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Angelito con trompeta

 Alégrate, el Señor está contigo

Domingo, 21 de Julio de 2019

Santoral:

San Lorenzo de Brindisi, San Víctor,

San Alberico Crescitelli

y San José Wang-Yumel

¡Qué amigo tenemos en Jesús!

El Conoce todas mis faltas, y aun así me acepta tal como soy.

Ve todas mis debilidades, más nunca se rinde en mí.

Puedo confiar que Él me guiará hasta el hogar.

A Él confieso cada pecado y tropiezo.

Con Él comparto todos mis pensamientos y sentimientos,

frustraciones y temores, tristezas y alegrías.

A Él le confío mis más profundas necesidades y anhelos.

¡Él siempre entiende!

Él escucha mi corazón así como mis palabras.

Él escucha mis pensamientos así como mis oraciones.

Él me dice la verdad, aunque me duela.

¡Él realmente se preocupa!

Jesús se regocija cuando estoy feliz en Él.

Cuando estoy triste, Él comparte mis tristezas.

Cuando estoy muy cansado para seguir, Él me sostiene.

Cuando me extravío, Él toma mi mano y me conduce

en sus senderos. Mi Amigo siempre está allí!

Él me dice Sus pensamientos y planes.

En Sus cartas de amor para mí todas están en mi preciosa Biblia–.

Él comparte Sus más profundos pensamientos.

Comparte Sus alegrías así como Sus sufrimientos.

Él me muestra porqué dio Su vida por mí:

para que Él y yo seamos uno por la eternidad.

Porque Él me ha unido a Sí mismo por la cruz.

Sus amigos son mis amigos. Sus enemigos son mis enemigos.

Sus batallas son mis batallas. Y Él siempre triunfa, aun cuando

tenga que compartir sus heridas y llevar cicatrices de guerra.

Cada mañana planeamos nuestro día juntos.

Todo el día caminamos y trabajamos juntos.

¡Somos inseparables!

Mi amigo es sabio, paciente, amante y bondadoso.

Él es fiel, considerado, incambiable y puro.

Él es fuerte, confiable, leal y verdadero.

¡Él suple mis necesidades!

"Este es mi amado y este es mi Amigo!"

¿Es Él tu amigo también?

¡FELIZ DÍA DEL AMIGO!

 

 

  

Lecturas del día siguiente

Lunes, 22 de julio de 2019

Santa María Magdalena

Ya no conocemos a Cristo con criterios puramente humanos

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto

5, 14-17

Hermanos:

El amor de Cristo nos apremia, al considerar que si uno solo murió por todos, entonces todos han muerto. Y Él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para Aquél que murió y resucitó por ellos.

Por eso nosotros, de ahora en adelante, ya no conocemos a nadie con criterios puramente humanos; y si conocimos a Cristo de esa manera, ya no lo conocemos más así.

El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL                                        62, 2-6. 8-9

R.    ¡Mi alma tiene sed de ti, Señor!

Señor, Tú eres mi Dios,

yo te busco ardientemente;

mi alma tiene sed de ti,

por ti suspira mi carne

      como tierra sedienta, reseca y sin agua.  R.

Sí, yo te contemplé en el Santuario

para ver tu poder y tu gloria.

Porque tu amor vale más que la vida,

mis labios te alabarán.  R.

Así te bendeciré mientras viva

y alzaré mis manos en tu Nombre.

Mi alma quedará saciada

      como con un manjar delicioso,

y mi boca te alabará

      con júbilo en los labios.  R.

Veo que has sido mi ayuda

y soy feliz a la sombra de tus alas.

Mi alma está unida a ti,

tu mano me sostiene.  R.

EVANGELIO

Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?

a    Lectura del santo Evangelio

según san Juan

20, 1-3. 11-18

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentado uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?»

María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.

Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?»

Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo».

Jesús le dijo: «¡María!»

Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir, «¡Maestro!» Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: "Subo a mi Padre y Padre de ustedes; a mi Dios y Dios de ustedes"». '

María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que Él le había dicho esas palabras».

Palabra del Señor.

