Cuentos de Reflexión
 
Blanca Nieves y los cinco maridos
 

Blanca Nieves era una hermosa chica, sus padres habían inculcado una buena educación y principios morales, su padre la venia como la niña de sus “ojos” y no encontraba la forma de complacerla en todas sus necesidades.

Su madre era una mujer muy católica, de misa y rosario diario, mientras su padre era un intelectual, algo ateo y en medio de estas dos tendencias se desarrollo su infancia y parte de su juventud.

La influencia de su madre primo en su carácter religioso,  fue bautizada y se preparo para hacer su primera comunión.

Acompañaba frecuentemente a su madre a la iglesia, y compartía su amor por Jesús y por la madre santísima.

Al finalizar su secundaria, ingreso a la universidad y en este ambiente comenzó a alejarse de la religión y a frecuentar discotecas, bares y fiestas. Y a conocer todo tipo de jóvenes que la deslumbraban con su encanto varonil.

Al terminar su segundo semestre ya se encontraba tan enamorada que decidió dejar sus estudios y casarse a escondidas de sus padres en la Notaría del barrio. Sus padres al enterarse le retiraron sus afectos y ella tuvo que hizo a vivir a una habitación en casa de sus suegros.

El romance duro poco y la influencia de la suegra en su enamorado, la hicieron desilusionarse rápidamente de su relación y termino viviendo con una compañera que había conocido en su nuevo trabajo.

Al poco tiempo de su separación empezó a salir con un nuevo joven, proveniente de una familia muy adinerada y antes de que termine este párrafo, ya se había casado nuevamente y mantenía  una vida de muñeca con todas la comodidades y sin mayores angustias.

En estas condiciones, Blanca Nieves, se sentía muy feliz atendida nuevamente hasta en los mínimos detalles y su vida transcurrió sin mayores altibajos.

Pero como siempre la buena vida termina por aburrir y empezó a tomar licor y parrandear más de la cuenta.

Para no largar mucho el cuento, pronto llego su tercer marido, y se volvió a sentir como la princesa de siempre. Esta vez con un pintor algo excéntrico y bohemio, que poco a poco entre el alcohol y la droga, la abandono por una menos quejumbrosa y menos exigente.

Blanca Nieves, regreso a casa de sus padres luego de que ellos en su ancianidad decidieron perdonarla, pero su estancia duro poco nuevamente, porque su necesidad de afecto era tan grande que no se sentía cómoda y sus padres ya no estaban en edad de atenderla, sino que ella era la que se veía forzada a atenderlos.

Su cuarta relación, con uno de sus compañeros de infancia comenzó con un matrimonio católico, el cual no solo auguraba un nuevo comienzo, sino que estaba dispuesta a hacerlo bien esta vez desde el comienzo.

Todo marchaba sobre ruedas y empezaron a llegar los hijos, primero un varoncito y luego una hermosa niña, eso hizo que Blanca Nieves, sentara cabeza y que dedicara su vida a la crianza y al cuidado de sus hijos.

Pero, “siempre hay un pero”, Blanca Nieves comenzó a mirar con buenos ojos al jefe de su esposo, un viudo y acaudalado hombre de negocios con el cual comenzó a tener un romance a escondidas, el cual termino con su relación matrimonial y a perder la custodia de sus hijos.

En unión libre con el exjefe de su ex esposo, transcurrieron sus siguientes años entre la nostalgia y a veces la desesperación.

Su relación se volvió tensa y llena de remordimientos, comprendió que uno  no se enamora de la otra persona, sino de la imagen que crea de ella y así cuando esa imagen se desvanece se diluye la relación.

A la muerte de su padre, decidió regresar con su madre y terminar su vida, sirviéndole y acompañándola. Su relación entonces se hizo tan estrecha que rezaban juntas y Blanca  Nieves le leía la biblia todos los días y compartían la reflexión de la lectura.

Evangelio según San Juan, Capitulo 4, versículos del 7 al 22

7 Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber.»

8 Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice a la mujer samaritana:

9 «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.)

10 Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.»

11 Le dice la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva?

12 ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»

13 Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed;

14 pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.»

15 Le dice la mujer: «Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla.»

16 El le dice: «Vete, llama a tu marido y vuelve acá.»

17 Respondió la mujer: «No tengo marido.» Jesús le dice: «Bien has dicho que no tienes marido,

18 porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad.»

19 Le dice la mujer: «Señor, veo que eres un profeta.

20 Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en

Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.»

21 Jesús le dice: «Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre.

22 Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

23 Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el

Padre que sean los que le adoren.

24 Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad.»

25 Le dice la mujer: «Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo.

Cuando venga, nos lo explicará todo.»

26 Jesús le dice: «Yo soy, el que te está hablando.»

 
 
Autor: HMP