Cuentos de Reflexión.
 

La Loteria de Dios.

 

Julián, asistía todos los días a la iglesia a orar, se acercaba a un hermoso crucifijo en la cual se encontraba, un Jesús herido de muerte, en sangrando y  allí buscaba en un rincón un oratorio donde arrodillarse a pedirle al Señor por el bienestar de su familia.
 
El era empleado de un gran aserradero y allí dedicaba casi todo su tiempo laboral a pulir largas vigas de madera, su sueldo apenas le alcanzaba para dar de comer a su numerosa familia que estaba compuesta por once hijos, seis mujeres y cinco varones, además de su esposa y su suegra la cual, también viva con ellos.
 
Cada fin de mes se encontraba con el dilema de cómo repartir su pequeño sueldo entre las múltiples deudas que debía pagar, es por eso que se acercaba preocupado todos los días a los pies del Señor, con la esperanza de que de alguna forma encontrara la solución a sus problemas económicos.
 
A pesar de ello el aprovechaba sus largas horas de pulir y pulir, para Orar rosarios interminables y a mantenerse lo más alegre posible como ofrenda para Dios.
 
Sus oraciones en la Iglesia frente al Jesús crucificado terminaban siempre con la misma petición, “Señor ayúdame a ganarme un pedacito de la lotería semanal para cubrir mis gastos”, y se quedaba mirando fijamente a Jesús con la esperanza de obtener una respuesta de él.
 
Sentía que Jesús también ponía sus ojos en él y lo miraba con una gran misericordia pero sin embargo no le respondía su petición.
 
Esta escena se repetía día tras día, semana tras semana sin cambio alguno.
 
Meses después, un día al acercarse, como de costumbre, sintió que el Señor se movió en su cruz y parecía como si se reacomodará, él se quedo mirándolo fijamente durante un largo rato más que como de costumbre y al encontrarse en la mirada de Jesús sintió que le decía: “hijo si quieres ganarte la lotería al menos compra el billete”.
 
Julián reacciono con un salto del oratorio y quedo perplejo con la respuesta que  creó escuchary turbado se alejo camino a su casa.
 
Que quería decir el Señor con aquella respuesta?
 
Acaso era real o solo era su imaginación?
 
Los siguientes días transcurrieron normalmente, sin embargo Julián se aparto por unos días de las visitas a Jesús y solo pensaba en lo que él creía haber escuchado, era verdad que nunca había ido a comprar la lotería, así, como se atrevía a pedir algo a lo cual no tenía derecho?, Era acaso que Jesús le pedía que comprara la lotería para poder dársela?
 
O Jesús le estaba pidiendo algo más?, Era acaso que cuando pedimos algo debemos saberlo pedir y también tal vez ofrecer algo a cambio?
 

Es necesario comprar la lotería para ganársela? O él puede darnos la lotería sin ni siquiera comprarla.

Todas estas preguntas llenaban la mente de Julián y no sabía como responderlas.
 
Luego de unos días Julián regreso a su oración habitual frente al Cristo crucificado, pero esta vez no sabía que pedir, no sabía si debía comprar o no la lotería, no se atrevía a repetir la petición, que antes tan continuamente hacia, solo se sentaba frente a Jesús a mirarlo, tal vez con la esperanza de que nuevamente le diera una respuesta, pero esta nunca llegaba.
 
Julián reflexionaba y de pronto entendió que no debía esperar una respuesta si no que debería tomar una decisión.
 
Podía comprar  la lotería y regresar a sus peticiones de días atrás en espera de ganársela.
 
Podía no comprarla y confiar en que el señor en su infinita misericordia le diera la lotería en la forma que él considerará mejor.
 
Julián también recordó una homilía del padre Jaimito en la cual decía que no sabemos orar y que nuestras peticiones siempre se pierden por causa de ello o se conceden, pero no en la forma como lo creemos haber solicitado y recordó una historia de una persona que pidió al Señor una casa propia para vivir con su familia y el Señor se la concedió, con la herencia de su madre al morir.
 
Julián entonces pensó que no sabía hacer las peticiones correctas y el ganarse la lotería probablemente no era lo que necesitaba.
 
Pero pensaba y analizaba como rehacer su petición y no encontraba como, se sentó entonces un momento a leer la biblia y encontró el pasaje donde Jesús convierte el agua en vino en las bodas de cana, en ella la virgen María le pide a Jesús que convierta el agua en vino, entonces pensó porque no pedirle a la virgen que le ayude a hacer una petición correctamente, y se dio cuenta que contándole a la virgen sus necesidades era suficiente y que ella haría el resto, ella pondría las palabras justas para que Dios lo escuchara.
 
Desde entonces el pasaba un rato frente al crucifico acompañando a Jesús y otro rato se acercaba a la virgen a realizar allí sus peticiones y exponerle sus necesidades.
 
Autor: HMP