambrosio, en De Helia et jejunio: “¿Posees dinero?- Rescata con él tu pecado”. Expresa así ese poder de sanación interior que tiene la limosna como ejercicio de la caridad cristiana.

Exhorta san Policarpo de Esmirna: “Si tenéis posibilidad de hacer el bien, no lo difieras, pues la limosna libra de la muerte” (Carta a los Filipenses, 10).

San Cipriano y san Clemente Alejandrino, insisten en la relación íntima que hay entre la limosna y el perdón de los pecados.

45- Con lo que más adelante completaré con San Juan Eudes, quiero hacer dos alusiones:

1) Ese pobre a quien damos, sin preguntarnos si es digno o no, se identifica con Jesús; lo que hacemos a los pequeños, a los pobres, lo hacemos a Jesús (Mt 25.31-46). Podríamos decir: vamos a ser juzgados sobre la limosna, sobre las obras de misericordia.

2) Le dejo a su meditación profundizar la teología de la “colecta” para los pobres de la Iglesia madre de Jerusalén, en la que se comprometió san Pablo con Tito (2 Cor 8,1ss). Parte de la obra de Cristo, que optó por ser don, amor ofrendado: “Vosotros conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (8.9).

Luego nos motiva haciéndonos contemplar desde el Salmo 111.9, la generosidad infinita y estable de Dios, para que nosotros también seamos generosos, “compitamos” con Dios (9.9). Y es aquí donde presenta la eficacia de la limosna como una euloghía (2 Cor 9.5.7); una leitourghía (2 Cor 9.12); una diakonia (Rm 15.21; 2 Cor 8.4; 9.12-13); una járis (2 Cor 8.7); una comunión, la koinonia (2 Cor 8.4.13.; 9.1.12-13).

46- ¿Qué nos dice san Juan Eudes sobre la limosna?

San Juan Eudes, siguiendo el Evangelio, tomó muy en serio, aquellas recomendaciones de san Ambrosio, en De officiis ministrorum, al indicar el santo Obispo de Milán, que la limosna es un estilo de vida de los sacerdotes. No es un acto aislado para vanagloriarse, sino una exigencia contínua de la justicia y del amor cristianos.

San Juan Eudes nos invita a dar la limosna con una breve oración: “Oh Jesús, quiero hacer esta acción, por tu puro amor y en honor y en unión de la caridad que tienes para con los pobres” (OC.1,450)

La limosna depende de la visión que tengamos del pobre. San Juan Eudes “veía en los pobres la representación sensible del Señor, como los sacramentos del Salvador, bajo los que se oculta, algo así como se oculta debajo de las especies de adorable Eucaristía…

Hizo voto cuando niño de socorrerlos según su alcance y de no negarles nunca la limosna, a no ser que careciera de medios. Estableció que en cada una de sus Comunidades se diera de comer a doce de ellos varias veces al año, y que los domingos y jueves de cada semana, se convidara a uno a comer en el refectorio con los de la casa. Además dos veces por semana, les daba públicamente limosna a la puerta del Seminario de Caen, donde residía habitualmente. (Cuidaba, por supuesto, de sus almas y de su alimento espiritual).

Durante las misiones, quería que se enseñase el catecismo a los pordioseros, que a veces se hallaban en número de hasta dos mil, y luego mandaba repartirles limosnas.

“Bastaba ser desgraciado para tener cabida en su corazón y granjearse su cariño; por eso acudían todos a él como a un asilo común, con la esperanza de encontrar remedio y alivio a su mal. Esa gloria le queda después de muerto y le durará hasta la consumación de los siglos” (P. Pedro Hérambourg (1661-1720), Las Virtudes de san Juan Eudes, pp.155-164. su caridad para con los pobres). (Ver OC. III. 370-371).

En el Catecismo de la Misión, san Juan Eudes le da a la limosna su auténtico sentido bíblico, mucho más amplio: la misericordia.

“¿Cuántas son las clases de buenas obras? – Son tres: la Oración, el Ayuno, la Limosna o Misericordia a la que se refieren las obras de misericordia corporales y espirituales” (OC.II,470).

La limosna por los difuntos. “Es una excelente limosna pagar el rescate de un alma detenida en las prisiones de la divina Justicia, en el purgatorio, ofreciendo a Dios por ella santas oraciones, o el divino sacrificio de la Misa, u otra buena obra” (OC. IV.190).

“Hacer una limosna a un pobre es una cosa tan recomendable y maravillosamente recomendada por Dios en su santa Palabra” (OC. XI.36).

Comenta así Si 17.18 (Vulgata): “Así como alguien que tuviera una bolsa llena de diamantes, la guardaría cuidadosamente como a la niña de sus ojos, así Dios conserva afectuosísimamente la limosna o la gracia que se hace a un pobre, aunque sea un vaso de agua” (OC. VII.237).

“Hay que motivar a los que tienen el medio, a amar a los pobres, a hacerles todo el bien que puedan, por amor a Nuestro Señor, para liberarse de los pecados por la limosna” (OC.IV.281).

Entre los medios para prepararse a morir cristianamente anota:

“Purificar su conciencia de todo pecado por medio de la penitencia, esforzarse en reparar las faltas pasadas, por medio de limosnas, si se tiene el medio, por oraciones, y por todas las buenas obras que cada uno puede hacer en su estado” (OC. IV.63).

“Exhórtese al (moribundo y agonizante) que tiene algunas comodidades temporales a que no olvide a los pobres y a las obras piedad, para que redima sus pecados por la limosna y para que los pobres lo reciban en los tabernáculos eternos” (OC.III.93; ver Lc 16.9).

CONCLUSIÓN

En síntesis, con las condiciones y requisitos indicados, la oración, el ayuno y la limosna nos ayudarán poderosamente a ser sanados, a liberarnos de nuestras esclavitudes interiores.

Con un esquema muy sencillo:

1) Al suplicar constantemente: “Señor ten misericordia de mí que soy un pecador” ponemos de nuestra parte para renunciar al pecado y adherirnos a Jesucristo.

2) Al ayunar con cierta frecuencia, ofrézcale su ayuno al Señor, para que así como renuncia al alimento para servir al pobre, el Señor rompa tantas ataduras que tenemos.

3) Al dar limosna frecuentemente, ofrézcasela al Señor, para que así como renuncia al dinero par ayudar a los pobres, el Señor le permita renunciar a todo para adherirse plenamente a Él.

Para san Juan Eudes la limosna es la misericordia, es decir, las obras de misericordia corporales y espirituales.

¿Se le olvidaron las obras de misericordia?


CORPORALES

1. Visitar a los enfermos

2. Dar de comer al hambriento

3. Dar de beber al sediento.

4. Vestir al desnudo.

5. Dar posada al peregrino

6. Redimir al cautivo.

7. Enterrar a los muertos.

ESPIRITUALES

1. Enseñar al que no sabe.

2. Dar buen consejo al que lo necesita.

3. Corregir al que yerra.

4. Perdonar las injurias.

5. Consolar al triste.

6. Sufrir con paciencia las   adver-           sidades y flaquezas de nuestro prójimo.

7. Orar por los vivos y los difuntos.


Realicemos estas obras de misericordia viendo en los hermanos necesitados a Jesús… “A mi me lo hiciste” (Mt 25,40).

Así con estos tres actos, hechos por el Amor y para el Amor, el Señor cumplirá su palabra, tal como la podemos comprender en esta paraphrăsis, de Isaías 58,1-12:

1. Clama a voz en grito,

No tengas consideración;

Levanta tu voz como una trompeta

Y denuncia a mi pueblo sus delitos

Y a la casa de Jacob sus pecados.

2. A Mí me buscan día a día

desean conocer mis caminos,

como si fuera gente que practica la justicia

y el derecho de su Dios no hubiesen abandonado.

Me piden juicios justos,

La vecindad de su Dios desean:

3. ¿Por qué ayunamos, si Tú no lo ves?

¿Para qué nos mortificamos, si Tú no lo sabes?

- Es que el día de vuestro ayuno,

atendéis vuestros negocios

y oprimís a todos vuestros trabajadores.

4- Es que ayunáis entre disputas y altercados

y golpeando con inicuos puñetazos.

No ayunéis más como lo hacéis hoy

Para lograr que se escuche en las alturas vuestra voz.

5. ¿Acaso es éste el ayuno que Yo prefiero

el día en que se humilla el hombre?

¿Había que doblegar como junco la cabeza,

en sayal y ceniza estarse echado?

¿Acaso a eso llamas ayuno y día grato al Señor?

6. ¿No será más bien éste otro el ayuno que Yo prefiero:

romper las cadenas inicuas

deshacer las coyundas del yugo,

mandar libres a los oprimidos,

y romper todo yugo?

7. ¿No será esto más bien: partir al hambriento tu pan,

y a los pobres sin hogar recibir en casa?

¿Que cuando veas a un desnudo le cubras,

sin descuidar a los de tu misma carne?

8. Entonces,

Brotará tu luz como la aurora

y tu herida se curará rápidamente.

Irán delante de ti tus obras de justicia

Y la gloria del Señor te seguirá.

9. Entonces,

Si clamas, el Señor te responderá,

Si pides socorro, dirá: ¡Aquí estoy!...

Si apartas de en medio de ti el yugo,

No apuntas con el dedo maldiciente,

Y no levantas calumnias.

10. Si repartes al hambriento tu pan

Y al alma afligida dejas saciada,

Entonces,

Resplandecerá en las tinieblas tu luz

Y tu oscuridad será como mediodía.

11. El Señor te hará siempre de guía,

te saciará en terrenos áridos,

Dará vigor a tus huesos

Serás como jardín regado,

O como manantial cuyas aguas nunca se acaban.

12. Tus ruinas antiguas serán reedificadas,

Reconstruirás los cimientos de épocas pasadas,

Te llamarán Reparador de murallas derruidas,

Y Restaurador de viviendas en ruinas.

Higinio A. Lopera E. cjm

Centro san Juan Eudes

Miércoles de Ceniza 2007.

PUBLICACIONES

Las publicaciones del CENTRO SAN JUAN EUDES recogen los principales temas de la Espiritualidad de San Juan Eudes y las experiencias espirituales que vienen dando la identidad del CENTRO desde 1997:

“Formar, santificar, hacer vivir y reinar a Jesús en las personas”

Encuentro personal con Dios.

El Poder el Espíritu Santo en el Sacerdote

El Poder del Espíritu Santo en el Laico.

Catecismo de la Iglesia Católica (Síntesis).

Criterios de discernimiento de mensajes.

¿Qué sabes de María?

El Rosario.

La Divina Pasión del Amor.

Génesis. Hacia el hontanar de la vida.

Diez Exámenes para sacerdotes.

Apocalipsis. El libro de la consolación y de la esperanza.

El Éxodo. Nuestro libro de camino

Sanación – Estaciones del Vía Crucis.

Sanación – Las secuelas del aborto.

Sanación - Suicidios y muertes violentas.

Sanación – Aceptación y sanación de la muerte de los seres queridos.      

Sanación - La Muerte anticipada como ofrenda de amor.

Sanación - Ayudar a bien morir, el más grande acto de amor.

Sanación – Las heridas familiares.

Sanación - Las ataduras y sus raíces ancestrales.

Sanación – Concepción y Embarazo

Sanación – Depresión y Transtornos nerviosos

Sanación – Traumas y Heridas del pasado.

Sanación - Adicciones, esclavitudes y dependencias.

Sanación - Miedos y temores.

Sanación – Brujerías y Malas influencias.

Sanación – El Exorcismo

Sanación – La Mente.

Sanación – El Corazón.

Sanación – Oración de Efusión del Espíritu Santo.

Sanación – El reciclaje y restauración de la personalidad.

Sanación – El Pesimismo

Sanación – Matrimonios y parejas

Sanación – Por la oración, el ayuno y la limosna.

El Voto de Víctima.

Éxodo. Nuestro libro de camino.

El Amor Transformante (- Colección - 1.2.3.4.) (Para Contemplativos, Eremitas).

San Juan Eudes “Formador de Jesús”.

