Cuentos de Reflexión.
 
La Pobre viejecita.
 

Erase una  pobre viejecita, sin nadita que comer, sino carnes, frutas, dulces, Tortas, huevos, pan y pez, bebía caldo, chocolate, Leche, vino, té y café …..,

Así riman los versos del escritor Rafael Pombo, pero en nuestra historia, la pobre viejecita, era una multimillonaria que de tanto dinero que tenia no sabía en qué gastar, había nacido en una familia muy pudiente, prestante y sus padres siempre la llenaron de comodidades y de lujos, cubriendo absolutamente todas las necesidades físicas que pudiera tener.

A corta edad su madre se marcho de su vida abandonándola  a ella y dejándola al cuidado de su padre. Como hija única no aprendió a compartir nada con nadie y aprendió de su padre a acumular todo lo que llegaba a sus manos.

Su madre se había marchado al darse cuenta de que su marido no le importaba sino el dinero y su avaricia y codicia eran tantas, que se sentía muy mal en su compañía.

En estas condiciones Julia, no aprendió, ni la misericordia, ni la bondad con el prójimo u poco a poco se fue convirtiendo en un reflejo de su padre;  huraña y siempre malhumorada, cuando algo no salía como ella esperaba.

Su padre murió joven a la edad de 49 años dejándole una gran fortuna, la cual no sabía manejar y en que gastar.

En los años siguientes Julia, se dedico a aprender el negocio de la compra y venta, en la cual su padre había  amasado su gran fortuna; con altibajos y pérdidas aprendió a hacerlo y poco a poco multiplico sus ganancias.

Nunca pudo tener una relación personal estable, ni una amistad sincera ya que siempre sospechaba que todo el mundo se acercaba a ella por su dinero.

Así que decidió llenarse de animales y su vida la compartía con perros, gatos, caballos,  loros, peces y hasta un avestruz.

Había aprendido de su madre acerca de Dios, pero su imagen de él era acomodada a sus intereses personales.

Oraba y asistía a misa diaria, rezaba el rosario y ocasionalmente daba alguna limosna a los pobres.

También, coleccionaba medallitas benditas y su casa estaba repleta de  santos e imágenes bendecidas, sus empleados que eran más de diez no entendían como ni un detalle tenia para con ellos a pesar de su supuesta religiosidad.

Sus empleados iban y venían continuamente ya que terminaban renunciando, esto cuando no eran despedidos debido a las malos tratos que tenían que soportar.

Julia, cada vez se sentía más sola y permanecía vigilando constantemente a sus sirvientes, pasaba revista” por todos los rincones de la casa y contaba todas las noches sus medallitas benditas para verificar que no faltaba ninguna.

Su apego permanente a las cosas y la obsesión de perder algo de sus bienes le ocupaban todas las horas de su tiempo útil.

Esther, la única persona con quien mantenía una relación no dependiente, y la cual había conocido en un grupo de oración de la iglesia, le aconsejaba que no se apegara tanto a las cosas y que tratara de tener misericordia con los demás en especial con sus empleados, sin embargo ella ponía “oídos sordos” a sus comentarios.

Una tarde luego de supervisar todos sus negocios, venciendo todos sus temores decidió caminar por primera vez por las calles sin escoltas y servidores, al llegar a una esquina e intentar cruzar la vía, se encontró con un pequeño niño, el cual se ofreció para ayudarle a cruzar la calle.

Julia se negó y se sintió amenazada, desconfiando del ofrecimiento, pero luego de examinar minuciosamente al niño y ver su inocencia accedió a su ayuda.

Intrigada decidió interrogar al niño acerca de lo que hacía y dispuesta a averiguar los “porque” comenzó a interrogarlo.

Le pregunto quien era, de donde venia y porque la estaba ayudando.

El, le conto quien era, de donde venia y que pertenecía a los niños exploradores de su barrio y que como parte de sus actividades estaba la de hacer servicio comunitario, como recoger basura, ayudar a los ancianos y hacer el bien que pudiera.

Ella entonces le pregunto que, que ganaba con ello y si percibía algún dinero, a lo cual él, le contesto que lo hacia por caridad y que esa era su única recompensa, pero al ver la expresión de la anciana el niño repregunto ¿acaso no es lo que debemos hacer?,  Julia turbada contesto con SI, pero antes que pudiera decir algo más el niño continuo, en el evangelio nuestro Señor Jesús nos pide que nos amemos unos a los otros como yo los he amado y mi mamá siempre me dice que el amor se muestra con obras, que debemos dar de comer al hambriento, de beber al sediento y ayudar al que lo necesita.

Julia había escuchado muchas veces estas frases en la iglesia, pero había pasado por alto su significado, había sido necesario que un pequeño niño que apenas sabía leer, le explicara con hechos su significado para que comprendiera algo tan sencillo y lo pudiera interiorizar en su corazón.

La anciana se dirigió a la iglesia y oró como jamás lo había hecho y pidió perdón al Señor suplicándole que le diera el tiempo de vida suficiente para enmendar sus errores.

Mateo 25, 31 – 46.

31 «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria.

32 Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos.

33 Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

34 Entonces dirá el Rey a los de su derecha: “Venid, benditos de mi

Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis;

36 estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme.”

37 Entonces los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber?

38 ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos?

39 ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?”

40 Y el Rey les dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.”

41 Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles.

42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;

43 era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis.”

44 Entonces dirán también éstos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”

45 Y él entonces les responderá: “En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo.”

46 E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.»

 
Autor: HMP