Angelito con trompeta

 Alégrate, el Señor está contigo

 


Miércoles, 12 de diciembre de 2018

En América Latina

Nuestra Señora de Guadalupe,

Patrona de las Américas

Fiesta – Blanco

Isaías 7, 10-14; 8, 10 / Lucas 1, 39-48

Salmo responsorial Sal 66, 2-3. 5. 7-8

R/. "¡Que todos los pueblos te den gracias, Señor!”

En el resto del mundo

Semana II° de Adviento

Feria – Morado

Isaías 40, 25-31 / Mateo 11, 28-30

Salmo responsorial Sal 102, 1-4. 8. 10

R/. “¡Bendice, alma mía, al Señor!”

Santoral:

Nuestra Señora de Guadalupe

 

Oración a la Virgen de Guadalupe

¡Oh Virgen de Inmaculada,
Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!
Tú, que desde este lugar manifiestas
tu clemencia y tu compasión
a todos los que solicitan tu amparo;
escucha la oración que con filial confianza te dirigimos,
y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido

y silencioso, a Ti, que sales al encuentro de nosotros,

los pecadores, te consagramos también nuestra vida,

nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades

y nuestros dolores.

Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos;
ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado,
Señora y Madre nuestra.

Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino
de una plena fidelidad a Jesucristo a su Iglesia:
no nos sueltes de tu mano amorosa.

Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos

por todos los Obispos, para que conduzcan a los fieles

por senderos de intensa vida cristiana, de amor y de humilde

servicio a Dios y a las almas.

Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor

infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios,

y otorgue abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos,

fuertes en la fe y celosos dispensadores de los misterios de Dios.

Concede a nuestros hogares la gracia de amar y de respetar

la vida que comienza con el mismo amor con el que concebiste

en tu seno la vida del Hijo de Dios.
Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso,

protege a nuestras familias, para que estén muy unidas,

y bendice a la educación de nuestros hijos.

Esperanza nuestra, míranos con compasión,
enséñanos a ir continuamente a Jesús y, si caemos,

Ayúdanos a levantarnos, a volver a Él, mediante la confesión

de nuestra culpas y pecados en el sacramento de la Penitencia,
que trae sosiego al alma.

Te suplicamos que nos concedas un amor muy grande

a todos los santos sacramentos, que son como las huellas

que tu Hijo nos dejó en la tierra.

Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia,
con nuestros corazones libres de mal y de odios,
podremos llevar a todos la verdadera alegría

y la verdadera paz, que vienen de tu Hijo,

nuestro Señor Jesucristo, que con Dios Padre

y con el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos

de los siglos. Amén

Juan Pablo II