cuentos de Reflexión

Un cupo en el cielo.

 

El Gran salón del lujoso hotel estaba completamente abarrotado de gente, todos esperaban con ansiedad el anuncio de la presencia de Jesús en el lugar.

La expectativa crecía con cada minuto que pasaba y todos especulaban acerca de la prédica o de lo que el Señor iría a hablar en esa noche. Muchos decían que se iba a referir al final de los tiempos o que tal vez hablaría acerca de los pecados de la Globalización.

Cuando Jesús al fin se hizo presente y subió al atrio, un silencio sepulcral se extendió por todo el salón en espera de sus palabras.

Jesús comenzó con una oración, dando gracias al Padre, luego de lo cual con una gran misericordia, bendijo a los presentes y les anuncio el motivo de su presencia.

Jesús explico entonces, que al igual que en las grandes corporaciones o multinacionales, ocasionalmente se creaba un “cupito” en el mismo cielo y que los que se creyeran aptos para ocuparlo, podrían remitir su hoja de vida para su análisis y que con estas, se escogería inicialmente en una preselección a los más aptos y luego entre ellos al mejor capacitado.

El bullicio en la sala impidió que Jesús explicara con más detalles la forma como se haría la selección.

Yo, empecé a pensar que podría ganarme el mismo cielo desde ahora y que seguramente estaba más capacitado que la mayoría de los presentes.

Todo el auditorio especulaba acerca de la hoja de vida y de sus posibilidades, muchos pensaban que tal vez alguna “palanquita” pudiera ayudar a recomendarlos para el cargo o en como promocionar sus hojas de vida, adecuadamente.

Luego de la interrupción, Jesús continuo diciendo: “es importante que todos tengan presente, que deben incluir los méritos que consideren más apropiados para el cargo y toda la información de sus vidas para poder realizar un mejor análisis”.

El día de mañana a más tardar a las 12AM deben dejar las hojas de vida en este mismo salón, Luego de lo cual no se recibirán más candidatos.

La multitud se disperso rápidamente y todos salieron corriendo a crear sus hojas de vida para poderlas entregar a tiempo al día siguiente.

Al llegar a mi casa y encender mi computadora empecé a revisar las hojas de vida con las cuales había optado para muchos cargos, en ellas encontré interminables hojas que contenían mis estudios, mis títulos académicos y la cantidad de trabajos y proyectos que había realizado a lo largo de mis años; cada vez que quería optar por un cargo podía fácilmente completar una hoja de vida de hasta unas veinticinco páginas con todas las actividades que había realizado.

El asunto era, si estas hojas tenían o no valor para el Señor.

¿Qué sería lo que Jesús esperaba que yo pusiera en aquella hoja de vida?

¿Tendrían algún valor mis Postgrados o especializaciones o los altos cargos que había ocupado en mi vida?

Luego de análisis y recorrer los textos de mis hojas de vida me di cuenta de lo poco que podía ofrecerle al Señor y que lamentablemente tendría que empezar con una nueva hoja de vida en “blanco”.

Empecé a pensar entonces, en que le gustaría a Jesús que colocara en ella y reflexionando entendí que las cosas espirituales tendrían mayor valor, así que comencé a pensar en mi vida espiritual.

Escribí acerca de mi bautismo, pero luego lo borre, al entender que este no era en realidad un merito mío, sino merito de mis padres.

Algo similar sentí cuando trate de escribir acerca de mi primera comunión, la cual recordé que fue medio obligado y por tanto inconsciente del valor del sacramento.

Recordé que había asistido a muchas misas con mis padres, pero también me vino a la memoria que asistía a ellas, más a mirar a las chicas o a hacer visita, que a estar consciente de la presencia del Señor en la Eucaristía.

Las grandes obras de misericordia, las limosnas, etc., las encontré manchadas y poco dignas.

Cada cosa que escribía le encontraba un “pero” y no quedaba satisfecho con el contenido del escrito y a pesar de mis esfuerzos, no lograba avanzar y completar ni un par de párrafos.

Sentí un gran vacío y una gran vergüenza por no poder ofrecerle al señor algo más completo y profundo, sentía que era tan poco lo que había hecho por amor a él y al prójimo.

Llore amargamente durante parte de la noche por qué entendí con claridad que mi vida había sido una carrera interminable para obtener beneficios para la vida temporal, pero que muy poco había hecho para la vida espiritual y eterna.

Que durante toda mi vida me había preocupado solo por obtener posiciones mundanas privilegiadas y que siempre había invertido mi tiempo para crecer en el mundo y no para crecer para Dios.

No había caso, no podía llegar al día siguiente a presentar una miserable hoja de vida, porque lo único que tenia para mostrar era como había desperdiciado mi vida en crecer para el mundo y aunque mis meritos terrenales eran muchos para obtener un gran cargo, mis meritos en el cielo eran demasiado pobres.

Le di gracias a Dios, por abrirme los ojos y por haberme enseñado que todavía tenía tiempo de cambiar mi rumbo.

Al día siguiente me entere que el “cupo” seguía vacante, porque nadie se había presentado con su hoja de vida.

1 de Corintios 1 del 19 al 31.

19 Porque dice la Escritura: = Destruiré la sabiduría de los sabios, e inutilizaré la inteligencia de los inteligentes. = 20 = ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el docto? = ¿Dónde el sofista de este mundo? ¿Acaso no entonteció Dios la sabiduría del mundo? 21 De hecho, como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación. 22 Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, 23 nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; 24 más para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. 25 Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres. 26 ¡Mirad, hermanos, quiénes habéis sido llamados! No hay muchos sabios según la carne ni muchos poderosos ni muchos de la nobleza. 27 Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte. 28 Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es. 29 Para que ningún mortal se gloríe en la presencia de Dios. 30 De él os viene que estéis en Cristo Jesús, al cual hizo Dios para nosotros sabiduría de origen divino, justicia, santificación y redención, 31 a fin de que, como dice la Escritura: = El que se gloríe, gloríese en el Señor.