Cuentos de Reflexión.
 
Pinocho y el hada madrina.
 

Pedrito era un niño muy rígido, necio y testarudo, cada vez que sus padres le negaban algo o le decían que NO, el se ponía tieso como un madero y se arrojaba al piso haciendo una verdadera “pataleta”, por ello lo habían apodado “Pinocho”, porque parecía de madera, y una real marioneta.

Poco a poco se fue convirtiendo en un hábil manipulador  que inventaba cualquier subterfugio con el propósito de obtener lo que quería.

Era, tramposo, mentiroso, hábil para simular, actuar y un verdadero maestro en el arte del engaño, si fuera realmente como Pinocho su nariz se habría convertido en un gigantesco árbol de roble, con un tronco grueso y muchas ramas  que partirían de su nariz hacia afuera.

(Si estas ramas existieran  realmente en el campo espiritual de nuestras vidas, creo que muchos de nosotros viviríamos con las narices enredadas unas con otras, debido a la constante mentira en que vivimos).

Cuando “Pinocho” creció, su mentira se volvió cada vez más sofisticada, ya podía entre otras, falsificar la firma de su padre para engañar a los profesores en el colegio, falsificar las notas y la firma de la profesora para engañar a sus padres, copiar descaradamente para lograr buenas calificaciones y convencer a compañeros, padres y profesores de su buen comportamiento.

Con el tiempo agrego el robo a sus habilidades, al comienzo eran solo las monedas sacadas de la cartera de su madre, útiles escolares de sus compañeros, pero luego fueron los billetes y las cosas de valor que extraía de la casa.

Su historial delictivo, crecía y por ello sus padres decidieron confiárselo a una psicóloga para su recuperación.

Sin embargo ella poco pudo hacer, ya que igualmente la manipulaba y engañaba constantemente y sabía cubrirse adecuadamente.

Su madre oraba constantemente y le pedía a Dios por que le ayudara a entender su error y a convertirse en un buen muchacho.

Una noche, mientras su madre oraba, una luz intensa ilumino su ventana y una hermosa mujer cubierta con un manto azul sazonado de estrellas, apareció ante sus ojos sonriendo, parecía el hada madrina del cuento dispuesta a conceder el deseo de convertir a Pinocho en un niño de verdad.

La hermosa mujer, no hablo, pero le dio a entender que sus suplicas serian escuchadas por el señor y que aunque tomara algún tiempo, su hijo se convertiría en un hombre de bien, si ella perseveraba en su oración.

Hechos de los apóstoles, Capitulo 10.

 

1 Había en Cesárea un hombre, llamado Cornelio, centurión de la cohorte Itálica, 2 piadoso y temeroso de Dios, como toda su familia, daba muchas limosnas al pueblo y continuamente oraba a Dios. 3 Vio claramente en visión, hacia la hora nona del día, que el Ángel de Dios entraba en su casa y le decía: «Cornelio.» 4 El le miró fijamente y lleno de espanto dijo: «¿Qué pasa, señor?» Le respondió: «Tus oraciones y tus limosnas han subido como memorial ante la presencia de Dios.

 

ORACION

 

Madre nuestra, intercede por nosotros tus hijos, para que el señor nos conceda la gracia de recuperar nuestros hijos para la gloria de mi señor Jesús.

Tú que tuviste que sufrir por tu hijo bien amado, nos comprendes y entiendes el sufrimiento que pasamos a causa del mal comportamiento de ellos.

Te pedimos Madre Santa, que nos ayudes a sobrellevar la carga impuesta y a ofrecerla como ofrenda a nuestro Dios.

Autor: HMP