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Angelito con trompeta

 Alégrate, el Señor está contigo

Sábado, 19 de enero de 2019

Semana 1ª durante el año

Feria o Memoria libre – Verde / Blanco

Hebreos 4, 12-16 / Marcos 2, 13-17

Salmo responsorial Sal 18, 8-10. 15

R/. “¡Tus palabras, Señor, son espíritu y vida!”

Santoral:

Santos Mario, Marta y sus Hijos Audifax y Abaco,

San Canuto y San Macario

 

Recomenzar

No importa en qué momento de la vida

te cansaste, lo que importa es que siempre

es posible y necesario recomenzar.

Recomenzar es darse una nueva oportunidad,

es renovar las esperanzas en la vida

y lo más importante, creer en ti mismo.

¿Sufriste mucho en ese período?

Fue aprendizaje.

¿Lloraste mucho?

Fue limpieza en el alma.

¿Sentiste rencor?

Fue para poder perdonar.

¿Estuviste solo/a en algunos momentos?

Es porque cerraste la puerta.

¿Creíste que todo se había perdido?

Era simplemente el inicio de tu mejora.

AHORA es el momento de reiniciar,

de pensar en la luz, de encontrar alegría

en lo más sencillo.

¿Te sientes solo/a? ...

Mira alrededor y encontrarás a mucha gente

esperando tu sonrisa para acercarse más a ti.

Recomenzar...

Hoy es un excelente día para comenzar

con un nuevo proyecto de vida.

¿Dónde quieres llegar?

Mira alto, sueña alto, anhela lo mejor

de lo mejor, anhela todo lo bueno,

pues la vida nos trae lo que anhelamos... ...

si pensamos pequeño, lo pequeño nos vendrá ... ...

si pensamos firmemente en lo mejor,

en lo positivo y luchamos por alcanzarlo,

lo mejor va a venir a nuestra vida.

Es HOY el día de la gran limpieza mental,

no merece la pena la tristeza.

La vida te llama, te invita a una nueva aventura,

a un nuevo viaje, a un nuevo desafío.

Proponte en este día a ti misma/o que harás

todo lo posible para alcanzar tus objetivos.

Confía en la vida, confía en ti.

 

 

  

Lecturas del día siguiente

 

Sábado, 19 de enero de 2019

Vayamos confiadamente al trono de la gracia

Lectura de la carta a los Hebreos

4, 12-16

Hermanos:

La Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo: ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Ninguna cosa creada escapa a su vista, sino que todo está desnudo y descubierto a los ojos de Aquel a quIen debemos rendir cuentas.

Y ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un Sumo Sacerdote insigne que penetró en el cielo, permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe. Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario, Él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado.

Vayamos, entonces, confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL                                    18, 8-10. 15

R.    ¡Tus palabras, Señor, son espíritu y vida!

La ley del Señor es perfecta,

reconforta el alma;

el testimonio del Señor es verdadero,

da sabiduría al simple. R.

Los preceptos del Señor son rectos,

alegran el corazón;

los mandamientos del Señor son claros,

iluminan los ojos. R.

La palabra del Señor es pura,

permanece para siempre;

los juicios del Señor son la verdad,

enteramente justos. R.

¡Ojalá sean de tu agrado

las palabras de mi boca,

y lleguen hasta ti mis pensamientos,

Señor, mi Roca y mi redentor! R.

EVANGELIO

No he venido a llamar a justos sino a pecadores

a   Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Marcos

2, 13-17

Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió.

Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con Él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían. Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Por qué come con publicanos y pecadores?»

Jesús, que había oído, les dijo: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

Palabra del Señor.

Reflexión

Heb. 4, 12-16. Aquel que medita la Palabra de Dios para anunciarla a sus hermanos como camino de salvación y de unión con Cristo, debe ser el primero en ser cuestionado y juzgado por esa Palabra; debe ser el primero en vivirla, de tal forma que, cuando la anuncie no lo haga desde discursos bella y magistralmente elaborados, sino desde la propia experiencia que el mensajero haya tenido de esa Palabra. Sólo así podrá hacer que quienes le escuchen no lo escuchen a él, sino al Señor que se acerca a toda persona de buena voluntad para tenderle la mano, levantarla de sus miserias y conducirla a la salvación eterna.

