Cuentos de Reflexión
El león y el ratón
 

En lo profundo de la selva tropical habitaba un hermoso león, llamado Caifás,  que haciendo honor a su fama, era el rey y señor de la región.

Su harén lo componían más de cinco leonas que cazaban para él y le cubrían todas sus necesidades. Él solo se esmeraba por mantener el control de su territorio y evitar que cual otro animal intentara ingresar a sus dominios.

Un día un pequeño ratón ingreso a sus terrenos para aprovechar los residuos de alimento que dejaban los leones y poder rumiar uno que otro hueso.

El ratón al encontrar tan suculento banquete, decidió quedarse en la región y aprovechar las noches para salir a comer cuando los leones dormían.
 
Una noche de luna, el ratón diviso un gran trozo de carne abandonado muy cerca de la jauría de leones y fue tan grande su deseo de obtenerla, que decidió arriesgarse e ir por ella. Cuando ya estaba por culminar su trabajo y arrastraba el pedazo de carne a su refugio, el León despertó y lo sorprendió tomando su comida.
 
Caifás, al verlo se asombro de su osadía y aplastando su cola lo interrogo. Que haces aquí?, acaso no sabes que estos son mis dominios y ningún animal puede pasear si mi permiso y mucho menos comer de mi comida?
 
El ratón asustado trato de explicar su presencia con poco éxito ya que la sola presencia del león y la presión sobre su cola no le permitían pensar en que decir.
 
El León entonces le soltó la cola, al fin y al cabo si intentaba huir sería muy fácil para él recapturarlo.
 
Sintiéndose libre el ratón pensó en huir, pero se dio cuenta que si intentaba cualquier movimiento el león lo aplastaría con un solo manotón.

Le explico que había considerado que como ya nadie iba a hacer uso de la comida, no habría problema alguno el que él tomara los desperdicios.

Caifás,  enfurecido le dijo que nada se movía en aquel lugar, si él no daba su autorización a si fueran las sobras de su comida, y se puso a pensar en que castigo debería darle al mísero ratón para enseñarle a no abusar. De pronto decidió no matarlo, sino en dejarlo como el “bufón” del rey el cual debería convertirse en su juguete y hacer monerías para divertirlo.

A partir de ese momento la vida para el ratón se convirtió en un verdadero martirio y pensó que hubiera sido mejor que lo hubiera matado en aquel momento en vez de convertirse en una marioneta.

Tenía que saltar, dar volteretas solo para divertir al león, y este y las leonas lo sacudían y arrojaban por el aire sin consideración. Solo cuando todos dormían tenía unos momentos de descanso y podía comer algo de las sobras.

Días después de haber aguantado, muchas burlas e insultos, el ratón enfurecido reacciono violentamente y enfrento a león y le dijo:

No es suficiente con que menosprecies a los demás y te burles de todo el mundo? Tu orgullo y soberbia son tan grandes que piensas que los demás existen solo para satisfacer tus caprichos?

Dentro de ti no hay acaso la mínima señal de misericordia como para tratar con respeto a otro ser?, hoy estas en el trono. Pero eso no dura por siempre, deja de sentirte el dueño del universo  y de tratar al resto como basura, si quieres puedes aplastarme ya porque en estas condiciones no quiero vivir”.

El ratón espero entonces su muerte, pero de pronto el león lanzo una inmensa carcajada y dijo: “esta ha sido tu mejor actuación, has superado todas las bufonadas que has hecho en todo este tiempo.”

Unos días después un fuerte y gran león ingreso al territorio y al encontrarse con Caifás, una tremenda lucha se  produjo, en la cual Caifás termino perdedor y fue obligado a dejar sus dominios y abandonar su harén.

Ya solo, herido y abandonado, Caifás entendió las palabras del ratón  y comprendió que la vida da muchas vueltas y que no debemos sentirnos omnipotentes, porque las cosas pueden cambiar de un momento a otro.

 
Eclesiástico,  capítulo 3 versículos del 17 – 29

17 Haz, hijo, tus obras con dulzura, así serás amado por el acepto a

Dios.

18 Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y ante el Señor hallarás gracia.

20 Pues grande es el poderío del Señor, y por los humildes es glorificado.

21 No busques lo que te sobrepasa, ni lo que excede tus fuerzas trates de escrutar.

22 Lo que se te encomienda, eso medita, que no te es menester lo que está oculto.

23 En lo que excede a tus obras no te fatigues, pues más de lo que alcanza la inteligencia humana se te ha mostrado ya.

24 Que a muchos descaminaron sus prejuicios, una falsa ilusión extravió sus pensamientos.

26 El corazón obstinado en mal acaba, y el que ama el peligro caerá en él.

27 El corazón obstinado se carga de fatigas, el pecador acumula pecado tras pecado.

28 Para la adversidad del orgulloso no hay remedio, pues la planta del mal ha echado en él raíces.

29 El corazón del prudente medita los enigmas. Un oído que le escuche es el anhelo del sabio.

 
 
 
Autor: HMP