Siguenos en:

Evangelio del Día

oracion1

Audio Libro

Libro

  1.                          Lectio Divina -Metodología
  • La Lectio Divina más que un método de lectura de la Biblia es una EXPERIENCIA DE ENCUENTRO CON EL SEÑOR, pues, la dinámica interna de los pasos que sugiere no se agotan en el texto en sí, sino que lo transciende, haciendo que partiendo del texto escrito en la Biblia se busque el encuentro personal con el Señor. De ahí, que la Lectio Divina es una instancia para una experiencia espiritual, buscando rehacer y retomar la experiencia original del escritor sagrado actualizándola en la propia vida.
  • Este proceso de búsqueda del Señor es una experiencia mística, donde no entra únicamente lo intelectual, sino que es una experiencia de Dios en el hoy, aquí y ahora. De nada sirve conocer lo que han sentido y vivido otros personajes si uno mismo no es capaz de hacer esa experiencia. Es esto lo que posibilita y facilita la Lectio Divina, pues por medio de una lectura gradual del texto se va profundizando y adentrando en el mensaje que transmite buscando al Señor que se da a conocer por medio de esa revelación. Es por eso que la Lectio Divina no es simplemente un método de lectura, que se limita y agota en el texto escrito, sino que partiendo del texto de la Escritura favorece la búsqueda del Señor, siendo Él el sentido de toda la lectura y de la búsqueda del Señor.
  • La Lectio Divina como medio para la experiencia de Dios a partir de la Escritura, no se agota en el texto escrito, en sí, eso no es el fin del método, sino que partiendo del texto se busca al Señor, para encontrarlo vivo y presente en su Palabra escrita, para reconocerlo en su palabra viva en la vida de cada día. Y de este encuentro con el Señor, que siempre es un encuentro vivo y actual, que siempre es novedoso, que siempre tiene facetas y modos diferentes y únicos, se llega a la vida, que es el lugar donde se cataliza y se visualiza toda experiencia de Dios. Es en el actuar, en la cotidianeidad del día a día, donde aquello que fue rezado se debe manifestar.

     Es por esto que la Lectio Divina, si bien trabaja el texto escrito, lo profundiza, lo reflexiona, lo reza, siempre tiene la perspectiva de la vida, siempre busca aplicar esa palabra al día a día, a hacer vida aquello que fue conocido por medio de la Escritura. Para los cristianos el texto bíblico no es meta en sí misma, no buscamos apenas conocer cosas de la Biblia para repetirlos mecánicamente, sino que la finalidad y la meta de la revelación es la adhesión consciente, libre y amorosa a Aquel que se nos ha revelado en las Escrituras. Es por esto, que decimos que la Lectio Divina nos introduce a una experiencia de Encuentro con Señor por medio de pasos que van profundizando el texto bíblico. Pues es sabido que lo fundamental no es saber cosas de la Biblia, sino vivirlas y hacerlas actitudes y gestos concretos, actualizando la vida y el proyecto del Señor Jesús.

4.1                                          ACTITUD

  • La Palabra no es magia, no es automática. El hecho de utilizar unos pasos que en sí son medios para el encuentro con el Señor, no significa ni garantiza un encuentro vital. Es verdad, que ella es siempre eficaz, pero no es automática, no es algo mecánico, sino que requiere una disposición, es imprescindible una apertura y una docilidad a la acción del Señor en uno por medio de su Palabra. Siempre va a requerir una respuesta a la manifestación y a la acción de Dios en nuestra vida.
  • La Lectio Divina y en sí la lectura de la Sagrada Escritura es un adentrarse en el mundo de la gracia, en el mundo de Dios, donde todo es don, donde todo es gratuidad, donde todo es manifestación del Señor, donde nada es debido, sino que todo es expresión de amor.

     El encuentro con el Señor por medio de su Palabra es algo vital, es algo renovador y transformador, es acción directa del Espíritu Santo por medio del texto escrito, pero es fundamental una respuesta a esa manifestación, que requiere una correspondencia, al amor preferencial del Señor que se revela por medio de su Palabra. Si de verdad hay encuentro con el Señor nunca, de ninguna manera uno puede salir siendo la misma persona. Eso no, sino que el encuentro lleva a la transformación y esta transformación es respuesta y docilidad a la acción del Señor en uno mismo.

La Lectio Divina (Lectura Divina), comprende cuatro pasos: Lectio, Meditatio; Oratio y Contemplatio (y Acción): Lectura, Meditación, Oración y Contemplación (y Acción).

En forma similar a la usamos el Pan así:

El Pan se Toma (lectio)

El Pan se mastica (meditación)

Se digiere (Oración)

Se asimila o se convierte en la persona (Contemplación y acción)

Demos estos pasos siguiendo este esquema:

Nos entregamos al Padre ya Jesús e invocamos al Espíritu Santo para que nos conceda la Sabiduría, el discernimiento y el amor.

Hacemos lentamente la lectura visualizadora, contemplativa del texto tratando de vivirlo con nuestros sentidos, con la mente y el corazón.