La Pasión de Cristo.

La Contemplación desde el Evangelio (- Colección – 1.2.3.).

La Nueva Era y el discernimiento cristiano.

Fidelidad en San Juan Eudes (textos).

Fieles porque Dios es fiel.

Sabiduría de todos y para todos (Colección – 1.2.).

La eucaristía en San Juan Eudes (textos).

Fitoterapia ( - Colección 1.2.3).

Itinerario cuaresmal con San Juan Eudes.

Concordancia de las Obras Completas de San Juan Eudes (Colección: 1.2.3.).

 
ORACION DE SANACION INTERGENERACIONAL


 
 

 En el nombre de Jesucristo, con la autoridad de mi Bautismo, rompo toda maldad y todo sello de mal heredado, e invoco la bendición del Dios Uno y Trino sobre mi, mis familiares, antepasados y descendientes.
 
Pido la bendición de Dios Todopoderoso sobre todos padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos y sobre todas mis generaciones familiares. Yo reprendo todo espíritu de maldad, de odio, de venganza, de frustación, de miedo, de todo tipo de enfermedad y lo ato a los pies de la Cruz de nuestro Señor Jesucristo.
 
Con la autoridad de mi Bautismo y de la Iglesia, revoco toda maldición y ordeno que toda maldad se vaya a los pies de la Cruz de Jesucristo. !Reclamo toda bendición en el nombre de Jesucristo!
 
Ato todo espíritu de lujuria, de incesto, de violación, de fornicación, y de adulterio de nuestros antepasados. Rompo toda atadura de lujuria y pido perdón por todos los antepasados que causaron  trastornos a las generaciones siguientes.
 
En el nombre de Jesucristo el Señor, rompo toda atadura de homosexualidad y de adulterio y mando a los pies de la Cruz a cualquier espíritu de lujuria. Sólo Jesús Nuestro Señor tiene derecho sobre el enfermo y lo compró con su Sangre Preciosa.
 
Rompo todo sello de ritualismo y trasmisión por generación, que yo pueda tener; revoco, anulo, rompo, toda consagración a satanás hecha por alguno de mis antepasados, también todo ídolo y secta diabólica. En el nombre de Jesucristo mando todo esto a los pies de la Cruz.
 
Lo sello con el sello del Bautismo del Espíritu Santo. Gloria a Ti Señor Jesús. Bendito y alabado sea tu Nombre Santo.
 
 
 
 
   

SANACIÓN

DEL

AMOR

FILIAL.

HIGINIO A.LOPERA E. cjm.

CENTRO SANJUAN EUDES

Salmo del descanso en el amor del Padre Dios

Antes de iniciar esta reflexión lo invito a orar elSalmo (103) del descanso en el Corazón amoroso del Padre.

1 Bendice, alma mía, a Yahvé, el fondo de mi ser, a su santo nombre.

2 Bendice, alma mía, a Yahvé, nunca olvides sus beneficios.

3 Él, que tus culpas perdona, que cura todas tus dolencias,

4 rescata tu vida de la fosa, te corona de amor y ternura,

5 satura de bienes tu existencia, y tu juventud se renueva como la del águila.

6 Yahvé realiza obras de justicia y otorga el derecho al oprimido,

7 manifestó a Moisés sus caminos, a los hijos de Israel sus hazañas.

8 Yahvé es clemente y compasivo, lento a la cólera y lleno de amor;

9 no se querella eternamente, ni para siempre guarda rencor;

10 no nos trata según nuestros yerros, ni nos paga según nuestras culpas.

11 Como se alzan sobre la tierra los cielos, igual de grande es su amor con sus adeptos;

12 como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros crímenes.

13 Como un padre se encariña con sus hijos, así de tierno es Yahvé con sus adeptos;

14 que él conoce de qué estamos hechos, sabe bien que sólo somos polvo.

15 ¡El hombre! Como la hierba es su vida, como la flor del campo, así florece;

16 lo azota el viento y ya no existe, ni el lugar en que estuvo lo reconoce.

17 Pero el amor de Yahvé es eterno con todos que le son adeptos; de hijos a hijos pasa su justicia,

18 para quienes saben guardar su alianza, y se acuerdan de cumplir sus mandatos.

19 Yahvé asentó su trono en el cielo, su soberanía gobierna todo el universo.

20 Bendecid a Yahvé, ángeles suyos, héroes potentes que cumplís sus órdenes en cuanto oís la voz de su palabra.

21 Bendecid a Yahvé, todas sus huestes, servidores suyos que hacéis su voluntad.

22 Bendecid a Yahvé, todas sus obras, en todos los lugares de su imperio.

¡Bendice, alma mía, a Yahvé!

1. Su amor filial porta  el sello de su vida y la marca de cuanto ha sucedido desde su concepción hasta el día de hoy.

- ¿Se siente usted como padre, como madre,  amad@ por sus hij@s?>

- ¿Se ha preguntado por qué sus hij@s no l@ aman?

- ¿Siente usted verdadero amor por su padre, por su madre?

- ¿Tiene buenos recuerdos de sus padres?

- ¿Siente que hay algo que no funciona en usted cuando se trata de expresar el amor a sus padres?

Son preguntas elementales para abrir el ampliohorizonte de las relaciones entre los padres y los hij@s, centrándonos en esta ocasión en el amor filial.

Usted como padre, madre, hijo, hija, podrá encontraren esta reflexión realidades muy duras.

No quiero que al leer este folleto usted como padre y madre, como hijo e hija, se culpabilice.

Hoy en día estamos mejor preparados para tener y educar a los hij@s que en otros tiempos gracias a la pedagogía y a la psicología personalistas.

Y también son muchas las ayudas que podemos encontrar para sanar nuestro amor filial

No quiero hacerlo sufrir ni cargarlo de información que lo lleve a un estado de pesimismo por el pasado o de fatalismo ante el futuro.

Sería irresponsable si le dijera que usted tuvo otras vidas pasadas y que usted está sometido a una ley fatalista.

Es criminal decirle a una persona indefensa espiritual y moralmente que es víctima de un pasado que se adivina y especula a través de regresiones a la infancia o a vidas pasadas. Metodología que no admitimos los cristianos católicos.

Cuando en la oración de sanación se pide humildemente conocimiento al Señor, no es para alarmar a la persona o ratificarla en lo que sospecha, sino para poner en manos del Señor poderoso y misericordioso la situación de esa persona.

El Señor sabe muy bien lo que tiene que hacer.

En la oración simplemente le suplicamos que manifieste su poder y su amor, sin entrar en detalles o suposiciones.

Usted es hijo, hija de Dios y es fruto de una historia de amor que  inició con su concepción y que sigue adelante porque está en manos del Amor Divino.

La oración de sanación hecha con amor y respeto por cada persona, busca la restauración de la personalidad y da los medios para emprender una vida nueva sin ataduras, sin condicionamientos del pasado.

El conocer ciertas realidades que nos afectan y los medios para superarlas, es ya buena parte del camino de la liberación interior.

Ese amor filial es la respuesta al don de la vida y a todo lo que han hecho nuestros padres.

Esa respuesta es de por vida e imprime un carácter positivo o menos positivo en todas las personas.

Con mucho respeto y amor l@ invito a un análisis sereno y objetivo de su amor filial, de tantos datos positivos que usted puede tener a su favor, pero también de datos que podrían explicar muchos de los problemas que tiene en la relación de amor con sus padres.

Su amor filial porta  el sello de su vida y la marca de cuanto ha sucedido desde su concepción hasta el día de hoy.

Dígame como es su amor filial y le contaré toda la historia de su vida.

Gran parte de su vida se explica por el perfil de su amor filial, por sus sombras y claridades.

Entiendo por amor filial la relación de los hijos con sus padres (madre-padre) tal como nos lo manda el 4º mandamiento de la ley de Dios:

Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que Yahvé, tu Dios te va a dar” (Ex 20, 12).

Respete cada uno a su madre y a su padre” (Lv 19, 3).

Hijos, obedeced a vuestros padres, en el Señor” (Ef 6, 1).

Este mandamiento lo interpretamos en el sentido del amor, el respeto, la obediencia y la asistencia física y espiritual a los padres.

2. La oración es poderosa y hace resurgir de las cenizas  los más cálidos amores que ya parecían definitivamente extinguidos.

Esta relación de amor puede ser perfectamente normal, equilibrada, armónica generosa, con mutua correspondencia, pero se dan casos que necesitan ser sanados porque hay heridas, resentimientos, complejos, vacíos de amor y de ternura de parte y parte.

Después de esta oración, repetida varias veces como un proceso, usted se sentirá mejor en su amor filial, sanará por el poder del Señor de muchas heridas, serán colmados sus vacíos de amor y de ternura, de atención y de protección y sus relaciones con sus padres tendrán una nueva y positiva gama de hermosas posibilidades.

Esta relación que conlleva el amor filial implica un doble movimiento de los padres a los hijos y de los hijos a los padres, sin dejar de lado a los herman@s.

Quiero insistir: al hacer esta oración vendrán a lamente recuerdos dolorosos.

Es muy difícil condenar o justificar las actitudes de nuestros padres.

Es tan complejo el marco familiar con las subjetividades de los padres y de los hij@s y con las mil y una circunstancias que se nos escapan, que mejor no condenar ni justificar.

Simplemente se da el perdón de lo que interpretamos mal y dejamos todo en el Corazón Misericordioso de Nuestro Señor.

Tal vez cuando los hij@s se casen van comprender en carne propia muchas de las cosas que lamentan de sus padres.

Como es de suponer en una oración de sanación, se pueden traer a la memoria muchas cosas negativas.

Cada una de ellas es un llamado a los padres jóvenes para que estén muy atentos y las puedan evitar, y también una invitación a los padres ya mayores a corregir con amor, perdón y paz, cualquier comportamiento negativo, para ver renacer una bella conjunción del amor paterno y del amor filial.

La oración es poderosa y hace resurgir de las cenizas  los más cálidos amores que ya parecían definitivamente extinguidos.

Padres y madres que después de muchos años empiezan a sentir de nuevo el amor por sus hij@s y experimentan a su edad, cuando más se necesitan,  el amor, la amistad y la ternura de sus hij@s entrañables.   

Hij@s, ya crecidos, maduros, profesionales, que empiezan a sentir un amor cálido, espontáneo, gozoso, entretenido, serenamente posesivo por su madre y por su padre y extensivo a los abuelos.

Estructuro esta oración con mucha simplicidad y lo invito con mucha fe y amor:

- a recordar serenamente su pasado hogareño y familiar, 

- a perdonar sin juzgar ni condenar,

- a no quedarse en el pasado negativo,

- a pensar que la vida es breve y tenemos que recuperar el tiempo perdido,

- a llenar con amor los vacíos de la relación padres-hij@s,

- a derribar los muros que hemos levantado con nuestros resentimentos,

- a acortar las distancias materiales y afectivas y,

- a dejar en cada corazón la memoria del más grande amor.

Es conveniente anotar que aquí me refiero expresamentea las buenas o malas influencias del amor paterno y materno sobre el amor filial, sin tener en cuenta, el dato tan importante, de las malas influencias del ambiente, de la cultura, del mundo del pecado, de una pedagogía equivocada en la familia, en las escuelas y los colegios.

 

3. Puntos más importantes para la oraciónde sanación.

- Se trata de hechos, de circunstancias, de acontecimientos, de la vida familiar,

- y de las actitudes determinantes de los padres que han influido desde la concepción en la personalidad de los hij@s.

Se puede decir en general que si hay etapas de la niñez y de la adolescencia que no han sido superadas, si perduran dependenciasy ataduras, si la memoria está colmada de recuerdos negativos, el amor filial está herido y los padres deben poner de su parte para que las heridas sean sanadas y colmados los vacíos de amor.

Por su parte los hij@s tienen el poder más grande para su sanación: el perdón por amor.

Y este es un paso muy importante en la oración de sanación.

Lo que vamos a ver a continuación hay que mirarlo con ojos de perdón. Muchas de las cosas negativas de los padres son, como decimos,“cosas de la vida” y nada sacamos con condenar y culpabilizar.