Cristo Jesús, ofrecido de una vez para siempre para el perdón de nuestros pecados, nos llama a participar de su Gloria a la diestra de Dios, su Padre y Padre nuestro. Y la Iglesia colabora en esa misión no sólo ofreciendo un sacrificio grato al Señor y rogando por los pecadores, sino convirtiendo su vida en una continua oblación grata a Dios; oblación en que se convierte la entrega de todos sus miembros al realizar el bien a favor de todos. Sólo así estaremos colaborando para que todos puedan acercarse al trono de la gracia a fin de obtener misericordia y encontrar la gracia de un socorro oportuno en los momentos de prueba, pudiendo, así, con la ayuda del mismo Dios, permanecerle siempre fieles.

Sal. 19 (18). Reconocemos la eficacia de la Palabra de Dios, que es espíritu y vida, descanso y alegría, luz y felicidad; Palabra que penetra hasta lo más íntimo de nosotros y descubre los secretos e intenciones del corazón; Palabra que nos salva, pues, al tomar carne en nosotros, nos hace manifestarnos como hijos de Dios.

Pero no basta con saber todo esto; no basta, incluso, con aprender de memoria la Palabra de Dios. Es necesario que esa Palabra transforme nuestra vida y nos convierta en un signo del amor que Dios manifestó al mundo en Cristo Jesús, su Hijo y Hermano nuestro. Si vivimos conforme a la Palabra de Dios seremos rectos, y motivo de paz y alegría para nuestro prójimo pues ya no viviremos conforme a nuestros egoísmos, ni conforme a nuestras bajas pasiones, que nos dividen, sino conforme al amor de Dios que nos une a todos como hermanos, pues su Espíritu en nosotros nos hará reconocernos como hijos del mismo Dios y Padre.

Mc. 2, 13-17. Jesucristo vino a buscar y a salvar todo lo que se había perdido. Y, nos dice san Pablo: Esta doctrina es segura y debe ser aceptada sin reservas: Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Si alguno dice que no tiene pecado, es un mentiroso y quiere hacer pasar a Dios también por mentiroso. Dios envió a su propio Hijo para salvarnos a todos del pecado y hacernos hijos suyos. Nadie puede creerse puro. Y si alguien viviese sin pecado, lo cual es muy difícil, pues la Escritura dice que hasta el justo peca siete veces al día, debería ser el primero en compadecerse de quienes, viviendo bajo el dominio del pecado, han de ser liberados de sus esclavitudes y ser conducidos a Cristo para alcanzar en Él la salvación.

Jamás despreciemos a quienes vivan tal vez hundidos en grandes miserias. No huyamos de ellos. Por ellos Cristo dio su vida en la Cruz. Y para ellos Cristo fundó su Iglesia; pues en ella todos, sin excepción, han de encontrar el camino que les conduzca al Padre.

El Señor, aún conociendo nuestras propias miserias y pecados, nos llama para que vayamos tras de Él como discípulos para que, así como Él ha tenido misericordia de nosotros y nos ha salvado, así aprendamos a ser misericordiosos aún con los más grandes pecadores, y trabajemos para que también a ellos llegue el perdón, el amor de Dios y la salvación que Él ofrece a toda la humanidad.

El Hijo de Dios, hecho uno de nosotros en la humildad de nuestra carne mortal, vivió cercano a los pobres y a los pecadores. Él vino a decirles y a demostrarles cuánto los sigue amando el Padre Dios.