Nos preguntamos Qué nos dice DIOS, concreta y personalmente con estas palabras que escuchamos. (A que me invita el texto?, Que es lo que Cristo me pide?, como fortalece mi fe, esperanza y caridad?)

Nos preguntamos Qué le decimos a DIOS, personalmente, al escuchar la palabra (actos de alabanza, de acción de gracias, de perdón, de súplica especial, etc.)

     Nos preguntamos Qué haremos para vivir esta palabra y comprometernos con DIOS (propósitos, compromisos, actitudes de entrega y de servicio, ser ofrenda de amor).

     En silencio oramos y contemplamos al Señor que nos ama y nos contemplamos nosotros mismos amados por el Señor y cumpliendo nuestro compromiso.)

Metodología.

     Tomar un texto de la Biblia, sobre el cual se va ha ser la Lectio Divina.

Realizamos una Oración pidiendo espíritu Santo.

Realizar la Lectura en forma lenta y muy pausada, sintiéndose en la presencia del Señor que nos esta hablando.

     Es conveniente después de los pasos de Oración, lectura y contemplación hacer un momento de silencio para disponernos a la interiorización de la palabra.

     Insistir en los verbos que expresan la Acción del Señor y en los que expresan nuestra respuesta a la acción.

Tomar la palabra en lo que nos dice a Mí, a mi familia, a mi grupo, comunidad, iglesia etc.

     Hacernos las preguntas correspondientes en los pasos correspondientes y meditar en cada paso.

     Realizar las acciones que correspondientes (alabanza, perdón, propósitos, etc.)

     Deja hablar al corazón, compone mentalmente una oración de arrepentimiento, súplica, agradecimiento, alabanza o entrega.

     Para terminar has una oración vocal coherente con lo leído (Salmo, Padre Nuestro, Ave María.)

     Deja un Momento de silencio para contemplar el Amor de DIOS y deja que la palabra ilumine tu vida.

     Quédate con una frase que te acompañe durante el día para revivir la presencia de Dios.

4.2                                LECTURA

LECTURA. ¿Qué dice el texto?

La LECTURA atenta y pausada de la Palabra escrita del Señor, es la base y el corazón de la Lectio Divina. Sin un conocimiento claro y preciso del texto, será imposible realizar los siguientes pasos de la metodología. La LECTURA es determinante para todo el método, pues si no se conoce lo que dice y transmite el pasaje, si no se entiende lo que dice la Escritura, es imposible hacer la meditación o la contemplación, como tampoco ver el actuar, aquello que se debe poner en práctica. Para una recta interpretación es determinante una lectura atenta, detenida y creyente del texto.

Una LECTURA de fe, con espíritu de discípulo, con corazón abierto y disponible, buscando conocer y profundizar aquello que el Señor nos transmite es la base para cualquier reflexión bíblica. Para nosotros que Una LECTURA de fe, con espíritu de discípulo, con corazón abierto y disponible, buscando conocer y profundizar aquello que el Señor nos transmite es la base para cualquier reflexión bíblica. Para nosotros que creemos, nuestro acercamiento al texto es la de un creyente y un discípulo, donde más allá de hacer un estudio detallado del texto, de conocer su estructura interna, el contexto donde fue generado, la actitud ante el texto de la Escritura es una actitud de fe, buscando conocer el mensaje que transmite para hacerlo vida y asimilarse al Señor Jesús, de ahí, que nuestra lectura no es neutra, sino la de un creyente, que encuentra en ella una revelación del Señor y una propuesta de vida.

Actitudes y disposiciones para la lectura:

  1. Hacerla desde la Biblia y con la Biblia. Si no se tiene el texto escrito de la Biblia, será simplemente imposible hacer la Lectio Divina. De ahí que el primer paso es poseer una traducción fiel y actualizada de la Sagrada Escritura que posibilite conocer fielmente el texto original y no quedarse en interpretaciones y menos en adaptaciones, que muchas veces son manipulaciones del texto.
  2. Tener el corazón abierto y disponible para escuchar al Señor. La lectura es una experiencia de encuentro con el Señor que nos habla por medio de su Palabra escrita, que nosotros lo debemos escuchar con atención, pues es nuestro Dios el que nos está hablando.
    1. Proclamar la Palabra La lectura deberá hacerse En forma muy pausada, varias veces si se juzga conveniente, entendiendo claramente lo que se esta leyendo y poniendo atención especialmente en los verbos que se utilizan.

Riesgo o cuidado para la LECTURA: El riesgo de la LECTURA es presuponer que ya se conoce el pasaje, que ya se lo ha escuchado, cayendo en la rutina, haciendo una lectura superficial, sin prestar atención a cada palabra que está escrita, que en sí es siempre nueva. De ahí, la importancia de hacer lectura consciente, sabiendo que aquello que se está leyendo es Palabra de Dios.

4.3                                MEDITACION

MEDITACIÓN. ¿qué nos dice el texto?

La MEDITACIÓN es adentrarse en el texto, es profundizarlo, no quedarse en la información recibida en la lectura, sino ir más allá, haciendo una relectura atenta, viendo el sentido del pasaje, buscando el mensaje que transmite, actualizando ese mensaje a nuestra realidad personal, comunitaria y social.

