Lecturas del día anterior

 

Martes, 27 de junio de 2017

-Semana 12ª durante el año

Feria o Memoria libre - Verde / Blanco

Génesis 13, 2. 5-18 / Mateo 7, 6. 12-14

Salmo responsorial Sal 14, 2-4b. 5

R/. “¿Quién habitará en tu casa, Señor?”

Santoral:

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, San Cirilo de Alejandría,

San Ladislao, San José Hien, Santo Tomás Toan

y Beata Margarita Bays

El amor es más grande

 

El amor de Cristo es más grande.

Esto es lo que afirmarían más fuertemente

los grandes pecadores perdonados, convertidos.

San Pedro negó a Cristo públicamente

tres veces, y fue perdonado.

¡Qué poca penitencia le exigieron:

tres veces “Tú sabes que te quiero”!

Agustín cometió muchos y gravísimos

pecados, y está perdonado; es un gran santo.

María Magdalena fue una pecadora pública,

una prostituta... y, con el amor mismo

con que pecó, purificado, se convirtió

en una gran santa.

Judas tenía perdón. Cristo le perdonó,

pero Judas no quiso confiar.

-“He entregado sangre inocente”. “

Demasiado pecado – pensó–, pecado

que no tiene perdón”.

Pero se equivocaba. Sí tenía perdón.

Te equivocas cuando crees que tú

Tampoco tienes perdón, porque algún pecado

tuyo ha superado con mucho la medida.

Tienes solamente que pedir,

con humildad, perdón.

El amor de Cristo ha superado todas

las marcas; la misericordia de Cristo no tiene

orillas ni fronteras; es mayor, infinitamente

mayor que todos los pecados que has cometido

y que puedas cometer en el futuro.

Si desconfías, te equivocas, como se equivocó

Judas. Si confías, aciertas, como ese innumerable

ejército de pecadores convertidos.

Padre Mariano de Blas, L.C.

Liturgia - Lecturas del día

Martes, 27 de junio de 2017

No haya altercados entre nosotros dos, porque somos hermanos

Lectura del libro del Génesis

13, 2. 5-18

Abrám tenía muchas riquezas en ganado, plata y oro. Lot, que acompañaba a Abrám, también tenía ovejas, vacas y carpas. y como los dos tenían demasiadas riquezas, no había espacio suficiente para que pudieran habitar juntos. Por eso, se produjo un altercado entre los pastores de Abrám y los de Lot. En ese tiempo, los cananeos y los perizitas ocupaban el país.

Abrám dijo a Lot: «No quiero que haya altercados entre nosotros dos, ni tampoco entre tus pastores y los míos, porque somos hermanos. ¿No tienes todo el país por delante? Sepárate de mí: si tú vas hacia la izquierda, yo iré hacia la derecha; y si tú vas hacia la derecha, yo iré hacia la izquierda».

Lot dirigió una mirada a su alrededor, y vio que toda la región baja del Jordán, hasta llegar a Soar, estaba tan bien regada como el Jardín del Señor o como la tierra de Egipto. Esto era antes que el Señor destruyera a Sodoma y Gomorra. Entonces Lot eligió para sí toda la región baja del Jordán y se dirigió hacia el este. Así se separaron el uno del otro: Abrám permaneció en Canaán, mientras que Lot se estableció entre las ciudades de la región baja, poniendo su campamento cerca de Sodoma. Pero los habitantes de Sodoma eran perversos y pecaban gravemente contra el Señor.

El Señor dijo a Abrám, después que Lot se separó de él: «Levanta los ojos, y desde el lugar donde estás, mira hacia el norte y el sur, hacia el este y el oeste, porque toda la tierra que alcances a ver, te la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Yo haré que tu descendencia sea numerosa como el polvo de la tierra. Si alguien puede contar los granos de polvo, también podrá contar tu descendencia. Ahora recorre el país a lo largo y a lo ancho, porque Yo te lo daré».

