Cuentos de Reflexión.
 
La Metamorfosis
 
Jaimito, el gusano nació en un hermoso día primaveral, el sol brillaba en lo alto y una cálida brisa, rosaba su piel, se encontraba en un gran arbusto e intuía que debía buscar el alimento necesario para sobrevivir.
 
Se arrastraba lentamente sobre las hojas del arbusto, las cuales tenían un olor muy agradable y su sabor era aun mejor, al observar a su alrededor notó que tenia compañía, eran muchos “hermanos” los que compartían su hábitat y devoraban frenéticamente las mismas hojas que a él, le gustaban.
 
Pronto se dio cuenta que era parte de una gran comunidad, la cual compartía su espacio y sus gustos.
 
Jaimito empezó a hacer amigos y entre ellos se contaban Pedrito y Juanito, los tres compartían la comida, el sueño, los juegos y poco a poco se volvieron inseparables.
 
Sus juegos favoritos eran, los desafíos, entre los cuales competían a llegar a la rama más lejana del arbusto o al que más rápido devorara una hoja.
 
Luego de un tiempo, se les acercó un gusano mayor y les explicó que la vida no era solo diversión y que muy pronto deberían aprender muchas cosas para prepararse para una “nueva vida”.
 
Jaimito, intrigado preguntó a que nueva vida se refería, a lo cual el gusano mayor respondió “a aquella que viene después de la metamorfosis”.
 
Jaimito repregunto que significaba la metamorfosis, el gusano mayor algo molesto con la “preguntadera” le contestó: Ahora no lo entiendes, pero es necesario morir, para nacer de nuevo. Y continuó diciendo: “el gusano debe morir para que pueda nacer la mariposa, que vuela libre por los aires, pero primero debe dar fruto”.
 
Jaimito nuevamente preguntó: “que fruto debemos dar, ni que fuéramos una planta?”
 
La paciencia del gusano mayor llego a su límite y enfadado le respondió: “ya lo sabrás”, primero deben ir todos los días al tronco principal a escuchar las lecciones de vida.
 
Jaimito intentó decir algo, pero la mirada del gusano mayor lo disuadió de no hacerlo y decidió esperar para preguntar nuevamente.
 

Los tres alegres gusanos, madrugaron entusiasmados en lo nuevo que iban a aprender en la escuela.

Las primeras lecciones se centraron en el aseo personal, en las cosas que deben comer, en no desperdiciar nada, en que una hoja debe ser consumida por completo sin dejar desperdicios, en las precauciones que deberían tener para no caer del arbusto y en cuidarse para no ser devorados por los pájaros.
 
Sin embargo a Jaimito, no le intrigaba más que una sola cosa, “la metamorfosis” y aunque pasaban los días, no se tocaba el tema y ante cualquier pregunta que hacia tratando de averiguar algo sobre ello, el maestro siempre respondía. “ya lo veremos ese tema es de la secundaria”.
 
Pasado algún tiempo, al fin llegó el día en que el maestro hablaría de la metamorfosis, lo primero que dijo es que para poder llegar a ella, deberían dar fruto a lo cual Jaimito pensó “otra vez con el mismo cuento”, el maestro prosiguió diciendo: “la razón de nuestra vida como gusanos, es la producción de la seda, que da de vestir y bienestar al amo (hombre-Dios) y este es el fruto que debemos aprender a fabricar”.
 
El maestro poco a poco les enseñó como fabricar la seda y como producirla con su propia baba.
 
Las siguientes clases se concentraron entonces en la fabricación del hilo, hasta que lo hicieron perfectamente.
 
El maestro les dijo: “ya hemos aprendido a fabricar la seda, ahora tenemos que trabajar en la fabricación del capullo, la cual nos permitirá el nuevo nacimiento”.
 
Jaimito desde unos días atrás se mantenía pensativo y algo deprimido, pensaba que su vida no era tan feliz y satisfactoria como antes, veía las mariposas volar por loa aires, mientras él se encontraba atado y tenía que arrastrarse por las ramas de los arboles.
 
Luego pensó que si el objetivo y razón de su existir era dar y producir el mejor hilo de seda para su amo, él lo haría para honrarlo y decidió que fabricaría el mejor hilo que jamás haya producido gusano alguno.
 
Jaimito, empezó a practicar día y noche, hasta que su maestro quedo admirado al observar la calidad de la seda, y cuando le preguntó como lo había logrado, Jaimito respondió, que había hecho su mejor esfuerzo para agradar a su amo y que había entendido lo que significaba dar fruto.
 
Las clases continuaron y el maestro profundizó el tema de la metamorfosis diciendo:
 
“ya hemos tenido un tiempo suficiente de preparación para la vida de gusano, pero el gusano viejo debe morir, para que pueda nacer la mariposa nueva” y explicó los pasos que deberían seguir: la fabricación de su propio capullo que servirá para la metamorfosis y los demás preparativos.
 
Jaimito, fabricó su propio capullo, en el cual ingreso después y se quedo dormido esperando a ver qué sucedía.
 
Al despertar se sintió asfixiado y perforó el capullo para poder salir y luego de un gran esfuerzo lo logró.
 
Su cuerpo había cambiado, ahora era más grande y tenía alas y se dio cuenta que se había convertido en una hermosa mariposa que podía volar por los cielos.
 
 
 
Carta a los Efesiso Capítulo 4:
 

17 Os digo, pues, esto y os conjuro en el Señor, que no viváis ya como viven los gentiles, según la vaciedad de su mente, 18 sumergido su pensamiento en las tinieblas y excluidos de la vida de Dios por la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su cabeza 19 los cuales, habiendo perdido el sentido moral, se entregaron al libertinaje, hasta practicar con desenfreno toda suerte de impurezas. 20 Pero no es éste el Cristo que vosotros habéis aprendido, 21 si es que habéis oído hablar de él y en él habéis sido enseñados conforme a la verdad de Jesús 22 a despojaros, en cuanto a vuestra vida anterior, del hombre viejo que se corrompe siguiendo la seducción de las concupiscencias, 23 a renovar el espíritu de vuestra mente, 24 y a revestiros del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad. 25 Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. 26 Si os airáis, no pequéis; no se ponga el sol mientras estéis airados, 27 ni deis ocasión al Diablo. 28 El que robaba, que ya no robe, sino que trabaje con sus manos, haciendo algo útil para que pueda hacer partícipe al que se halle en necesidad. 29 No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen. 30 No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el que fuisteis sellados para el día de la redención. 31 Toda acritud, ira, cólera, gritos, maledicencia y cualquier clase de maldad, desaparezca de entre vosotros. 32 Sed más bien buenos entre vosotros, entrañables, perdonándoos mutuamente como os perdonó Dios en Cristo…….

  

Autor: HMP