Reflexión

Jn. 20, 1-2. 11-18. Jesús, resucitado, se aparece en primer lugar a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. A Jesús no le interesa el pasado de las personas, solamente que, habiendo creído en Él y habiendo recibido el perdón de sus pecados, en adelante acepten su Vida y se dejen guiar por el Espíritu Santo. María Magdalena no sólo es la primera que ve al Señor resucitado, sino que es la primera apóstol de la resurrección, pues el Señor la envía a comunicar este mensaje a los apóstoles. Este mensaje grandioso no es sólo el del acontecimiento de la resurrección, sino el de hacer conciencia de que quienes creen en Jesús ya no son siervos, ni sólo amigos, sino hermanos de Jesús; por lo cual nuestro Dios es también nuestro Padre. La experiencia personal de salvación experimentada por María Magdalena la hace portadora de una Buena Noticia vivida por ella misma. Dios nos llama a todos para hacernos partícipes, en Cristo, de su propia Vida. Sin importarle nuestro pasado Dios quiere salvarnos, y conducirnos al gozo de la Vida eterna a su diestra, junto con Jesús, su Hijo. Mientras llega ese momento, sin perder nuestra unión con el Señor, llevemos a todos su mensaje de amor, de verdad, de vida y de misericordia que Él nos ofrece a todos.

En esta Eucaristía el Señor nos hace la oferta de su propia Vida y Espíritu. Tal vez nuestra existencia no ha sido lo suficientemente recta en la presencia de Dios. No por eso el Señor nos ha cerrado las puertas de su amor. La prueba de que nos ama consiste tanto en hacerse uno con nosotros para comunicarnos su Vida y su mensaje de salvación, que llevaremos a nuestros hermanos, como también el hacernos entrar en comunión de vida entre nosotros mismos, de tal forma que así como el Padre y Él son uno, así lo seamos Él y nosotros. El Señor conoce a profundidad nuestra vida. Pero nos quiere comunicar su Espíritu para vayamos como testigos suyos a darle un nuevo rumbo a nuestro mundo y su historia. Vivamos unidos al Señor y seamos fieles portadores de su Evangelio de salvación a toda la humanidad.

En la Eucaristía hacemos nuestra la vida que Dios nos ofrece en Cristo Jesús; además, hacemos nuestra su misión. A nosotros corresponde trabajar por construir relaciones más fraternas, de tal forma que desaparezcan las persecuciones injustas y las manifestaciones de poderío egoísta. Somos hermanos y no podemos decirle a Dios: ¿Acaso soy guardián de mi hermano? Ser testigos de la resurrección de Cristo significa que nosotros, con nuestra vida, nuestras obras y palabras, somos un signo del Señor resucitado en medio de nuestros hermanos. Quien en lugar de anunciar con sus obras la vida, anuncia la muerte o la destrucción de su hermano, no puede llamarse, en verdad, hijo de Dios unido a Cristo Jesús. No hagamos de nuestra fe un motivo de dolor, ni de sufrimiento, ni de tristeza, ni de muerte para nuestros hermanos; sino que, por el contrario seamos motivos de paz, de alegría, de gozo, de vida para aquellos que entren en contacto con nosotros.

Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Virgen María, nuestra Madre, la gracia de amarnos y ayudarnos como hermanos. Que con nuestras actitudes de amor fraterno contribuyamos para que, juntos, nos encaminemos hacia la posesión de los bienes definitivos. Amén.

Homiliacatolica.com


Liturgia - Lecturas del día

 

LECTURAS DEL DOMINGO 21 DE JULIO DE 2019

DOMINGO 16° DEL TIEMPO ORDINARIO

Señor mío, no pases de largo delante de tu servidor

Lectura del libro del Génesis

18, 1-10a

El Señor se apareció a Abraham junto al encinar de Mamré, mientras él estaba sentado a la entrada de su carpa, a la hora de más calor. Alzando los ojos, divisó a tres hombres que estaban parados cerca de él. Apenas los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de la carpa y se inclinó hasta el suelo, diciendo: «Señor mío, si quieres hacerme un favor, te ruego que no pases de largo delante de tu servidor. Yo haré que les traigan un poco de agua. Lávense los pies y descansen a la sombra del árbol. Mientras tanto, iré a buscar un trozo de pan, para que ustedes reparen sus fuerzas antes de seguir adelante. ¡Por algo han pasado junto a su servidor!»

Ellos respondieron: «Está bien. Puedes hacer lo que dijiste».

Abraham fue rápidamente a la carpa donde estaba Sara y le dijo: «¡Pronto! Toma tres medidas de la mejor harina, amásalas y prepara unas tortas».