El amplio mundo de las relaciones interpersonales es quizá el espacio más generador de conflictos y de heridas y de muchos desajustes en la personalidad.

Muchos de los contratiempos del amor filial se originan en relaciones artificiales, no espontáneas, poco cargadas de amor y de ternura.

Para este tema tengamos presente la importancia de la relación de los padres con sus hij@s, los comportamientos que nos permiten predecir lo que puede pasar en la edad adulta e indicar el perfil psicológicode las personas.

La familia, los padres y los hij@s, son la matriz del futuro del niño, de la niña.

Las relaciones que se han tenido mutuamente entre padres  e hij@s pueden influir en la aceptación de la propia personalidad, en la autovaloración de sí mismo, en las desadaptaciones en lo social, en la convivencia con otras personas, en el ejercicio de la profesión y en la elección de pareja.

Es peligroso un ambiente donde las personas no pueden expresarse, adaptarse, sumergirse sin presiones en el medio social propio de su edad desde la infancia hasta la madurez.

Todo lo que ha impedido a los padres adaptarse  a la nueva cultura, a los medios masivos de comunicación social, incide en la personalidad de los hij@s y en su capacidad de adaptación a la realidad.

Afecta considerablemente el amor filial la no aceptación de las cualidades de los hij@s, el no apoyarl@s para que las desarrollen, el no fiarse de ell@s.

Existe una memoria en la células y en las neuronas de todas las relaciones que se ha tenido en el seno familiar con los padres, tanto las negativas como las positivas, sobre todo cuando el padre, la madre, los abuel@s, han dado a entender lo negativo que sentían por sus hij@s, y a veces esa memoria persiste durante toda la vida, afectando las expresiones del amorfilial y la convivencia con otras personas.

Las relaciones con los padres pueden haber afectadolos procesos cognitivos, el aprendizaje, el estudio, la memoria.

Muchas de las falencias de los chic@s revelan paladinamente los vacíos en las relaciones con sus padres.

Los padres a partir de sus relaciones pueden infundiren los hij@s una percepción equivocada de la realidad y de las relaciones con las personas.

Los padres deben estar muy atentos a la educación y a la información que dan a sus hij@s, porque hay niñ@s que miran siempre a travésde los ojos de sus padres y maestros.

Los complejos que con frecuencia torturan durante toda la vida y están bloqueando a la persona.

La mayor parte de los complejos como mezcla anormal de emociones, sentimientos e ideas tienen su origen en el hogar y en la escuela.

Pueden ser complejos de inseguridad, de inferioridad, de superioridad, de culpabilidad, de machismo, de feminidad, de pobre, de rico, de inteligente, de bruto, de raza, de belleza o de fealdad…

Generalmente nacen en la infancia y se agravan cuando no se ha enseñado a autovalorarse correctamente y a valorar justamente a los demás.

Los padres pueden hacer nacer estos complejos con sus palabras y gestos no verbales de desprecio, de indiferencia, de crítica.

Hay complejos de autoimagen que se pueden dar por los cambios físicos durante la adolescencia: de inseguridad, de masculinidad, defeminidad, de fealdad o de belleza.

Todos los complejos pueden superarse ayudando a loshij@s a aceptarse  positivamente, a tener relaciones normales con todos, a superarse desde sus valores personales sin compararse con las demás personas.

Los padres deben estar atentos a las palabras y actitudes de los hij@s porque a través de ellas se pueden ocultar complejos, que han aprendido en el hogar.

El detestable e insulso complejo de superioridad puede heredarse y en los hij@s puede manifestarse inconscientemente en el desamor a sus padres.

Hay comportamientos inconscientes de los padres y comportamientos no reaccionarios de los hijos e hijas que son un caldo de cultivo de complejos y de fobias que marcarán la vida de los hij@s.

Nadie duda del amor de los padres hacia sus hij@s y de la buena voluntad que tienen por su formación, por su educación, por sus convicciones espirituales y religiosas: pero pueden dejar complejos varios, que de una manera muy doméstica, sin recurrir a lac onocida terminología psicológica, podemos expresar como:

- Apego o desapego desmedidos, compulsivos al  padre, a la madre o a los dos.

- Amores u odios compulsivos al padre, a la madre o a los dos. 

- Imitaciones o rechazos conductuales de los comportamientos del padre, de la madre o de los dos.

- Atracciones o rechazos sexuales del padre, de la madre o de los dos.

- El machismo o el feminismo, como rechazo o continuación de la mutua experiencia  del amor filial y del amor paterno y materno.

- Fobias, disgustos, alergias psicológicas hacia actitudes, maneras de ser y de pensar, hacia comportamientos sociales, religiosos, políticos y ancestrales del padre, de la madre o de los dos.

La transferencia como inducción psicológica y cuanto a través de ella se transmite a los hij@s.

Puede tratarse de actitudes negativas que se transmitende generación en generación o igualmente de valores y cualidades que son como la más bella herencia genética y social.

El amor filial, por su carácter de receptividad, hace que muchas actitudes del padre, de la madre o de los dos se transmitan de generación en generación y que usted, desde su mismo código genético, estérepitiendo los comportamientos transmitidos de los ancestros.

Hay padres y madres que con el amor transmiten a sus hijos e hijas valores preciosos, y éstos desde el amor filial responden positivamente, sin convertirse necesariamente en clones de sus padres.

Por eso es tan importante cuidar las actitudes.

Las actitudes que conllevan cualidades y defectos, que, como patronos de conducta, van a tener luego consecuencias en la vida de los hij@s.

Puede haber actitudes de los padres que son equivocadas, exageradas, desajustadas, como serían sus rigurosidades, durezas y autoritarismo;  sus debilidades, blanduras y mimos desmedidos; la aceptación absoluta de cuanto son y hacen los hij@s; las preferencias y el rechazo consciente o inconsciente; la sobreprotección y la sobreindulgencia;  las indiferencias y negligencias.    

La personalidad del padre y de la madre puede tener influencia negativa sobre el temperamento y la conducta de los hij@s.

Padres y madres dominantes,  que prefijan e imponen todo a sus hij@s: el perfil social y sexual, el perfil de la personalidad, hasta la profesión y pareja.

Padres gritones, violentos, malhumorados, que están siempre castigando y reprendiendo a sus hij@s, cada vez que se encuentran con ellos al llegar del trabajo o de viaje.

Los padres a veces no miden la gravedad del trauma del hij@ tierno que los ama y no se espera tantos gritos, tanta dureza, tanta brusquedad en el trato y en los castigos.

Eso equivale,  en la visión de su amor filial, a una negación del amor, y a sentirse rechazad@.

Así el niñ@ puede predisponerse a la depresión, al suicidio, a minusvalorarse, por no hablar de cosas más comunes como la  ansiedad, las alergias, el asma, la histeria.

Las influencias primarias, casi inconscientes,  de las actitudes y comportamientos de los padres, ocupan un vasto campo en la psique de los hij@s.

Hay hij@s que experimentan una fuerte influencia emocional, muy negativa, de sus padres vivos o difuntos.

Además todo depende si la influencia se recibe de los dos juntos, o solo de la madre o solo del padre.

Hay que insistir aquí en la dimensión personal del amor.

Si el amor es personalizante, interactivo, tendrá en el amor filial una respuesta adecuada, equilibrada, constante.

Si ese amor es posesivo, celoso y excluyente y crea en los hij@s la actitud pasiva de ser amado, servido, tratado, el amor filial no tendrá una respuesta adecuada en términos de ser  autosuficiente, seguro, estable y será fuente de desajustes en la personalidad.

Los hij@s perciben el amor de sus padres en todo lo que hacen y la manera como lo hacen, respondiendo a las múltiples y variadas circunstancias de la vida, del tiempo, de la sociedad, de la cultura, para educarlos y sacarlos adelante.

Esa manera influirá en los comportamientos de loshij@s, en su amor filial, y en el trato social.

Ell@s naturalmente son agradecidos y algo está funcionando mal si no lo son.

El amor paterno y el amor materno con la normal respuesta que es el amor filial han de evitar cuidadosamente todo lo que pueda producir heridas y traumas, vacíos y expectativas no logradas.

Casi siempre se producen en un contexto de amor aceptado o rechazado de parte de los padres y de los hij@s.

Ciertamente el amor es una conquista espiritual.

No es fácil para los padres ganarse el amor filial, más allá de imponer el cuarto mandamiento de la Ley de Dios.

El amor filial auténtico, ganado, conquistado, puede llenar de tal manera el corazón de los hij@s, que les vamos a evitar caer en las tentaciones de los vicios, de las adicciones, del abandono del hogar,  de las uniones y matrimonios anticipados.

Los niñ@s desde pequeñ@s nacen con un proceso de adaptación al amor de sus padres y a su amor filial.

A veces los padres no se dan cuenta de cómo está funcionando el proceso de adaptación, siempre difícil, porque no es algo solo instintivo.

A veces en los niñ@s tenemos miedos, depresión, fatiga, estrés, que traen alteraciones del carácter, bajo rendimiento académico, se orinan en la cama, viven con las defensas muy bajas, porque están soportando todos los  conflictos que hayen su familia y en la relación directa con sus padres.

Realmente es compleja la relación padre-madre-hij@.

El amor filial tiene también alguna relación con el amor fraterno que puede tener desajustes por celos, preferencias, comparaciones, discriminaciones en el hogar.

La educación recibida antes y después del matrimonio influye necesariamente en las relaciones junto con la que se da a los hij@s.

Los hij@s pagan de alguna manera la inexperiencia y falta de preparación de los padres, como también los hábitos que contraen los padres al pensar que la única manera de educar es la que ellos han llevado con los hij@s que han tenido.

No pensemos nunca que el niñ@ es un simple sujeto de educación, o de domesticación, que hay que encasillar en los preconceptos y prejuicios pedagógicos ancestrales de la familia.

También los padres deben dejarse educar de los hij@s, aprender a conocerlos como son, estar abiertos a su mundo tan diferente al que han vivido.

Los padres que se dejan educar de los hij@s, alcanzan unos resultados muy positivos, insospechados.

Los hij@s nos enseñan a no tratarlos desde lo alto, a nivel de sola autoridad; ell@s nos enseñan a ser personas condescendientes, que dialogan y escuchan, que proponen y sugieren.

La educación implica siempre un equilibrado manejo de estímulos físicos y sociales por parte de los padres y del entorno familiar.

No todo ha de estar movido por recompensas y castigos que nunca llevan a una adecuada motivación, sobre todo en el caso de castigos que pueden ser injustificables y no razonables para los hij@s y peor aún, si se trata de maltratos psicológicos, emocionales y físicos; de castigos que pueden herir sus sentimientos, lo que más quieren y aman.

Si queremos que el amor filial de nuestr@s niñ@s y mayores madure auténticamente necesitamos en nuestros  hogares una educación y una terapia grupal, familiar y de pareja, para que no hagamos transferencia de los conflictos, resabios, manías y desajustes de nuestra personalidad de adultos.

De otro modo vamos a tener hijos nerviosos, resentidos, agresivos, inestables, ansiosos, deprimidos, melancólicos, hipocondríacos, rebeldes, violentos o abúlicos.

La educación va a la par con el amor filial, crece y se robustece con ella, si es apropiada, si es personalizante, teniendo en cuenta el temperamento y el carácter de cada hijo e hija.

Esa educación no podrá ser como la que recibimos con otros parámetros y medios que correspondían a otros  tiempos y pudieron funcionar para nosotros.

El amor filial lo podemos debilitar con una educación de imposiciones y restricciones donde los objetivos y las pautas de conducta son impuestas sin miramientos, sin tener en cuenta las potencialidades íntimas del niñ@, su libertad, su creatividad, su espontaneidad, su bondad natural, su sentido de justicia, sus razonamientos simples y diáfanos.

Hoy en día los niñ@s de las nuevas generaciones nacen como adultos pequeños que nos desafían con sus percepciones y juicios sobre la realidad, sobre las personas, sobre las cosas y lo que nos puede parecer extraño  es más bien el fruto de una positiva evolución genética que nos invita más a una educación más estimulante de los valores, más creativa de actitudes y respuestas, más preventiva que represiva.