Y nosotros, pobres y pecadores, hemos sido invitados, en este día, a participar, mediante esta Eucaristía, de la gran riqueza de salvación que Dios ha reservado para los suyos. Y a nosotros nos quiere suyos. Para eso nos ha convocado en este día, para ofrecernos su perdón y para hacernos, nuevamente, partícipes de su vida divina. ¿Habrá acaso un amor más grande de Dios hacia nosotros?

Dios quiere que seamos parte de su Reino y Familia. Para eso nos ha ungido con su Espíritu. Y llenos de su Espíritu nos quiere como un signo de su salvación en el mundo y su historia. Por eso Él le ha confiado a la Iglesia el ministerio de la reconciliación. No podemos, por tanto, conformarnos con proclamar el Evangelio del Señor a quienes ya viven cerca de Dios, sino que hemos de ir al encuentro de toda clase de pecadores, y sin miedo a ser mal juzgados o criticados, anunciarles el gran amor que Dios nos tiene a todos.

Jesucristo convive y come con los pecadores. Los llama para que estén con Él, pues quiere convertirlos en testigos de su Evangelio. Con esas actitudes Él quiere hacernos entender que nadie puede hablar del amor y del perdón de Dios mientras no lo haya experimentado en su propia vida. Por eso el Apóstol, el Testigo del Evangelio no es el erudito, sino el amigo de Dios. Esto no puede llevarnos a despreciar a quienes dedican su vida a investigar las cosas de Dios; pero mientras a estos sólo los hinche la ciencia y no vivan cercanos a Dios podrán dejarnos deslumbrados con sus investigaciones, pero de ahí no podrá surgir la salvación.

No son los sabios, sino los santos los que, por su unión con Dios, serán los auténticos colaboradores para que a todos llegue la salvación. Efectivamente, la salvación vendrá del desierto; de aquellos que vivan una relación íntima con Dios en un auténtico silencio sonoro. Quien escuche al Señor, quien se deje amar y transformar por Él, a pesar de que haya sido el más grande de los pecadores, podrá hablarnos, desde su propia experiencia, del Dios salvador, del Dios que es amor y que es misericordia.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la apertura necesaria para dejarnos amar, perdonar y enviar por Él. Que así, desde una vida que el mismo Señor restaure, podamos dar testimonio al mundo de cuánto nos ama Dios, y cómo para Él no cuentan los criterios humanos, sino sólo su amor, su bondad y su misericordia para quienes eligió para que fuesen uno en Cristo y testigos de su amor en el mundo. Amén.

Homiliacatolica.com


Liturgia - Lecturas del día

 

Haced lo que él diga

Santo Evangelio según San Juan 2, 1-11. Domingo II (C) del tiempo ordinario


Por: H. David Mauricio Sánchez Mejía, L.C. | Fuente: www.missionkits.org



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Haz, Señor, de mí, un instrumento de tu amor.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 2, 1-11

En aquel tiempo, hubo una boda en Caná de Galilea, a la cual asistió la madre de Jesús. Éste y sus discípulos también fueron invitados. Como llegara a faltar el vino, María le dijo a Jesús: “Ya no tienen vino”. Jesús le contestó: “Mujer, ¿qué podemos hacer tú y yo? Todavía no llega mi hora”. Pero ella dijo a los que servían: “Hagan lo que él les diga”.

Había allí seis tinajas de piedra, de unos cien litros cada una, que servían para las purificaciones de los judíos. Jesús dijo a los que servían: “Llenen de agua esas tinajas”. Y las llenaron hasta el borde. Entonces les dijo: “Saquen ahora un poco y llévenselo al encargado de la fiesta”. Así lo hicieron, y en cuanto el encargado de la fiesta probó el agua convertida en vino, sin saber su procedencia, porque sólo los sirvientes la sabían, llamó al esposo y le dijo: “Todo el mundo sirve primero el vino mejor, y cuando los invitados ya han bebido bastante, se sirve el corriente. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora”.

Esto que hizo Jesús en Caná de Galilea fue el primero de sus signos. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

Palabra del Señor.