Después fue corriendo hasta el corral, eligió un ternero tierno y bien cebado, y lo entregó a su sirviente, que de inmediato se puso a prepararlo. Luego tomó cuajada, leche y el ternero ya preparado, y se los sirvió. Mientras comían, él se quedó de pie al lado de ellos, debajo del árbol.

Ellos le preguntaron: «¿Dónde está Sara, tu mujer?»

«Ahí en la carpa», les respondió.

Entonces uno de ellos le dijo: «Volveré a verte sin falta en el año entrante, y para ese entonces Sara habrá tenido un hijo».

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL                                                    14, 2-5

R.     Señor, ¿quién entrará en tu Casa?  

El que procede rectamente

y practica la justicia;

el que dice la verdad de corazón

y no calumnia con su lengua.  R.

El que no hace mal a su prójimo

nI agravia a su vecino,

el que no estima a quien Dios reprueba

y honra a los que temen al Señor.  R.

El que no se retracta de lo que juró

aunque salga perjudicado.

El que no presta su dinero a usura

       ni acepta soborno contra el inocente.

El que procede así, nunca vacilará.  R.

El misterio oculto desde toda la eternidad,

ahora ha sido manifestado a los santos

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo

a los cristianos de Colosas

1, 24-28

Hermanos:

Me alegro de poder sufrir por ustedes, y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia. En efecto, yo fui constituido ministro de la Iglesia, porque, de acuerdo con el plan divino, he sido encargado de llevar a su plenitud entre ustedes la Palabra de Dios, el misterio que estuvo oculto desde toda la eternidad y que ahora Dios quiso manifestar a sus santos. A ellos les ha revelado cuánta riqueza y gloria contiene para los paganos este misterio, que es Cristo entre ustedes, la esperanza de la gloria.

Nosotros anunciamos a Cristo, exhortando a todos los hombres e instruyéndolos en la verdadera sabiduría, a fin de que todos alcancen su madurez en Cristo.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Marta recibió a Jesús en su casa. Maria eligió la mejor parte

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Lucas

10, 38-42

Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude».

Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, una sola cosa es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada».

Palabra del Señor.

Reflexión

 

 

 

EN CASA DE LAZARO, MARTA Y MARÍA

Entrados ya en pleno verano, tiempo de descanso y de vacaciones para muchos, escuchamos en el Evangelio de hoy cómo Jesús también descansaba en casa de sus amigos. Hoy va a casa de Lázaro, de Marta y de María. Nos viene muy bien escuchar hoy este pasaje del Evangelio, pues nos recuerda cómo ha de ser también el descanso de un cristiano.

1. Acoger a Dios en nuestra casa. Tanto la primera lectura, del libro de Génesis, como la lectura del Evangelio de este domingo nos hablan de la acogida de Dios en nuestra casa. En este tiempo de verano, seguro que muchos de nosotros aprovechamos para salir, para visitar a algún familiar o amigo, o incluso para recibir en nuestra casa más visitas que a lo largo del año. El tiempo de vacaciones es un tiempo de descanso, y qué mejor que descansar con los nuestros, con nuestra gente. Pero no se nos debe olvidar que el descanso de las vacaciones no es darle vacaciones al Señor. A veces nos puede pasar que durante las vacaciones nos olvidamos un poco de Dios. Lo tenemos presente a lo largo del año, mantenemos la tensión en cuanto a la oración, a la asistencia a la Eucaristía. Pero cuando llega el verano tenemos el peligro de relajarnos en estas cosas. Por eso nos viene muy bien escuchar hoy este pasaje del Evangelio. Jesús también descansaba e iba a ver a sus amigos. Cuántas veces, a lo largo del Evangelio, escuchamos cómo Jesús iba a comer a casa de alguna persona, un publicano, un fariseo, un banquete… Pues Él también está deseando hospedarse en nuestra casa, en nuestra vida, en nuestro interior. Como Marta y María, o como Abrahán en la primera lectura, hemos de abrir nuestro corazón y hospedar a Dios que viene a hacer morada en nosotros.

