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Espíritu Santo – El Gran desconocido.
 
 
 

 

El Espíritu santo, siempre ha sido el gran desconocido en nuestra iglesia, es por ello que no lo conocemos muy bien y tenemos algunas ideas erróneas acerca de él.

Confieso que poco conozco de él y apenas hace unos pocos años era un completo desconocido para mí.

Se habla mucho de él, y se le asocia al fuego, al viento, a la Luz, etc. como se le describe en la biblia, pero la verdad es que, él es la tercera persona de la santísima trinidad y como tal debemos verla, así como “concebimos” al Padre o al Hijo.

Sin embargo ya que sus efectos son tan sobresalientes lo apreciamos como un fuerte e impetuoso viento, como una lengua de fuego, una luz cálida y abrazadora, etc.

Jesús nos lo describe como el consolador, el paráclito  y lo apreciamos como la fuente que nos ilumina y nos permite entender los misterios de Dios y es el medio a través del cual nos llegan los dones o carismas.

Algunos lo han descrito en diferentes formas como la superautopista a través de la cual Dios nos puede alcanzar y nosotros podemos alcanzar a Dios.

El Padre Jose Maria del niño Jesús nos dice: “El Espíritu Santo es una llama que siempre va subiendo y quiere hacernos subir consigo. Nosotros queremos pararlo y se extingue; o más bien acaba por desaparecer del alma así paralizada y pegada a la tierra, pues no tarda ella en caer en pecado mortal. La pureza resulta necesaria para que el Espíritu Santo habite en nosotros.”
 
Algunos lo ven como el medio de comunicación algo así como el teléfono rojo (recuerdan en la época de la guerra fría existía un teléfono que comunicaba directamente la casa blanca con el kremlin para evitar errores que desataran una guerra mundial), este teléfono tendría que ser hoy el celular “rojo” con el cual se cumple el plan de Dios el cual es comunicarnos sus designios a través del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es el inseparable compañero de Jesús, por ello el Santo Padre Benedicto nos dice: “si se prescinde de Cristo, el Espíritu Santo no se experimenta más o al contrario si se prescinde del Espíritu, es Cristo quien no se experimenta más.

En una de las ponencias centrales del CAM3 – COMLA 8 realizada en Quito, monseñor Luis Augusto Castro (Arzobispo de Tunja), dio una charla titulada Pentecostés: Comunidad llevada por el Espíritu, en la cual describe al espíritu santo como una serie de “EMPUJONES”, lo cual me hizo recordar una experiencia de mi niñez, en esa época en que tenia como unos 10 años de edad, mi hermano y yo íbamos todas la mañanas a esperar el bus del colegio, que asaba por la esquina de la cuadra y allí nos reuníamos con otros compañeros a esperar el transporte, de la casa de enfrente salía una hermosa chica que me gustaba ( de cerca de unos 9 Años pienso) a la misma hora y se alejaba al paradero del bus que también la recogía. Un día mis compañeros notaron mi interés por ella y empezaron a empujarme para que fuera hablar con ella, pero yo contestaba pero “y que le digo”, y ellos me dieron algunas ideas como “puedo acompañarte” te llevo los libros etc., al fin de tanto empujón decidí ir a hablar con ella, y aunque pensé que había tenido éxito, al día siguiente ella salió como de costumbre y yo me disponía a acompañarla nuevamente, cuando me di cuenta que detrás de ella, salió su hermano mayor como guardaespaldas y entonces me di cuenta que no quería nada conmigo, sin embargo no me arrepiento ya que si no, hoy todavía estaría pensando en que habría sido si me hubiera atrevido a hablarle. Pero allí entendí lo que significa un empujón, esto lo vemos en pentecostés cuando los apóstoles se mantenían llenos de temor encerrados antes de la venida del Espíritu Santo y luego Pedro salió libre de miedo a predicar, a pesar de que ya se había iniciado la persecución cristiana.

Este empujón es el que monseñor Castro describe como el “empujón hacia fuera” y es el que nos lleva a anunciar sin temor el Kerigma y a proclamar a Jesús como nuestro salvador. Debemos dejarnos empujar y llenos de ese entusiasmo salir a predicar la promesa de la vida eterna en Jesús.

Si Jesús escogió a doce incompetentes, para la realización de su misión y ellos lograron con éxito la misión de evangelización, (eso nos demuestra que es el espíritu el que actúa), que escusas encontramos nosotros para no hacerlo si contamos con mayores talentos?

Aunque podría aquí referirme a los otros empujones, (prefiero que busquen y lean la ponencia para reflexionarla a fondo), quiero solo referirme a otro empujón que monseñor lo describe como, el “empujón hacia arriba” o el empujón hacia la santidad.

Este empujón al cual nos lleva el espíritu santo es el buscar las cosas de Dios, buscar primero nuestro encuentro personal con Jesús y así como los discípulos en Juan 1, 38, preguntarle al Señor, “donde vives

Que es algo así como decirle “y tu en que andas? Cual es tu cuento? Al cual él siempre contesta “venid y lo veréis

Esta invitación de Jesús a seguirlo al igual que en Mateo 4, 19, donde de Jesús le dice a Pedro y aAndres “venid conmigo y os hare pescadores de hombres”, es la misma invitación que nos hace a nosotros. Hoy es dejarlo todo y seguirlo no en forma material sino en mente, corazón y espíritu. Es el amar a Dios sobre todas la cosas, es desapegarse a todo lo material, el disminuirse en la humanidad y a querer siempre hacer la voluntad de Dios.

Es el “señor está conmigo” de María y el hágase tu voluntad (lo cual es ni siquiera “yo hago tu voluntad” sino más allá)

A entender que no importa a donde te lleva, aunque no sepas para donde va, porque él es el único camino.

Añora este encuentro con Jesús, porque es el primer paso para ir en busca de la santidad, si no lo has tenido aun pídeselo al señor con todas tus fuerzas y el te lo concederá.

Este empujón hacia arriba te llevara además a evitar el pecado, a buscar el amor de Dios y dar y recibir el Perdón que necesitamos. Pídele al señor que envié su espíritu a terminar su obra en ti, que no te deje incompleto.

El principal objetivo del Espíritu Santo consiste en formar en nosotros a Jesucristo.es decir que el Espíritu Santo nos inspire pensamientos y sentimientos conformes con los de Jesucristo, a que el Espíritu Santo ore en nosotros y por nosotros y a que nos forme en las virtudes de Jesucristo.