La MEDITACIÓN es ir más allá de lo que se ha escuchado en la lectura, es buscar la riqueza que encierra, es descubrir el mensaje actual, vivo y comprometedor que el Señor nos transmite por medio de su Palabra que es siempre viva y eficaz, que es más tajante que espada de doble filo (Heb 4,12).

La MEDITACIÓN parte del texto, es sobre el texto, y es a partir del texto, para compartir lo que se ve, se descubre, se conoce, se siente del texto de la Escritura. Es imprescindible que el punto de referencia sea única y exclusivamente el texto de la Escritura. Ahí no es el momento para hacer comentarios paralelos sobre otros temas, sino que todo debe girar en torno a la Escritura.

CÓMO hacer la MEDITACIÓN

  • PREGUNTAS. Algunos materiales que siguen la metodología de la Lectio Divina, facilitan algunas preguntas sencillas que buscan llamar la atención del lector a algunos aspectos significativos que tiene el texto.

Esas preguntas son graduales, pues se parte de una muy sencilla e ingenua, para ir tratando gradualmente en texto en sí mismo, profundizando versículos o palabras. En sí las preguntas son un medio para el diálogo, un instrumento para el compartir.

  • Ver los VERBOS. Una manera un poco más complicada pero también muy rica es ver los verbos del relato, viendo si están en presente, en futuro, en pasado.

Teniendo en cuenta lo que significan y lo que quieren decir con eso.

  • El relato. Existen métodos de lectura que se detienen en ver el cuándo, el dónde, el quién y el cómo del relato, en vista al para qué. Son métodos de lectura que dan mucha atención al rol de los personajes, viendo lo que dicen y lo que quieren decir, en vista al sentido del mismo.

Independiente del cómo se haga la MEDITACIÓN, es imprescindible que siempre esa reflexión termine con una alusión a nuestra realidad actual, a nuestro hoy, aquí y ahora, aplicando ese pasaje y ese mensaje a nuestra realidad cotidiana, que ella nos haga pensar en la manera cómo estamos asumiendo esa Palabra en nuestra vida y lo que estamos haciendo al respecto. De ahí, que al finalizar la MEDITACIÓN siempre es bueno preguntarse: ¿…y a nosotros (mejor: a mí) qué nos dice este pasaje, a qué nos compromete y cómo nos interpela?

Riesgo en la MEDITACIÓN: Un riesgo siempre actual es querer manipular la Palabra, hacerla decir lo que uno quiere oír o lo que le interesa, tergiversando el sentido propio y original del texto.

4.4                               ORACION

ORACIÓN. ¿qué le digo al Señor sobre…?

Este paso de la ORACIÓN puede resultar innecesario, pues uno dirá, ¿acaso que la lectura, no es oración?, ¿acaso que la meditación y la reflexión, no es oración?, ¿y la contemplación…?, naturalmente que todo es oración, y todo es medio para el encuentro con el Señor, pero se coloca este paso que se le llama ORACIÓN, buscando que esa palabra que fue leída y conocida en la LECTURA, que fue profundizada y reflexionada en la MEDITACIÓN, que sirvió de medio para el encuentro de corazón a corazón con el Señor en la CONTEMPLACIÓN, ahora se pretende iluminar nuestra vida personal o comunitaria a la luz de esa Palabra pidiendo la gracia para vivirla, o agradeciendo por el don que ella significa, o alabando al Señor por lo que ha implicado su revelación o su persona.

La ORACIÓN es un recurso que se propone para que a partir de la Palabra se aplique el mensaje que ella transmite a nuestra realidad, buscando identificarnos con el mensaje que transmite y comunica.

Como toda oración y todo encuentro, en sí no hay reglas ni normas fijas. En este paso de la ORACIÓN cada uno, a partir del texto leído, meditado y contemplado le pide, o le agradece al Señor por lo que crea más conveniente. Es actualizar esa Palabra en nuestra vida actual.

Riesgo: Es el divague, es no aplicar la Palabra a la propia vida, a la familia o a la comunidad. El peligro de la ORACIÓN es hacer oraciones tan generales y sobre cualquier cosa, que se aplicarían muy bien a cualquier texto. En cambio aquí lo que se busca es que ese texto reflexionado diga algo a la realidad que estamos viviendo.

4.5                          CONTEMPLACIÓN

¿Qué me hace decirle al Señor?.

La CONTEMPLACIÓN es en sí misma la oración más profunda y personal. Allí ya no entra solo el saber y el conocer cosas de la Biblia, sino que es el encuentro personal y directo con el Señor. Ahí ya no cuenta la información que se posea, sino cómo se utiliza todo eso que se sabe de Dios, ya no para hablar del Señor sino CON Él.

Si en toda la Lectio Divina no existe una regla fija, sino que son pasos abiertos en busca del Señor por medio de su Palabra, en la CONTEMPLACIÓN esto es la norma. Pues aquí uno se está metiendo en el mundo de Dios, donde no existen reglas, sino donde todo es gracia y don.