2. - El servicio. Cuando Jesús entra en casa de Lázaro, su hermana Marta se pone inmediatamente al servicio. Esta actitud de Marte es muy loable, pues no duda en atender bien a su invitado. Nos enseña a cada uno de nosotros una virtud que no debemos olvidar: el servicio. Jesús nos enseña que el verdadero amor es el que es capaz de ponerse al servicio del otro. Así lo hace también Marta. Cuando recibimos a alguien en nuestra casa, procuramos que todo esté bien preparado, que no le falte de nada. Esta actitud de hospitalidad y de servicio que tenemos hacia los demás, hemos de tenerla también con el Señor, y por Él con los demás. No ama el que no sirve. Por eso, la actitud propia de un cristiano es la del servicio. Servir es dar la vida en las pequeñas cosas, en los pequeños detalles. Y es sin duda una muestra de amor al otro. Pero hemos de aprender a servir sin quejarnos, y sin querer demostrar a los demás cuánto servimos o qué serviciales somos. El servicio en lo escondido, en el silencio, es el servicio que Dios aprecia. Servir a Dios en primer lugar, con nuestras buenas obras, con nuestras obras de piedad, con nuestra oración. Y servir a los demás de forma desinteresada, a los más necesitados, acogiendo a quien nos busca, dándonos a quien nos necesita. Y servir también a la Iglesia en sus distintos ministerios.

3. La contemplación. Pero en el Evangelio encontramos otra actitud más, la de María, que en silencio estaba a los pies de Jesús escuchando. Esta actitud de María no es comprendida por Marta, que se está deshaciendo en el servicio y ve cómo su hermana no le ayuda. Ante la queja que presenta Marta ante Jesús, el Maestro le responde que sólo hay una cosa importante. Esto nos enseña que, por encima de todo, incluso del servicio, está la escucha de Dios, de su palabra. Y no son dos actitudes contradictorias. Es sencillamente una escala de prioridades. Lo más importante es escuchar a Dios, y de ahí ha de nacer necesariamente el servicio a los demás, pues eso es lo que nos pide Dios en su palabra. No es bueno estar siempre inquietos con tantas cosas que hacer, sin tener ni un momento para pararnos delante del Señor y escucharle, como tampoco es bueno estar dedicados exclusivamente a escuchar a Dios y no hacer lo que Él nos pide que es servir a los demás. Por ello, el Evangelio de hoy nos enseña estas dos actitudes tan importantes y propias de un cristiano: la contemplación y la escucha de Dios, y el servicio a los demás.

Durante estas vacaciones de verano, seguro que tenemos tiempo para todo, y especialmente hemos de encontrar tiempo para escuchar a Dios, para contemplar, para leer su palabra, y también para servir a los demás. En la Eucaristía encontramos estas dos actitudes: escuchamos la palabra de Dios, le contemplamos, y después somos enviados a servir.

 

Francisco Javier Colomina Campos

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EN EL SIGLO XXI TODOS LOS CRISTIANOS QUEREMOS SER DE VIDA ACTIVA Y CONTEMPLATIVA AL MISMO TIEMPO

1.- ¿Señor, ¿No te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano. Respondiendo, le dijo el Señor: Marta, Marta, andas inquieta y preocupado con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada. Es equivocado pensar que lo que le dice Jesús a Marta es que es mejor escucharle que servirle. Lo que Jesús le dice a Marta es que él no necesita muchas cosas, que con algo que haga él tiene suficiente; que se deje ya de preparar cosas y que se siente a la mesa con ellos. Como dice muy bien santa Teresa, comentando este relato evangélico de Lucas, es muy acerado: “Sin los servicios de Marta, el Maestro se hubiera quedado sin comer aquel día”. Precisamente hoy, que estamos celebrando la fiesta de san Benito, todos nosotros, los cristianos, queremos seguir el consejo el él da a sus monjes: ora et labora (reza y trabaja). Y, si nos fijamos ya en san Pablo vemos que él siempre quiso ganarse con sus propias manos el pan que comía, para no ser carga material para nadie. San Agustín, cuando funda monasterios, el primer consejo que da es que cada una de los que entran en sus monasterios deben trabajar todo lo que puedan y gastas sólo aquello que necesiten. Así resultaba que los monasterios agustinianos no sólo no eran carga material para la sociedad, sino que daban continuas limosnas a los pobres que tenían alrededor, que eran siempre muchos. En esto que estamos diciendo creemos que tampoco debemos separar vida consagrada de frailes y monjas, de la vida seglar, de los cristianos que viven casados. Para ser buen discípulo y buen amigo de Jesús lo único que se necesita es guardar su mandamiento, es decir, amarnos unos a otros como él nos amó. Esto vale exactamente igual para las personas a las que llamamos de vida activa, como para las que llamamos de vida contemplativa y para los que llamamos personas consagradas, como para las que llamamos personas seglares.