La autoimagen de los hij@s puede afectarse, y por lo mismo el amor a sus padres, por las imágenes equivocadas, distorsionadas que tuvieron de su personalidad, de lo que esperaban de ell@s una vez adult@s.

Hay padres que tienen una imagen rentable y promisoria de sus hij@s como quienes resolverán un día, en el futuro,  todos sus problemas de soledad, enfermedad, vejez, economía.

El tiempo puede decir  lo contrario y esto será muy frustrante para todos.

Todo deseo, expectativa y pretensión de los padres en este sentido debe someterse delante de los hij@s a un análisis sereno, objetivo, claro y amoroso.

La autoimagen positiva o negativa que los hij@s tienen de si mism@s está muy marcada por las relaciones que se han tenido con el padre, la madre o los dos.

Es muy importante dejar que el niñ@ vaya descubriendo su autoimagen, sin imponerle ni inducirle modelos, patrones, estereotipos, paradigmas.

La mejor ayuda está en brindarle en todo momento los medios para conocerse, autovalorarse y desarrollarse con realismo y equilibrio.

Las separaciones de los padres y su influencia en el amor presencial de los hij@s.

Las separaciones de los padres son siempre traumáticas a toda edad de la vida, sobre todo en la infancia y la adolescencia.

Por eso las separaciones puntuales y sobre todo e ldivorcio afectarán siempre a los hij@s.

Hay niñ@s que se deprimen ante el solo pensamiento de que sus padres se separen  y ya de adultos, el amor filial casi desaparece, como un mecanismo de compensación.

Los vacíos de amor y de ternura estarán clamando toda la vida en el corazón de los hij@s.

Se trata de los momentos de abandono, de las carencias afectivas de la niñez, de la adolescencia, de la juventud.

Pueden ser negativos los efectos de haber internado al niño desde una edad muy tierna en un instituto, alejándolo del amor de sus padres.

El trabajo del padre y de la madre pueden afectar el amor filial por las ausencias, falta de atención, de cuidado, de solicitud, desde la perspectiva del niñ@.

El amor filial es una respuesta a necesidades fundamentales del ser humano necesitado de protección, de atención a las exigencias vitales, de amor de familia y de grupo social.

Por eso pueden darse insatisfacciones, frustraciones, cuando desde niño se rompen bruscamente las relaciones  con los seres queridos, especialmente con la madre en la alimentación materna;  con el padre por el divorcio; con los hermanos, con el hogar, cuando el niñ@ se enfrenta sol@ al medio social de la guardería, de la escuela elemental y peor si es en orfandad.

Por eso hay que trabajar para llenar todos los vacíos del pasado que no se  han podido colmar o ajustar en la personalidad.

Lograr tener siempre la justa y positiva valoración de si mismo, ayuda a colmar muchos vacíos de etapas anteriores de la vida.

Las perturbaciones de la personalidad, de la afectividad, pueden tener origen en la infancia.

Puede ser hasta por el solo hecho de ser hij@ primogénit@, hij@ intermedio@, hij@ menor.

Hay comportamientos sociales de los hijos e hijas que son una respuesta a las relaciones que viven o han vivido con sus padres.

Sea por más, sea por menos, la calidad de la relación mutua que implica el amor filial, tendrá incidencia notable en la vida de las personas.

Las primeras relaciones que todo ser humano tiene nacen de la trilogía: amor paterno, amor materno y amor filial.

Y no solo son de tipo mental, psicológico, sino que afectan las neuronas que quedan especializadas, marcadas en ese tipo de relación y afectadas de por vida.

Parece un poco denigrante esta comparación aplicada al hombre: las neuronas de los animales quedan marcadas desde el primer momento de su existencia por lo que ven, oyen y reciben y por su respuesta a los“estímulos”.

Por eso las primeras relaciones de los padres con sus hijos en términos de amor son fundamentales en cuanto motivarán las respuestas que se tendrán a través de toda la vida.

Esto explica, en parte, por qué hay personas que responden abierta y espontáneamente al amor, al cariño, a la ternura y otras que son reticentes, cohibidas y tímidas. 

Durante toda nuestra vida nuestro corazón es frágil, sensible, impresionable. Es bueno reconocerlo para identificar realmente nuestros desajustes y disfunciones.

No está bien ocultarlo, o no darlo a entender: es peligroso para la salud mental y afectiva de la persona.

Pues bien, la época,  en que ese corazón es más impresionable hasta quedar marcado, es el tiempo de la concepción, de la infancia y de la adolescencia.

El amor filial, aunque la madre y el padre no lo perciban, puede  estar afectado desde la concepción, desde el vientre materno, desde los meses del embarazo, desde el mismo parto.

A veces necesitamos remontarnos a ese pasado para explicarnos, en parte, algunos desajustes del amor filial, de la personalidad.

Atención especial al lenguaje verbal y no verbal. Muchos de los problemas de lenguaje que encontramos en las personas, desde el tartamudeo hasta el miedo a hablar en público, se deben a la interacción que tuvieron nuestros padres desde niños.

Afecta muchísimo a los niñ@s cuando sus padres no entienden su lenguaje no verbal, sus llantos y no saben interpretarlos como un reclamo de sus insatisfacciones, ansiedades, temores, tristezas o malestares.

El amor filial tiene un lenguaje propio como todo amor, es muy importante que los padres sepan identificarlo y leer más allá de los sonidos, de los gestos.

Lo primero que funciona en nosotros y que puede ser manifestación de heridas, insatisfacciones y vacíos, es el lenguaje como un mecanismo de defensa o de agresión o medio para expresar vacíos interiores, necesidades, inseguridades.

Ese lenguaje no nace de la nada, sino de las profundidades interiores de la psique humana.

El lenguaje positivo o negativo como palabra, como gesto, tiene un origen en el corazón; pero ha sido también aprendido, pues los padres imponen inconscientemente patrones de lenguaje (verbal o no verbal), de comportamiento que luego los hij@s tendrán de por vida.

Por eso he indicado que aquí puede darse el proceso de las neuronas que se especializan desde la niñez en comportamientos como respuestas a los estímulos por medio de los gestos, de las actitudes no verbales, de las palabras  portadoras designos que el niñ@ va leyendo a través de los primeros años  y que van estructurando su personalidad, suyo, su manera de ver el mundo, la realidad,  las personas, su misma autoimagen.

El amor biparental o monoparental,  o sea, de padres de uno y otro sexo o de un solo sexo, inciden notablemente en el amor filial.

El amor filial implica, normalmente, el amor paterno y el amor materno.

Lo normal no es el monoparental, como es el caso de orfandad de padre o de madre.

Por su naturaleza el niño necesita ambos amores con la dimensión humana de la masculinidad y la feminidad y si privamos al niñ@ de esos amores estamos atentando contra su equilibrio afectivo y emotivo.

Por eso, en muchos casos, los  hijos de madre soltera, los no adoptados por pareja padre-madre, los que no han gozado, por lo menos desde los primeros años,  de un padre y de una madre, viven su amor filial con un dramático vacío de orfandad. 

Pero también puede darse de parte del hij@ un arelación marcada hacia el padre o hacia la madre.

Cuenta más su padre sobre la madre o su madre sobre el padre.

No quiero emplear la terminología psicoanalítica de los complejos de Edipo y de Electra en este caso, porque no estoy de acuerdo con la exagerada polarización de lo sexual.

Prefiero hablar más bien del apego, del amor filial más vertido (- apegado -) sobre uno de los padres con problemas serios para la pareja padre-madre.

Es aquí donde el amor filial es una verdadera conquista espiritual por parte de la pareja y trae para los hij@s esa seguridad y estabilidad afectiva tan necesaria en el desarrollo de su personalidad.

Si ambos son expresivos en el amor materno y paterno, igualmente sus niñ@s lo serán en el amor filial.

Nunca despreciemos la expresividad emocional.

También es normal admirar al padre, a la madre, y en algunos casos, sin condicionarse, tenerlos como un modelo, un paradigma de realización humana.

Sin embargo, habrá que hacer siempre un correcto psicoanálisis cuando un hijo o hija dice: “Papá es el hombre de mi vida”, “Mamá es la mujer de mi vida” para identificar la imagen que el amor filial está haciendo de los padres y el influjo benéfico o negativo que pueda tener en la realización personal.

Otras influencias negativas en el amor filial son por ejemplo:

- El tipo de relaciones difíciles que tuvieron los padres durante el embarazo y las discusiones por  una determinada identidad sexual de la criatura.

Todo lo negativo que pensaron sobre el futuro del hij@ puede afectar emotiva y afectivamente.

- Todo lo que en el hogar ha impedido, por prejuiciosy preconceptos, la igualdad de tareas, de responsabilidades como hombre y mujer, como hijo e hija.

- El ambiente tenso del hogar, cargado de ansiedades, tristezas, inseguridades, temores.

- Las enfermedades físicas, espirituales, mentales y estados de invalidez de los padres.

- Las adicciones de los padres que repercuten en la vida normal de los hij@s: drogas, alcohol, cigarrillo, casinos.

- Las desviaciones sexuales de los padres como la prostitución, el homosexualismo, el lesbianismo, el incesto.

4. La oración de sanación del amor filial

Lo invito a hacer esta oración por usted mismo como hij@, o como padre y madre, hacerla por sus hij@s, sin olvidar que también usted es hij@.

Con mucha frecuencia, cuando se hace esta oración se tiene  el descanso en el Padre.

Es una de las experiencias espirituales más bellas que nos comunica las ternezas, la paz y la misericordia del Padre Dios.

La oración se dirige a Jesucristo, el Hijo Único de Dios y es Él quien nos hace experimentar con el gozo del Espíritu Santo, ese descanso maravilloso que como Hijo Predilecto, tiene en el seno amoroso del Padre.

Al hacer esta oración apoyémonos en la poderosa intercesión de la Santísima Virgen, la Madre Admirable, la Hija Predilecta del Padre.

Visualícese  delante del Señor que l@ ama, l@ comprende, que lee lo más secreto de su corazón, quiere sanarl@ desde el día de su concepción juntamente con sus padres y restaurar toda su personalidad.

Señor mio y Dios mío: que al hacer esta oración el bálsamo de tu amor descienda sobre mi corazón y que tu paz abundante me abrace amorosamente.

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, me postro ante tu divina Majestad para adorarte unido a la Santísima Madre, a los Ángeles, a los Santos y Santas y a todas las criaturas del universo.

Padre Santo, te adoro y te alabo porque eres mi Padre, me permites llamarte Padre y me tratas como hij@ con inmenso amor.

Señor Jesucristo, te adoro y te alabo porque eres el Hijo Único del Padre y a través de Ti, el Padre me mira y me contempla con amor.

Espíritu Santo Paráclito, te adoro y te alabo porque has derramado el amor en mi corazón y me haces hij@ del Padre amoroso.

Te doy gracias, mi Señor, por el don de la vida que me has transmitido a través de mis padres.

Te doy gracias, Señor de la vida, por ese momento en que mis padres, con tu bendición, me engendraron, aceptaron el don de la vida y prepararon mi venida a este mundo.

Te doy gracias, Señor amabilísimo, gracias por ese amor de mi padre y de mi madre que han hecho posible mi existencia; por las entrañas de mi madre donde me permitiste estar nueve meses formándome, recibiendo el código genético con todo lo que mis padres me han trasmitido através de él.

Te doy gracias, Dios mío, por el día de mi nacimiento y los días que siguieron a él, con ese regalo maravilloso de ser hijo tuyo y de la madre Iglesia, cuando mis padres cumplieron con su deber y con mi derecho de ser bautizado.

Te doy gracias, mi Dios amoroso, porque me siento amad@ por mis padres; porque has puesto en mi corazón un amor muy grande por mi padre y por mi madre y por todos los buenos recuerdos que tengo de mis padres.

No me cansaré de darte gracias, mi Señor poderoso, por todas las espinas y momentos difíciles que he tenido en mi vida porque de ellos sacas grandes bendiciones para mí y para mis padres.

