Cuentos de Reflexión
El Astrólogo
 
 

Juan, era un estudiante universitario de matemáticas, que sentía cierta atracción por la astronomía y le gustaba observar los astros, pasaba, gran parte de su tiempo nocturno observando las estrellas con su telescopio en la terraza de su casa.

Pronto sintió un impulso de estudiar también astrología, ya que le intrigaba la forma como se mueven los astros en el espacio y la fortuna que ganan los astrólogos acreditados.

Así que se inscribió en una academia que dictaba clases de astrología y enseñaba a hacer las cartas astrales y a interpretarlas.

Juan dedicaba parte de su tiempo a realizar los cálculos de las posiciones de los planetas por el solo gusto de hacerlo, a pesar de que ya existían libros y programas de computador que los realizan automáticamente.

Tal era la obsesión de Juan por el tema que empezó a descuidar sus materias en la universidad y a dedicar todo su tiempo a aprender todo sobre astrología.

Estando un día en la academia fue descubrió  un anuncio invitando a una conferencia sobre el tema dictada por uno de los más reconocidos astrólogos del país, al verlo le brillaron los ojos y abandonando todas sus responsabilidades decidió asistir a la conferencia.

El famoso astrólogo, empezó su charla, haciendo alarde de sus éxitos, era el consejero astrológico nada menos que del actual presidente de la nación y se vanagloriaba que el presidente no tomaba ninguna decisión importante sin antes consultarle.
Contaba que en el mundo muchos hechos históricos habían sido predichos por astrólogos y muchos exitosos personajes entre ellos artistas, políticos, empresarios siempre se asesoraban de astrólogos en la toma de sus decisiones.

Explico cómo a través de la elaboración de las cartas astrales, se pueden tomar las decisiones correctas y que estas sirven como mapas guías para orientarnos en la vida.

La obsesión de Juan por el tema creció tanto que decidió abandonar sus estudios y dedicar todo su tiempo a aprender sobre la elaboración de las cartas astrales y de su interpretación.

Pronto se convirtió en un astrologo que podía elaborar e interpretar  cartas astrales y tomar decisiones en su vida apoyado en lo que interpretaba.

Con el tiempo, Juan aplicaba la astrología a todos los aspectos de su vida y no tomaba ninguna decisión, sin antes revisar su “revolución solar”, la cual es la carta astral proyectada al momento actual.

Aunque detectaba algunas decisiones incorrectas, siempre lo justificaba pensando que todavía no tenía la suficiente experiencia para evitar hacer una interpretación equivocada.

Sus familiares y allegados empezaron a convertirse en sus clientes y comenzó a ganar buen dinero con su afición, luego de lo cual decidió convertirla en su profesión y se anunciaba en algunos periódicos de la ciudad ofreciendo sus servicios.

En corto tiempo tenía más de cien clientes que se convirtieron en esclavos de sus predicciones.

Cuando encontraba un nuevo cliente le realizaba la carta astral de su nacimiento y con ella le daba una visión de su carácter y de algunas generalidades, con ello el anzuelo con la carnada era mordido y con ello tenia “cliente para rato”.

Sin embargo las decisiones erróneas no faltaban y venían los reclamos y los disgustos, poco a poco se dio cuenta que la precisión de sus predicciones era mala y que tenía que improvisar sobre la marcha para enmendar los errores.

Al principio creía que los errores se debían a su falta de experiencia, pero luego encontró que de la teoría a la práctica existía un abismo infranqueable.

Con el tiempo se dio cuenta que su astrología era totalmente imprecisa y que sus errores estaban  causando muchos males a los que con sus consejos tomaban decisiones radicales.

Pero qué hacer?, si su vida vivía alrededor de la astrología?, de que iba a vivir si la abandonaba?, podría seguir trabajando como astrólogo y mantener su “mascara”, y que del remordimiento que le causaba el aconsejar erróneamente a la gente?

Al final no pudo más y abandono su profesión, decidió regresar a la universidad a terminar sus estudios en Matemáticas, porque se dio cuenta que solo Dios tiene el poder de adivinar el futuro y ningún ser humano por mago que sea se aproximara jamás a hacerlo.

Deuteronomio,  Capitulo 18 versículos 10 – 12

10 No ha de haber en ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, que practique adivinación, astrología, hechicería o magia, 11 ningún encantador ni consultor de espectros o adivinos, ni evocador de muertos. 12 Porque todo el que hace estas cosas es una abominación para Yahveh tu Dios y por causa de estas abominaciones desaloja Yahveh tu Dios a esas naciones delante de ti.