2.- En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré… Alzó la vista y vio a tres hombres frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda, se postró en tierra y dijo: Señor, si he alcanzado tu favor no pases de largo junto a tu siervo. La actitud de nuestro patriarca Abrahán frente a los tres huéspedes que se acercaban a su tienda constituye para nosotros, los cristianos de este siglo XXI, un maravilloso ejemplo de amor fraterno. Abrahán supo ver en el huésped al mismo Dos. Todo encuentro con l prójimo necesitado debería ser para nosotros una teofanía. En el prójimo necesitado está siempre presente Dios mismo. A pesar de los siglos que han pasado desde Abrahán a nosotros y de las circunstancias tan distintas que hay entre la vida del patriarca Abrahán y la nuestra, aprendamos a hacer de la hospitalidad una virtud cristiana. El mandamiento de Jesús que nos manda amar al prójimo como él nos amó vale para todos los siglos y para todos los pueblos del mundo.

3.- Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros; así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo, a favor de su cuerpo que es la Iglesia. Como san Pablo, también cada uno de nosotros, los cristianos, formamos parte del cuerpo místico de Cristo. Sepamos aceptar todos los sufrimientos que la vida nos traiga para colaborar con Cristo en la salvación del mundo.

Gabriel González del Estal

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ACTUAR ORANDO

1.- Dios viene a nosotros. La hospitalidad es uno de los valores fundamentales en los pueblos del desierto. Se ha considerado tradicionalmente la teofanía o manifestación de Dios a Abraham, junto al encinar de Mambré, como una revelación de Dios a los hombres: revelación misteriosa y cargada de sentido salvador. Los Padres orientales ven incluso en esta manifestación una primera revelación de dios que es Uno y Trino, un Dios que ama a los hombres y sale a su encuentro, un Dios de la historia que se acerca a la historia de los hombres, un Dios amigo que pide hospitalidad a Abraham, el hombre amigo de Dios. Dios es un amigo que se presenta pidiendo y se despide colmando de bendiciones y regalos a aquellos que lo saben acoger con amor. El premio de la hospitalidad de Abraham será el don de una descendencia en su hijo Isaac, cuando ya las esperanzas humanas se habían agotado.

2.- Escuchar la Palabra y cumplirla. El Evangelio describe la diferente actitud de las dos hermanas: “María, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres”. El contraste entre “estar sentada” y “estar atareada en muchos quehaceres” es grande. Marta es una mujer-tipo de la vida activa como María, su hermana, es un símbolo de la vida contemplativa. Estas distinciones no son muy afortunadas, sobre todo cuando se hacen para acentuar la superioridad de la vida contemplativa. En el relato se da, ciertamente, una contraposición entre las dos hermanas, pero desde otro punto de vista. Jesús alaba a María y considera que ha escogido la mejor parte porque "escuchaba su palabra". Lo esencial está aquí: "Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen". A Marta no le reprocha que se dedique a servir (entre otras cosas porque el servicio es la señal de que alguien ha escuchado de verdad la palabra) sino que ande "inquieta y nerviosa" con muchas cosas, que olvide dónde está el centro. La contraposición se establece, pues, entre una vida centrada y una vida descentrada, no entre una vida contemplativa y una vida activa.

3.- Peligro del “activismo”. Parece claro que muchos hombres y mujeres vivimos hoy un estilo de vida nervioso, que vamos deprisa a todas partes sin saber exactamente por qué y para qué, casi como huyendo. ¿No será éste un síntoma de descentramiento? Jesús afirma que las cosas necesarias son pocas. ¿Cuántas? ¿Tres, cuatro, cinco, diez? El mismo Jesús se corrige: ¡en realidad, hay necesidad de una sola cosa! Marta es reprendida porque andaba inquieta y nerviosa por muchas cosas; pero, además, porque entre esas muchas cosas no estaba la única necesaria. En seguida, Jesús declara: “María ha elegido la parte buena, que no le será quitada”. ¿Qué hacía ella? “Sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra”. Esta es la única cosa necesaria. La enseñanza de Jesús nos interpela profundamente a nosotros, que estamos en el mundo de la eficiencia y del activismo. En la mentalidad imperante vale el que es muy eficiente y es capaz de llevar adelante muchos asuntos.