QUE SEA YO BUEN VINO, SEÑOR

Javier Leoz

 

 

Que ponga palabra oportuna

allá donde se desarrolle el desconcierto

Que irradie música y alegríac

cuando brote el escenario de la tristeza y la angustia

QUE SEA YO BUEN VINO, SEÑOR

Que hable de Ti y de tus hazañas

aún en medio de incomprensiones y vacíos

Que lleve la esperanza y el optimismo

a un mundo que llora perdido

Que cargue las tinajas de los corazones de las personas

con tu Palabra que todo lo colma y satisface

Que convierta el vinagre de muchas historias

en el dulce vino de tu fraternidad y de tu Evangelio

QUE SEA YO BUEN VINO, SEÑOR

Que, con María, también abra los ojos

y descubra los sufrimientos y la escasez

el fracaso y tanto aguafiestas

que abortan el espíritu festivo de la humanidad

el anhelo de fraternidad de este mundo.

QUE SEA YO BUEN VINO, SEÑOR

Y sepa darte gloria, por mis obras

Y sepa bendecirte, por tanto signo que realizas

Y sepa agradecerte, por tantos dones que regalas

Y sepa alabarte, por salir al encuentro del hombre

Gracias, Señor,

tu vino (el único, el mejor y el más auténtico)

alegra la mesa de toda nuestra vida.

Que en este Año de la Fe, como buen vino,

sea capaz de ofrecer tu Palabra con mi voz

tu presencia, en mi entrega

tu fortaleza, con mi testimonio

tu amor, a través de mi caridad

tu corazón, por mi comprensión

tu reino, en mi forma de entender y de vivir la vida

Amén

  Lecturas del día anterior

Jueves, 17 de enero de 2019

Semana 1ª durante el año

Memoria obligatoria - Blanco

Hebreos 3, 7-14 / Marcos 1, 40-45

Salmo responsorial Sal 94, 6-11

R/. “¡Ojalá escuchen hoy la voz del Señor!”

 Santoral:

San Antonio, Santa Rosalina de Villeneuve

y San Amalberto

 

No renuncies a tus sueños

Dale la mano a Dios.

Busca una mayor y más profunda intimidad con Él

Tan solo descansa en Él y espera en Él.

Mientras lo haces permite que el Espíritu Santo

te llene de su presencia y te renueve.

Deja que venga sobre ti renovando tu mente,

tu corazón, tu cuerpo.

Una nueva fuerza vendrá sobre tu vida.

Tu mente se desbloqueará.

Respira profundo y busca a Dios en cada instante.

Descúbrelo en cada momento que vivas

y reconócelo en cada cosa a tu alrededor.

Comienza a ver con nuevos ojos.

No renuncies a tus sueños.

Cuando determines tu objetivo, camina hacia él.

No permitas que nadie ni nada te desvíen.

Usa los inconvenientes como fuerzas impulsoras

que te acercan al logro de tu sueño.

Transforma lo negativo en positivo.

Si algo negativo vino a tu vida

es porque algo positivo ocurrió en ti.

¿Cómo vencer lo negativo que te ha sobrevenido?

Debes descubrir algo negativo que debe haber en ti.

Cuando descubres lo negativo que hay en tu vida

y lo enfrentas, ocurre algo maravilloso:

lo negativo que te ha sobrevenido

y lo negativo en ti, se transforma

en algo positivo: menos por menos = Más.

Si a lo negativo reaccionas en forma negativa,

seguirá siendo algo negativo.

Pero si eres capaz de retener esta verdad

y practicarla, vencerás.

Lo negativo que nos viene a nuestra vida

debe ser motivo para hacernos reflexionar

para descubrir algo negativo que hay en nosotros.

Cuando lo hacemos, se transforma

la maldición en bendición.

No renuncies a tus sueños.

Tu sueño está en un lugar alto.

Tu trabajo consiste en hacer los peldaños

que te permitirán subir por tu vida

para alcanzar tu sueño.

Construye cada peldaño con Sabiduría,

ella viene de Dios: dale la mano a Dios cada día.