Con todo respeto y humildad quiero tomar tu palabra: “Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa” (Hch 16,31).

Hago mi profesión de fe en el poder de tu  salvación para toda mi familia.

Tu nos dices: “Mira que hago un mundo nuevo” (Ap 21, 5).

Quiero, por favor,  ese mundo nuevo para mí, para mis padres, para mis seres queridos.

Quiero escuchar en mi corazón lo que Tú quieras decirme ahora en esta oración para obedecerte y servirte con inmenso amor.

Con tu gracia quiero abrirme al perdón, recibirlo por mi pecados y ofrecerlo, especialmente a mis padres.

Perdón por todas las faltas contra mis padres, por las omisiones en el  amor, l a reverencia, el respeto, la obediencia, el afecto, la comprensión y la atención en sus necesidades materiales y espirituales.

Al mismo tiempo que agradezco a mis padres todo el bien que me han hecho, tantos valores que me han transmitido, - sé Tu Mismo su recompensa, mi Señor, - quiero perdonarlos con inmenso amor.

Quiero disponerme así a suplicar tu misericordia para que sean sanadas mis heridas y también las de mis padres.

Sana, Señor, aquello que me bloquea al expresar mi amor a mis padres.

Pongo en tus manos, Señor poderoso y misericordioso, mi situación personal de hij@ que quiere amar realmente a mis padres.

Tú sabes muy bien lo que hay que hacer.

Manifiesta amorosamente tu poder y tu amor.

Por favor, te lo suplico con toda humildad.

Gracias, una vez más, por que soy tu hij@, mi Dios Padre, fruto de una historia de amor que se inició con mi concepción y que sigue adelante porque siempre he estado y estaré  en tus manos amorosas.

Gracias por que esta oración restaurará mi personalidad y me dará los medios para emprender una vida nueva sin ataduras, sin condicionamientos del pasado.

Lo siento mucho y por eso de nuevo, te pido perdón, Señor, por todas mis faltas, por mis omisiones en el cuarto mandamiento, en el amor, el respeto, la obediencia y la asistencia física y espiritual a mis padres.

Sana, Señor amoroso, las heridas, los resentimientos, los complejos, los vacíos de amor y de ternura.

Vienen a mi mente, Señor, recuerdos dolorosos: no quiero  condenar o justificar las actitudes de mis padres.

Simplemente perdono lo que me parece mal y dejo todo en tu Corazón Misericordioso.

Te prometo, Padre mío, no cometer con mis hij@ los errores que mis padres tuvieron conmigo.

Quiero corregir con amor, perdón y paz, cualquier comportamiento negativo mío, y así tener un bello renacer en la relación mutua con mis padres.

Que renazca el amor profundo, generoso, entregado en mil detalles.

Quiero, con tu gracia, sentir un amor cálido, espontáneo, gozoso, entretenido, serenamente posesivo por mi madre y por mi padre y extenderlo a mis  abuel@s.

Sé que la vida es breve y quiero recuperar el tiempo perdido, llenar con amor los vacíos, derribar los muros, acortar las distancias y dejar en el corazón de mis padres la memoria del más grande amor.

Sana, Señor poderoso, los hechos, las circunstancias, los acontecimientos, de mi vida familiar, y las actitudes determinantes de mis padres que han influido desde la concepción en mi personalidad.

Restaura, Señor, aquellas etapas de la niñez y de la adolescencia que no han sido superadas, las relaciones artificiales, no espontáneas, poco cargadas de amor.

Destruye las consecuencias que mis relaciones con mis padres han tenido en mi vida social y en la convivencia con mis herman@s y otras personas.

Colma el vacío que quedó en mí cuando no he podido expresarme, y cuando no he podido adaptarme a la realidad y vivir en el medio social propio de mi edad, porque mis padres no me pudieron comprender o me infundieron una percepción equivocada de la realidad y de las relaciones con las personas.

Sana, mis frustraciones porque no han aceptado mis cualidades, no me han apoyado para desarrollarlas, y no se han fiado de mí.

Cancela Espíritu Santo la memoria negativa que hay en mis células y en mis  neuronas de toda relación no agradable que haya tenido con mis padres, y así pueda expresarles mejor mi amor.

Restaura en mí los procesos cognitivos, el aprendizaje, el estudio, la memoria, que puedan haber sido afectados en el pasado por la relaciones con mis padres.

Elimina y simplifica, Señor, mis complejos de inseguridad, de inferioridad, de superioridad, de culpabilidad, de machismo, de feminidad, de pobre, de rico, de inteligente, de bruto, de fealdad, de belleza, que he contraído desde niñ@ y adolescente o que mis padres han hecho  nacer con sus palabras y gestos no verbales de desprecio, de indiferencia, de crítica.

En particular, Señor, pon tu mano amoroso en ese complejo de apego o desapego desmedidos a mis padres; de esos amores u odios compulsivos;  de las imitaciones o rechazos de la conducta de mis padres;  de mis atracciones o rechazos sexuales de mi padre, de mi madre o de los dos;  del machismo y del feminismo que me han infundido; y de las fobias hacia actitudes, maneras de ser y de pensar, hacia comportamientos sociales, religiosos, políticos de mi  padre, de mi madre o de los dos.

Rompe, Señor la cadena negativa de actitudes, de conductas, de maneras de ser y de pensar, de enfermedades, defectos, adicciones, transmitidas por mis padres a través del código genético.

Destruye en mí las consecuencias que ha dejado en mi personalidad las actitudes equivocadas, exageradas, desajustadas, como serían sus durezas, violencias, rigurosidades y autoritarismo, sus debilidades y blanduras, la aceptación desmedida, las preferencias y el rechazo consciente o inconsciente, la sobreprotección y la sobre indulgencia, las indiferencias, las negligencias, en fin todo lo que pueda tener influencia negativa sobre mi temperamento y mi conducta, sobre mi perfil social y sexual, mi personalidad, mi profesión y estado actual.

Perdono, mi Señor, todos los castigos y reprimendas que nunca pude justificar ni encontré razonables y que por su brusquedad interpreté como una negación del amor, como un rechazo.

Perdóname, Señor, si alguna vez, por esas situaciones, me deprimí o atenté contra mi vida, o quise abandonar el hogar o busqué una adicción o compañías inconvenientes.

Perdóname, también si en el amor a mis herman@s hubo desajustes por celos, preferencias, discriminaciones en el hogar.

Perdono a las personas que han herido mis sentimientos, lo que más quiero y amo; que han hecho difíciles mis amistades e imposible el amor de mi vida.

Destruye, Señor, todas aquellas cosas del pasado familiar, que han dejado en mí secuelas que me mantienen nervios@, agresiv@, inestable, ansios@, deprimid@, melancólic@, hipocondríac@, rebelde, violent@ o abúlic@.

Restaura, mi autoimagen malograda por las imágenes equivocadas, distorsionadas que tuvieron de mi personalidad, de lo que esperaban de mí.

Sana los traumas de mi niñez por separaciones de mis padres, porque ante sus peleas me sentía poca cosa, sin valor ante ellos.

Llena con tu amor y tu ternura todas las rupturas sentimentales y afectivas de mi vida, todos los momentos de abandono, las carencias afectivas de mi niñez, de mi adolescencia, de mi juventud; las ausencias de mis padres, la falta de atención, de cuidado, de solicitud, que han llenado mi vida de insatisfacciones, frustraciones, y ansiedades.

Sana, Dios tierno y amoroso, todas las perturbaciones de  mi personalidad, de mi afectividad, que tengo desde la infancia; todas mis experiencias traumáticas.

Espíritu de fortaleza, de paz, de equilibrio y de amor, derrama el bálsamo sobre mi corazón frágil, sensible, impresionable, nacido para dar y recibir el amor y que por falta de comprensión se llenó de insatisfacciones, ansiedades, temores, tristezas.

Colma ese vacío profundo de amor que tengo de padre, de madre, de herman@s y llena mis orfandades con tu amorosa presencia.

Pongo en tus manos, Señor amoroso, todo lo que en el hogar ha impedido, por prejuicios y preconceptos, la igualdad de tareas, de responsabilidades como hombre y mujer, como hijo e hija.

Pongo en tu Corazón el ambiente tenso del hogar, cargado de ansiedades, tristezas, inseguridades, temores.

Abandono a tu Poder y a tu Gracia, las enfermedades físicas, espirituales, mentales y estados de invalidez de mis padres.

Ato a tu Cruz gloriosa las adicciones de mis padres que repercuten en mi vida por drogas, alcohol, cigarrillo, casinos,  lo mismo que sus desviaciones sexuales y sus infidelidades.

Te suplico, Señor mío, que mis padres fallecidos estén gozando de tu descanso eterno y que se rompa toda atadura negativa y mutuamentenos demos bendición.

Con toda humildad me hago ofrenda de amor por mis padres para que sean sanadas  plenamentemis relaciones filiales.

Gracias, Señor de la vida y del amor, porque me das un corazón de carne para amar tiernamente a mis padres y has extirpado como si fuera un tumor ese corazón duro que palpitaba de rabia, de odio, de rencor, de resentimiento, contra mis padres.

Me comprometo a recuperar el tiempo perdido cuando podría haber disfrutado del amor más bello de mi madre y de mi padre, a quienes bendigo desde la hondura de mi alma.

Gracias, Señor porque puedo sentirme mejor después de esta oración, ha mejorado mi amor filial, se sanan muchas heridas, se colman los vacíos de amor y de ternura, de atención y de protección y mis relaciones con mis padres serán nuevas y muy positivas.

Ya he perdonado de corazón a mis padres y así como Tú perdonas los pecados y no te acuerdas más de ellos (Jr 31, 34; Hb 10, 17), también yo cancelaré y olvidaré desde hoy lo negativo de mis padres.

Gracias, Señor adorable, por esta vida nueva que inicio como si fuera un nuevo nacimiento sin historia negativa con mis padres, con deseos inmensos de amar y de ser amado, porque tu Amor, tu Gracia y tu Poder me acompañan.

Gracias mis amados intercesores que me apoyáis en esta oración y me alcanzáis de mi Señor Jesús los dones de la liberación y de la sanación interior. Gracias y bendiciones, Virgen Madre Admirable, Santo Ángel Custodio,  san Juan Eudes, Santos y Santas del cielo con mis queridos Ancestros que ya gozan del Señor.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre por lo siglos eternos. Amén.

 
      Conclusión:

Lo invito a hacer esta oración muchas veces, por usted mismo o por sus padres o por sus hij@s.

Este es el regalo que con tanto amor quería hacerle a usted, porque le deseo lo mejor.

Que usted pueda abandonarse al amor de sus padres y ellos se abandonen también a su amor de hijo y de hija.

Y que todos como niños nos abandonemos al amor del Padre, del Señor Jesús y del Espíritu Santo y que la Madre del Amor hermoso nos cobije  con su ternura.

Higinio A. Lopera E. eudista

Centro San Juan Eudes

ORACION DE SANACION FISICA
 
 
 (Por el Padre Emiliano Tardif)
 
Señor Jesús, creo que está vivo y resucitado. Creo que está realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar  y en cada uno de los que en tí creemos. Te alabo y te adoro. Te doy gracias, Señor, por venir hasta mí, como pan vivo bajado del cielo. Tú eres la plenitud de la vida. Tú eres la resurrección y la vda. Tú eres, Señor, la salud de los enfermos.
 
Hoy quiero presentarte todas mis enfermedades porque tú eres el mismo ayer, hoy y siempre y tú mismo me alcanzas hasta donde estoy. Tú eres el eterno presente y tú me conoces....
 
Ahora Señor, te pido que tengas compasión de mí. Visítame a través de tuEvangelio para que todos reconozcan qu etu estás vivo en tu Iglesia hoy; y que se renueve mi fe y mi confianza en tí. Te lo suplico, Jesús. Ten compasión de mis sufrimientos físicos, de mis heridas emocionales y de cualquier enfermedad de mi alma.
 