4.- Un fe que nos compromete a actuar. Fe en Dios y misericordia con el hermano van unidas. San Agustín, comentando este evangelio, rehúsa interpretar las palabras de Jesús a Marta como un reproche: "cómo podría Jesús dirigir un reproche a Marta, contenta por recibir a tan excelente huésped Si eso fuera un reproche, no habría nadie para cuidar de los necesitados. Todos escogerían la mejor parte para decir: empleemos todo nuestro tiempo en escuchar la palabra de Dios. Pero si esto ocurriera, no habría nadie para atender al forastero en la ciudad, al necesitado de alimento o vestido, nadie para visitar los enfermos, nadie para liberar a los cautivos, nadie para enterrar a los muertos. Las obras de misericordia practicadas en favor de los necesitados son imprescindibles aquí en la tierra" El relato de Lucas no lo dice expresamente, pero es probable que, después de las palabras de Jesús, Marta viera las cosas de otra manera Yo pienso que cuando Marta le pidió a Jesús que María la ayudara, El debió persuadir a su fiel amiga para que ayudara a su hermana en la realización de sus actividades hogareñas; No debemos abandonar ni nuestras actividades ordinarias ni hemos de apartarnos totalmente de la presencia de Dios. Así pues, la realización de nuestras actividades cotidianas y la vida de fe son perfectamente compatibles, si bien todo lo que hacemos requiere de tiempo y dedicación. Reflexión y acción son fundamentales en la vida del cristiano.

José María Martín OSA

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DARSE Y ENTREGARSE… AL SEÑOR

Para los que nos encontramos inmersos en pleno verano, es bueno detenernos en este sugerente texto que en exclusividad, San Lucas, nos presenta. Merece la pena hacerlo por dos razones fundamentales:

-Porque, en el camino de la vida, necesitamos escuchar, detenernos y suministrar un poco de oxígeno al espíritu

-Porque, en un contexto social donde se echan en falta amigos o una mano que anime, el evangelio pone el acento en la acogida. Acoger es también un color fundamental en el cuadro de la vida cristiana.

1.- No podemos caer en la tentación, al escuchar el evangelio de hoy, de confrontar acción y contemplación. Las dos son necesarias para un cristiano. Siempre es bueno recordar la hazaña de un enamorado de los automóviles y de las carreteras. Viajaba, no se detenía ante nada ni para nadie; sólo pensaba en sí mismo y en su coche. Hasta que, en cierta ocasión, un consejero –de esos que saben aconsejar oportunamente y en el momento preciso– le dijo: tarde o temprano, amigo, tendrás que detenerte a repostar gasolina o no llegarás donde pretendes. Combustible y horizonte (lejos de oponerse) se complementan. Contemplación y acción (lejos de enemistarse) son necesarias para vivir con más calidad de vida, para preguntarnos sobre las grandes verdades de nuestra existencia.

2.- ¿Somos Marta o María? Podría ser el interrogante de este domingo. Por experiencia, también los sacerdotes, sabemos que el activismo no es bueno. Que, el exceso de trabajo, nos puede aislar de lo fundamental. Incluso, las prisas, los agobios, el hacer por hacer, nos puede transformar en simples autómatas. Hace ya algunos años Papa Benedicto XVI, al dirigirse a los sacerdotes sobre el Sacramento de la Penitencia, nos decía –y lo recuerdo como si hubiera sido hoy mismo– que “no practicar este sacramento, nos puede convertir en meros funcionarios”. Es verdad. Cuesta recluirse en el silencio, en lo que aparentemente no da fruto o, incluso en aquello que no nos gusta o que más sacrificio conlleva para nuestro modo de vivir. No siempre lo que produce satisfacciones inmediatas es algo que asegure la felicidad permanente.

3.- En el término medio, casi siempre, está la virtud. Jesús no desprecia, ni mucho menos, la entrega de Marta. Le indica que afanarse tanto, no merece la pena. Que con menos basta. Que, María, se ha detenido un momento para recuperar fuerzas y volver con más ímpetu a la vida. Jesús no ensalza a María porque no haga nada sino porque, siendo tan trabajadora como su hermana, ha sido inteligente y ha dicho “hasta aquí he llegado” es necesario contenerme para escuchar palabras de vida; un encuentro con Aquel que me va a dar luz para seguir adelante. En las dos hay algo en común: las dos se brindan: una, materialmente, y la otra espiritualmente. Y, por cierto, las dos cosas son recibidas por el Señor.