En la CONTEMPLACIÓN se parte del texto que se leyó y se meditó, todo aquello que se ha dicho, que se ha escuchado, que se ha conocido ahora sirve de medio para hablarle al Señor de corazón a corazón. La CONTEMPLACIÓN es buscar que la experiencia que ha tenido el escritor sagrado al comunicarnos el texto revelado que eso se actualice en uno mismo a partir de lo que fue conocido. Es conocer vivencialmente al Señor no solo intelectualmente, sino adentrándose en el corazón de Dios, buscando conocer aquello que se conoce y se intuye a partir del texto.

La CONTEMPLACIÓN es anticipo de la eternidad, pues según Jn 17, 3 “…la vida eterna es que te conozcan a ti, Padre eterno y a tu enviado…”. Es esto lo que se busca en la contemplación conocer en profundidad a Aquel que da sentido a todo lo que creemos, a nuestro Dios, que es Uno y Trino. En este sentido el texto nos da pistas, pero el profundizarlos, eso depende de la correspondencia y de la apertura de cada uno al Señor, que sale a nuestro encuentro y quiere que lo conozcamos, para esto nos da los medios y la gracia para conocerlo.

Para la CONTEMPLACIÓN no es suficiente ser inteligente, sino que se necesita ser una persona con sed de Dios, con ganas de conocerlo y amarlo, de buscarlo y encontrarlo. De ahí que la CONTEMPLACIÓN lleve a ese encuentro personal y dialogal con el Señor, es adentrarse en el texto llegando al corazón del Señor.

CÓMO hacer la CONTEMPLACIÓN.

  • En sí todos tenemos el texto escrito, podemos conocer el contexto donde fue escrito, la situación que generó dicho texto escrito, la finalidad del escritor sagrado, la forma como lo transmitió, pero todo esto puede ser simple información sino se consigue trascender toda esa información, haciéndola vida.
  • CENTRARSE EN JESÚS. Nuestro interés básico y fundamental es conocer al Señor Jesús, lo que hace, lo que dice, lo que siente, cómo actúa y su manera de relacionarse con el Padre y con la gente. Es por esto, que después de reflexionar sobre el pasaje, debemos parar y mirar al Señor Jesús, buscar fijarse solo en Él. Ver lo que el texto dice sobre lo que hizo o dijo. Si el texto menciona algún detalle, jerarquizarlo. Pero centrarse en Él y mirarlo fijamente, acompañarlo si va caminando, escucharlo de cerca y buscar fijarse en sus ojos para ver su corazón.
  • VISUALIZAR. En la meditación entra la razón y la inteligencia, en la CONTEMPLACIÓN, la imaginación y la sensibilidad a lo espiritual. Queriendo conocer al Señor, detenerse, utilizar todos los recursos que se disponga para visualizar el pasaje que se está reflexionando. Ver los detalles, situarse en el momento y en el cuándo se realiza. Ser uno más de los que están con el Señor, colocarse uno a su lado, mirarlo, verlo, escucharlo, prestar atención a sus palabras. Mirarle al Señor, fijarse en sus ojos, dejar que Él nos mire a cada uno de nosotros, quedarse en el silencio de una mirada penetrante que llega hasta lo más hondo del ser de uno mismo.
  • COLOQUIO. Estando en esa situación mutua mirada, siendo inundados por el amor que el Señor da, buscar el diálogo con Él, el coloquio de corazón a corazón. A partir de aquello que fue dicho, que eso sirva para ir más allá del texto, ser capaces de interrogar y conocer al Señor, preguntarle sobre lo que siente, el porqué hace lo que hace o dice lo que dice. Compartir con Él lo que uno siente ante esa situación, lo que piensa de lo que Él dijo o hizo y que eso genere el diálogo con Él, hablarle, contarle, preguntarle, pero a su vez darle tiempo para que Él responda y se dé a conocer, y allí está la oración del silencio, del escuchar, del prestar atención, de oír al Señor en lo más profundo del corazón, donde solamente lo pueden oír los que lo quieren oír, pues Él habla en el fondo del alma y su voz es clara para aquellos que tienen el corazón abierto. A esto se le llama CONTEMPLACIÓN.

     Riesgo: En la CONTEMPLACIÓN el riesgo es mínimo, pues ahí no existe la manera de conocer si hubo o no encuentro. La CONTEMPLACIÓN es la oración más pura y profunda, allí cada uno se relaciona con el Señor de acuerdo a su propio crecimiento espiritual y a la respuesta y docilidad a la gracia.

4.6                                       ACCIÓN

¿Qué va a cambiar…?

Siempre es bueno recordar que la Palabra del Señor no es solo para ser conocida, sino que ella debe ser hecha vida (Mt 7,21), y debe ser el fundamento de nuestras actitudes y de nuestros gestos (Mt 7,24-27), porque son bienaventurados: “…lo que escuchan la Palabra y la ponen en práctica…” (Lc 11,28). Esto es el fundamento del quinto paso de la Lectio Divina, el ACTUAR, el vivir, el hacer vida aquello que fue reflexionado y rezado.

Si de verdad hubo encuentro de corazón a corazón con el Señor, no se puede seguir siendo el mismo, algo debe cambiar, de alguna manera se debe vislumbrar aquello que fue conocido.