Ten compasión de mí, Señor. Bendíceme y haz que vuelva a encontrar la salud. Que mi fe crezca y me abra a las maravillas de tu amor, para que también sea testigo de tu poder y de tu compasión.
Te lo pido, Jesús, por el poder de tus Santas llagas, por la Santa Cruz y tu preciosa sangre. Sáname Señor. Sana mi cuerpo, sana mi corazón, sana mi alma.
 
Dame vida y Vida en abundancia. Te lo pido por intercesión de María Santísima, tu madre, la Virgen de los Dolores la que estaba presente, de pie, cerca de la cruz. La que fue la primera en contemplar tus Santas Llagas y que nos diste por Madre.
 
Tú nos has revelado que ya has tomado sobre tí todas nuestras dolencias y por tus Santas Llagas hemos sido curados.
 
Hoy, Señor, te presento en fe todas mis enfermedades y te pido que me sanes completamente. Te pido, por la gloria del Padre del cielo, que también sanes a los enfermos de mi familia y a mis amigos. Haz que crezcan en la fe, en la esperanza, y que reciban la salud para gloria de Tu Nombre. Para que tu Reino siga extendiéndose más y más en los corazones, a través de los signos y prodigios de tu amor. Todo esto te lo pido, Jesús mio, porque tú eres Jesús Nuestro Señor.Tú eres el buen pastor y todos somos ovejas de tu rebaño.
 
Estoy tan seguro de tu amor, que aun antes de conocer el resultado de mi oración, en Fe te digo: Gracias Señor Jesús, por lo que tú vas a hacer en mí y en cada uno de ellos.
 
Gracias por las enfermedades que tú estás sanando ahora, gracias por los que tú estas visitando con tu Misericordia.
 
Amén.
 
 

SANACIÓN

DEL

AMOR

FRATERNO

HIGINIO A.LOPERA E. cjm.

CENTRO SANJUAN EUDES

 
1. Sus herman@s son la más bella compañía que Dios le ha dado para caminar en la vida.

Lo invito a entrar en un momento de paz, de sosiego en el que usted pueda sentir  la ternura del Padre Dios, de ese Dios amorosísimo que es también  el Padre tierno de sus herman@s de carne y hueso.

Llénese del amor y de la ternura del  Corazón de Jesucristo, Nuestro Hermano Adorable.

Abandónese a las gracias y dones del Espíritu Santo  para recibir una gran capacidad de amor y de perdón.

Póngase al abrigo de la Madre Admirable para que Ella lo cubra con su amor.

Piense que sus herman@s están con Jesús que los ama tanto que ha entregado su Cuerpo y ha derramado su Sangre por ell@s.

Piense en la manera tan increíble como el Señor y la Madre del Cielo aman a sus herman@s.

Si usted es amad@ grandemente por Dios, el Padre de las misericordias, piense que también sus herman@s son igualmente amad@s.

Sus herman@s son la más bella compañía que Dios le ha dado para caminar en la vida.

Dios Padre nos ha dado a los herman@s para amarlos, y para tener a la mano el amor más cercano, más abierto, más espontáneo, más simple.

Son un tesoro que hay que cultivar, cuidar y disfrutar.

Ahora lo invito  a pensar sobre aspectos muy concretos de sus herman@s, de su temperamento, de su carácter, de sus diferencias, como quien ve un diamante, tallado en las mismas entrañas donde usted fue tallado con 58 y más facetas, siendo cada una de ellas un hermoso lado de su hermano, de su hermana.

Por eso lo invito a ver siempre las facetas o planos sesgados de esos diamantes que Dios le ha dado en sus herman@s, sin dejar de lado, esos puntos que hay que labrar, pulir con delicadeza, con amor, porque son frágiles.

Piense, entonces:

¿Qué valores tiene cada un@?>

¿Qué es lo más bello que ha recibido de sus herman@s?>

¿Qué cosas negativas encuentra en sus herman@s?>

¿Ha tenido algún trauma o experiencia difícil con sus herman@s?>

¿Qué cree usted que pueda ofrecer a sus herman@s?>

¿Qué dicen de usted sus herman@s?>

¿Ha experimentado su amor, su amistad, sus cuidados?

¿Hay algo en usted que no gusta a sus herman@s?>

¿Piensa que hay algo que bloquea el amor,  la relación sencilla, el trato continuo  con sus herman@s?>

¿Ha sentido en su vida lo que es el amor entrañable de un hermano?

¿Ha sentido en su vida el amor cálido, tierno, de una hermana?

¿Ha peleado usted con sus herman@s?>

Estas preguntas tienen tanta importancia porque Dios nos ha dado a los herman@s para que sean nuestros mejores compañer@s y amig@sen el camino de la vida.

El amor fraterno es esa relación tierna, cálida, sincera, entre los hij@s de un mismo padre y de una misma madre.

Es una forma de amor única, perpetua, que va más allá de la muerte.

En muchos lugares de la Biblia, p.e. en los libros del Levítico y del Deuteronomio, se emplea la palabra “hermano”. Pero hay que distinguir si se trata del hermano, del prójimo, como aquel que forma parte del mismo pueblo de Israel o si serefiere  expresamente al hermano de familia, de carne, de sangre.

No me refiero, pues  al amor al prójimo, que con frecuencia llamamos “amor fraterno” sino a ese amor que tiene una dimensión familiar, de grupo, de consanguinidad.

El amor fraterno entre herman@s de sangre y hueso, esprecisamente el  paradigma del amor  a los demás, de la fraternidad humana, porque todos somos hijos e hijas de Dios.

2. El amor fraterno con las relaciones que implica es uno de los más bellos, alegres, confiables y  gratificantes de la vida humana.

Cada palabra es importante en esta visión polifacética de esta forma de amor.

Es un amor bello porque normalmente es ajeno a todo interés material, físico.

Es un amor alegre porque normalmente nada debería empañarlo ni quitarle su maravillosa gratuidad.

Es un amor confiable porque no hay ser humano más digno de nuestro amor, más digno de fiar, con el de nuestros padres, que el de los herman@s.

Es un amor gratificante por la gran satisfacción que trae servir incondicionalmente a los herman@s, al mismo tiempo que se reciben grandes bendiciones del Padre de todos.

El nombre más bello que han inventado los griegos ha sido el nombre de FILADELFO: el amigo del hermano, el que ama al hermano.(Tengo un hermano que se llama Filadelfo).

FILADELFÍA puede ser la palabra derivada que expresalo que es el amor fraterno.

Este amor ocupa prácticamente todo el marco de nuestra existencia, excepcionalmente se nace sin tener un herman@ que se alegre y excepcionalmente se muere sin tener un herman@ que nos llore.

Los padres nos acompañan un tiempo, los herman@s toda la vida, sobre todo cuando se trata de familias numerosas.

Cuántos hace muchos años estamos sin la compañía de nuestros padres ya fallecidos, y sin embargo,  por años y años,  tenemos la insustituible compañía de herman@s.

Es el caso normal de estar con herman@s desde la niñez hasta la vejez.

3. Un amor precioso, diamantino, sometido a heridas, cadenas y esclavitudes.

¿Cómo no agradecer cada día ese amor precioso, multifacético como el diamante, que Dios nos ha regalado y descubrirlo siempre como tal?

Como en el caso de los grandes amores, también el amor fraterno puede recibir heridas muy profundas, cargar con cadenas que bloquean sus manifestaciones y estar sometido a esclavitudes que arrebatan lo más bello del amor, que es  la espontaneidad y la diafanía de lar elación.

Los herman@s pueden producirse grandes heridas queduran toda la vida, y que se graban en la neuronas, como si la emotividad y lasensibilidad recibieran un golpe mortal.

Los herman@s pueden cargar, por herencia, por ancestros, por falta de sus padres, con pesadas cadenas que llevan sin culpa y que hacen explicables muchos comportamientos que no tienen sentido ni justificación entre herman@s. 

Los herman@s pueden ser víctimas y victimari@s de esclavitudes, de imposiciones, de dominios de parte y parte que convierten el amor fraterno en un suplicio, en un infierno.

Vemos, entonces, la necesidad de ser sanado, liberado con el poder del Señor.

4. Un amor fraterno sano y generoso.

Me permito traer tres parábolas de dominio público, conocidas,  sobre el amor fraterno sano, como un ideal de Filadelfía.

Visualice estas tres bellas parábolas:

Amor en la lata de leche: primero, el otro.

Eran dos hermanitos en puros harapos, uno de cinco años y el otro de diez.

Iban pidiendo un poco de comida por la calle que rodea la colina.

- “Vayan a trabajar y no molesten”. Se oía detrás de la puerta.

- “Aquí no hay nada, pordioseros”. Decía otro.

Las múltiples tentativas frustraban, entristecían  a los niños.

Por fin, una señora muy atenta les dijo:

- “Voy a ver si tengo algo para ustedes, pobrecitos”.

Y volvió con una lata de leche.

¡Qué fiesta!

Ambos se sentaron en la acera.

El más pequeño le dijo al de diez años:

- “Tú que eres el mayor, toma primero”.

Y lo miraba con sus dientes blancos, con la boca medio abierta, relamiéndose.

Yo contemplaba la escena entre sorprendido y consternado.

¡Si vieran al mayor mirando de reojo al pequeñito!

Se llevaba la lata a la boca y haciendo de cuenta que tomaba, apretaba los labios fuertemente para que no le entrara ni una gota de leche.

Después, extendiéndole la lata, le decía al hermano:

“Ahora es tu turno. Sólo un poquito”.

Y el hermanito dando un trago exclamaba:

- “Está sabrosa”.

- “Ahora yo”, decía el mayor.

Y llevándose a la boca la lata, ya medio vacía, no bebía nada.

- “Ahora tú”.

- “Ahora yo”.

- “Ahora tú”.

- “Ahora yo”.

Y después de tres, de cuatro, de cinco y seis tragos, el menorcito de cabello ondulado, barrigoncito, con la camisa afuera, se tomó toda la leche él solito.

Esos - “Ahora tú”. - “Ahora yo”, me llenaron los ojos de lágrimas.

Y, entonces, sucedió algo que me pareció más extraordinario.

El mayor comenzó a cantar, a danzar, a jugar fútbol con la lata de leche vacía.

Estaba radiante, con el estómago vacío, pero con el corazón rebosante de alegría.

Brincaba con la naturalidad de quien no hace nada extraordinario, o aún mejor, con la naturalidad de quien está habituado a hacer cosas extraordinarias sin darles mayor importancia.

El amor fraterno que piensa en el otro.

La historia cuenta que había dos hermanos que se querían con toda el alma.

Ambos eran agricultores.

Uno se casó y el otro permaneció soltero.

Decidieron seguir repartiendo toda su cosecha a medias.

Una noche el soltero soñó:

¡No es justo! Mi hermano tiene mujer e hijos y recibe la misma proporción de cosecha que yo que estoy solo.

Iré por las noches a su montón de trigo y le añadiré varios sacos sin que él se de cuenta.

A su vez el hermano casado soñó también una noche:

¡No es justo! Yo tengo mujer e hijos y mi futuro estará con ellos asegurado.

A mi hermano, que está solo, ¿quién lo ayudará?

Iré por las noches a su montón de trigo y le añadiré varios sacos sin que él se de cuenta.

Así lo hicieron ambos hermanos.

Y ¡oh, sorpresa!, ambos se encontraron en el camino, una misma noche, portando sacos uno para el otro.

Se miraron, comprendieron lo que pasaba y se abrazaroncon un abrazo de hermano, aún más fuerte, y para siempre.

 

Las manos fraternas, generosas… orando.

En el siglo XV, en un pueblito cerca de Nuremberg, Alemania, vivió una familia de 18 hijos. ¡Dieciocho!

Para simplemente mantener comida sobre la mesa para esta multitud, el padre y cabeza de la familia, que era relojero por profesión, trabajó casi dieciocho horas al día en su profesión junto con otros varios trabajos que podía encontrar en su vecindad.
A pesar de su aparentemente desesperada condición, dos de los hijos del padre Albrecht Dürer tenían un sueño de que los dos podían algún día perseguir una carrera de arte.