Que allá donde nos encontremos, y especialmente cuando nos encontremos sobrepasados por las circunstancias, responsabilidades u obligaciones, seamos capaces de romper con todo ello (por lo menos momentáneamente) y, buscando aquellos oasis de paz, de fe y de silencio, podamos reinsertarnos después pero con otro sentido y con otra amplitud de miras. Dios nos quiere inmersos en el mundo pero sin dejarnos comer o anular por él. ¿Lo intentamos?

Javier Leoz

  Lecturas del día anterior

 

Sábado, 20 de julio de 2019

La noche en que el Señor hizo salir a Israel de Egipto

Lectura del libro del Éxodo

12, 37-42

Los israelitas partieron de Ramsés en dirección a Sucot. Eran unos seiscientos mil hombres de a pie, sin contar sus familias. Con ellos iba también una multitud heterogénea, y una gran cantidad de ganado mayor y menor. Como la masa que habían traído de Egipto no había fermentado, hicieron con ella galletas ácimas. Al ser expulsados de Egipto no pudieron demorarse ni preparar provisiones para el camino.

Los israelitas estuvieron en Egipto cuatrocientos treinta años. Y el día en que se cumplían esos cuatrocientos treinta años, todos los ejércitos de Israel salieron de Egipto. El Señor veló durante aquella noche, para hacerlos salir de Egipto. Por eso, todos los israelitas deberán velar esa misma noche en honor del Señor, a lo largo de las generaciones.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL                      135, 1. 23-24. 10-15

Den gracias al Señor, porque es bueno,

R. ¡porque es eterno su amor!

Al que en nuestra humillación se acordó de nosotros,

R. ¡porque es eterno su amor!

Y nos libró de nuestros opresores,

R. ¡porque es eterno su amor!

Al que hirió a los primogénitos de Egipto,

R. ¡porque es eterno su amor!

Y sacó de allí a su pueblo,

R. ¡porque es eterno su amor!

Con mano fuerte y brazo poderoso,

R. ¡porque es eterno su amor!

Al que abrió en dos partes el Mar Rojo,

R. ¡porque es eterno su amor!

Al que hizo pasar por el medio a Israel,

R. ¡porque es eterno su amor!

Y hundió en el Mar Rojo al Faraón con sus tropas,

R. ¡porque es eterno su amor!

EVANGELIO

Les ordenó severamente que no lo dieran a conocer,

para que se cumpliera lo anunciado por el profeta

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Mateo

12, 14-21

Los fariseos se confabularon para buscar la forma de acabar con Jesús.

Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Grandes multitudes lo siguieron, y los sanó a todos. Pero Él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:

"Éste es mi servidor, a quien elegí,

mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección.

Derramaré mi Espíritu sobre Él

y anunciará la justicia a las naciones.

No discutirá ni gritará,

y nadie oirá su voz en las plazas.

No quebrará la caña doblada

y no apagará la mecha humeante,

hasta que haga triunfar la justicia;

y las naciones, pondrán la esperanza en su Nombre".

Palabra del Señor.

Reflexión

Ex. 12, 37-42. Y se inicia el camino de personas libres. Dios vela por su pueblo para que nada los detenga ni les haga daño. Junto al pueblo elegido camina una abigarrada multitud, llevando todo lo suyo. También ellos participan de la libertad de los hijos de Dios. También ellos entrarán en la tierra prometida. Por eso hay que ser agradecidos con el Señor, que ha velado por su pueblo para defenderlo. Por eso hay que ofrecerle al Señor una noche en vela, de generación en generación, para darle gracias por el amor que ha manifestado hacia los suyos.

Dios quiere que todos los hombres se salven. Para eso nos ha enviado a su propio Hijo, que, hecho uno de nosotros, ha dado su vida para que nosotros tengamos vida. Nadie debe ser excluido de esta salvación. Todos tienen el derecho de unirse a los creyentes para caminar, juntos, hacia la posesión de los bienes definitivos.

En la misma forma como nosotros hemos sido amados hemos de amar a nuestro prójimo, manifestando así un signo de fe y gratitud al Señor. No podemos, por tanto, dejar de proclamar ante los demás lo misericordioso que ha sido el Señor para con nosotros. Pero esa misericordia no podemos cantarla sólo con los labios, sino con actitudes y obras que la hagan que, quienes viven cercanos a nosotros, la conozcan y experimenten en verdad.