La Palabra del Señor es una propuesta de vida, es un estilo de vida, una manera de vivir la vida, pero no es información, sino Buena Nueva, ella es para ser asumida y vivida. De ahí la necesidad de iluminar la propia vida con esa Palabra y ver de qué manera uno se está identificando y asumiendo ese estilo de vida. Es en este sentido donde el Actuar es un mirarse a uno mismo y sincerarse a sí mismo, viendo dónde uno está parado y a la luz de eso ver qué se puede hacer para hacer vida ese proyecto que el Señor nos deja en su Palabra.

El ACTUAR es un mirarse a uno mismo, es buscar las actitudes y la manera de vivir el mensaje que se ha encontrado y que es propuesta para mi, hoy, aquí y ahora.

Riesgo: El riesgo en el ACTUAR es que las personas no apliquen el texto a su vida, sino que lo apliquen a la vida de los demás, dando recetas para todos, menos para sí mismas. A su vez es bueno recordar que en el mundo de la vida espiritual todo es gracia y don, y ahí es el Señor quien actúa y se manifiesta y que nosotros apenas somos receptores de su amor, siendo así tener cuidado para no caer en un voluntarismo e individualismo obsesivo, donde uno dice: voy a hacer y lo voy a hacer, porque yo quiero... Eso no, en cambio, sí es importante escuchar aquello que el Señor está iluminando e inspirando por medio de su Palabra, escuchar y ver su voluntad por medio del texto que se está reflexionando.

5.                                     EJEMPLO

Pongámonos en la presencia de Dios y que el nos ilumine y muestre el texto que debemos escoger.

Invoquemos al Espíritu Santo para que nos de la sabiduría para asimilar la palabra de DIOS, con una Oración como por Ejemplo:

Los Dones del Espíritu Santo.

Ven, Espíritu de Sabiduría,

Aléjanos de las cosas terrenas,

Infúndenos el amor de las realidades del Cielo.

Ven, Espíritu de inteligencia,

Ilumina nuestras mentes

Con la luz de la verdad eterna

Y enriquécela de pensamientos santos.

Ven, Espíritu de consejo,

Haznos dóciles a tus inspiraciones

Y guíanos por el camino de la salvación.

Ven, Espíritu de fortaleza,

Danos fuerza, perseverancia y victoria

En la lucha contra nuestros espirituales enemigos.

Ven, Espíritu de ciencia

Hazte maestro de nuestras almas

Y ayúdanos a practicar tus enseñanzas.

Ven, Espíritu de piedad,

Ven a vivir en nuestro corazón

Y a santificar todos sus afectos.

Ven, Espíritu de santo temor,

Reina en nuestra voluntad

Y haz que vivamos dispuestos a sufrir cualquier mal

Con tal de no cometer pecado.

Ven, Espíritu de entendimiento

Ayúdame a comprender el texto que ha continuación

Me ayudas a escoger:

Vamos a continuación a escoger un texto cualquiera de la Biblia

A continuación, luego de leer el texto varias veces pausadamente, nos quedamos en silencio unos segundos y asimilamos lo que el Señor nos quiere decir (se resaltan los verbos de la palabra)

Puede releer el texto marcando los signos de interrogación, hacer resaltados, asteriscos o signos de exclamación etc., (según el documento Synodus Episcoporum)

La Meditación puede incluir las preguntas:

Que me dice a mí el señor?

Que me dice a mi familia, grupo, comunidad etc.

La Oración puede incluir:

Que le decimos al Señor?

Canto de Alabanza, Oración de perdón, Acción de gracias.

La Contemplación puede incluir:

Un Coloquio de encuentro con el señor

La Acción:

Como voy a aplicar a mi vida la enseñanza recibida.

Que propósitos voy a tener?

  1.                                  Bibliografía

LECTIO DIVINA

  1. HISTORIA

La «Lectio Divina» se remonta a los primeros cristianos. El primero en utilizar la expresión fue Orígenes (aprox. 185-254), teólogo, quien afirmaba que para leer la Biblia con provecho es necesario hacerlo con atención, constancia y oración.

Más adelante, la «Lectio divina» se convirtió en la columna vertebral de la vida religiosa. Las reglas monásticas de Pacomio, Agustín, Basilio y Benito harían de esa práctica, junto al trabajo manual y a la liturgia, la triple base de la vida monástica.

La sistematización de la «Lectio divina» en cuatro peldaños proviene del siglo XII. Alrededor del año 1150, Guido, un monje cartujo, escribió un librito titulado «La escalera de los monjes», en donde exponía la teoría de los cuatro peldaños: la lectura, la meditación, la oración y la contemplación». Con esta escalera los monjes suben al cielo.

La Lectio Divina ha recibido en los últimos cuarenta años un nuevo impulso en toda la Iglesia tras la publicación de la constitución dogmática «Dei Verbum» del Concilio Vaticano II (18 de noviembre de 1965).

Benedicto XVI dijo, 16 septiembre 2005:
«Si se promueve esta práctica (Lectio Divina) con eficacia, estoy convencido de que producirá una nueva primavera espiritual en la Iglesia» .