Entonces Abrám trasladó su campamento y fue a establecerse junto al encinar de Mamré, que está en Hebrón. Allí erigió un altar al Señor.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL                           14, 2-4b. 5

R.    ¿Quién habitará en tu casa, Señor?

El que procede rectamente

y practica la justicia;

el que dice la verdad de corazón

y no calumnia con su lengua. R.

El que no hace mal a su prójimo

ni agravia a su vecino,

el que no estima a quien Dios reprueba

y honra a los que temen al Señor. R.

El que no se retracta de lo que juró

aunque salga perjudicado;

el que no presta su dinero a usura

ni acepta soborno contra el inocente.

El que procede así nunca vacilará. R.

EVANGELIO

Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes,

háganlo por ellos

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Mateo

7, 6. 12-14

Jesús dijo a sus discípulos:

No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.

Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.

Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.

Palabra del Señor.

Reflexión

Gen. 13, 2. 5- 18. A nosotros, descendencia de Jesús, no se nos ha prometido la posesión de una tierra temporal, sino la posesión de los bienes definitivos. Desde Cristo ya no podemos continuar considerándonos expulsados del paraíso, sino que hemos vuelto a Él, a la unión con Dios como Padre nuestro, pues por medio de Cristo hemos sido reconciliados con Él. Ahora a nosotros corresponde creer en Dios y dejar que Él lleve a cabo su obra salvadora en nosotros no conforme a nuestros planes, caprichos o imaginaciones, sino conforme a su voluntad. Sólo entonces nos dará en herencia la Patria eterna que Él ha preparado para nosotros. Es verdad que muchas veces el egoísmo, la avidez por los bienes pasajeros y el afán por el poder podrían ponernos unos en contra de los otros. Sin embargo siempre hemos de buscar caminos de solución para vivir como hermanos y no como enemigos. Efectivamente Jesucristo vino a buscar y a salvar todo lo que se había perdido; pero vino también a reunir en un solo pueblo a los hijos de Dios que el pecado había dispersado. Demos testimonio del amor que Dios ha infundido en nosotros amándonos los unos a los otros como hermanos y viviendo hijos de un mismo Dios y Padre.

Sal. 15 (14). Es verdad que nuestro culto ha de ser siempre grato a Dios cuando lo realizamos con un amor verdadero hacia Él. Ese amor nos ha de llevar a estar atentos a su Palabra para dejarla tomar cuerpo en nosotros, convirtiéndonos así en un signo de su amor para todos los que nos rodean. Efectivamente, aquel que cree en Cristo y ha unido su vida a Él, no sólo proclamará el Evangelio con sus labios, sino que Él mismo se convertirá en un Evangelio viviente, pues a través de su persona los demás podrán experimentar el amor, la paz, la misericordia y la cercanía de Dios. Cuando nosotros no hagamos mal a nuestro prójimo; cuando con nuestra lengua a nadie desprestigiemos; cuando a nadie difamemos; cuando no seamos usureros con los demás ni nos dejemos sobornar por los poderosos, entonces seremos un signo del amor de Dios que continúa su obra salvadora por medio de su Iglesia en el mundo. Entonces seremos gratos al Señor, pues nuestra fe, alimentada en la oración, se vivirá como un compromiso concreto en la vida diaria y en las diversas situaciones sociales a las que tengamos que dar una respuesta de amor, de paz, de solidaridad y de misericordia desde nuestra fe en Cristo.