Sal. 136 (135). Por pura gracia el Señor nos ha manifestado su amor y su misericordia. Él nos amó primero. Su amor no se ha quedado en simples promesas ni en vana palabrería.

Puesto que hemos experimentado el amor de Dios, que nos ha salvado de la mano de nuestros enemigos, elevemos agradecidos, nuestro himno de alabanza a su Santo Nombre.

Que nuestra gratitud se la expresen nuestros labios, pero también nuestras obras; manifestando así que no sólo estamos con las manos abiertas para recibir sus dones, sino que también tenemos un corazón noble dispuesto a cumplir su voluntad, escuchando su Palabra y poniéndola en práctica.

Mt. 12, 14-21. Jesús, dueño del sábado, realiza una curación en ese día indicando que ante Dios vale más la vida de sus hijos que la esclavitud paralizante del cumplir por cumplir la Ley.

Efectivamente: la Ley conduce a Dios y al prójimo. Mientras se quede en un cumplimiento meramente externo, no tiene ningún sentido, pues la salvación viene de Dios y no del cumplimiento de la Ley.

Jesús, amenazado de muerte por centrar al hombre en su relación con Dios, se retira y cura, tal vez ese mismo día sábado, a todos los enfermos. San Mateo aplica a Jesús, entonces, un texto del profeta Isaías. Pareciéramos escuchar la voz del Padre sobre su Hijo cuando es bautizado y cuando se transfigura ante sus discípulos: Este es mi Hijo (Siervo), muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias. En Él reposa el Espíritu de Dios que nos manifiesta el rostro misericordioso del Padre; pues Él no ha venido a condenar sino a salvar. No vendrá con apariencias de poder que espanten y opriman, sino con la sencillez del campesino que endereza las plantas, dobladas por el viento, para que produzcan fruto; con el cuidado de quien protege la luz para que tome fuerza y pueda iluminar. Él no vino sólo a manifestarnos su amor y a comunicarnos su vida. Él quiere que, quienes aceptemos su amor, su vida, su bondad, su misericordia, produzcamos frutos capaces de alimentar las esperanzas de nuestro prójimo.

Que seamos luz que ilumine a quienes caminan en tinieblas y podamos, así, ser corresponsables en la construcción del Reino de Dios entre nosotros.

En esta Eucaristía nos encontramos como peregrinos continuos hacia la casa del Padre. El Señor va delante de nosotros. Nosotros aceptamos tomar nuestra cruz, la de este día, con todo lo que en él viviremos.

Iremos tras las huellas de Cristo amando como Él nos ha amado; haciendo el bien con el mismo amor y misericordia que el Señor nos ha manifestado a cada uno de nosotros.

En este día, con la sencillez de un corazón que realmente ama, abrimos nuestro corazón al Señor y le decimos que sí estamos dispuestos a seguir avanzando. Le pedimos que nos ayude a que desaparezcan nuestros miedos ante el compromiso de fe que tenemos para ser un signo de su amor, de su misericordia, de la esperanza que Él quiere dar a los decaídos.

No podemos esperar a mañana, hoy Dios nos quiere en camino sanando las heridas que el pecado ha dejado en muchos corazones.

No podemos descansar, sentirnos en paz mientras siga habiendo personas que sufren por la pobreza o por las injusticias. Dios nos llama para que experimentemos su misericordia y podamos ser testigos del amor que Él nos ha tenido y que ofrece a todos.

A nosotros no nos compete condenar a nadie. Igual que nosotros, muchos han fallado. Han perdido las esperanzas y la ilusión por la vida. Se han dejado envolver por la maldad que ha ido apagando en ellos día a día la fe y el verdadero sentido del amor.

No hemos sido enviados para acabar con los pecadores, sino a salvarlos y a ayudarlos para que el amor de Dios vuelva a incendiar su vida, para que el Espíritu de Dios los haga fecundos, para que Dios se complazca, nuevamente en ellos como en sus hijos amados por su fidelidad al mismo Dios, fidelidad no de cumplimientos externos, sino fidelidad al amor que nos hace entrar en comunión con el Señor y dejarnos convertir, por Él, en signos de su amor y de su salvación para todos los pueblos.

Roguémosle humildemente al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de vernos libres de todo aquello que nos ata a la esclavitud del pecado. Que libres de toda maldad, hechos partícipes del mismo Espíritu de Dios, podamos ir por el mundo dando testimonio del amor que Dios tiene a todos. Amén.

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