Construye cada peldaño con Perseverancia.

Fluye como el agua, el agua siempre

se dirige hacia donde desea.

Construye cada peldaño con Trabajo.

Tu sueño requiere ser construido

con trabajo incansable.

¡No renuncies a tus sueños!

 

Liturgia - Lecturas del día

Jueves, 17 de enero de 2019

Anímense mutuamente mientras dure este «hoy»

Lectura de la carta a los Hebreos

3, 7-14

Hermanos:

Como dice el Espíritu Santo:

"Si hoy escuchan su voz,

no endurezcan su corazón

como en el tiempo de la Rebelión,

el día de la Tentación en el desierto,

cuando sus padres me tentaron poniéndome a prueba,

aunque habían visto mis obras

durante cuarenta años.

Por eso me irrité contra aquella generación, y dije:

Su corazón está siempre extraviado

y no han conocido mis caminos.

Entonces juré en mi indignación:

Jamás entrarán en mi Reposo".

Tengan cuidado, hermanos, no sea que alguno de ustedes tenga un corazón tan malo que se aparte del Dios viviente por su incredulidad. Antes bien, anímense mutuamente cada día mientras dure este hoy, a fin de que nadie se endurezca, seducido por el pecado.

Porque hemos llegado a ser partícipes de Cristo, con tal que mantengamos firmemente hasta el fin nuestra actitud inicial.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL                                            94, 6-11

R.    ¡Ojalá escuchen hoy la voz del Señor!

¡Entren, inclinémonos para adorarlo!

¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!

Porque Él es nuestro Dios,

y nosotros, el pueblo que Él apacienta,

las ovejas conducidas por su mano. R.

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:

«No endurezcan su corazón como en Meribá,

como en el día de Masá, en el desierto,

cuando sus padres me tentaron y provocaron,

aunque habían visto mis obras». R.

«Cuarenta años me disgustó esa generación,

hasta que dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no conoce mis caminos.

Por eso juré en mi indignación:

jamás entrarán en mi Reposo». R.

EVANGELIO

La lepra desapareció y quedó purificado

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Marcos

1, 40-45

Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: «Si quieres, puedes purificarme». Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado». En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.

Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: «No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio».

Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a Él de todas partes.

Palabra del Señor.

Reflexión

Heb. 3, 7-14. Somos una Iglesia peregrina; ¿Hacia dónde? ¿En verdad somos conscientes de que nuestros pasos se encaminan hacia la posesión de los bienes definitivos, en donde llegará a su plenitud nuestra realización personal como hijos de Dios?

Muchas veces quisiéramos vivir atados a nuestro pasado, como si otros tiempos hubiesen sido los mejores; y nos resistimos a construir un mundo que hoy sea el mejor y que prepare tiempos todavía mejores para el mañana.

Queremos vivir atados a grupos que le dan "sentido" a nuestra vida, pues nos sentimos realizados con ellos; y nos olvidamos de las grandes mayorías que viven lejos del Señor, caminando en tinieblas y viviendo en tierra de sombras de muerte; nos quejamos por tantos males y desgracias que provocan aquellos que viven como si Dios no existiera para ellos.

Pero ¿nos hemos desinstalado y comenzamos a peregrinar buscando la oveja descarriada?

Si participamos de la vida de Cristo es para que le seamos fieles no sólo en la escucha de su Palabra, sino en el caminar buscando a la oveja descarriada para conducirla, junto con nosotros, a la Casa eterna del Padre.

Vivamos, pues, libres de la tentación de querer dejar de ser peregrinos para volver a la esclavitud de nuestros egiptos, de nuestras comodidades, de nuestras miserias y pecados; pues si damos marcha atrás, quedará muy lejos de nosotros la posesión de los bienes definitivos.

