Cuentos
Cuentos de Reflexión. 
de Reflexión.
 
Las Reminiscencias de un anciano
 

Joaquín, se sentó en su nueva mecedora en el balcón del sexto piso de su apartamento a contemplar el paisaje y a observar el movimiento de la ciudad a sus pies.

Hacía muchos años que no posaba como espectador del ritual humano diario que producía un gran desplazamiento de gente en busca de sus lugares de trabajo.

Siempre había sido parte de él y en el cual corría diariamente a buscar un sitio en el sistema masivo de transporte para poder llegar antes de las ocho a su oficina.

Esta vez, ya pensionado y con muchos años a cuestas se acomodo, solo a mirar a los transeúntes y a acompañarlos con la mirada en su loco correr.

Joaquín, tenía sesenta y seis años y ya había tenido que ser “expulsado” de la empresa a la cual no había querido renunciar.

Ahora tenía todo el tiempo del mundo pero no sabía cómo llenarlo, se empezaba a inquietar pensando en qué hacer entonces y planeaba como entretenerse en la televisión, leyendo algún libro y recorriendo los jardines del conjunto habitacional donde vivía, los cuales nunca había visitado a pesar de llevar más de diez años viviendo allí.

Balanceándose en su mecedora, empezó a recordar parte de su vida.

El, desde muy joven  había empezado a trabajar porque sus padres no habían podido brindarle una educación universitaria. Ingreso como repartidor, en la cervecería en la cual termino siendo en los últimos años gerente de producción. En sus primeros años recorrió toda la cuidad en los camiones repartidores de cerveza, cargando las canastas hasta cada almacén, bar, restaurante o sitio de expendio de cerveza.

Así, logro ahorrar algo de dinero para ingresar a la universidad nocturna y terminar sus estudios en administración. Esto le permitió ingresar al grupo de oficinistas de la cervecería y empezar su ascenso en la compañía.

Joaquín, siempre estaba dispuesto a trabajar horas extras y a rendir mucho más de lo que se exigía, por ello había sido escogido en varias ocasiones como “el empleado del mes”.

En su apartamento como trofeos exhibía, el montón de placas, medallas y reconocimientos producto de su esfuerzo y su trabajo. Sus jefes siempre estaban satisfechos con su labor y esto le permitió con los años convertirse en un “consentido” de la empresa y ascender con facilidad cada vez que se generaba una vacante en una posición superior.

Al fin, consiguió lo que por muchos años había soñado, que era convertirse en uno de los altos ejecutivos de la firma.

Esta posición en vez de reducirle el trabajo se lo aumento, ahora tenía la obligación de viajar continuamente por todo el país y supervisar la producción de las diferentes seccionales, cada vez tenía menos tiempo de compartir con su familia y entre tanto ir y venir se dio cuenta que había perdido los momentos más hermosos de su vida, al no poder compartir la crianza de sus hijos y que se había perdido sus primeras palabras, sus primeros pasos, sus reconocimientos en los colegios y hasta incluso en sus nacimientos había tenido que salir corriendo a realizar alguna actividad en la empresa.

Para entonces ya sus hijos habían crecido, se habían casado y tenían familias a las cuales poco conocía.

Joaquín, noto que en un balcón paralelo, aledaño al suyo se había sentado un anciano a leer su periódico  y en un momento se cruzaron las miradas de los dos y se saludaron cordialmente.

El anciano vecino, le interrogo preguntándole el porqué de su presencia allí, ya que él acostumbraba a salir todos los días y nunca lo había visto.

Joaquín, entonces le conto parte de su historia y en medio de la charla se hicieron “amigos de balcón”.

En los días posteriores, se hizo costumbre, las charlas de balcón a balcón, contándose sus historias de vida y conversando sobre temas generales y noticas.

Un buen día, Pedro (su vecino), decidió invitarlo a tomar el café y a compartir un rato.

Joaquín, se sintió un poco incomodo al entrar debido a que el apartamento de Pedro a pesar de ser de la mismas características, se veía sucio y acabado y sus muebles estaban muy raidos, noto también que el piso estaba rayado, Pedro noto su actitud, y sonrió diciendo, “es que mis nietos vienen y acaban con todo, incluso usan sus patines aquí adentro, pero no se los impido ya que ellos me dan mucha alegría”.

Luego de tomar el café y compartir un rato de conversación matizada con un fondo musical de música de antaño, Pedro le condujo a su estudio y le mostro “sus trofeos”, los cuales consistían en cartones, fotos y papeles rayados elaborados por sus hijos y sus nietos en cada cumpleaños, cada navidad, cada día de fiesta, o celebración.

Joaquín, pensó en el contraste tan grande entre  su apartamento y aquel en el que ahora se encontraba, mientras el suyo estaba inmaculado y en perfectas condiciones, este estaba realmente acabado.

Que su estudio mantenía no solo los trofeos que había obtenido, si no que sus recuerdos se limitaban a vasos, relojes, estilógrafos, llaveros  con el logotipo de la cervecería. En ese momento envidio con toda el alma la vida de Pedro y el estado de su apartamento, ya que las huellas mostraban la presencia de vida, amor y compañía.

No pudo recordar los rostros de sus hijos y mucho menos los de sus nietos que no conocía.

Al regresar a su apartamento, Joaquín lo sintió tan frio y desolado como una tumba, su esposa tampoco se encontraba, en tantos años de ausencia se había acostumbrado a vivir sola y a salir con sus amigas a hacer alguna labor de caridad, por tanto él tenía que estar solo la gran parte del día y calentarse su comida, la cual su esposa preparaba muy temprano antes de salir.

Joaquín, decidió que ya era tiempo de hacer un cambio, que mejor ahora que no después de muerto.

Llamo a sus hijos los cuales jamás había buscado y los invito a una gran celebración, con motivo de su cumpleaños número sesenta y siete, para que vinieran con todas sus familias a compartir un rato de diversión.

El día tan esperado para él al fin llego y rodeado de sus hijos y nietos, se arrodillo y les pidió perdón por haberlos tenido olvidados por tanto tiempo.

Autor: HMP