«La lectura asidua de la Sagrada Escritura acompañada por la oración permite ese íntimo diálogo en el que, a través de la lectura, se escucha a Dios que habla, y a través de la oración, se le responde con una confiada apertura del corazón»

«No hay que olvidar nunca que la Palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino»

  1. DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
    AL CONGRESO INTERNACIONAL EN EL XL ANIVERSARIO
    DE LA CONSTITUCIÓN CONCILIAR "DEI VERBUM"


    Viernes 16 de septiembre de 2005

Señores Cardenales; venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
queridos hermanos y hermanas:

Os dirijo mi más cordial saludo a todos vosotros, que participáis en el congreso sobre "La sagrada Escritura en la vida de la Iglesia", convocado por iniciativa de la Federación bíblica católica y del Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos, con el fin de conmemorar el cuadragésimo aniversario de la promulgación de la constitución dogmática Dei Verbum sobre la divina revelación. Me congratulo por esta iniciativa, que trata sobre uno de los documentos más importantes del concilio Vaticano II.

Saludo a los señores cardenales y a los obispos, que son los principales testigos de la palabra de Dios; a los teólogos, que la investigan, la explican y la traducen al lenguaje de hoy; a los pastores, que buscan en ella las respuestas adecuadas para los problemas de nuestro tiempo. Doy las gracias de corazón a todos los que trabajan al servicio de la traducción y la difusión de la Biblia, proporcionando los medios para explicar, enseñar e interpretar su mensaje. En este sentido, un agradecimiento especial va a la Federación bíblica católica por su actividad, por la pastoral bíblica que promueve, por la adhesión fiel a las indicaciones del Magisterio y por el espíritu abierto a la colaboración ecuménica en el campo bíblico. Expreso mi profunda alegría por la presencia en el congreso de los "delegados fraternos" de las Iglesias y comunidades eclesiales de Oriente y de Occidente, y saludo con cordial deferencia a quienes han intervenido en representación de las grandes religiones del mundo.

La constitución dogmática Dei Verbum, de cuya elaboración fui testigo, participando personalmente como joven teólogo en los intensos debates que la acompañaron, empieza con una frase de profundo significado: "Dei Verbum religiose audiens et fidenter proclamans, Sacrosancta Synodus...". Son palabras con las que el Concilio indica un aspecto que distingue a la Iglesia: es una comunidad que escucha y anuncia la palabra de Dios. La Iglesia no vive de sí misma, sino del Evangelio, y en el Evangelio encuentra siempre de nuevo orientación para su camino. Es una consideración que todo cristiano debe hacer y aplicarse a sí mismo: sólo quien se pone primero a la escucha de la Palabra, puede convertirse después en su heraldo. En efecto, el cristiano no debe enseñar su propia sabiduría, sino la sabiduría de Dios, que a menudo se presenta como escándalo a los ojos del mundo (cf. 1 Co 1, 23).

La Iglesia sabe bien que Cristo vive en las Sagradas Escrituras y precisamente por eso, como subraya la Constitución, ha tributado siempre a las divinas Escrituras una veneración semejante a la que reserva al Cuerpo mismo del Señor (cf. Dei Verbum, 21). Por ello, San Jerónimo, citado por el documento conciliar, afirmaba con razón que desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo (cf. ib., 25).

La Iglesia y la palabra de Dios están inseparablemente unidas. La Iglesia vive de la palabra de Dios, y la palabra de Dios resuena en la Iglesia, en su enseñanza y en toda su vida (cf. ib., 8). Por eso, el apóstol san Pedro nos recuerda que "ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo han hablado de parte de Dios" (1 P 1, 20).

Damos gracias a Dios porque en estos últimos tiempos, también por el impulso que dio la constitución dogmática Dei Verbum, se ha vuelto a valorar más profundamente la importancia fundamental de la palabra de Dios. De esto ha derivado una renovación en la vida de la Iglesia, sobre todo en la predicación, en la catequesis, en la teología, en la espiritualidad e incluso en el camino ecuménico.

La Iglesia siempre debe renovarse y rejuvenecerse, y la palabra de Dios, que no envejece ni se agota jamás, es el medio privilegiado para este fin. En efecto, es la palabra de Dios la que, por la acción del Espíritu Santo, nos guía siempre de nuevo a la verdad completa (cf. Jn 16, 13).

En este marco, quisiera recordar y recomendar sobre todo la antigua tradición de la Lectio divina: la lectura asidua de la sagrada Escritura acompañada por la oración realiza el coloquio íntimo en el que, leyendo, se escucha a Dios que habla y, orando, se le responde con confiada apertura del corazón (cf. Dei Verbum, 25). Estoy convencido de que, si esta práctica se promueve eficazmente, producirá en la Iglesia una nueva primavera espiritual.

Por eso, es preciso impulsar ulteriormente, como elemento fundamental de la pastoral bíblica, la Lectio Divina, también mediante la utilización de métodos nuevos, adecuados a nuestro tiempo y ponderados atentamente. Jamás se debe olvidar que la palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero (cf. Sal 119, 105).