Mt. 7, 6. 12-14. Dios no nos creó para la condenación, ni se recrea en la muerte. Él nos llamó a la vida porque nos ama y quiere hacernos partícipes de su misma gloria. Para eso nos envió a su propio Hijo, para que quienes creamos en Él, en Él obtengamos el perdón de nuestros pecados y la vida eterna. Es verdad que muchas veces tendremos que enfrentar una variedad de tentaciones, que quisieran arrastrarnos por el camino del pecado; ante esas situaciones debemos reflexionar acerca de la sinceridad de nuestra fe en Cristo. No podemos vivir con hipocresías en nuestra relación con Dios, pues si llevamos una vida contraria a la fe que proclamamos lo único que estaremos propiciando será el que los demás se levanten en contra nuestra y nos destruyan. El Señor nos invita a renunciar, incluso, a nosotros mismos. Hemos, por tanto, de dejar a un lado todo aquello que obstaculice nuestra relación con Dios, o que destruya nuestra unión con el prójimo. Es verdad que hay muchas cosas a las que nos hemos acostumbrado, y que tal vez nos cueste demasiado abandonarlas; pero más nos vale entrar sin ellas en el Reino de los cielos que, junto con ellas ser arrojados lejos del Señor para siempre. Vivamos y caminemos en el amor, un amor que sea lo único que nos mueva especialmente en nuestro trato con los demás, de tal forma que si esperamos de los demás amor, cariño, respeto, comprensión y una auténtica convivencia en paz, o alguna otra cosa buena, que seamos los primeros en dar eso a ellos, pues hemos de tratar a los demás como queramos que ellos nos traten a nosotros.

Fijémonos en lo que el Señor ha preparado para nosotros pues, al recibirlo, después nosotros hemos de preparar lo mismo para Él. Y la forma de devolverle a Dios lo que Él ha puesto en nuestras manos será entregando a nuestro prójimo los dones que de Dios hemos recibido. Hoy el Señor nos reúne para sentarnos a su Mesa. No sólo nos ha entregado su Palabra que nos purifica, sino que también nos entrega su Vida y su Espíritu de tal forma que, unidos a Él y en Él hechos hijos de Dios, podamos llevar su Evangelio y su salvación al mundo entero. El Señor nos pide una continua purificación. Él siempre estará a nuestro lado para conducirnos por el camino del bien; nuestra apertura al Espíritu Santo hará que Él lleve a cabo su obra salvadora en nosotros hasta que se realice el plan de Dios en nosotros: que seamos conforme a la imagen de su propio Hijo. Vivamos, pues, esta Eucaristía como un compromiso de amor fiel al amor que Dios nos ha manifestado en su Hijo Jesucristo.

El Señor nos envía como evangelizadores al mundo entero para que su salvación llegue a todos. No podemos proclamar el Evangelio a los demás utilizando el mismo esquema para todos. Antes que nada hemos de saber a dónde llegamos y a quiénes nos dirigimos, pues el Evangelio no es algo que se venga a imponer a los demás conforme a las ideas del evangelizador, sino que es un acercar a Cristo al hombre en su contexto histórico para que desde su cultura se abra a la salvación. Hay muchos que, finalmente se encuentran sistemáticamente cerrados al Evangelio. Aun cuando no podemos dejar de esforzarnos en ganar a todos para Cristo, sin embargo nuestro empeño evangelizador no debe llevarnos hasta angustiarnos porque algunos se cierren a él, sino que hemos de saber que nosotros sembramos y Cristo es el único que dará el crecimiento, pues la obra de salvación no es nuestra sino de Él; nosotros sólo somos colaboradores del Evangelio. Más allá de nuestro esfuerzo evangelizador debe estar el testimonio de cada uno de nosotros, pues de nada aprovechará el proclamar el Nombre del Señor con los labios mientras nuestra vida haya tomado por caminos de maldad. Por eso procuremos ir por el camino estrecho del bien, de la rectitud, de la bondad, de la lealtad a nuestros compromisos de fe. Sólo cuando nuestras obras de amor manifiesten nuestra fe en Cristo podremos no sólo convertirnos en predicadores, sino en testigos del Evangelio para el mundo entero.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber escuchar con amor su Palabra, meditarla en nuestro corazón y ponerla en práctica para poder colaborar, de un modo especial con el testimonio de nuestra propia vida, en el esfuerzo evangelizador de toda la Iglesia. Amén.

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