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Estamos transitando el mes de octubre, mes de las misiones


        En la Visitación, la Virgen María realiza su primer peregrinar misionero saliendo de su tierra de Nazareth, para ir al encuentro de su prima Isabel. Lleva a Jesús en su seno para darlo a conocer a su prima. De esta manera, María se convierte en la primera misionera llevando a Jesús a los demás.
        Fue la primera acción misionera de María que nos narran los Evangelios. Bastó una insinuación del Ángel Gabriel, y ella se puso en camino hacia el hogar de su prima. Prefirió no quedarse en casa, adorando a Jesús recién concebido en su seno. Y es evidente que nunca tuvo la tentación de separar el amor a Dios del amor al prójimo. A ambos amores, entrelazados en su alma, se dedicaba con todo el corazón, con toda el alma y con todas sus fuerzas. Tampoco la detuvieron los peligros del camino. María misionera, llena de valor, salió de Nazaret, simplemente para servir. Servía a Dios y serviría a su pariente necesitada. Había tocado su alma el que vino ‘a servir y no a ser servido’.

 

            María no tiene a Cristo para sí, para ser su propietaria y poseedora, ella lo tiene para darlo, ella lo ha recibido para entregarlo a los demás, y esta actitud ...



...presurosa de salir al encuentro de su prima Isabel para servirla, también la hace la primer misionera que lleva a Cristo, lo entrega, lo ofrece, lo da a los demás para que Él haga una obra transformadora en el otro desde la alegría, desde la simpleza, desde el servicio, desde la disposición de su corazón para poder ayudar a cambiar la vida de los otros. Participando de la misión de Jesús, nadie como su madre se comprometió con la vida de las personas y de los pueblos.
            María es entonces la primera creyente y discípula de Cristo, la primera evangelizadora o misionera del Reino de Dios. Ella tiene una “misión materna para todos los hombres” (LG 60) y en cuanto mujer y madre representa un “punto de referencia… para los pueblos y para la humanidad entera”. Es la mujer de la unidad en la diversidad, porque, además del servicio solidario a favor de los más pobres y necesitados, nos enseña a encontrar la unidad como pueblos y culturas, superando toda clase de divergencias.


            Ella nos enseña a realizar como misioneros lo mismo que hizo ella como Madre. Es decir hacer vida la Palabra y el Amor de Jesús para proclamar a todos un Mensaje de  esperanza.
            El misionero evangelizador es aquel que se dispone a sembrar la semilla de la Palabra y lo hace arriesgando todo tipo de resultados: que la semilla prenda o que se seque y muera. El Señor establece los distintos terrenos a los que ira la semilla. A veces, el pensar que va a caer en tierra poco profunda o llena de espinas o al borde del camino engendra tentación de no sembrar. Esto es natural, pero de ninguna manera aceptable para aquel que tiene la misión de predicar la Palabra, porque el Señor nos envía a sembrar no a cosechar.
            ¿Somos discípulos y misioneros como María…?