A la vez que invoco la bendición de Dios sobre vuestro trabajo, sobre vuestras iniciativas y sobre el congreso en el que participáis, me uno en el deseo que os anima: Que la palabra del Señor siga propagándose (cf. 2 Ts 3, 1) hasta los confines de la tierra, para que, mediante el anuncio de la salvación, el mundo entero escuchando crea, creyendo espere, y esperando ame (cf. Dei Verbum, 1). ¡Gracias de todo corazón!

© Copyright 2005 - Libreria Editrice Vaticana

                     BENEDICTO XVI - ÁNGELUS

Domingo 6 de noviembre de 2005

El 18 de noviembre de 1965 el concilio ecuménico Vaticano II aprobó la constitución dogmática Dei Verbum, sobre la divina revelación, que constituye uno de los pilares de todo el edificio conciliar. Este documento trata de la Revelación y de su transmisión, de la inspiración y de la interpretación de la sagrada Escritura y de su importancia fundamental para la vida de la Iglesia.
Recogiendo los frutos de la renovación teológica precedente, el Vaticano II pone en el centro a Cristo, presentándolo como "mediador y plenitud de toda la Revelación" (n. 2). En efecto, el Señor Jesús, Verbo hecho carne, muerto y resucitado, realizó la obra de salvación, por medio de gestos y palabras, y manifestó plenamente el rostro y la voluntad de Dios, de modo que hasta su vuelta gloriosa no se debe esperar ninguna nueva revelación pública (cf. n. 3). Los Apóstoles y sus sucesores, los obispos, son los depositarios del mensaje que Cristo encomendó a su Iglesia, para que se transmitiera íntegro a todas las generaciones. La sagrada Escritura del Antiguo y el Nuevo Testamento y la sagrada Tradición contienen este mensaje, cuya compresión progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo. Esta misma Tradición permite conocer el canon íntegro de los Libros sagrados y hace que se comprendan correctamente y sean operantes; así, Dios, que habló a los patriarcas y a los profetas, no cesa de hablar a la Iglesia y, por medio de ella, al mundo (cf. n. 8).

  • La Iglesia no vive de sí misma, sino del Evangelio; y en su camino se orienta siempre según el Evangelio. La constitución conciliar Dei Verbum ha dado un fuerte impulso a la valoración de la palabra de Dios; de allí ha derivado una profunda renovación de la vida de la comunidad eclesial, sobre todo en la predicación, en la catequesis, en la teología, en la espiritualidad y en las relaciones ecuménicas. En efecto, la palabra de Dios, por la acción del Espíritu Santo, guía a los creyentes hacia la plenitud de la verdad (cf. Jn 16, 13). Entre los múltiples frutos de esta primavera bíblica me complace mencionar la difusión de la antigua práctica de la lectio divina, o "lectura espiritual" de la sagrada Escritura. Consiste en reflexionar largo tiempo sobre un texto bíblico, leyéndolo y releyéndolo, casi "rumiándolo", como dicen los Padres, y exprimiendo, por decirlo así, todo su "jugo", para que alimente la meditación y la contemplación y llegue a regar como linfa la vida concreta. Para la lectio divina es necesario que la mente y el corazón estén iluminados por el Espíritu Santo, es decir, por el mismo que inspiró las Escrituras; por eso, es preciso ponerse en actitud de "escucha devota".
  • Esta es la actitud típica de María santísima, como lo muestra emblemáticamente el icono de la Anunciación: la Virgen acoge al Mensajero celestial mientras medita en las sagradas Escrituras, representadas generalmente por un libro que María tiene en sus manos, en su regazo o sobre un atril. Esta es también la imagen de la Iglesia que ofrece el mismo Concilio en la constitución Dei Verbum: "Escucha con devoción la palabra de Dios..." (n. 1). Oremos para que, como María, la Iglesia sea dócil esclava de la Palabra divina y la proclame siempre con firme confianza, de modo que "todo el mundo, (...) oyendo crea, creyendo espere y esperando ame" (ib.).
  • Después del Ángelus
    Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, especialmente a la "Escuela de padres" de Cartagena. Al conmemorar el cuarenta aniversario de la constitución dogmática Dei Verbum, del concilio Vaticano II, sobre la divina revelación, os exhorto a escuchar devotamente la palabra de Dios y a proclamarla con valentía, para que todo el mundo crea, creyendo espere y esperando ame. ¡Feliz domingo!

© Copyright 2005 - Libreria Editrice Vaticana

  1.          SYNODUS EPISCOPORUM - BOLETÍN

XII ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA
DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS
5-26 de OCTUBRE 2008


La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia


Edición española

22 - 14.10.2008

RESUMEN

- DÉCIMO QUINTA CONGREGACIÓN GENERAL (MARTES, 14 DE OCTUBRE DE 2008 - POR LA TARDE)(CONTINUACIÓN)

DÉCIMO QUINTA CONGREGACIÓN GENERAL (MARTES, 14 DE OCTUBRE DE 2008 - POR LA TARDE)(CONTINUACIÓN)

- EXPOSICIÓN EXPLICATIVA DE LA LECTIO DIVINA

Ayer por la tarde, martes 14 de octubre de 2008, en la Décimo quinta Congregación General, en la reanudación de los trabajos, antes de las intervenciones libres después del intervalo, S.E.R. Mons. Santiago Jaime SILVA RETAMALES, Obispo titular de Bela, Obispo auxiliar de Valparaíso (Chile) ha presentado una “Exposición explicativa de la Lectio Divina”.