A la vez, sabían que su padre nunca podía pagar para mandarlos a estudiar a la Academia de Arte en Nuremberg.
Después de muchas discusiones por las noches en una cama bien llena con hermanos, los hermanos hicieron un pacto entre los dos.

Al echar una moneda al aire, el que perdiera, bajaría a las minas cerca de la casa a trabajar y así sostendría los estudios de su hermano en la Academia de Arte.
Luego, cuando el hermano que ganó el cara de la moneda  terminara sus estudios que serían cuatro años, él sostendría a su otro hermano - o con las ventas de su arte o, si fuera necesario, trabajando en las mismas minas.
Echaron a cara o cruz  después del culto dominical. Albrecht Dürer hijo, ganó y su hermano Albert bajó a las minas peligrosas para empezar su parte del pacto.

Por los siguientes cuatro años, Albert fielmente pagó por los estudios de su hermano, cuyos trabajos de arte fueron un éxito casi de inmediato.

Sus trabajos de madera, pintura y dibujos eran todos mucho mejores que los de sus propios maestros y para cuando se graduó, estaba ganando bastante dinero por sus obras.
El joven artista regresó a su pueblito y la familia Dürer hizo una fiesta de comida en la casa para celebrar el triunfo de Albrecht.

Después de una buena y larga comida memorial, amenizada  con música y risa, Albrecht se levantó de su posición de honor en la mesa para brindar por su amado hermano, por sus años de sacrificio que hizo para que Albrecht pudiera cumplir con sus deseos de ser artista.

Sus palabras al concluir su discurso fueron: “Y ahora mi querido y bendito hermano mío, ahora será tu turno. Tu ahora podrás ir a Nuremberg para perseguir tu propio sueño mientras que yo ahora te mantengo con todo lo que necesitas”.
Todas las cabezas de los reunidos en la mesa dieron la media vuelta para ver la cara de Albert que estaba sentado al otro extremo de la mesa.

Lágrimas estaban trazando su triste cara mientras Albert manifestaba  con su cabeza, de lado a lado, diciendo, “No, no, no, no”.
Al fin, se levanta Albert, limpia sus lágrimas de sus mejillas, mira a las caras de su amada familia y, levantando cuidadosamente sus manos y colocándolas cerca de su mejilla derecha dijo con mucha ternura, “No, hermano. Ya no puedo ir a Nuremberg. Para mí es demasiado tarde. Mira...mira lo que cuatro años en las minas han hecho a mis manos. Los huesos de cada dedo han sido destrozados por lo menos una vez y ahora, a causa del trabajo en las minas,

estoy sufriendo de artritis en mi mano derecha, tanto que ni puedo levantar mi vaso y brindar en honor tuyo, mucho menos tratar de pintar y dibujar. No hermano, para mí es demasiado tarde."
Más de 450 años han pasado. Hoy en día las  obras de arte de Albrecht Dürer aparecen en casi todos los museos más importantes del mundo.

Pero es posible que usted, como casi todos en el mundo, reconocerán solamente una obra de Albrecht Dürer y a lo mejor tiene una reproducción de esta obra colgada en su casa u oficina.

Un día, para hacer homenaje a todo lo que sacrificó su hermano Albert, Albrecht Dürer cuidadosa y detalladamente dibujó las manos lastimadas de su hermano. Las llamó simplemente "Manos" pero el mundo entero abrió su corazón a esta gran obra del maestro y la titularon "Manos Orando".

Bendito sea su corazón porque usted es el protagonista de éstas y de muchas más historias conmovedoras de amor fraterno.

5. ¿Sanar de qué?

En el cuestionario inicial, seguramente usted se ha dado cuenta de relaciones con sus herman@s que no andan bien.

La convivencia desde el seno materno, y desde el seno del hogar,  a través de la niñez, de la adolescencia y de todas las etapas de la vida, puede dejar heridas muy profundas, que la misma falta de perdón, hace que envenenen el alma.

Si no tenemos una auténtica sanidad y liberación interior, el amor fraterno puede estar enfermo por defecto, por exceso o por desviaciones.

El amor fraterno puede estar enfermo  por defecto: odios, resentimientos, rencores, venganzas, celos, rivalidades, indiferencia, alejamiento, despreocupación, olvido.

El amor fraterno puede estar enfermo por exceso: dependencias exageradas, apegos compulsivos, ataduras sentimentales y afectivas.

El amor fraterno puede estar enfermo por desviaciones, generalmente de tipo sexual.

El auténtico amor fraterno, entre herman@s no tiene que ver nada con lo sexual que pueda llevar al incesto.

Pero se pueden dar ataduras incestuosas o haber experimentado una violación por parte de hermano o de hermana.

Hay ambientes promiscuos por pobreza, por espacios limitados para la convivencia familiar, que pueden ser ocasión para desviaciones del amor fraterno.

Sin entrar en muchos detalles, ya usted puede iridentificando, al analizar sus relaciones con sus herman@s, las heridas, los recuerdos negativos, las cadenas, las esclavitudes y las ataduras.

Pero no piense solo en lo que sus herman@s le han hecho, piense también, honestamente,  en lo que usted ha hecho a sus herman@s.

Con el perdón mutuo, es necesario sanar todo lo que impide a los herman@s verse, tratarse, encontrarse, volver a estar juntos, a compartir espontáneamente y con gusto la vida familiar, los encuentros, las fechas y acontecimientos de familia.

La sanación es urgente porque la vida es breve y tenemos que recuperar el tiempo perdido para amar, para compensar, para restaurar las relaciones menguadas o acabadas.

6. La terapia preventiva.

Ciertamente la mejor terapia para todo desajuste de la personalidad y de las relaciones interpersonales,  es la prevención, todo aquello que en el hogar favorezca unas relaciones fraternas sencillas, cálidas y sanas.

Los padres son los educadores del auténtico amor fraterno, según incidan en la manera como tratan a su hijos, si crean en ellos actitudes de rivalidad, de división, si hacen comparaciones o tienen preferencias o si están atentos al cultivo continuo de los valores cristianos de la caridad, de la comprensión, de la ayuda mutua, del servicio y del perdón.

La educación recibida en el hogar, la manera como los padres han tratado a sus hijos y les han ayudado a superar sus diferencias, peleas, rivalidades, preferencias, va a influir en la maduración del amor fraterno y evitar problemas para el futuro.

Es importante tener en cuenta realidades que parecen detalles sin importancia y que influyen muchísimo.

Por ejemplo: la educación debe estar  atenta al puesto que ocupan los hij@s en el hogar como primogénit@, intermedi@ o últim@; se ha de tener en cuenta al hij@ que nace después de un aborto.

El hogar es la escuela donde los herman@s aprenden a amarse respetando su condición de hombre y de mujer.

El amor fraterno se ha de expresar cariñosamente en el compañerismo, en el compartir, en fiarse uno del otro.

Las peleas, las discusiones que menudean entre los herman@s deben ser objeto continuo de perdón y de enmienda.

El convivir con los herman@s amándose, tolerándose, discutiendo, perdonándose y volviendo a estar juntos, nos ofrece el mejor paradigma de la convivencia humana donde siempre tendremos dificultades, pero si las hemos sabido llevar como herman@s, trataremos todo con madurez, con perdón, con tolerancia, con toda clase de personas.

El comportamiento social de las personas va a depende rmucho de las relaciones que se han vivido a través de toda la existencia con los herman@s.

Así, el hogar deber ser la mejor escuela del amor fraterno, sobre todo cuando vemos que nuestras instituciones educativas todavía tienen sistemas pedagógicos que crean en el niño y en la niña actitudes como la rivalidad, la agresividad, la venganza, la competitividad, que impiden a los niñ@s comprender y vivir el amor fraterno en el mismo hogar.

Por otra parte, como cristianos, no podemos dar testimonio de Vida, si no amamos a los que están más cerca de nosotros.

Lo malo es que el pecado acecha las relaciones fraternas.

La Biblia nos muestra, desde los orígenes, lo frágil que es el amor entre herman@s, desde Caín y Abel:  es como si ese amor estuviera desde el principio herido por el pecado.

La Biblia que nos inspira en la oración de sanación que vamos a realizar, nos ofrece un panorama hermoso y al mismo tiempo dramático de las relaciones entre herman@s, que nos da a entender por que hay que  orar por sanación, porliberación,  por rompimiento de cadenas y ataduras entre los mismos herman@s.

Es terrible constatar que cosas que no se dan entre extraños y enemigos, se dan espantosamente entre herman@s.

 

7.La oración de sanación del amor fraterno.

 

 

Cada plegaria, cada referencia a algunos textos de la Biblia, quiere ser un programa nuevo de convivencia con nuestros herman@s para quienes pedimos la sanación y la liberación interiores.

Al orar con amor, fe y entrega por nuestros herman@s, pensemos en nosotros mismos, necesitados de esa misma sanación y liberación que estamos pidiendo en el nombre de Jesucristo, nuestro Bendito Dios y Salvador.

Lo invito a hacer esta oración con mucha frecuencia, sol@ o acompañad@ de sus herman@s.

Te adoro, Trinidad Santísima, Padre, Hijo y Espíritu Santo,  Divina comunidad del Amor, fuente de la vida de todo hogar, de toda familia.

Te adoro Santísima Trinidad, por el amor que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han derramado en nuestros hogares con la gracia del sacramento del matrimonio.

Gracias, Señor, porque me has formado con mis herman@s en un mismo vientre, con el mismo amor, con la misma ternura.

Gracias, Señor, porque somos fruto del amor de nuestros padres.

Gracias, Señor,  porque tu has querido hacer que mis herman@s sean los compañeros de toda la vida, Tú mismo me los has escogido para ser mis herman@s.

Sana, Señor, todo lo que es de la concepción, del embarazo y de los primeros días de mi infancia y pueda tener influencia negativa en mis relaciones con mis herman@s.

Te pido perdón por todas las omisiones, indiferencias, ausencias, separaciones, en el amor a mis herman@s.

Perdón, Señor mío, por odios, rencores, resentimientos, venganzas, con mis herman@s.

Perdono con todo el amor de mi alma las faltas y desconsideraciones de mis herman@s.

Perdono los celos, las rivalidades en las relaciones con mis herman@s.

Sana, Señor, todo lo que en nuestro código genético, en nuestra herencia ancestral, comporte divisiones, desamor, odios, rivalidades, rencores.

Enséñanos, Señor, a aceptar buenamente  nuestras diferencias, entre herman@s, nuestras maneras de ser, de pensar y de actuar y que no sean motivo de altercados.

Señor, aleja de todos los hogares el espíritu maligno que se apoderó de Caín, que nunca seamos  seducidos para matar física o espiritualmente a nuestros herman@s (cf. Gn 4, 8).

Señor, protector de los hogares, haz que los herman@s seamos guardianes solícitos y respetuosos los unos de los otros (cf. Gn 4,9).

Padre amoroso, que nunca clame hacia Ti, el mal que podamos haber hecho a nuestros herman@s y que el amor a ell@s nos traiga siempre tus bendiciones (cf. Gn 4, 10-11).

Jesucristo misericordioso, nuestro Hermano Mayor, que nunca seamos causa de maldición por nuestro comportamiento en el hogar y que nuestro servicio a los herman@s sea la más bella bendición (cf. Gn 9, 25).

Señor, protector de los que siguen tu camino, haz que en nuestra peregrinación por este mundo podamos contar con la compañía de nuestros herman@s  (cf. Gn 12, 5).

Padre Dios que nos has dado herman@s, inúndanos de tu amor paternal, para que reconociéndonos herman@s, alejemos de nosotros toda discusión, disputa y división (cf. Gn 13, 8).

Dios de la vida y de la libertad, concédenos ser instrumentos efectivos de liberación de nuestros herman@s víctimas de la violencia, del terrorismo, del secuestro, de las injusticias (cf. Gn 14, 15,16).

Dios todo providente que cuidas de todos los hombres, te pedimos especialmente por nuestros herman@s que han tomado algún estado, que se han casado o se han consagrado, concédeles la prosperidad material y espiritual en todos sus proyectos y ser liberad@s de todo mal y peligro (cf. Gn 24, 60).