Sal. 95 (94). Dios, como a nuestros antiguos padres, nos justifica únicamente por la fe. Y nuestra fe se deposita en Cristo, cuya voz escuchamos y ponemos en práctica, pues de nada nos servirá el vivir como discípulos descuidados. El Señor quiere que en todo hagamos su voluntad, pues, aun cuando la salvación no nos viene por nuestras obras, sino por creer en Cristo Jesús, sin embargo el que lleva una vida desordenada está indicando con sus malas obras que está y vive lejos del Señor; en cambio, el que lleva una vida según Dios, está indicando con sus buenas obras que ha escuchado al Señor y que le vive fiel. Entonces Dios llevará consigo a los que le pertenecen y viven conforme a sus enseñanzas.

Hoy la salvación ya es nuestra en Cristo Jesús; ojalá y no despreciemos la oportunidad que Dios nos da para entrar, junto con su Hijo, en la posesión de la patria eterna.

Mc. 1, 40-45. Dios ha tenido compasión de nosotros, y nos ha enviado a su propio Hijo, el cual, hecho uno de nosotros, no sólo ha venido a remediar nuestros padecimientos corporales, o a remediar nuestros males materiales socorriendo a los pobres, sino que ha venido a liberarnos de la esclavitud al pecado y a la muerte. Unidos a Él somos hechos hijos de Dios, y no podemos guardar silencio respecto al amor que Dios nos ha manifestado. Por eso hemos de proclamar ante el mundo entero lo misericordioso que ha sido Dios para con nosotros, de tal forma que todos vayan a Cristo y encuentren en Él la salvación, sin importar lo grave de las maldades de su vida pasada, pues el Señor no ha venido a condenarnos sino a buscar y a salvar todo lo que se había perdido.

El Señor ha tocado nuestra vida, nuestra naturaleza humana deteriorada por el pecado, no para contaminarse, sino para salvarnos. Pongamos en Él todo nuestro amor y toda nuestra confianza.

En este día el Señor nos manifiesta su amor y nos invita a la conversión para que volvamos a entrar en comunión de vida con Él. Este es el día que Él nos ofrece para que seamos limpios de todo aquello que nos alejó de su presencia. Él jamás ha dejado de amarnos; Él nos quiere para siempre a su derecha, unidos a su Hijo.

Y en esta celebración se vuelve a realizar esta Alianza entre Dios y nosotros; hoy el Señor está dispuesto a recibirnos, libres de toda maldad y de toda culpa. Él jamás nos guardará rencor perpetuamente, pues es nuestro Dios y Padre y no enemigo a la puerta. Por eso hemos de venir no sólo a ponernos de rodillas y a bendecir al Señor, sino también dispuestos a escuchar su Palabra y a ponerla en práctica.

Reconozcamos, pues los caminos del Señor y no nos extraviemos lejos de Él, hasta que, yendo tras las huellas de Cristo, lleguemos algún día al Descanso eterno.

Así como nosotros hemos sido amados por Dios, así hemos de amarnos los unos a los otros. Por muy grandes que sean los pecados de los demás, jamás los hemos de condenar, sino más bien ir a ellos con el mismo amor y la misma compasión que Dios nos ha manifestado a nosotros en Cristo Jesús.

Tocar a los enfermos, significará acercarnos a ellos para conocer aquello que realmente les aqueja, para dar una respuesta a sus miserias, no desde nuestras imaginaciones, sino desde su realidad, desde su cultura, desde su vida concreta. Esto nos habla de aquello que el Magisterio de la Iglesia nos ha propuesto: inculturizar el Evangelio. Y, aún cuando no hemos de caer en una relectura ideologizada del Evangelio, el anuncio del mismo no podrá ser eficaz mientras no conozcamos a los demás en su caminar diario; entonces podremos no sólo serle fieles a Dios, sino también ser fieles a las personas concretas.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de vivir en una continua cercanía a Él para escuchar su Palabra y ponerla en práctica; y en una continua cercanía a los demás para conocerlos en su vida concreta, y poderlos ayudar a que Cristo se convierta en la Luz que ilumine su camino hacia el encuentro de nuestro Dios y Padre. Amén.

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