- EXPOSICIÓN EXPLICATIVA DE LA LECTIO DIVINA

Ofrecemos seguidamente el resumen de la presentación:

De la exposición explicativa sobre la Lectio Divina, el Relator indicó tres finalidades: no tanto comprender, cuanto sistematizar mejor la Lectio Divina (LD), vivirla personalmente y ayudar a las comunidades a vivirla y, por último, compartir una experiencia de Lectio Divina vivida en la Diócesis de Valparaíso, en Chile, titulada: “Encuentros con la Palabra”.
La Lectio Divina
El primer aspecto que hay que considerar en la Lectio Divina es una espiritualidad entendida como dinamismo de santidad:
- Dios sale al encuentro de la humanidad y la invita a vivir en comunión con Él. La revelación, comprendida en categorías de diálogo y encuentro, pide una lectura de la Palabra de Dios como lugar de comunión. La Sagrada Escritura y la Lectio Divina exigen una aproximación teológica y personal.
- Dios se ofrece a sí mismo de modo pleno por su Hijo Jesús. Jesús, el Hijo del Hombre, es la vocación del hombre, también en cuanto ser humano. El encuentro con Jesús nos “lleva a nosotros mismos”: personalidad, historia, motivaciones, intenciones, y nos “re-crea”. ¡Nuevo ser en Jesús, nuevo Adán!
La Sagrada Escritura exige una aproximación cristológica y antropológica.
- En el Documento de Aparecida, el gozo del encuentro personal y comunitario experimentado en la comunión con el Señor, nos lleva a la acción, particularmente a la acción misionera y testimonial. La Sagrada Escritura exige una aproximación eclesiológica y misionera.
Segundo aspecto, la identidad y la función de la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia. La Constitución dogmática Dei Verbum muestra que la Sagrada Escritura:
- es Palabra de Dios escrita, que hay que interpretar (dimensión sapiencial, Jesús-Maestro);
- está inspirada por el Espíritu Santo, es Palabra actual y eficaz, que hay que actualizar;
- está confiada a la Iglesia para salvación de todos: es Palabra que interpela y que hay que proclamar (dimensión misionera, Jesús-Señor)
¿Cómo nutrirse de toda la riqueza de la Sagrada Escritura para seguir al Señor en creciente camino de santidad?
La Lectio Divina, un intento de aproximación
La Lectio Divina es el ejercicio de lectura orante de la Sagrada Escritura, individual o comunitaria, para “conocer el corazón de Dios a través de las palabras de Dios” (San Gregorio Magno).
- La Sagrada Escritura es Palabra de Dios escrita. En la lectura (re-significar), hay que preguntarse: “¿Qué dice el texto bíblico?”. Hay que comprender la Palabra para descubrir lo que Dios nos enseña mediante el autor inspirado.
- La Sagrada Escritura está inspirada por el Espíritu Santo. En la meditación (personalizar), hay que preguntarse: “¿Qué dice el Señor por su Palabra?”. Hay que actualizar la Palabra para interpelar la vida, conocer su sentido, mejorar nuestra misión y fortalecer la esperanza.
En la oración (personalizar), hay que preguntarse: “¿Qué le decimos al Señor motivados por su Palabra?”. Hay que orar la Palabra para dialogar con Dios y celebrar nuestra fe en familia o en comunidad.
- La Sagrada Escritura está confiada a la Iglesia para la salvación. En la contemplación-actuación (anunciar), hay que preguntarse: “¿Qué conversión nos pide la contemplación del Señor?” Hay que contemplar la Palabra (Jesús) para conducir la vida según los criterios del Padre (conversión).
Forma práctica. Ejemplo: (Jn 1, 35-42), el encuentro de los primeros discípulos con Jesús.
- Preparar el ambiente externo (ambón, Biblia..) y espiritual (“sentarse”, “corazón limpio”...).
- Invocar el don del Espíritu Santo
- Buscar el pasaje bíblico
- Lectura: proclamar el texto, dando importancia también al silencio. Leer el pasaje personalmente para marcarlo con un signo de interrogación, cuando no se comprende, o subrayarlo, cuando se considera que se trata del mensaje central de la lectura.
En grupo, descubrir el mensaje central siguiendo los signos. Volver a leer el pasaje, marcándolo con un signo de exclamación, para la meditación, cuando el pasaje interpela intenciones y acciones; con un asterisco, para la oración, cuando el pasaje ayuda a orar.
- Meditación: siguiendo el signo de exclamación. Preguntas del mensaje que interpelan la vida.
- Oración: siguiendo los asteriscos y lo vivido en el Encuentro.
- Contemplación: ayudarse con música, imágenes.
Por último,
- la Actuación: al margen del texto escribir una palabra que me indique el camino a seguir.
Se termina con compartir.

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 5 de abril de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos la homilía del Papa Benedicto XVI en la misa celebrada en la parroquia romana del Santo Rostro de JESÚSsús el 29 de marzo.