Dios Padre que nos has formado en las entrañas de nuestras madres, rompe cualquier cadena, cualquier mala influencia que pueda darse entre nosotros como herman@s desde la concepción y el embarazo (cf. Gn25, 25).

Señor de toda bendición, con toda humildad queremos suplicarte que todos como herman@s seamos bendición mutua a través de nuestros servicios desinteresados y que un mismo sentimiento de amor tierno y entrañable aliente todas nuestras relaciones fraternas (cf. Gn 27.29).

Padre Dios que amas a tus hijos e hijas por igual, que podamos superar como herman@s las preferencias de nuestros padres y que todos seamos favorecidos con las bendiciones de su amor (cf. Gn 27, 41).

Destruye de raíz, Señor de toda benevolencia, todos los celos y rivalidades con mis herman@s (cf. Gn 30, 1).

Haz, Señor, que todo lo hagamos con sencillez, con amor, sin competencias, sin retaliaciones (cf. Gn 30,8).

Líbranos, Señor de la paz, de los mutuos temores entre herman@s, que nada tengamos que temer los unos de los otros (cf. Gn 32, 12).

Te suplicamos, Señor, que con todos los medios honestos protejamos, defendamos y auxiliemos a nuestros herman@s y que nunca seamos vengativos (Gn 34, 25).

Concede, Señor a nuestros padres el amor igual para tod@s nosotr@s y que nunca lleguemos a tener sentimientos de aborrecimiento por sus preferencias (cf. Gn 37, 4).

Señor de la misericordia y de la comprensión, concédenos un corazón misericordioso para que nunca lleguemos al extremo de traicionar, de vender, de perjudicar de alguna manera violenta, física o espiritual, a nuestros herman@s (cf. Gn 37,27).

Señor nuestro, danos tu mirada de amor, y que la compasión, la misericordia, que tal vez  tenemos con los extraños, la tengamos en primer lugar con nuestros herman@s que sufren y nos imploran la ayuda de corazón (cf. Gn 42, 21).

Danos, Señor, por favor, la capacidad de cancelar entre herman@s  nuestro pasado negativo con el abrazo fuerte del perdón y de la reconciliación y el beso fraternal de la paz (cf. Gn 45, 14).

Señor, dador de todo bien, concédenos el don de la generosidad, para que desde lo poco o mucho que podamos tener nos preocupemos por el sustento material y espiritual de nuestros herman@s (cf. Gn 47, 12).

Señor nuestro Jesucristo, Hijo único del Padre que nos has salvado como herman@s tuyos, danos tu corazón, tu espíritu y tus sentimientos para ser en medio de nuestros herman@s un verdadero tesoro de bondad, para que tod@s se sientan amados, servidos y no dominados y humillados(cf. Gn 49.8).

Padre perdonador que nos invitas a perdonar a todo el mundo, concédenos la capacidad de perdonar siempre a nuestros herman@s, olvidando toda ofensa y abriéndonos de nuevo al amor fraterno, a crear nuevos vínculos y relaciones de convivencia familiar (cf. Gn 50, 16).

Señor protector nuestro, en medio de tantos peligros que pueden acechar a nuestros herman@s, concédenos la gracia y el poder, de colaborar contigo, para rescatarlos, salvarlos y librarlos de todo mal y peligro (cf. Ex 2, 7).

Señor, Padre amoroso de nuestras hermanas, cólmanos de tu amor hacia ellas, que podamos tratarlas con ternura, con respeto y veneración, como lo más sagrado que has puesto en nuestra vida y en nuestros hogares (cf. Lv 18, 9ss).

Concédenos, Señor justo, la delicadeza, las palabras y actitudes para ayudar a nuestros herman@s a cambiar, a corregirse y que tengamos la alegría de verl@s en tu camino (cf. Lv 19, 17).

Señor, queremos suplicarte que limpies nuestra mente y nuestro corazón, para que de ninguna manera se manche nuestra relación y convivencia con nuestras hermanas y descubramos cada día lo sublime y precioso del amor de hermana (cf. Lv 20, 17).

Señor, concédenos la solidaridad fraterna para acompañar y apoyar a nuestros herman@s en sus problemas materiales, en sus dificultades, en sus crisis personales (cf. Lv 25, 25).

Señor, Dios nuestro, vivo y verdadero, queremos, con el poder del Espíritu Santo, seguir el camino que nos lleva hacia Ti, que nunca seamos seducidos por los ídolos del mundo, ni apartados de la fe verdadera, ni mucho menos seduzcamos a nuestros herman@s y los apartemos de la verdad (cf. Dt13, 7).

Padre tierno y generoso, concédenos el don del amor y de la generosidad constante para que nunca ante nuestros herman@s se endurezca el corazón que comprende el sufrimiento ni se cierre la mano generosa que remedia lo que les falta; que jamás carguemos en nuestras propias familias con los clamores no atendidos de nuestros herman@s; que la alegría sea como el pan que recibimos cada día por nuestra generosidad con ell@s (cf. Dt 15, 7ss).

Señor nuestro, que algún día comprendamos lo más bellod e la generosidad cristiana con los herman@s: a un hermano necesitado, a una hermana necesitada, no se le presta como a un extraño, se le da con toda el alma. Así nunca nos privaremos de tu gran bendición material en todas nuestras cosas cuando somos así con nuestros herman@s (cf. Dt 23, 20).

Señor, Creador nuestro, antes de actuar, queremos mirar con tu misma mirada  a nuestros herman@s, son obra tuya de tu amor, son  hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carne (cf. Jc 8, 2; 2 Sm 19, 13).

Concédenos, Señor, la gracia, de no cometer acciones, o tener afectos desordenados que nos lleven a ser violentos, abusivos, y luego nos hagan  odiar a nuestrosherman@s (cf. 2 Sm 8, 11ss).

Señor, que en nuestra familia, con  nuestros padres y todos los herman@s, vivamos con perseverancia y valentía nuestra fe, que juntos sepamos dar testimonio de obedecerte sólo a Ti, nuestro Creador y Padre (cf. 1 Mc 2, 19).

Concédenos, el amor, la valentía, la generosidad y  la perseverancia de los siete hermanos macabeos que aceptaron la flagelación y la muerte  antes que quebrantar tu santa ley (cf. 2 Mc7, 1ss).

Señor, que juntos como herman@s seamos una comunidad de amor que te bendice continuamente y compartamos tus bendiciones y lo maravilloso que has sido con nosotros (cf. Sal 22, 23).

Señor, que aprendamos a medir nuestras palabras contra nuestros herman@s  para que nunca los deshonremos (cf. Sal 50, 20).

Señor, que seamos un verdadero hogar en el que la convivencia de los herman@s le de sentido a la vida, nos colme de alegría, y la bendición continua descienda sobre nosotros como un bálsamo que se va derramando (cf. Sal 133, 1ss).

Señor de la paz, destierra de nosotros como herman@s todo intento de división, de lucha fraterna, que jamás cada uno se cierre en sí mismo, que nadie sea ante sus herman@s como plaza fuerte, como fortaleza con cerrojos (cf. Pr 18, 19).

Padre de todos, que la unión entre herman@s  sea tan bella, tan estrecha y fecunda en manifestaciones de amor, que sea paradigma para todos los que se aman (cf. Pr18, 24).

Señor, que siempre andemos entre herman@s con la verdad, con la sinceridad y el afecto del alma (cf. Sb 7, 12).

Señor, que más que todo tesoro, más que el oro de todo el mundo, sean para nosotros valiosos nuestros herman@s y nunca los cambiemos por las cosas materiales (cf. Sb 7, 18).

Señor, que entre herman@s  tengamos un solo corazón, el don maravilloso de la concordia (cf. Si 25, 1).

Concédenos, la discreción, el discernimiento y la prudencia en el manejo de las cosas materiales con nuestros herman@s  para que no sean ellas las que nos dividan y nos pongan en contra (cf. Si 33, 20).

Señor, que las relaciones que tengamos entre nosotros como herman@s, deje entre todos, cuando partamos de este mundo,  la memoria venerable de la más bella fraternidad (cf. Si 49, 15).

Señor, haz que confiemos como herman@s los unos en los otros, que jamás nos traicionemos, que nos fiemos siempre de todos con nuestras palabras y actitudes (cf. Jr 12, 5).

Señor que vives y reinas en nuestros hogares, guíanos con tu Santo Espíritu, y elige entre nuestros  herman@s, como hiciste con los discípulos hermanos, hombres y mujeres para tu santo servicio, que se entreguen con generosidad a la obra de la salvación de los hombres (cf. Mt 4, 18ss).

Señor Jesús, que unidos en nuestros hogares a la Madre Admirable, escuchemos y practiquemos tu Palabra y seamos todos nuestros herman@s con  nuestros padres, tu verdadera familia y nos puedas decir con razón: “ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (cf. Mt 12, 46s).

Concédenos, Señor misericordioso, la más grande capacidad de perdonar a nuestros herman@s “hasta setenta veces siete” (cf. Mt18, 21s).

Señor, huésped amoroso se nuestros hogares, que como Lázaro, Marta y María todos nuestros herman@s te acojamos con amor, te sirvamos generosamente y escuchemos tu santa Palabra que nos transforme a todos (cf. Lc10, 38s).

Señor, que no has querido ser juez repartidor de herencias, líbranos como herman@s de pleitos, de divisiones, de enemistades por cuestiones materiales, que no nos garantizan la vida eterna (cf. Lc 12, 13s).

Señor, Padre bueno y misericordioso, te suplicamos que como herman@s  nos alegremos siempre por la conversión de todos y trabajemos para que todos podamos vivir como herman@s  en la vida nueva que nos ha traído tu Hijo, Jesucristo (cf. Lc 15, 31s).

Señor. Maestro bueno, concédenos la gracia de lleva rhacia Ti, a nuestros herman@s, para que todos Te podamos encontrar y recibir la salvación que nos has traído (cf. Jn 1, 40s).

Padre de nuestras familias, te pedimos humildementeque nuestros herman@s  sean todos amadospor tu Hijo Adorable que amó tanto a Marta, a María y Lázaro (cf. Jn 11, 5).

Te damos gracias, Padre que lo has proyectado todo, porque de antemano nos has conocido, nos has predestinado a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera Él el primogénito entre muchos herman@s; “y a los que predestinó, a ésos también los llamó; y a los que llamó, a ésos también los justificó; a los que justificó, a ésos también los glorificó” (cf. Rm 8, 29s).

Señor de nuestros hogares, que todos abundemos en la práctica de las buenas obras y seamos herman@s que viven en verdadera justicia(cf. 1 Jn 3, 12).

Señor de la Resurrección y de la vida, concede el descanso eterno a nuestros herman@s que han muerto, rompe cualquier atadura negativa y que sean desde cielo nuestros queridos Ángeles protectores.

Te damos gracias, Señor Jesús Transfigurado, porque tanto dolor, tanto sufrimiento, tantas penas de nuestros herman@s, se convierten en bendición y van transfigurando gozosamente nuestras vidas.

Gracias, Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, porque recibes como una ofrenda de amor esta oración que con tanto amor hemos hecho por nuestros herman@s, que nosotros mismos nos convirtamos en una ofrenda de buen trato, de amor y de bendición los unos para los otros.

Virgen Santísima, Madre nuestra, protege  a nuestros herman@s, cúbrelos con tu manto, intercede siempre ante tu Hijo, por ell@s, y escucha siempre nuestra oración fraterna. 

Santos Ángeles custodios y Santos Patronos de nuestros herman@s, llevad esta oración ante el Señor y que todos seamos colmados de bendiciones.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos eternos. Amén.

Conclusión:

Querido hijo e hija de Dios,

Al orientarlo en esta oración, he querido estar a su lado como su hermano y me alegro inmensamente porque sé que el Señor con la Madre Santísima, van  a actuar en su vida.

No olvide que la oración entre herman@s es poderosa y hecha en el nombre de Jesús hace que lo imposible sea posible.

Que María, la Madre de los imposibles, con su Hijo Poderoso, nos bendiga a todos.